Desarrollo de las Manos del Bebé a los 4 Meses: Signos de Alarma y Estimulación
El desarrollo psicomotor se define como el proceso mediante el cual el bebé adquiere y diferencia un conjunto de funciones de tipo motor, sensitivo-sensoriales, intelectuales y afectivas por las que va a desarrollar una serie de habilidades que le permitirán cumplir las funciones que le corresponden a su edad. Durante los primeros meses de vida, los bebés experimentan cambios constantes y empiezan a ser conscientes de su cuerpo y de lo que pueden hacer con él.
¿Cuál es la función de las manos del bebé?
Las manos tienen una función concreta, que es manipular objetos. El bebé debe ser capaz de sentir y ser consciente de que puede agarrar cosas con las manos. No hay prisa, lo irá descubriendo según pasen los meses. Hacia los 2 meses los bebés comienzan su descubrimiento. Abren las manos y separan el pulgar. Hasta este momento nuestro bebé tendrá las manos cerradas en puño y hará pocos movimientos con ellas. A los 3 meses llevan las manos a la boca y exploran.
Desarrollo Motor y Manipulación
A nivel de las funciones motoras valoramos el tono muscular, las actividades arcaicas (reflejos del recién nacido), las gravitacionales (control cefálico, sedestación, bipedestación y deambulación), y la manipulación (reactiva y propositiva). Desde que nace el bebé, su desarrollo se está estimulando. Empieza por los sentidos: el contacto piel con piel, el olor de la madre, el sonido de su voz, la visión “aún borrosa” de su cara, la búsqueda del alimento….
El control motor de su cuerpo se inicia intentando y consiguiendo en breve tiempo levantar su cabecita. Los movimientos del recién nacido son involuntarios, debidos a los reflejos arcaicos. Su desarrollo motriz pasa por una serie de etapas que suelen clasificarse por meses de edad. Pero es una clasificación flexible.
Un bebé recién nacido mantiene la postura fetal, con las piernas y los brazos flexionados, y necesita ayuda para sostener la espalda y la cabeza ¡No olvides poner siempre una mano debajo de su nuca cuando lo cojas y le cambies de postura! Al mes su tono muscular mejora y es capaz de levantar la cabeza y mantenerla unos segundos si está tumbado boca abajo. Pero sigue manteniendo brazos y piernas en flexión y los puños cerrados.
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A los dos meses las extremidades siguen estando flexionadas la mayor parte del tiempo, pero van adquiriendo mayor movimiento. A los tres meses su espalda se encorva menos cuando lo tienes sentado en tu regazo y sostiene recta la cabeza al mismo nivel que el tronco. Cuando está boca abajo puede extender las piernas, apoyarse en los antebrazos para levantar la cabeza alrededor de 45º y empiezan los primeros intentos de darse la vuelta. A esta edad ya comienza a moverse con intención, patalea con fuerza, mueve los brazos y las manos, que mantiene más tiempo abiertas.
Pero cuando se le pone algo en la mano todavía la cierra involuntariamente (reflejo de prensión palmar) atrapando el objeto y aflojando después la presión. Es lo que ocurre cuando apenas coge el sonajero lo deja caer. Posiblemente comience a juntar también una mano con otra y a intentar coger cosas.
A los cuatro meses coordina algunos movimientos y comienza a descubrir más su cuerpo. Utiliza los brazos y las piernas para intentar darse la vuelta cuando está boca abajo y, aunque aún no consigue girar completamente para volverse boca arriba, logra que su cuerpo ruede para ponerse de lado. Si está tendido de espaldas eleva las piernas, todavía en flexión, y se toca las rodillas.
A los cinco meses ya es capaz de coger un objeto por sí mismo y de llevárselo a la boca, hace ejercicios de pedaleo con las piernas cuando está boca arriba, se descubre los pies y juega con ellos. Si está boca abajo mantiene mejor el apoyo en los antebrazos y las manos para elevar mucho más el tronco. Pero todavía no es capaz de mantener la posición con un solo brazo si al mismo tiempo intenta coger algún objeto con una mano.
