Pedro Urraca Rendueles: Biografía de un policía franquista
02.11.2025
Pedro Urraca Rendueles fue una de las figuras más oscuras del espionaje español, conocido por su colaboración con la Gestapo y su participación en la detención de figuras clave del exilio republicano. Su vida y acciones han sido objeto de investigación y controversia, especialmente a través del trabajo de su nieta, Loreto Urraca, quien ha explorado su biografía en profundidad.
Primeros años y carrera
Loreto Urraca descubrió ya de adulta la oscura biografía de su abuelo, Pedro Urraca Rendueles, un funcionario de la policía franquista, que fue destinado a Francia, con el objeto de descubrir y capturar a los republicanos destacados, que habían buscado refugio en el país vecino, tras haber perdido la guerra. Con tal diligencia desempeñó su misión, en la persecución de los principales dirigentes de la malograda República Española, que mereció el apodo de “el cazador de rojos”.Conocí a Pedro Urraca en sus últimos años de vida, en 1982, cuando yo acababa de cumplir 18 y él había regresado a España, ya jubilado tras haber trabajado durante muchos años en la embajada española en Bélgica. Había aceptado la propuesta del encuentro un poco por curiosidad, ya que me había criado sin saber prácticamente nada de mi familia paterna, porque mi padre, hijo único de Pedro Urraca y de una francesa, nos había abandonado cuando yo era muy pequeña. Aquel primer encuentro no fue nada agradable, ni los siguientes, porque no se mostraban cariñosos o afectivos, todo lo contrario, eran fríos y distantes. Sus conversaciones eran banales: frivolidades de su vida mundana en Bruselas, cotilleos de la gente importante con la que se codeaban en fastuosas fiestas y viajes… Yo tenía la impresión de que lo que buscaban era epatarme y engatusarme con sus promesas de regalos y beneficios, con la intención de embaucarme, para que yo les atendiera en sus necesidades seniles.Con el espíritu rebelde de mi juventud y en el Madrid radiante de la Movida y del final de la Transición, para mí representaban un pasado oscuro y obsoleto, un pasado franquista, contrario a mis propias convicciones, del que no quería saber nada. Me propuso dictarme sus memorias, pero rechacé y opté por demostrarles mi desprecio, precisamente no mostrando el mínimo interés en sus vidas.Cada vez fui espaciando más las visitas, hasta que, gracias a encontrar trabajo fuera de España, pude cortar la relación. Pedro Urraca murió en 1989 y me olvidé de esa etapa en la que les traté muy superficialmente.Descubrimiento de su pasado
Hasta septiembre de 2008. Yo ya había regresado a España y un día ví en El País un artículo en el que aparecía una foto de mi abuelo. El titular era demoledor: Pedro Urraca, el cazador de rojos. Me llevé una gran sorpresa y me puse a leer con avidez. El artículo reseñaba una tesis doctoral sobre la persecución franquista en Francia, del historiador Jordi Guixé, de las Universidades de Barcelona y la Sorbona en París. Así fue cómo me enteré de que Pedro Urraca había sido un policía destinado a la embajada de España en Francia en 1939, con el cometido de localizar, vigilar, perseguir y capturar a los exiliados españoles. Además, se le acusaba de haberse enriquecido extorsionando a judíos que huían a España de la persecución nazi.Cuando terminé la lectura del artículo me quedé estupefacta, no me lo podía creer, porque en los años que le conocí, en ningún momento había hecho referencia a haber vivido en Francia antes que en Bélgica. Pero si aquella información salía de una tesis doctoral, tenía que ser verdad. Me embargó un tremendo sentimiento de vergüenza por ser la nieta de un fanático que había contribuido a que fueran ejecutadas personas por tener ideas políticas diferentes, la nieta de alguien capaz de aprovecharse de la debilidad de otras personas para su propio beneficio. Además, me entró rabia, porque lo único que comparto con este abuelo es el apellido, un apellido feo, sonoro y fácil de recordar. Sentía que era un apellido impregnado de vileza y que yo cargaba con él. Sin embargo, no reaccioné, no supe qué hacer y opté por no hacer nada. No quise saber más y preferí dejarlo pasar, permanecer en la ignorancia, tratar de seguir olvidando y desentenderme. Pero me quedé con la sospecha de que alguien, alguna vez, podría establecer un vínculo gracias al apellido y vendría a pedirme cuentas.Y es lo que ocurrió dos años después, cuando recibí una llamada a mi puesto de trabajo y directamente me preguntaron si era la nieta de Pedro Urraca. Era una periodista que me había encontrado por internet. Estaba preparando un reportaje sobre Lluís Companys y quería que le contara mis recuerdos de infancia con mi abuelo, unos recuerdos que no existían. Su solicitud me provocó una imperiosa necesidad de desafiliarme, de públicamente exponer mi repudio de ese abuelo victimario y mi repulsa del franquismo. Era consciente de que con mi contribución al reportaje provocaría que otras personas, con toda legitimidad, quisieran saber qué había pasado con sus familiares exiliados y yo me sentía responsable de atender a sus posibles solicitudes de información, ya que era la única representante de esa línea familiar en España. Y, sin embargo, yo no sabía nada sobre Pedro Urraca. Necesitaba saber más, conocerle en profundidad. Aquella necesidad de desafiliarme y de saber más fue lo que me impulsó a ir a Barcelona a leer la tesis en la biblioteca de la universidad.Leyendo la tesis, percibí la magnitud de la represión franquista al exilio republicano, la crueldad empleada y la total impunidad con la que fueron entregados al régimen de Franco los responsables políticos. Cuando terminé sentí aún