Composición y porcentaje de agua en la leche materna
La lactancia materna es el alimento más óptimo para un bebé, desde el nacimiento hasta al menos los seis meses de edad, ya que contiene los nutrientes, vitaminas, minerales y otros elementos necesarios que ayudan a que el bebé tenga un correcto desarrollo y crecimiento.
Los principales componentes de la leche son agua, proteínas, hidratos de carbono, grasas, minerales y vitaminas.
Componentes principales de la leche materna
La leche materna aporta todos los nutrientes que el bebé necesita. A continuación mencionaremos los nutrientes que forman parte de la leche materna y la función de cada uno:
- Agua: La leche materna es 88 % agua. Por ello estos bebés no necesitan beber agua adicional, incluso en países cálidos.
- Carbohidratos: El principal hidrato de carbono de la leche es la lactosa, que proporciona el 40% de la energía del bebé, estando en un 6 %. Se produce en la glándula mamaria a partir de la glucosa. Su principal función, junto a las grasas, es el aporte de energía, necesaria para el crecimiento y desarrollo del recién nacido. Son fundamentales para la absorción del calcio, hierro y magnesio. También son necesarios para el mantenimiento de la microbiota intestinal dado que promueven el crecimiento de Lactobacillus bifidus el cual inhibe el crecimiento de microorganismos patógenos.
- Grasas: Los lípidos de la leche materna forman el 3-5 % de la misma, siendo el componente más variable. La grasa representa entre un 40 a 50 % del total de calorías, fácilmente utilizables, de la leche materna. Además, es fuente de ácidos grasos esenciales y vehículo de las vitaminas liposolubles. Las concentraciones aumentan desde 2 g/100 ml en el calostro hasta alrededor de 4 a 4,5 g/100 ml a los 15 días posparto. Con un promedio de 4,03 g de grasa por cada 100 gramos, la leche materna madura tiene un contenido de grasa muy alto. El contenido de grasa de la leche materna sirve para satisfacer la elevada necesidad de energía y calorías de los bebés a partir de un aporte relativamente pequeño de líquido. La composición de ácidos grasos de la leche materna depende de la dieta de la madre. La leche materna tiene una mayor proporción de ácidos grasos insaturados que la leche de vaca. El ácido graso esencial -ácido linoleico-constituye el 10% del total de ácidos grasos en la leche materna, mientras que la leche de vaca contiene sólo un 2% de ácido linoleico. Además, la leche materna contiene una gran cantidad de ácido alfa-linoleico, así como otros ácidos grasos a los que se hace referencia conjuntamente como ácidos grasos poliinsaturado s de cadena larga (LCPs). Los más conocidos y los que representan mayor proporción, son el DHA (ácido docosahexaenoico) y AA (ácido araquidónico). Los LCPs son la base de todas las membranas celulares. Los LCPs están involucrados en la formación de sinapsis (conexión entre las células nerviosas) y son fundamentales para el desarrollo cerebral. Esto progresoa de forma especialmente rápida durante el último trimestre del embarazo y en los primeros meses de vida del niño. Después del nacimiento, el cerebro crece a un ritmo de 2 g al día - esto equivale a 60 gramos en un mes!
- Proteínas: Constituyen el 1 % de la leche materna. La leche humana contiene caseína, seroalbúmina y mucinas. Son producidas en la glándula mamaria, excepto la seroalbúmina que proviene de la circulación materna. Estas proteínas son más fáciles de digerir que las de la leche de vaca. Tienen como función principal el aporte de aminoácidos, fósforo y calcio. Las dos » proteínas «principales presentes en la leche materna son las proteínas del suero de leche y la caseína. La proteína de suero tiene una consistencia similar al yogur y es fácilmente digerible, garantizando así el vaciado rápido del l pequeño estómago del bebé . La caseína, por otro lado, se coagula en el ambiente ácido del estómago más rápidamente y se digieren más lentamente. La parte nutritiva es la que se descompone en aminoácidos y está disponible para el crecimiento. Las proteínas que realizan una función protectora especial son las inmunoglobulinas (anticuerpos) IgA, IgG, IgM, IgE e IgD, por ejemplo. Cada madre produce un patrón único de inmunoglobulinas que depende de las infecciones a las que se haya expuesto a lo largo de su vida hasta ese momento. Esta protección especial, se transfiere al sistema inmunitario en desarrollo del niño.
