Pablo González Romero: Vida y Legado del Hijo de un Ex Presidente
Felipe González es una figura que no necesita presentación. Fue presidente del gobierno español entre 1982 y 1996, liderando el Partido Socialista Obrero Español (PSOE). Su mandato de trece años y medio ha sido el más largo en la democracia española, marcando eventos históricos como la entrada de España en la Unión Europea y los Juegos Olímpicos de Barcelona en 1992. Hoy, ponemos el foco en su faceta más personal, en la persona detrás del político.
Felipe González nació el 5 de marzo de 1942 y se crió en la época de la autarquía. Sus padres, Felipe González Helguera y Juana Márquez Domínguez, le proporcionaron estudios y un interés por la política y la economía. Su influencia ha traspasado fronteras, impactando en América Latina, y en 2014 se le concedió la nacionalidad colombiana y en 2022, la dominicana.
Su familia es su gran pilar. Ha construido un hogar con su mujer, Mar García Vaquero, economista y empresaria, con quien se casó en 2012 en una ceremonia íntima. Mar no busca la atención pública y se enfoca en su carrera profesional, llegando a ser una de las mujeres más ricas de España.
Con el paso de los años, Felipe González se ha vuelto más dependiente de sus hijos para las tareas cotidianas. El expresidente ha tenido tres hijos en su matrimonio anterior: Pablo, David y María, nacidos en 1972, 1973 y 1978, respectivamente. Ninguno ha seguido los pasos de su padre en la vida política.
Los Hijos de Felipe González
Pablo González Romero
El mayor es fotógrafo y apasionado por la filosofía oriental. Pablo González Romero, de 53 años, reside en Madrid y tiene dos hijas, Micaela y Ecne, fruto de una relación con una mujer ecuatoriana. Trabajó en una empresa de informática que compró la que él había creado, G Núbila. Aficionado a la fotografía y a la filosofía oriental, vive en un piso del centro de Madrid.
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En sus años de juventud, Pablo fue foco de atención mediática. Las revistas de actualidad señalaban su look con coleta y hablaban de sus conquistas sentimentales. "Fue una cosa muy traumática. No es que sea un horror llevar escoltas, vivir en un palacio donde te hacen la comida todos los días y tener el privilegio de conocer a gente interesante... Pero perdí la privacidad y no pude tener una vida normal o salir tranquilamente con mis amigos", recordaba hace un tiempo.
En una entrevista concedida a El Mundo cuenta que habla mucho con su padre, “pero nunca de política, de mis hijos y de nuestras vidas”. “Es un excelente abuelo, disfruta mucho de sus nietos, y les cocina tortilla de patata", aseguró.
David González Romero
El segundo es pintor y vive en Cádiz. Su hermano David, nacido en 1973, es el bohemio de la familia González-Romero: pintor de profesión, está afincado en un pueblecito gaditano llamado Castellar de la Frontera. Vvie en una casa propiedad de su padre que le fue regalada por el Ayuntamiento de la localidad y allí mismo realiza exposiciones. Sobre su vida privada sabemos que está divorciado y que es padre de una hija.
Alérgico a las entrevistas, cuenta que no quiere que sus apellidos eclipsen su obra pictórica “que debe transcender más allá de mi vida o mi muerte”. “Mi trabajo es pintar, no soy actor ni modelo. Ojalá algún día las plataformas de medios se fijen en lo que trata de decir quien pinta y no en su cara o en su procedencia”, subraya. El artista señala que no busca dinero ni gloria sino “colaborar solidariamente con la solución del desequilibrio del planeta. Un paisaje que admiro y que veo poco a poco deteriorarse”.
María González Romero
La menor ha compartido tareas con su padre en la fundación que lleva el nombre del político. Con esta organización tratan de conservar la labor que hizo el sevillano durante sus años de máxima actividad, promover la cultura política y plantear los problemas de la actuliadad. María es el ojito derecho del socialista. Ella ha sido la más mediática de sus retoños y la única que ha desempeñado labores junto a su padre.