más vergüenza y rabia al constatar que Pedro Urraca había tenido un papel preponderante y quise comprobar todas las acusaciones que había leído con los mismos documentos que el historiador había consultado. De la tesis extraje una lista con los expedientes de archivo que más se relacionaban con Pedro Urraca y poco a poco, fui consultando las fuentes del historiador e incluso otros archivos inexplorados.Los primeros documentos que consulté fueron los informes policiales que Pedro Urraca enviaba regularmente a Madrid, en los que detallaba sus avances en la investigación sobre los perseguidos. Junto a los informes se conservan algunas cartas de acompañamiento a su corresponsal, que es un amigo, y en ellas encontré el auténtico retrato de Pedro Urraca. Cuando en España estaban padeciendo la escasez de la posguerra y en París, él mismo dice que la gente muere de hambre y frío, él vive holgadamente y no muestra la más mínima compasión por quienes padecen penalidades para sobrevivir. Me pareció una actitud indecente de un ser abyecto.Actividades durante la Guerra Civil y la Segunda Guerra Mundial
Durante la Guerra Civil Española y la Segunda Guerra Mundial, Urraca desempeñó un papel crucial en la persecución de republicanos exiliados en Francia.Colaboración con la Gestapo
Urraca colaboró estrechamente con la Gestapo, utilizando el alias "Unamuno". Su trabajo consistía en localizar, vigilar y capturar a los exiliados españoles, entregándolos a las autoridades franquistas o a los nazis.Captura de Lluís Companys
Urraca vigiló a Companys desde su llegada a París. Con la complicidad de los colaboracionistas franceses, le detuvo, y luego le llevó a la España franquista, donde fue fusilado. Urraca disparó una fotografía de él, la última que existe de Companys con vida. También le regaló una postal que había comprado en Biarritz para que pudiera despedirse de su mujer con unas líneas. Poco después de su entrega, Companys sería fusilado en Montjuïc.En las notas personales de Urraca, cuando llevó a Companys a Hendaya para entregarlo, se puede leer su entusiasmo y optimismo al constatar el destino de un personaje del relieve de su detenido y el horizonte que se abría en Europa con la victoria del nazismo.Intento de detención de Manuel Azaña
Lo que ya se conoce menos es cómo fue su intento de detener al más importante de todos los refugiados antifascistas en Francia, el presidente de la República española, Manuel Azaña. Este episodio, en cambio, es un fracaso para los franquistas. Luis Rodríguez, embajador mexicano, tenía orden de garantizar su seguridad. Azaña no podía acudir a la embajada, así que fue él quien acudió a Azaña. Alquiló una serie de habitaciones en el hotel donde se encontraba enfermo, puso la bandera mexicana en el balcón y convirtió el lugar en sede diplomática. Varios centenares de refugiados, excombatientes, mutilados, mujeres y niños hacían guardia en la cafetería del edificio. Cuando llegó Urraca con sus hombres, se encontró con que los diplomáticos mexicanos les hicieron frente. No tuvieron ningún problema en enseñarles sus armas a los fascistas, que se tuvieron que quedar a las puertas del lugar pensando cómo raptarlo. Sin éxito. Por suerte para ellos, Azaña no tardó en morir en ese mismo lugar.Otras actividades
Además de perseguir a los republicanos más destacados, Urraca se dedicó a desvalijarlos. Montó una organización para ayudar a los judíos perseguidos por los nazis que tuvo como fin robarles todos sus bienes. Incluso en sus últimos años en activo en Bélgica, siguió robando dinero de la embajada española, pero por fin fue descubierto.Después de la Segunda Guerra Mundial
Tras la liberación de París, Urraca huyó a Bélgica, donde siguió vigilando a los republicanos exiliados bajo una identidad falsa. En plena guerra fría, su trabajo es apreciado, no solo por los franquistas, sino también por los norteamericanos, a quienes les vende sus informes, aunque no fueran muy fiables, según la CIA.Descubiertos los hechos en los 70, fue apartado de la policía y su pensión embargada parcialmente. Pedro Urraca murió en 1989.El legado de Pedro Urraca a través de su nieta Loreto
Tras descubrir la verdad sobre su abuelo, Loreto Urraca emprendió una investigación exhaustiva que la llevó a escribir el libro "Entre hienas" y a participar en el documental "Urraca, cazador de rojos". Este proceso representó una forma de desafiliarse de la ideología de su abuelo y de rendir homenaje a las víctimas del franquismo.Historias Desobedientes
Loreto Urraca es la representante en España del colectivo Historias Desobedientes, que agrupa a descendientes de represores que han rechazado públicamente esa herencia. "Nuestro objetivo es denunciar a nuestras propias familias, pero adherirnos a todas las reclamaciones de colectivos de víctimas. Lo que pasa es que el Estado todavía no ha reconocido como tal a las víctimas del franquismo por lo que no han tenido derecho a ninguna reparación. Nosotros, que somos familiares de los victimarios, estamos de lado de las víctimas”, sostiene. El suyo no es el lado más sencillo de la historia. No es nada fácil eso de “denunciar a nuestras propias familias”.| Nombre | Cargo durante la República | Destino |
|---|---|---|
| Lluís Companys | Presidente de la Generalitat de Cataluña | Capturado y fusilado en Montjuïc |
| Julián Zugazagoitia | Ministro de Gobernación | Capturado y fusilado en Madrid |
| Manuel Azaña | Presidente de la República Española | Murió en Francia, protegido por la embajada mexicana |
Lea también: Alcántara y su Santo Patrono
Lea también: La vida de San Pedro Apóstol
Lea también: Rechazo del PSOE a la gestación subrogada
tags: #pedro #urraca #hijo #biografia