Entendiendo la Regla: Definición, Productos y Consideraciones Ambientales
Cada 28 días, si eres regular, llega aquella estimada rutina fisiológica que consiste en la expulsión del tejido endometrial, un óvulo no fertilizado y la pequeña cantidad de sangre que lo acompaña. Se trata de la regla o menstruación. Se trata de unos días en los que no nos sentimos siempre bien, más sensibles de lo habitual, con molestias y con la preocupación añadida de estar pendientes de no manchar la ropa o el asiento.
Las mujeres las sufrimos o disfrutamos, depende, una vez al mes, durante varios días, y tenemos que encontrar la manera de no tener pérdidas que muestren lo que en realidad es tan evidente y natural. Y resulta que no sólo podemos ensuciar sino que la menstruación también ‘ensucia’ a nivel ambiental. ¿Por qué? Pues porque las opciones para mantener la sangre contenida y no visible son, en su mayor parte, poco sostenibles.
El Impacto Ambiental de los Productos Menstruales
A lo largo de la vida de una mujer, ésta puede llegar a utilizar unos 12.000 tampones o compresas. Para hacer este cálculo se ha considerado que se utilizan 6 compresas/tampones al día (depende del flujo de cada una), 5 días cada 28 días, 13 veces al año, y de los 14 a los 45 años (totalmente aproximado, también ). Hay que tener presente que durante el embarazo (1 ó 2 como media) la menstruación se detiene (9 meses x 2) y que en el caso de mujeres que dan el pecho, la regla puede llegar a desaparecer muchos más meses (hasta un año adicional a los nueve meses de embarazo). Por tanto, se trata de un cálculo aproximado.
Si se analiza la evolución de productos como las compresas o los tampones a lo largo de la historia, hay que tener presente que las mujeres de antes no eran como nosotras a nivel de preferencias y de otros aspectos como: menos esperanza de vida, más número de hijos por mujer, mayor periodo de lactancia, peor alimentación y salud en general, etc. Todo esto hacía que el periodo menstrual durara menos a lo largo de toda la vida con muchas interrupciones y alteraciones diversas.
Opciones de Higiene Femenina: Un Abanico de Posibilidades
Ahora podemos elegir. Existe un amplio abanico de productos con el objetivo de contener y disimular la sangre durante la menstruación: de productos sintéticos, naturales, de usar y tirar, reutilizables, con alas, sin, con aplicador o sin, compatibles con las relaciones sexuales y no compatibles, etc.
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Tener opciones es bueno pero para elegir hay que contar con cierta información y si puede estar acompañada de reflexiones, ésta se hace aún más digerible. No existe la opción perfecta ni cero emisiones ni residuo cero ni totalmente inocua a nivel ambiental. Tampoco la más cómoda, saludable e invisible. Depende de cada una de nosotras y de lo que prioricemos.
A continuación propongo un recorrido por métodos muy conocidos y por otros menos presentes pero no por ello inexistentes o impracticables. La higiene femenina y, concretamente, los productos dirigidos a ocultar y contener la sangre de la regla (más científicamente llamada, flujo menstrual) son múltiples y diversos. No existe el producto perfecto para lo que cada mujer necesita, prioriza y busca. Los criterios para seleccionar uno u otro método suelen ser la comodidad, el precio, la accesibilidad, el impacto sobre la salud y el impacto ambiental.
Compresas Convencionales: Comodidad vs. Impacto Ambiental
De hecho, las compresas se asimilan bastante a los pañales para bebés. Las compresas convencionales cuentan con un 90% de plástico en su composición. Las más vendidas tienen un núcleo de celulosa mezclada con SAP (polímero superabsorbente) que al mojarse adopta la forma de hielo y no deja pasar el líquido (no pasa nada por decirle por su nombre: ¡la sangre!) aunque se presione la compresa. La capa en contacto con la piel se trata de un tejido sintético que hace que el líquido vaya al núcleo.
Hasta aquí la explicación científica y ‘marketiniana’ del funcionamiento de una compresa convencional. Si lo piensas, el objetivo no es malo: almacenar la sangre manteniéndola separada de la piel para que no haya infecciones ni problemas dermatológicos. Pero, la realidad no deja de ser que durante 65 días al año (un 18% del año) las mujeres mantenemos nuestras partes más íntimas en contacto constante con un producto de plástico, no natural. Que dificulta la transpiración y que genera un microclima de calor y humedad que puede hacer crecer bacterias, hongos, alergias e irritaciones.
Sentir cómo se pliega el plástico cada vez que te mueves, la pegatina de las alas que tira de algún pelo (¡sí, además de tirar sangre una vez al mes tenemos pelos!), su tacto poco agradable, las alas que rozan las ingles, el hedor que no logra ser contenida a pesar de los múltiples químicos incorporados con este objetivo, etc. Todo en conjunto deja mucho que desear, pero aún así sigue siendo la opción más utilizada en estos momentos, a pesar de estar dejando cada vez más espacio a opciones más naturales.