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Está casada con el economista mexicana Enric Berganza desde 2005 y son padres de tres hijos. Abogada de profesión, en contadas ocasiones ha concedido entrevistas. Ejerce también como coach, desde donde recuerda la importancia de autocuidarse. María trabajó durante años con el expresidente, en la firma de asesoría que creó y también en la Fundación Felipe González, pero en 2015 se independizó de la tutela paterna, incorporándose como socia al bufete Ayala de la Torre. Como ella misma indica, una de las grandes preocupaciones de sus padres fue que sus hijos pudieran desarrollar sus vidas al margen del foco mediático.
Entre sus tres hijos le han dado ocho nietos al político. Su mujer tiene otras dos hijas de una relación anterior. Se llaman Micaela y Lucía y juntas se dedican al mundo de la moda. Tienen buena relación con su padrastro, a quien le gusta mucho lo que hacen con su marca de ropa Roseta Kusi, como confesaron a Vanitatis.
Felipe González está retirado y dedica su tiempo a promover la conciencia política con seminarios, entrevistas y sus propios escritos. Vive en el madrileño barrio de Salamanca en una casa de 400 metros cuadrados, y es habitual verle paseando por la zona, como cuenta El debate.
La Vida Personal de Felipe González
El primer amor del socialista también ocupó las portadas de la prensa, por el interés que su figura genera, más allá de sus ideas políticas. La madre de sus hijos es Carmen Romero López. Estuvieron casados desde 1969 al 2008. Su enlace fue muy comentado por lo corta que fue la ceremonia. Tres minutos en el Monasterio de Loreto, en Sevilla, que duraron 40 años. Ella era profesora de literatura, militante socialista y miembro de UGT. Ella fue la primera dama en La Moncloa durante 13 años. La pareja se mudó a un chalé en Pozuelo de Alarcón hasta su divorcio. Después de la separación fue elegida eurodiputada por el PSOE, aunque hace años que se retiró de la vida política activa. Hoy tiene 78 años.
Este domingo pasado, Felipe González se sinceraba con Jordi Évole, reconociendo que no había sido buen padre: "He sido un padre que ha querido a sus hijos, pero ser buen padre significa dedicarles mucho tiempo, cosa que no he hecho", confesó. Por contra, sí se considera buen marido: "No soy difícil como pareja, soy respetuoso, tolerante y pienso que la gente necesita su espacio".
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Fue en 2008, con González ya retirado de la política, cuando saltó el romance del político con Mar García Vaquero, una atractiva economista 18 años más joven, divorciada y madre de dos hijas -Lucía y Micaela-, con la que se casó en la intimidad en 2012. Cuñada del empresario Pedro Trapote, dueño del Joy Eslava, ella y Felipe se conocieron a través de Luis García Cereceda, dueño de la urbanización La Finca y del restaurante Zalacaín. Con Mar reside hoy casi permanentemente en una finca de Guadalupe, Cáceres, que adquirió en 2013, donde además de atender a sus compromisos como ex presidente, cultiva bonsáis, talla piedras preciosas y recibe a los amigos y a la familia, pues le divierte ejercer como abuelo de sus seis nietos.
Su ruptura con Carmen Romero fue traumática, y no mantienen relación alguna, siendo sus hijos su único nexo.
Legado Político de Felipe González
Felipe González fue una figura clave para la política española. Estudió Derecho y abrió un bufete especializado en el mundo laboral. En 1969, contrajo matrimonio con Carmen Romero, con quien tuvo tres hijos: Pablo, David y María. Respecto a su profesión, Carmen trabajaba como profesora de literatura, pero tuvo que dejarlo cuando se convirtió en primera dama.
