Placentofagia: Beneficios y Riesgos de Consumir la Placenta Humana

30.10.2025

La moda de tomar placenta humana, la placentofagia, -bien en cápsulas, cocinada o en batidos de frutas que enmascaran su sabor- se extiende peligrosamente por Estados Unidos y Europa. Su nombre, como su carne, no es que suene agradable: placentofagia. Y se trata, como el título indica, de comer la placenta, un órgano efímero bañado en hormonas y mística.

Puede ingerirla la madre tras el parto o personas ajenas, seducidas por sus supuestos beneficios. Es un método controvertido y puede entrañar riesgos, según alerta la comunidad médica.

Figuras del mundo de espectáculo, como Kim Kardashian o Tom Cruise, han defendido sus bondades nutricionales. Famosas de la talla de Kim Kardashiam han reconocido en sus redes sociales que se han comido su propia placenta después de dar a luz. Con más de 115 millones de seguidores sólo en Instagram, sin duda ha podido llegar a convertir en ‘tendencia’ tal hábito.

Se publican libros de recetas y cada vez más madres realizan esta práctica en distintos países del mundo. Algunos estudios consideran que es una práctica que se realiza principalmente en Occidente por mujeres blancas de clase media y que está creciendo en popularidad.

¿Por qué algunas personas consumen la placenta?

Quienes la toman piensan que ayuda a prevenir la depresión postparto (el principal motivo por el que se acude a ella, según las encuestas); que estimula la leche materna, que aporta hierro y nutrientes, que devuelve la energía a la madre, por los minerales y hormonas que contiene.

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Internet ha expandido la placentofagia gracias a foros sobre la crianza, el auge de las medicinas alternativas, y el parto natural. Quienes lo defienden exponen muchas veces una resistencia a la medicalización y hablan del control de la madre sobre el parto. También citan cuestiones cercanas a la espiritualidad. “Es como una cuestión mística-energética, es una parte tuya, que ha sido de los dos, y que vuelve a ti”, explica Irene.

La base legal es que se debe respetar, tal como recomienda la OMS, el “derecho de la madre a decidir sobre su vestimenta (la suya y la del bebé), comida, destino de la placenta, y otras prácticas culturalmente importantes”. Hay culturas que entierran la placenta dentro de sus ritos tradicionales, como los mapuche.

Falta de Evidencia Científica

Hasta la fecha no hay estudios científicos serios de ninguna naturaleza que avalen la placentofagia en humanos. Así lo revela un estudio científico publicado en American Journal of Obstetrics and Gynecology, en el que se concluye que no hay evidencia científica sobre los beneficios de la placentofagia, acto de comer la placenta cruda, cocida o en forma de píldora.

Desde el “Royal College of Obstetricians and Gynaecologists” (RCOG) se ha afirmado que “no hay ninguna justificación médica para la placentofagia. Los animales se comen su placenta para obtener nutrientes, pero en seres humanos bien alimentados, no hay beneficios, no existen razones para hacerlo”.

Por otro lado, aunque muchas mujeres afirman haber obtenido beneficios de comer su placenta, las autoridades sanitarias de Estados Unidos previenen frente a los vendedores de cápsulas de placenta que realizan afirmaciones médicas que no se han demostrado científicamente.

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“Aunque algunas madres afirman sentirse con más energía o experimentar mejoras en el estado de ánimo tras consumir su placenta, estos beneficios son subjetivos y podrían deberse al efecto placebo”, explica la dietista-nutricionista Júlia Farré, miembro del Colegio de Dietistas-Nutricionistas de Cataluña. “Además, no han sido confirmados por estudios clínicos controlados”, añade.

Como se ha indicado, al no existir estudios científicos serios al respecto, es imposible decir cómo afecta la placentofagia a la lactancia materna. No hay justificación médica para la placentofagia en relación con la lactancia materna. Todo lo publicado hasta la fecha son especulaciones y no conclusiones basadas en estudios científicos.

Muchos médicos argumentan, sin embargo, que este tipo de ‘tratamiento’ postparto solo se basa en anécdotas, en el boca a boca, e incluso en el placebo, además de no existir un método estandarizado de consumo.

Tres meses después, un estudio de la Universidad Northwestern, de Estados Unidos, en el que se han revisado 10 investigaciones publicadas recientemente sobre la placentofagia ratifica la postura de la Organización Colegial y apunta que no existe ninguna evidencia científica para apoyar esta ingesta, ya sea cruda, cocida o encapsulada. Además, alertan de los posibles riesgos que tiene esta práctica, ya que la placenta actúa como un filtro para absorber y proteger al feto en desarrollo de las toxinas y contaminantes.

Clark, que es profesora de Psiquiatría de la Escuela de Medicina Feinberg, de la Universidad de Northwestern, en Chicago, se interesó en este tema tras recibir a algunas pacientes que le preguntaban si la ingesta de placenta podría interferir en su tratamiento antidepresivo.

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Después de realizar esta investigación, publicada en la revista Archives of Women’s Mental Health confirma que la placentofagia supone un riesgo desconocido para las mujeres y para los hijos que son amamantados.