- Vitaminas: Su concentración en la leche materna varia según la alimentación de la mamá. La vitamina A es necesaria para el crecimiento y el desarrollo, para una piel sana, una buena vista y un funcionamiento eficaz del sistema inmunológico. Hay algunas características de las vitaminas D3 y K (que son importantes para el desarrollo de los huesos) que deben tenerse en cuenta. Nuestra fuente natural de vitamina D3 es la luz solar. En los meses de invierno (de noviembre a febrero) solo producimos pequeñas cantidades de vitamina D3, debido al bajo nivel de radiación UV, y además la piel no es capaz de almacenarlo. La deficiencia de vitamina K puede desarrollarse en los primeros días de vida por varias razones: La cantidad de vitamina K en la leche materna es relativamente baja: El bebé tiene bajas las reservas de vitamina K al nacimiento La flora intestinal Bifidus-dominante de los niños amamantados- parece que sólo puede elaborar cantidades pequeñas de vitamina K. La leche materna contiene normalmente cantidades suficientes de las vitaminas hdrosolubles, es decir, vitaminas del grupo B y vitamina C.
- Minerales: El contenido bajo de minerales (principalmente sodio, potasio y cloruros) promueve el buen funcionamiento renal del bebé. La dieta de la madre tiene una influencia limitada en el nivel de minerales y oligoelementos durante los primeros 5 a 6 meses de lactancia. Los minerales importantes para el bebé son el calcio (Ca) y el fósforo (P), ya que ambos son esenciales para la mineralización ósea. En contraste con la de la leche de vaca, la leche materna tiene una relación de 2.3:1 de Ca: P, que es perfecta para la absorción máxima de calcio. Los oligoelementos también pertenecen al grupo de los minerales inorgánicos. Se les llama así porque son sólo aparecen y solo se requieren en cantidades mnimas o trazas. El oligoelemento hierro (Fe) es importante para la formación de las células rojas de la sangre y el desarrollo cerebral. Los bebés nacen con una «reserva de hierro» llena, que se ajusta a sus necesidades para 4-6 meses.
Otros componentes importantes
Además de ser una fuente nutritiva, la leche materna también tiene otras funciones. Entre los numerosos componentes que podemos encontrar en la leche materna, un elemento importante es la microflora probiótica que contiene, que incluye bacterias del género Lactobacillus, con numerosos beneficios para la salud del lactante.
Estudios recientes han demostrado que la leche materna es una fuente de bacterias “amigas” (también llamadas “comensales”) como los lactobacilos, que forman parte natural de este fluido biológico.
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Merece la pena mencionar a los nucleótidos. Ellos son el pilar de los ácidos nucleicos: el ADN, el portador de nuestra información genética, y el ARN que es responsable de la biosíntesis de las proteínas. En periodos de crecimiento rápido como durante infancia temprana, la producción normal dentro del organismo es insuficiente Por ello el organismo tiene que recurrir a una fuente de alimentación externa.
Microbiota y Lactancia Materna
La microbiota es el conjunto de microorganismos vivos o bacterias que residen en los diferentes tejidos de nuestro cuerpo y que desempeñan tareas esenciales en nuestro organismo como la metabolización de los nutrientes y la acción protectora e inmunológica ante la entrada de posibles patógenos. Además, cada ser humano tiene una composición única que se adquiere en el momento del nacimiento y se va desarrollando a lo largo de nuestra vida mediante la alimentación, los hábitos o el contacto con agentes externos, entre otros factores.
Por tanto, es esencial el tipo de alimentación en los primeros momentos de vida del bebé para favorecer el desarrollo de una microbiota saludable.