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Si a todo esto sumamos el impacto ambiental asociado a un producto de usar y tirar que además tarda hasta 100 años en biodegradarse, parece que la compresa no acaba de ser el producto ideal. Además, cada compresa está rodeada por un envase secundario que la hace más fácilmente transportable, manteniendo la higiene, pero que se convierte también en un residuo. Y estos envoltorios individuales, a su vez, están contenidos en un envase primario (la caja o paquete de compresas), también un futuro residuo. Plástico dentro de plástico dentro de plástico.
A pesar de estos problemas ambientales, las compresas convencionales seguramente resultan el producto más idóneo para muchas mujeres. Quizás porque es el más práctico (usar y tirar no deja de ser lo más ‘cómodo’ y rápido). Quizás porque se puede encontrar en cualquier sitio: desde una farmacia, hasta un supermercado o en una droguería. Quizás porque es asequible.
Por otro lado, las compresas no han sido siempre como las conocemos ahora. De hecho, hasta los años 60 no tenían alas. Ahora también es una opción pero se asocia más a los días de poca menstruación o a un uso más similar al de un salvaslip (tema que requeriría otro ‘a fondo’). Hasta entonces, había mujeres que se ponían agujas para mantener la compresa inmóvil (y también a la mujer, porque según qué movimiento hiciera podía terminar como un faquir) o incluso se habían comercializado como unas ligas para sujetar las compresas. Según diversos estudios se cree que las egipcias usaban papiro y hierbas para elaborar los primeros tampones. Las romanas utilizaban algodón y lana e incluso, a lo largo de la historia, se utilizaron todo tipo de pieles animales. Su evolución nos ha llevado a renunciar a materias primas naturales, buscando la máxima absorción y invisibilidad.
Tampones: Absorción y Advertencias
El SAP, ya citado previamente en el caso de las compresas, es uno de los materiales más absorbentes que se conoce. En el caso de los tampones no se utiliza porque se han relacionado niveles de absorción tan elevados con el Síndrome de Shock Tóxico, enfermedad muy infrecuente que puede ser mortal. Desde el momento que un producto debe ser introducido en nuestra vagina, pasa a formar parte de una clasificación extremadamente sensible y a ser analizado con lupa.
Los tampones han sido motivo de muchas advertencias que han puesto en duda su uso, algunas muy graves. Como el hecho de que podían contener dioxinas (entre otros efectos, cancerígenas y esterilizantes) o que incluso los fabricantes podrían estar añadiendo asbestos para promover el sangrado menstrual y aumentar así el uso de su producto. Son algunos de los rumores que han adquirido cierta relevancia en los medios de comunicación estadounidenses. De hecho, la Food and Drug Administration (FDA) aseguró que ambas cosas no eran ciertas.
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En todo caso, he oído amás de una y de dos mostrar ciertas reticencias a introducir un trozo de producto absorbente, sea el que sea, en su vagina, aunque esta característica permita realizar cualquier actividad de manera cómoda. Los tampones más empleados son los que tienen aplicador, que normalmente suelen ser de plástico o cartón. Cuando menos incremente su tamaño el tampón una vez en la vagina e impregnado de sangre, mejor se valora, ya que su extracción resulta más sencilla y menos molesta.
Además, existe el peligro de ruptura del cordón, en caso de que el tampón pese mucho y se haya convertido en demasiado grande, haciendo desagradable y difícil la extracción del tampón sin el hilo. En el caso de los tampones, el residuo final es menor, ya que son más pequeños. Además, en algunos casos, no necesitan de un envase secundario para ser transportados, almacenados y mostrados en una farmacia o tienda. Su producción en masa comenzó en los años 30 y en la década de los años 50 y 60 las chicas adolescentes eran el target al que se dirigía la publicidad de las grandes marcas.
Todavía recuerdo aquel anuncio de televisión de los años 90 en el que una chica no se atrevía a pasear con su perro por delante de un grupo de chicos porque llevaba pantalones muy cortos y le daba vergüenza que se le notara que tenía la regla (o bien porque se notaba que llevaba algún tipo de protector o porque tenía una mancha). Pero al ponerse un tampón podía pasear muy tranquila asegurando que todos los chicos le podrían mirar el culo sin encontrar nada que los estorbase. Ya en su día me pareció fatal. Si este es el objetivo del tampón, empezamos mal.
La publicidad siempre ha querido buscar la libertad, el poder seguir siendo una misma a pesar de tener la regla (poder montar a caballo, hacer escalada o puenting; vaya, lo que hacemos a diario). Pero cuando tenemos la regla somos nosotras mismos más que nunca, es nuestra parte animal, la señal de que somos fértiles, fuente de vida.