En febrero de 1977 el PSOE fue legalizado por el gobierno de Adolfo Suárez y Felipe González pudo concurrir a las primeras elecciones generales democráticas, de carácter constituyente, el 15 de junio de ese mismo año. En el XXVIII Congreso, el 17 de mayo de 1979, González presentó una ponencia transformadora. Por ello dimitió y una gestora interina se hizo cargo de la dirección. Sin embargo, en septiembre del mismo año, un Congreso Extraordinario le repuso en la Secretaría General con el 86% de los votos y además vio refrendada su propuesta de renunciar a la ideología marxista por la socialdemocracia reformista: unos postulados que pretendían hacer del PSOE un partido moderno e interclasista, como en el resto de Europa.
En las elecciones legislativas del 1 de marzo de 1979 (I Legislatura), el PSOE se consolidó como una alternativa de gobierno alcanzando el 30,5% de los votos y 121 diputados. La crisis progresiva de la UCD y el intento de golpe de Estado del 23 de febrero de 1981 agudizan en la opinión pública la necesidad urgente de un cambio político. Se convocan elecciones generales para el 28 de octubre de 1982 y el PSOE obtiene una victoria arrolladora con el 48,3% de los sufragios y 202 diputados, la primera mayoría absoluta de un partido.
En el terreno social, el país empezó a experimentar claros progresos para cimentar el Estado del Bienestar. De una parte, se modernizaron los tramos escolares básicos mediante la Ley Orgánica del Derecho a la Educación (LODE) de julio de 1985, a la que siguió en octubre de 1990, ya en la tercera legislatura socialista, la Ley Orgánica de Ordenación General del Sistema Educativo (LOGSE), que reestructuró la enseñanza secundaria y universalizó la educación pública gratuita hasta los 16 años. De otra parte, se desarrolló un amplio sistema de Seguridad Social integral y sostenido por las cotizaciones de los afiliados. La Ley General de Sanidad (1986) reguló el funcionamiento de un Sistema Nacional de Salud que brindaba asistencia sanitaria pública, gratuita, universal y de alta calidad. El nuevo marco cambió el modelo de sanidad pública en España: la prestación del servicio dejó de depender de la cotización de los trabajadores, es decir, dejó de concebirse como un seguro social, y se reformuló como un derecho ciudadano universal, de carácter ineludible.
En el ámbito económico el Gobierno desató en el sector productivo unas reformas estructurales que consideraba ineludibles para la modernización del país.
En cuanto a relaciones internacionales, los gobiernos de González confirieron el impulso definitivo a la apertura al exterior iniciada por los primeros gobiernos democráticos. El 20 de junio de 1983, se desplazó en visita oficial a Washington, donde fue recibido por el presidente Ronald Reagan. Éste, según hizo constar en su diario, vio en su huésped español a un «agudo, brillante, con personalidad, joven, moderado y pragmático socialista».
Cumpliendo con un compromiso electoral, González convocó para el 12 de marzo de 1986 el referéndum sobre la OTAN. Éste no tenía carácter vinculante y sólo era consultivo, pero corría el riesgo de convertirse en un plebiscito sobre la gestión del Gobierno; si lo perdía, su situación, con las elecciones generales a la vuelta de la esquina, se tornaría muy comprometida. Además, se había producido un cambio de posición de su gobierno respecto de la OTAN, ya que el PSOE se había manifestado en contra de su ingreso antes de entrar en el Gobierno. La decidida implicación del presidente, resultó decisiva para el vuelco de la opinión del electorado, que finalmente aprobó la permanencia en la OTAN en las condiciones fijadas por el Gobierno.
La piedra angular de su política exterior fue la entrada en las Comunidades Europeas, una meta perseguida por todos los gobiernos españoles desde 1962, aunque sólo con verdadero ahínco, una vez removidas las desconfianzas y reticencias propias del nacionalismo franquista, a raíz de la solicitud oficial presentada por Adolfo Suárez en 1977. El 12 de junio de 1985, tras seis años de arduas y sinuosas negociaciones, en las que Madrid hubo de abrazar el ámbito jurisdiccional del Consejo de Europa, adaptar sus estructuras productivas sometidas a proteccionismo y vencer las resistencias francesas por la competencia que entrañaba el potente sector agrario español, González firmó en el Palacio Real de Madrid el Acta de Adhesión a la Comunidad Económica Europea (CEE), la Comunidad Europea del Carbón y del Acero (CECA) y la Comunidad Europea de la Energía Atómica (EURATOM).