Etapas de la leche materna
En el momento del nacimiento se produce el calostro, que es la primera leche que segrega la madre cuando se inicia la lactancia. A medida que van pasando los días, le sigue la leche de transición, que ya no es tan espesa como el calostro. En este tipo de leche materna se va reduciendo la cantidad de proteína, inmunoglobinas y vitaminas liposolubles, y aumenta la grasa, lactosa y vitaminas hidrosolubles. Por último ,a las cuatro semanas aproximadamente, se produce la leche madura.
La leche producida inmediatamente después del parto corresponde a calostro. La primera se produce hasta 3-4 días después del parto: es el calostro, un líquido denso y amarillento. En comparación con la leche madura, tiene mayor cantidad de proteínas, vitaminas liposolubles, carotenos y minerales y menor cantidad de lactosa, grasas y vitaminas. Además, contiene factores de crecimiento que contribuyen a la maduración del sistema digestivo e inmune, además de IgA y lactoferrina que, junto con linfocitos y macrófagos, confieren una condición protectora. A partir del 4º y 6º día postparto se comienza a producir la leche de transición. A partir de las 2-3 semanas aproximadamente, la leche se considera madura.
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La leche materna, además de contener los nutrientes necesarios para que el bebé crezca sano, contiene un amplio espectro de bacterias como Staphlylococcus, Streptococcus, Enterococcus, Lactococcus y Lactobacillus.
La importancia del agua en la dieta del bebé
Una de las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS), es que los niños inicien la lactancia materna desde nacimiento y sean amamantados exclusivamente durante los primeros 6 meses de vida. Esto se debe a que la leche materna contiene los nutrientes y componentes que el bebé necesita durante los primeros meses de vida para su correcto desarrollo.
“El agua es muy importante para el bebé, ya que hasta los 24 meses su pequeño cuerpo está formado por un 70 % de agua, mientras que esa proporción cae al 60 % en el caso de los adultos", apunta Eva María Pérez Gentico, académica de Honor de la Academia Española de Nutrición y Dietética.
Hasta los seis meses de vida, deben tomar unos 680 ml/día o 100-190 ml/kg/día. Esta cantidad está perfectamente satisfecha con la lactancia materna o la artificial. "El aporte hídrico de ambas cumple con los requerimientos del bebé. En resumen, basta con proporcionar al bebé la alimentación suficiente y adecuada para su edad para que esté perfectamente hidratado. Incluso en verano.
Las recomendaciones de la EFSA (Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria) en cuanto a la cantidad de agua que necesita un bebé en este tramo de edad es de entre 0.8 a 1 litro al día incluyendo todas las fuentes de la dieta. La cuestión es si para llegar a esas cantidades basta con la leche o es el momento de darle un aporte extra de agua.
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Según Pérez Gentico, "Al iniciar la alimentación complementaria no es necesario añadir agua, ya que la lactancia materna o la artificial siguen siendo el sustento principal de su alimentación. Además, los alimentos que vamos incorporando como las verduras y las frutas también nos aportan agua, por lo que no sería obligatorio darles agua de manera adicional". Solo en casos de lactancia artificial y una inadecuada alimentación complementaria, con muchos alimentos de alta densidad de energía, por ejemplo, papillas de cereales procesados azucarados, podrían justificar ofrecer agua adicional. Las infusiones están siempre desaconsejadas.
A medida que pasan los meses, aumenta la cantidad de agua que demanda el organismo del bebé para su correcto funcionamiento y desarrollo. Llegados a este punto, ¿basta con la leche materna/artificial o se debería introducir ya el agua en la dieta del bebé?
"A partir del año, hay muchos niños cuya alimentación se compone de la leche materna o leche de vaca y una amplia variedad de alimentos muchos de ellos ricos en agua como las frutas y verduras.