A los seis meses ya es todo un saltarín que se da impulso con las piernas, aunque tiene mucho más control sobre la parte superior del cuerpo. Puede levantar la cabeza y la parte superior de la espalda cuando está boca arriba, tiende los brazos para que lo levanten colaborando para incorporarse y se lleva los pies a la boca. Para mantenerse sentado todavía necesita apoyo. Si está boca abajo ya consigue mantener el tronco erguido apoyándose en un solo brazo y darse completamente la vuelta para quedar boca arriba. Su coordinación psicomotriz va mejorando.
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Signos de Alarma en el Desarrollo Motor
Los signos de alarma que podrían indicar una alteración de las funciones motoras del desarrollo son:
- Postura de libro abierto: en decúbito, el niño mantiene separadas de la línea media del cuerpo, con escaso movilidad espontánea (desde el nacimiento).
- Irritabilidad, llanto persistente, rigidez (postura de “tijera espástica” con las piernas extendidas y crazadas entre sí) desde el nacimiento.
- Persistencia exagerada de las actividades arcaicas (puños cerrados con los pulgares incluidos) por encima de los 3 meses y reflejo de Moro exacerbado ante ruidos o sobresaltos inesperados más allá de los 6 meses.
- Falta de control cefálico (a partir de los 3 meses) y caída hacia delante en sedestación (después de los 6 meses).
- Si el bebé no cierra la mano sobre un objeto que se le pone en ella y lo acerca automáticamente a la línea media del cuerpo (manipulación reactiva) a partir de los 3 meses, o si no va a coger voluntariamente un objeto, lo manipula, lo investiga y se lo cambia de mano (manipulación propositiva) después de los 6 meses.
- No haber conseguido aún la bipedestación sin apoyo (más allá de los 12 meses) o la marcha autónoma (después de los 18 meses).
Hay que recordar, por otro lado, que la ausencia de gateo no se ha de considerar como un signo de alarma, ya que hay muchos niños que no gatean y pasan a la fase de bipedestación y marcha directamente, con un desarrollo psicomotor absolutamente normal.
Funciones Sensoriales
En cuanto a las funciones sensoriales (visual y auditiva), la falta de respuesta a estímulos en determinadas edades del bebé podría indicar también la existencia de un trastorno del desarrollo:
- Si el bebé no fija la mirada en un objeto cercano (generalmente la cara de la madre o el padre) a partir del mes de vida y si no sigue el objeto después de los 3 meses.
- Si el bebé no interrumpe su actividad en curso y gira la cabeza para buscar la fuente de un sonido cercano a partir de los 3-4 meses.
Actividades Expresivas
Por lo que respecta a las actividades expresivas hay que tener en cuenta que las funciones de comunicación son mucho más más que sólo el habla. Así, debemos valorar los siguientes aspectos como signos de alarma si no han aparecido en el tiempo correcto:
- Ausencia de sonrisa social en respuesta a la visión de rostros conocidos después de los 3 meses.
- No señalar objetos o personas con el dedo después de los 10 meses.
- Falta de bisílabos dirigidos (propositivos: pa-pa, ma-ma, ta-ta…) por encima de los 11 meses.
Además, se han definido una serie de signos de alarma en niños menores de 2 años, como indicativos de la existencia de un posible trastorno del espectro autista (TEA):
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- No balbucear a los 12 meses
- No señalar ni hacer gestos sociales a los 12 meses
- No aparición de palabras simples a los 16 meses
- No aparición de frases espontáneas de dos palabras (no ecolálicas) a los 24 meses
¿Cómo diferenciar retrasos normales de posibles trastornos?
En primer lugar, hay que tener en cuenta que la conducta del niño (el desarrollo psicomotor se explora a través de la conducta) es el resultado de la interacción entre la genética y el ambiente. Así, existen variaciones interindividuales y normales según la herencia (“no hay dos bebés iguales”) y según la estimulación que haya recibido el niño en sus primeros meses de vida.