Entre la primera presidencia de turno del Consejo, en el primer semestre de 1989, y la segunda, en el segundo semestre de 1995, el peso específico de España y la influencia de González en la nueva Unión Europea (desde noviembre de 1993) fueron parejos a su adscripción a las tesis más europeístas. En mayo de 1993 fue galardonado con el Premio Carlomagno, que recogió en la ciudad alemana de Aquisgrán por su contribución a la unidad europea. Era el tercer español en recibir este prestigioso premio, después del pensador y diplomático Salvador de Madariaga en 1973 y del rey Juan Carlos en 1982.
El relanzamiento de las relaciones diplomáticas de España durante los 14 años de gobierno socialista excedió con mucho el contexto euro-atlántico. España se convirtió en un país que inspiraba confianza tanto a árabes como a israelíes, un país que podía hacer de puente intercultural por haber sido en el pasado patria multisecular y de convivencia entre musulmanes y judíos. De hecho, fue su gobierno, en enero de 1986, el que reestableció las relaciones diplomáticas con Israel reconociéndolo como Estado. Esta singular dualidad fue reconocida con la elección de Madrid como la sede de la histórica Conferencia que, bajo la égida de Estados Unidos y con el patrocinio compartido de la URSS, puso en marcha el proceso de paz en Oriente Próximo. Tan importante evento se desarrolló en el Palacio Real de Madrid entre el 30 de octubre y 1 de noviembre de 1991.
En América Latina, España tuvo una implicación importante en los procesos de paz para Centroamérica tras la creación del Grupo de Contadora y de su Grupo de Apoyo. Entre 1989 y 1991 González figuró en el grupo de «presidentes amigos» que prestó sus buenos oficios para el resultado positivo del proceso de paz de El Salvador.
Por otro lado, los lazos políticos y culturales entre España y el subcontinente adquirieron una dimensión multilateral con la activación de las Cumbres Iberoamericanas, la segunda de las cuales tuvo lugar en Madrid el 23 de julio de 1992, en el emblemático año del Quinto Centenario.
No podemos olvidarnos de 1992 que fue para España el año de las grandes celebraciones: los Juegos Olímpicos en Barcelona, la Exposición Universal de Sevilla y el Quinto Centenario del descubrimiento de América. Esos acontecimientos de éxito indiscutible situaron a España dentro del reducido círculo de naciones con reputación de solidez y modernidad. Pero además fueron, de manera muy directa, el motor de la modernización de las infraestructuras de esas dos ciudades, aunque ello también redundó en beneficio de toda España.
En diciembre de 1995, en la recta final de su mandato y coronando la presidencia semestral española del Consejo de la UE, el protagonismo exterior de España fue muy destacado. El día 3 Madrid fue el escenario de la firma de la Nueva Agenda Transatlántica con Estados Unidos, junto con el presidente Bill Clinton y el presidente de la Comisión Europea Jacques Santer; los días 15 y 16, de la firma del Consejo Europeo que aprobó el nombre de euro para la futura moneda común europea; y el día 15, de la firma por los respectivos ministros de Exteriores del Acuerdo Marco Interregional de Cooperación entre la Comunidad Europea y el MERCOSUR.
El 14 de diciembre de 1995, además, Felipe González, en tanto que presidente de turno del Consejo Europeo, representó a la UE en la solemne firma en París del Acuerdo General para la Paz en Bosnia-Herzegovina adoptado el mes anterior en Dayton, Estados Unidos, por los tres presidentes ex-yugoslavos involucrados en el conflicto, el bosnio Alija Izetbegovic, el serbio Slobodan Milosevic y el croata Franjo Tudjman, máximos protagonistas de la cita.