A pesar de dar cifras, Pérez Gentico recomienda no obsesionarse en el control de estas cantidades ya que "va a depender de cada bebé y de la alimentación que lleve. Además, hay que recordar que los niños saben autorregularse en los alimentos que necesitan, y por otro lado, el mecanismo de la sed, aunque no tan afinado como en los adultos, les hace beber o pedir agua ".
Y si tiene sed, sin duda, se lo hará saber a sus padres, aunque en presencia de altas temperaturas y alta humedad, hay que ofrecerla con más frecuencia para evitar la deshidratación.
Otra buena manera de saber cuándo darle agua a un bebé es ponérsela a su alcance, a ser posible en un vaso o una tacita. "Así, evitamos el biberón, ya que el abuso del mismo nos puede dar problemas en la dentición. Y tampoco favorece el desarrollo de la musculatura bucal".
En el debate sobre su origen, prima el sentido común: el quid de la cuestión radica en la calidad del agua. "Si la del grifo es buena, no tiene sentido que le demos embotellada porque, además, estaremos colaborando con el medio ambiente reduciendo el consumo de plásticos. ¿Y la dureza? ¿Es algo a lo que hay que atender? "Es indicativa de la cantidad de minerales que contenga.
El vaso de agua con tetina que usamos para dar agua a un bebé debe lavarse con la misma frecuencia que lo hacemos con el resto de vasos de la familia.
Mitos sobre la hidratación y la lactancia
Existen numerosos mitos sobre la lactancia materna, y uno de los más extendidos es el de que una madre lactante debe beber mucha agua para poder producir suficiente leche para alimentar al bebé. Es cierto que muchos profesionales recomiendan a las mujeres lactantes hidratarse más y les advierten de que la sensación de sed mientras dan el pecho puede aumentar, pero siempre deben beber el agua que necesiten sin forzarse a beber más.
Los problemas que pueden surgir con la lactancia relacionados con la cantidad de leche suelen estar relacionados con la demanda del bebé o problemas relacionados con la succión, la postura y el agarre del recién nacido.
Contraindicaciones de la lactancia materna
En la práctica son muy pocas las situaciones que contraindican la lactancia, entre las que se incluye, la infección materna por el Virus de la Inmunodeficiencia Humana (VIH) y por el Virus de la Leucemia Humana de Células T y el padecimiento de Galactosemia y de Deficiencia primaria congénita de lactasa por el niño.
El consumo de heroína, cocaína, anfetamina y marihuana no es compatible con la lactancia materna. Otros situaciones excepcionales que contraindican la lactancia son: el tratamiento con antineoplásicos y algunos casos de prolactinoma (adenoma hipofisario secretor de prolactina), que requieren tratamiento con bromocriptina o cabergolina.
La lactancia materna se debe suspender temporalmente cuando haya que administrar a la madre isótopos radioactivos. Se pueden consultar dudas sobre compatibilidad entre medicamentos y lactancia materna en www.e-lactancia.org.
Superioridad de la leche materna
La leche materna es el mejor alimento para el lactante. Cubre las necesidades nutricionales para su adecuado crecimiento y desarrollo físico y emocional. Le protege de muchas enfermedades y facilita el establecimiento de un buen vínculo madre-hijo. Favorece además la salud materna disminuyendo el riesgo de padecer osteoporosis y cáncer de mama y de ovario, entre otras patologías.
El calostro es la primera leche, es más amarillenta, contiene gran cantidad de proteínas e inmunoglobulinas (sustancias antiinfecciosas) y aporta muchas calorías en pequeño volumen. La composición de la leche también cambia durante la toma.
Es preciso consultar con un experto en lactancia si la madre tiene dolor, sensación de no tener leche, el niño llora mucho o demasiado poco y siempre que tenga dudas. Los suplementos de biberón no sirven para solucionar los problemas y pueden poner en riesgo la lactancia.
La mayoría de los niños, tras nacer, están 2 horas despiertos. En ese periodo la mayoría consigue engancharse. Después existe un letargo fisiológico (8-12 horas) y posteriormente realizan tomas frecuentes (8-12/día o más), irregulares y predominantemente nocturnas. Un recién nacido sano mamando adecuadamente a demanda sólo necesita leche materna.