Tampones sin Aplicador y Esponjas Marinas: Alternativas Menos Conocidas
¿Has usado alguna vez un tampón sin aplicador? ¿Y una esponja marina como tampón? Sinceramente, yo no. Y la verdad es que desconocía esta posibilidad. Resulta que el tampón sin ‘hilos’ se comercializa destacando que con ellos se pueden mantener relaciones sexuales (sin necesidad de retirarlo, para que quede claro). Se habla de que es una buena opción para la mujer que quiere moverse libremente durante su menstruación. El tampón sin aplicador y sin cordel consiste en una especie de esponja que incluye un gel deslizante aséptico y una apertura para facilitar su extracción. Tiene una capacidad de absorción de 8 horas y es de usar y tirar. Cada caja contiene 3 unidades y el precio total es de unos 6 euros. ¡Dos euros cada uno!
No acabo de entender muy bien el objetivo de este producto: ¿poder tener relaciones sexuales mientras se tiene la regla? Yo creo que esto se puede hacer igualmente, ¿no? Quizás no resulta tan ‘limpio y pulido’ pero es que la sangre no es sucia, es sangre, ¡nuestra sangre! Y a quien no le guste, pues que no mire.
Otro aspecto curioso que he podido descubrir haciendo esta pequeña investigación es que el método del tampón sin aplicador se inspira en un sistema empleado hace muchos años consistente en el uso de una esponja natural, además, reutilizable. Y resulta que todavía hay mujeres que lo utilizan. Se pueden limpiar con un jabón neutro y no contiene dioxinas o fibras sintéticas. Antes de usarlas hay que mojarlas con agua tibia, exprimir el agua y colocarlas. La esponja se expande adaptándose a la vagina. Una vez ‘llena’ se extrae y se limpia para ser utilizada de nuevo, sólo con agua. Una vez finaliza el período se pone la esponja en un vaso con agua tibia con dos gotitas de aceite esencial de árbol del té durante toda la noche y al día siguiente se enjuaga. Se deja secar y se guarda hasta el siguiente uso.
No he encontrado información más detallada sobre cómo se introduce o cómo se extrae o cuántas se necesitan durante un período. Tampoco lo he experimentado y por tanto no puedo opinar al respecto. En los años 40 ya se comercializaban y mucho antes, cuando era un método usado por prostitutas que de este modo podían seguir manteniendo relaciones a pesar de tener la menstruación.
Compresas y Tampones Ecológicos: Un Paso Hacia la Sostenibilidad
Si cogemos un producto de usar y tirar y cambiamos la materia prima de sintética a 100% natural y 100% biodegradable, el resultado es evidente que se convierte en un producto menos impactante y más natural. Este es el caso de las compresas y tampones ecológicos. Se trata de marcas que cuidan mucho su imagen, mucho más suave, limpia, delicada. Quieren transmitir que respetan a la mujer y la quieren acompañar en el momento de la menstruación para hacerle sentir mejor. La imagen gráfica cambia, es menos agresiva, las mujeres que aparecen en el packaging son más reales (sin barriga, claro, pero con algo más de caderas) e incluso hay marcas que se atreven a poner rojo sobre blanco .
Estos productos más respetuosos a nivel ambiental y también con la mujer, suelen añadir otros valores ambientales como: envoltura y aplicador (en el caso de un tampón) biodegradables. Además, en general, se trata de marcas que no optan únicamente por compresas y tampones naturales, sino que ofrecen un gran abanico de opciones, desde la copa menstrual hasta aceites esenciales para mejorar el estado general de la mujer. Al tratarse de marcas relacionadas con el cuidado personal, más que con la belleza (como las más convencionales), también disponen de otros productos no directamente relacionados con la menstruación. Continúan siendo, sin embargo, compresas con alas, ultrafinas, ultras de noche, de día, etc. Pero no están blanqueadas (sin cloro ni dioxinas), no contienen perfumes ni materiales superaboserbents, ni residuos de pesticidas o herbicidas. Suelen ser de producción más local (no más allá de la UE) y la mayoría están certificadas.
De todos modos, esta opción más sostenible sigue perteneciendo a la categoría de un solo uso, que por definición ya es insostenible. Además, las compresas siguen contando, en la mayoría de los casos, con un envoltorio secundario.
Compresas Reutilizables: Una Mirada al Pasado con un Enfoque Sostenible
Quizá alguna de vosotras ya se ha puesto las manos en la cabeza pensando: ¿compresas de tela? Esto me recuerda a lo que me contaba mi tía o mi abuela que tenían que usar antes; cuando además no tenían lavadora como ahora. Parece dar un paso atrás plantearnos usar un trozo de tela para contener la sangre durante la menstruación. Se trata de una sensación similar a la que se puede tener con los pañales de tela. ¿Ahora me tengo que poner a gestionar recortes de tela manchados de sangre durante mi día a día?
Utilizar este método requiere llevar bolsas de plástico o algún otro tipo de envase para meter las compresas de tela sucias de sangre y no olvidar, al llegar a casa, ponerlas a remojo. La sangre, hay que remarcar, que no es fácil de quitar de las piezas de ropa y menos aún si entre la ropa y la sangre no ha habido ningún absorbente. Por lo tanto, cuanto más se tarde en limpiar la tela impregnada más costará hacerlo.
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