Riesgos Potenciales para la Salud

Pero la ciencia no tiene nada claros estos beneficios (no hay evidencias sólidas que los respalde), y sí que entrevé riesgos de infección, aunque tampoco hay registro médico sobre complicaciones derivadas (en 2016, se reportó un caso de infección infantil potencialmente asociado a una placenta tomada en forma de cápsula).

La placenta no es estéril y hay elementos como el selenio, cadmio, mercurio y plomo, que junto con bacterias, han sido identificados en tejidos de placenta tras el parto. Se desconocen los posibles efectos adversos de estos elementos en las mujeres que consumen la placenta. Además, un riesgo que no se ha considerado es la seguridad de la placentofagia para los fumadores.

Como recuerdan desde el Colegio Oficial de Enfermería, la placenta actúa como un filtro para absorber y proteger al feto en desarrollo de toxinas y contaminantes. De ahí que, además de no existir evidencias sobre los supuestos beneficios relacionados con su consumo, este se relacione incluso con riesgos para la salud.

Riesgos Específicos:

  • Bacterias: En palabras de Farré, una de las principales preocupaciones son las infecciones, ya que la placenta o los productos derivados de su procesamiento (como las cápsulas) pueden contener bacterias susceptibles de afectar tanto a la madre como al recién nacido, si el tejido no se procesa adecuadamente.
  • Toxinas: Otro de los motivos por los que consumirla puede suponer riesgos es la acumulación de toxinas que se puede dar en este tejido. “La placenta actúa como barrera y filtro durante el embarazo, por lo que podría contener metales pesados u otras sustancias potencialmente tóxicas”, recuerda Farré. Según la evidencia científica disponible, los contaminantes pueden persistir tras la cocción o encapsulación.
  • Hormonas: Además, “algunos preparados contienen niveles residuales de estrógenos, progesterona y oxitocina, que podrían interferir con la lactancia, coagulación o incluso producir efectos adversos en personas sensibles”, añaden desde CODiNuCoVa.
  • Falsa sensación de seguridad: Por último, el consumo de la propia placenta puede relacionarse con una falsa sensación de seguridad, según Garcés: “Las mujeres pueden confiar en la placentofagia como ‘prevención’ natural de la depresión postparto, retrasando el acceso a tratamientos probados y eficaces”.

En la misma línea, la Asociación Americana de Obstetras y Ginecólogos (ACOG) indica que la placentofagia “no tiene beneficios clínicamente probados y puede implicar riesgos”, por lo que no recomienda esta práctica. “Ningún nutriente ni hormona placentaria se retiene en cantidades suficientes después de la encapsulación de la placenta para ser potencialmente útiles para la madre después del parto”, añade.

Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de los EE. UU. Identificaron el riesgo de erradicación inadecuada de patógenos infecciosos durante el proceso de encapsulación. En España son las doulas quienes abiertamente recomiendan esta práctica.

Este peligro estaría en la contaminación de la placenta por acción bacteriana o viral. Los patólogos argumentan que las placentas pueden estar colonizadas por bacterias y que de hecho algunas están infectadas, como ocurre con el Staphylococcus aureus, presente en la vagina de un 10% de las mujeres.

Asimismo, un informe realizado por el Centro para el Control y Prevención de Enfermedades de Estados Unidos destaca el caso de un bebé que tuvo una infección recurrente producida por estreptococos, debido a que su madre había estado ingiriendo las famosas cápsulas con su placenta. Hace algunos años emitieron un comunicado desaconsejando por completo esta práctica después de que un bebé de apenas semanas se infectase con estreptococo del grupo B a consecuencia de que su madre había tomado la placenta en cápsulas: se lo trasladó a través de la leche materna, que estaba infectada por esta bacteria.

“La preparación más común de la placenta (la cápsula) se realiza al vaporizar y deshidratar la placenta o procesarla de forma cruda, porque algunas personas la comen cocida, en batidos u otros extractos líquidos, pero estas preparaciones no eliminan por completo las bacterias y los virus infecciosos que podría contener este órgano”, asegura la web especializada Mayoclinic.

En su estudio hablan de varios riesgos:

  • Riesgo potencial de exposición del bebé a infecciones de transmisión vertical (a través de la lactancia)
  • Riesgo de que la madre desarrollo un tromboembolismo debido al contenido de estrógenos de este órgano o a su acumulación de metales pesados y toxinas ambientales, los cuales pueden llegar a ser venenosos para la mujer y su hijo

Alternativas y Recomendaciones

“En este sentido me gustaría destacar que existen otras formas de honrar a la relación entre placenta y unión que no implican riesgos para la salud", asegura la doctora Campos Pereiro. Habla, por ejemplo, de enterrar la placenta en la tierra, pintarla para plasmar un dibujo con su forma y otras alternativas.

La recomendación de ambas expertas en estos casos es basarse siempre en la evidencia científica actualizada: “Explicar que no se ha demostrado que tenga beneficios reales en humanos, que puede suponer riesgos sanitarios serios y que existen otras estrategias seguras y efectivas para apoyar el posparto, como el apoyo emocional, una alimentación equilibrada, la suplementación específica y el descanso”, concluye Farré.

Ante la duda, la recomendación es consultar a un dietista-nutricionista.

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