De los métodos naturales, el MELA es el más eficaz (98%) usado correctamente. Entre los métodos de barrera, el preservativo es ideal para el postparto y lactancia.
Anticonceptivos hormonales: Se desaconseja durante la lactancia los que contienen estrógenos y progesterona. Los anticonceptivos con solo progesterona son los de elección.
Características de las deposiciones del bebé amamantado
El ritmo intestinal de un bebé varía según su alimentación y su edad. Tras eliminar el meconio, las heces serán amarillas, líquidas, con grumitos. El color es variable. El ritmo será 1 por toma hasta el mes de vida.
De 1 a 6 meses: desde 1 al día hasta cada 20 días, de consistencia pomada y color variable. Los bebés con lactancia materna exclusiva no hacen «caca» todos los días, pero esto no es estreñimiento.
Lactancia materna y embarazo
No es infrecuente que una mujer que está alimentando al pecho a su hijo se quede embarazada. Si la madre lo desea puede mantener la lactancia. Hay que tener en cuenta que la succión estimula la liberación de oxitocina, y que ésta hormona produce contracciones uterinas.
El embarazo durante la lactancia puede aumentar la sensibilidad del pezón y dar lugar a modificaciones en el sabor y volumen de la leche.
El destete
La organización mundial de la salud (OMS) recomienda la lactancia materna exclusiva durante los primeros seis meses de vida y su mantenimiento, junto a la alimentación complementaria, hasta los 2 años. Llegado el momento del destete éste se debe hacer de forma delicada y paulatina, reduciendo despacio el número de tomas, posponiendo la toma o bien ofreciendo el pecho con condiciones, y siempre proporcionar otro tipo de consuelo.
Si el niño hace 4 o 5 tomas de pecho al día no precisa otras fuentes de leche o derivados lácteos.
Introducción de la alimentación complementaria
A partir de los 6 meses el niño está preparado a nivel psicomotor para introducir alimentos que complementen a la leche materna y cubran sus necesidades nutricionales. Hasta el año de edad, se debe ofrecer primero el pecho y después los otros alimentos, ya que la leche materna sigue siendo el alimento fundamental en esta etapa. Introducir el gluten mientras el niño está con lactancia materna, y después de los 6 meses de edad.
Todos conocemos la superioridad de la leche materna para la alimentación del bebé. Pero la leche materna no es solamente una mezcla de nutrientes, sino que es un alimento vivo muy complejo cuya composición varía tanto durante las primeras semanas como a lo largo de cada toma.
Podemos imaginar la leche materna como una emulsión especial de composición compleja: Incluye más de más de 200 componentes, carbohidratos principalmente, pero lípidos de alta calidad, proteínas y glóbulos grasos disueltos en una base acuosa. La leche materna es un 87,5% agua. La lactosa es importante para el desarrollo del sistema nervioso y del cerebro. La lactosa también es de gran importancia para una flora intestinal sana. Ellos están presentes a un nivel de entre 1 y 1,2 g por 100 ml . Son carbohidratos no digeribles que estimulan el crecimiento de bacterias beneficiosas para la salud en el intestino, principalmente bifidobacterias. Los científicos hablan de las «propiedades prebióticas» de los oligosacáridos. Los hidratos de carbono no digeribles en la leche materna sobreviven completamente intactos al paso a través del estómago, ya que no son digeridos por las enzimas en el tracto intestinal. Estos, s llegan al colon sin digerir y proporcionan allí un sustrato para el crecimiento de las importantes, Bifidobacterias s y lactobacilos. Una flora intestinal en la que el Bifidus es predominante puede ayudar a proteger frente infecciones y alergias. Las bifidobacterias son capaces de excretar sustancias que inhiben el crecimiento de patógenos (que causan enfermedades) y gérmenes. También son capaces de crear un ambiente ácido, y por ello antibacteriano, a través de la producción de los ácidos acético y láctico.
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