En este apartado encontramos varios factores que pueden contribuir a provocar retrasos del desarrollo, leves y no patológicos: aislamiento social (p.ej. los meses de confinamiento por la COVID), bebés adoptados institucionalizados desde recién nacidos en su país de origen, familias inmigrantes sin lazos familiares o culturales en el país de acogida, inicio tardío de la escolarización, etc.
Estos aspectos pueden provocar retrasos relativos y no patológicos en los ítems de desarrollo, por ejemplo, los relacionados con la hipotonía benigna de la infancia y los retrasos cronológicos (maduración lenta). Estos procesos se distinguen con facilidad de los verdaderamente patológicos porque el niño sigue un desarrollo más lento que la media, pero va alcanzando los diferentes ítems de forma secuencial, sólo 1 ó 2 meses más tarde.
En ocasiones, a lo largo del desarrollo pueden aparecer movimientos repetitivos, como las esterotipias y las mioclonías, que pueden semejar crisis epilépticas. Estos movimientos no se acompañan de alteraciones del nivel de conciencia, son transitorios y desaparecen progresivamente en el curso de semanas o pocos meses.
Por lo que respecta a las funciones de comunicación y relación, también existen algunos procesos que pueden provocar retraso en el desarrollo de dichas funciones: los secundarios a hipoestimulación, el retraso simple del habla (normalmente relacionado con dificultades auditivas), el mutismo selectivo y la disfemia (tartamudeo) del desarrollo. Estos procesos evolucionan favorablemente, llegando a la completa normalización del desarrollo, y pueden distinguirse porque el niño tiene una buena intención comunicativa (quiere hacerse entender y tiene recursos para ello) y su capacidad comprensiva es adecuada.
Finalmente, hay que tener en cuenta que el desarrollo psicomotor suele ser disharmónico: no todas las funciones evolucionan a la vez, por lo que puede haber niños cuyo desarrollo sea más lento en algunas áreas (p.ej, caminan más tarde o se retrasan en el habla), mientras que el resto de ítems se desarrollan normalmente. En estos casos, sólo es necesario vigilar la evolución y confirmar que los diferentes aspectos se van normalizando progresivamente.
¿Qué hacer ante signos de alarma?
Primero, tranquilidad: los signos y síntomas de alerta no siempre indican que algo va mal. En la mayor parte de los casos, no pasa nada o se trata de patología benigna, de buen pronóstico. Siempre hay que evitar consultar fuentes no fiables (páginas de internet no avaladas científicamente, redes sociales, etc.)
Los actuales controles del niño sano, realizados sistemáticamente tanto en la sanidad pública como en la privada, detectan precozmente los signos de alarma que pueden indicar un trastorno del desarrollo. Se evalúan sistemáticamente los protocolos de desarrollo motor, lenguaje, autismo, etc.
No obstante, los padres deben consultar a su pediatra si observan algún signo de regresión (pérdida de habilidades ya conseguidas) o, simplemente, cuando tengan dudas o preocupaciones, ya que su pediatra es el profesional de confianza que mejor conoce al niño.
Evaluaciones y Pruebas Diagnósticas
El proceso siempre se inicia del mismo modo, con una completa exploración física y neurológica, adaptada a la edad del niño. Después, según los datos aportados por los padres en la historia clínica y los signos evidenciados a través de la exploración, el pediatra aconsejará una trayectoria diagnóstica, siempre empezando por las pruebas menos molestas y que descarten un mayor número de patologías.
Así, según la sospecha diagnóstica inicial, se solicita una valoración auditiva por ORL o a través de una prueba de potenciales evocados auditivos; una valoración de la función visual por oftalmólogo; análisis sistemáticos de sangre y orina…
Después de estas pruebas iniciales, el pediatra puede derivar al niño al neurólogo infantil si lo cree conveniente, para una evaluación clínica más profunda y la realización de pruebas complementarias más complejas: electroencefalograma, estudio de sueño (polisomnografía), electroneurografía y electromiografía, resonancia cerebral (RNM) y análisis de sangre metabólicos y genéticos.