“La unidad europea no puede hacerse solo hacia dentro, sino también hacia fuera de Europa. El 3 de marzo de 1996 se celebrarían las elecciones para la VI Legislatura y Felipe González era candidato al Gobierno por séptima vez consecutiva.
En diciembre de 1996 encabezó en Belgrado el equipo de la OSCE que investigó las denunciadas irregularidades en las elecciones municipales serbias y asumió también labores de mediación entre el régimen de Milosevic y la oposición democrática. El 20 de junio de 1997 anunció su renuncia a la Secretaría General del PSOE en el arranque del XXXIV Congreso.
En las elecciones de 2000 (VII Legislatura) renovaría su acta de diputado en el Congreso, pero no por Madrid, sino por Sevilla. Esta sería su última legislatura ya que no volvería a presentarse en las elecciones del 14 de marzo de 2004.
A finales de 1998 se reprodujo la situación de 1994 con Delors al acercarse la hora del relevo del luxemburgués Jacques Santer como presidente de la Comisión Europea. En 1999 abandonó la vicepresidencia de la Internacional Socialista, que ostentaba desde 1978, pero antes la organización lo designó responsable de la Comisión sobre Progreso Global, con la misión de redactar un nuevo manifiesto del ideario socialdemócrata en respuesta a la globalización. El texto, visto como una síntesis de la Tercera Vía del británico Tony Blair y el socialismo más clásico del francés Lionel Jospin, sirvió de base para la Declaración que cerró el XXI Congreso de la Internacional Socialista, celebrado en París en noviembre de 1999.
En octubre de 2001, bajo el impacto de los atentados del 11-S, Felipe González fue uno de los 35 líderes mundiales en activo o retirados que participaron en Madrid en la Conferencia sobre Transición y Consolidación Democráticas (CTCD), evento que fue inaugurado por Mijaíl Gorbachov.
Como expresidente, pudo ingresar como consejero nato o vitalicio en el Consejo de Estado, pero renunció a ser miembro.
Alejado de la vida política española, seguía inmerso en una densa agenda internacional. En 2005 medió discretamente entre el Gobierno colombiano de Álvaro Uribe y la guerrilla del Ejército de Liberación Nacional (ELN) para sacar adelante un acuerdo de paz que finalmente no se concretó. El 27 de julio de 2007 el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero, a propuesta del ministro de Exteriores, Miguel Ángel Moratinos, lo nombró Embajador Extraordinario y Plenipotenciario para la Conmemoración de los Bicentenarios de la Independencia de las Repúblicas Iberoamericanas.
El 14 de diciembre de 2007 los jefes de Estado y de Gobierno de la UE, reunidos en Consejo Europeo en Bruselas, designaron a su colega español retirado presidente del Grupo de Reflexión sobre el futuro de Europa, también llamado Comité de Sabios.
De diciembre de 2009 a diciembre de 2012 fue Presidente del Consejo de Participación del Espacio Natural de Doñana, órgano colegiado de carácter predominantemente consultivo y deliberante adscrito a la Consejería de Medio Ambiente y Ordenación del Territorio de la Junta de Andalucía.
En diciembre de 2014 el presidente de Colombia, Juan Manuel Santos, le otorgó la nacionalidad colombiana.
Desde marzo de 2016 asume la titularidad de la Cátedra iberoamericana ‘José Bonifacio’ de la Universidad brasileña de Sao Paulo, la mayor universidad de Latinoamérica.
También ha publicado varios libros, entre los que se encuentran Qué es. El Socialismo (1976), Memorias del futuro. Reflexiones sobre el tiempo presente (2003), Mi idea de Europa (2010) o En busca de respuestas.
En los años 80 y 90 decir 'Felipe' en España solo podía referirse a una persona: Felipe González Márquez
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