En todo caso, las pruebas no son dolorosas ni invasivas, salvo las que puedan requerir punción (análisis) o sedación ligera (RNM), y siempre se individualizan según la sospecha diagnóstica y evaluando cuidadosamente la relación entre las molestias o el riesgo y la información que se puede obtener.
Recursos e Intervención Temprana
A nivel de la sanidad pública se puede acceder a los distintos recursos a través del pediatra del centro de salud, quien derivará al niño a la unidad de desarrollo infantil adscrita al ambulatorio, donde recibirá el tratamiento que precise (fisioterapia, estimulación, logopedia…), así como controles por neuropediatra. Este último puede derivar al paciente a centros hospitalarios de tercer nivel, donde se podrá completar el estudio diagnóstico mediante las pruebas complementarias que pueda precisar.
Por otro lado, a través de estos centros, del propio pediatra o de los servicios sociales del ayuntamiento o comunidad donde resida la familia, se pueden activar ayudas complementarias (dotaciones económicas, ayudas para guardería, para tratamientos, etc.), mediante la obtención de los certificados de discapacidad y/o dependencia.
A nivel de la sanidad privada, existe igualmente una extensa red de centros para realizar el diagnóstico y los tratamientos que pueda precisar el niño. Estos tratamientos pueden combinarse perfectamente con los que se realicen a través de la red pública de asistencia.
Por último, todos los centros educativos públicos y concertados, y muchos de titularidad privada, pueden ofrecer a los alumnos con algún tipo de discapacidad las ayudas pedagógicas que precisen, mediante profesorado de apoyo, atención individualizada, logopedia, refuerzos, etc. Estas actividades se coordinan con los centros de estimulación, para ofrecer al paciente una atención integral.
Trastornos Después de los 2 Años
Suele tratarse de trastornos del desarrollo más leves o que comienzan a dar signos más tardíamente, como el retraso simple del habla, el mutismo selectivo, la disfemia del desarrollo, etc. A partir de los 6 años ya pueden diagnosticarse problemas de aprendizaje, como el déficit de atención (TDAH), la dislexia y otros.
Aunque estas condiciones no pueden confirmarse en edades más tempranas, si que pueden sospecharse más precozmente por la presencia de problemas conductuales, inquietud motora, dificultades de comprensión y disminución progresiva del rendimiento escolar conforme avanzan los cursos.
Por otro lado, trastornos del desarrollo más graves, como el trastorno específico del lenguaje (TEL) o el autismo, en ocasiones se presentan como formas más tardías que pueden no dar síntomas específicos en edades tempranas. En estos casos, ciertas características del comportamiento del niño pueden contemplarse como criterios de alarma si aparecen varios a la vez (más de 3 en general):
- No responde a su nombre
- No sabe expresar lo que quiere
- Existe retraso del lenguaje
- No sigue instrucciones
- A veces parece sordo
- No señala con el dedo
- No mueve la mano para indicar despedida
- No sonríe socialmente
- Tiene poco contacto ocular
- Parece preferir estar o jugar solo
- No se interesa por otros niños
- Tiene rabietas frecuentes y/o conductas oposicionistas
- No sabe cómo jugar con juguetes, el juego es repetitivo
- Tiene un apego inusual a ciertos objetos
- Repite palabras, sonidos o movimientos sin intencionalidad
- Es hipersensible a ciertos sonidos o texturas
Finalmente, hay que considerar también como un signo de alarma cualquier pérdida de lenguaje o de habilidad social a cualquier edad.
Estimulación del Desarrollo
A partir de este momento, lo que nos queda a las familias y profesionales es estimular su desarrollo: perfeccionar esas funciones y hacer que alcancen ese crecimiento completo. El proceso es muy similar al que ya hemos explicado de los pies. También debemos dejar que toquen todo (eliminando, claro, los peligros), y que exploren.
No debemos prohibir a nuestros peques que se lleven las manos a la boca. Finalmente, es importante que no forcemos este proceso, sino que acompañemos a nuestro bebé en el camino, descubriendo y desarrollando su cuerpo.
Desde el primer momento en que estáis con vuestro bebé ya estáis favoreciendo su desarrollo. Al cogerlo, acariciarlo, hablarle, cantarle, alimentarle, ya estáis estimulando sus sentidos. Cuando lo ponéis sobre vuestro cuerpo, con la cabeza sobre vuestro hombro e intenta levantar la cabeza hacia vuestra cara, está iniciando su desarrollo motor.
Actividades para el Primer Mes
- Aún no fija la vista, pero ya distingue lo que ve hasta una distancia de unos 25-30 cm. Mírale, háblale, hazle gestos. Muéstrale objetos con colores blanco y negro. Por ejemplo un círculo blanco con rayas concéntricas en negro, o con una cara con sonrisa. Verás cómo poco a poco lo va siguiendo con la mirada.
- Háblale, susúrrale. Cántale y ponle música suave. Se asustarán si hay ruidos fuertes. Intenta evitarlos. También puedes poner un móvil con música en su cuna o en un lugar cercano.
- Los niños deben dormir boca arriba pero es bueno que se coloquen varias veces al día boca abajo para estimular que levanten la cabeza. Por ejemplo, ponlo boca abajo en la cama y agáchate poniendo tu cara a la altura de su cara. Mírale, háblale, sóplale un poquito en la cara y hazle masaje y cosquillitas en parte posterior del cuello y nuca. También puedes hacerlo tumbándote y tumbando al niño sobre tí, o colocándolo semi-inclinado sobre el hombro.
- Aún está casi todo el tiempo con los puños cerrados. Esto es normal este mes. Pero puedes estimularlo para que vaya abriendo las mano, facilitando que coja los dedos de tu mano.
- Son buenos los masajes y las caricias. Un buen momento es a la hora de salir del baño.
Estimulación del Primer al Tercer Mes
- Del primer al tercer mes se va desarrollando la visión. Fijan ya la mirada. Los colores adecuados de los juguetes son la combinación de los negros, blancos y rojos. Más tarde se le irán ofreciendo juguetes con más variedad de colores.
- Ya sonríen, dicen gorgoritos, sostienen la cabeza y cuello. Es buen momento para cogerlo por el tronco en vilo, mirarlo a la cara, hablarle, reír, cantar y observar su reacción. Y ofrecerle un juguete o nuestra cara moviéndose, para favorecer el giro de cabeza y cuello hacia ambos lados.
- Abren más las manos y van intentando coger objetos. Ofrecerle nuestras manos o juguetes.
Estimulación del Cuarto al Sexto Mes
- Del cuarto al sexto mes van a ir logrando voltearse y sentarse. Seguiremos jugando con ellos poniéndolos boca abajo en la cama, mantita, o sofá. Ya van elevando cabeza y parte superior de tronco y apoyando los antebrazos. Algunos son más perezosos y dejan los brazos atrás. Se los colocaremos. A veces lo aceptan mejor si los echamos sobre nosotros.
- Es bueno seguir con juegos boca abajo para favorecer en etapas posteriores el desplazamiento por gateo o arrastre.
- Boca abajo empiezan a balancearse sobre la barriguita para ir iniciando un cuarto de vuelta, o media vuelta. Hay que “animarle” a hacerlo, para lograr el volteo.
- Para favorecer la sedestación, lo tumbamos boca arriba y lo vamos incorporando tirando suavemente del tronco y de sus bracitos. Sin forzar. Hay bebés que con esta maniobra fijan los talones y tiran de todo el tronco para ponerse en pie. No hay que dejarles, hay que sentarles. Hay que seguir el orden. Primero se sientan bien y después se ponen en pie.
- Si están tumbados boca arriba empiezan a reptar hacia atrás, a “salirse“ del pañal, moviendo piernas y brazos. Es un buen juego y estímulo, aunque nos lleve más tiempo vestirle.
- Al final del semestre ya tiene tono muscular bueno. Aparece un reflejo que se llama ”de paracaidas”. Lo podéis observar al cogerle por el tronco y elevarlo, se mantiene con el tronco estirado y saca lateralmente los brazos. Se puede jugar con el bebé al “avión”.
- Ya tienen interés por coger objetos, llevarlos a la boca, pasarlos de mano a mano. Hay que ofrecerles juguetes que hagan ruidos y tengan distintas texturas, para que los cojan y los agiten. Si usa chupete o biberón, ofrecérselos para que los vayan cogiendo y se los lleven a la boca.
- Y seguiremos hablándoles, cantándoles, haciendo muecas, riendo. Ellos empezarán a balbucear. Y a partir del cuarto mes, a reír a carcajadas y nos buscarán para que sigamos haciéndolo.
- Desde el 4º-5º mes ya muestran interés por los alimentos. Se los mostraremos para que los vean, los huelan, los toquen. Incluso que vayan chupando algunos alimentos (frutas, verduras, pan).
Actividades Generales para los Primeros Meses
- Bañarlos. Puede ser diario o cada dos días. Aprovechar para acariciar, cantar, hablar, buscar su atención.
- Pasearlos al aire libre siempre que sea posible. Mejor a diario. Buscar lugares con poca contaminación.
- Si tienen hermanos mayores, favorecer la interacción entre ellos. Los bebés sienten gran interés por sus hermanos. Muchas veces cuando están ellos, ofrecen sus mejores risas y gracietas.
- El entorno cercano, familia y amigos, también estimula su desarrollo. Es bueno favorecer juegos entre abuelos y nietos.
Otros Aspectos a Considerar
- **Mascotas:** Si están bien cuidadas, revisadas con periodicidad y no son agresivas, pueden convivir sin problemas, siguiendo los consejos de su veterinario para la adaptación a la llegada del bebé. Si no se tiene mascota, no es el mejor momento para adquirirla. Se esperará a que el niño sea más mayorcito.
- **Masajes:** Es bueno acariciar y dar masajes en distintas partes del cuerpo: espalda, cuello, piernas, pies, brazos, en la barriguita para calmar los cólicos o favorecer tránsito intestinal. Pueden darlos padres, abuelos, en cualquier momento. Favorecen las relaciones afectivas. Hay profesionales que ofrecen masajes más específicos.
- **Piscina:** No se recomiendan las clases de natación antes de los 6 meses.
- **Música:** La música, en general, transmite reacciones y emociones. Estimula o produce relajación. También en los bebés. El cantar, tararear, hablar con una determinada cadencia, recitar poemas, ponerle música, favorece el desarrollo del bebé, y, en etapas posteriores el lenguaje y el aprendizaje. La música puede elegirla la familia e ir observando las reacciones del bebé, que le irán guiando. Hay también piezas escogidas de música clásica para poner durante un corto periodo de tiempo cada día.
- **Juguetes:** Muñecos blanditos, sonajeros, mantitas para el suelo, móviles. Todo a su alrededor puede servir de juego.
Evolución de las Manos del Bebé y Estimulación
Desde que el bebé nace y el primer reflejo de prensión hasta la precisión de la psicomotricidad fina, las manos del niño van evolucionando y transformándose. Podemos estimular el desarrollo de la psicomotricidad jugando con nuestro hijo, ofreciéndole diferentes objetos y materiales. El bebé mantendrá los puños cerrados casi todo el día, esto es característico en los pequeños hasta los 2 meses.
Realizan pocos movimientos nada precisos, además del reflejo de prensión palmar, y eso lo podremos apreciar si le damos nuestro dedo, ya que lo agarrará firmemente. Cumplidos los dos meses, las manos del niño pasan a abrirse y empiezan a tocar torpemente todo lo que este cerca de él, ha aprendido a sujetar las cosas que se la dan, aunque aún no tiene fuerzas suficientes para agarrarlas por sí mismo. El pequeño pasará mucho tiempo observando sus manos con curiosidad y descubrirá que puede moverlas a su antojo.
En esta etapa tu bebé será capaz de coger las cosas con las manos abiertas, ya agita las cosas y tiene mayor coordinación de sus movimientos. Debemos ofrecer un ambiente que estimule al bebé a utilizar sus manos. Deja a su alcance juguetes que le pueda sujetar cómodamente y observarlos.
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