¿Qué hacer si un niño molesta a mi hijo? Consejos prácticos
Quizás haya pocas cosas que alarmen más a unos padres que un niño que agrede o pega.
Entendiendo el comportamiento agresivo en niños
Esto no significa que haya que tolerar los golpes o las agresiones de los niños, ni mucho menos, pero un paso previo para poder manejar este tipo de comportamiento será entender qué es lo que lo provoca. En los primeros años de vida, los niños no son capaces de manejar sus emociones por sí solos, necesitan del adulto que lo acompaña para poder gestionarlas de una manera adecuada.
Por ello, el modelo que los padres ejercen cuando se enfrentan a determinadas emociones será el mejor aprendizaje para ellos. Poco a poco, de manera irregular e imperfecta, los niños van dotándose de maneras de poder gestionar sus emociones de manera adaptativa y eficaz. Durante ese proceso habrá momentos en los que la ira y la agresividad aparezcan. En estos casos, el manejo que hagamos de las situaciones será de vital importancia.
A pesar de que a esta edad las conductas agresivas suelen ser menores, no debemos olvidar que el proceso de gestión emocional es largo y difícil y por ello es posible que todavía haya pérdidas de autocontrol. El manejo de las mismas debe ser desde una firmeza amable.
Para poder manejar cualquier conducta es necesario saber qué la provoca. Si, como hemos dicho, la conducta agresiva es fruto de una incapacidad de gestionar las emociones, ofrecer a los niños ejemplo y alternativas para ello será el camino a seguir, sabiendo siempre que es un camino largo en el que los niños necesitan de nuestra paciencia y modelo.
Lea también: ¿Consideras no continuar con tu embarazo? Esto te interesa
Consejos prácticos para ayudar a tu hijo
Ya sea en el colegio o en la calle, casi inevitablemente, nuestros hijos se enfrentarán a situaciones desagradables, incluso, en el peor de los casos, a agresiones de las que deberán defenderse. ¿Están preparados? Para que os sintáis más tranquilos y ellos más seguros, os damos cinco consejos prácticos.
1. Explicarles la diferencia entre lo que está bien y lo que está mal
Una buena defensa empieza hablando en casa, desde que son pequeños. En el colegio suceden episodios que, sin llegar a ser acoso o agresiones, pueden hacer que se sientan incómodos o causarles miedo o fobias.
Para que aprendan a defenderse es necesario explicar a los niños que ciertas actitudes, además de no ser normales, no han de tolerarlas. “Debemos enseñarles a diferenciar de manera nítida el bien del mal, lo bueno de lo malo", explica Fernando Martín, policía y agente tutor e instructor nacional de defensa personal. Y ofrecerles herramientas para resolver esos pequeños conflictos de una manera natural, sin miedo: alejarse del compañero que le molesta o comunicarle abiertamente que lo que ha hecho no le gusta.
2. Educarlos para defenderse sin violencia
No seremos muy coherentes con el discurso anterior si utilizamos frases del tipo “si te ha empujado, devuélvele el empujón”. Ante una agresión, lo más aconsejable es que los padres hablemos con los responsables del centro y que estos pongan los medios para evitar que la situación se repita.
Y en cuanto al mensaje que debemos transmitir al niño, Fernando Martín aconseja no responder con violencia, “explicarle que siempre hay que defenderse de una agresión sin intentar atacar, y ponerla siempre en conocimiento de su tutor”.
Lea también: ¿Problemas de popó en tu recién nacido?
“Hay que darles herramientas para resolver los pequeños conflictos en el colegio de una manera natural, sin miedo”.
3. Marcarles una ruta para ir al colegio solos
Llegará un momento en que vuestro hijo os reclame más independencia y libertad. Es habitual que en torno a los 12 años, coincidiendo con el paso a Secundaria, los niños decidan que prefieren volver solos a casa, como hacen sus amigos. A esa edad ya está preparado para hacer el trayecto, que probablemente conoce bien.
Es aconsejable dedicar un rato del fin de semana a recorrer con él el itinerario. Así repasaréis juntos los puntos conflictivos. Hay que insistirle en que no se distraiga. “Debemos prevenirle de los peligros que existen, procurar que esté alerta, pendiente de lo que le rodea, y evite situaciones en las que puede ser más vulnerable. Por ejemplo, caminar mirando el móvil. Si van solos al colegio, deben caminar atentos y no distraerse mirando el móvil.
4. Enseñarles a defenderse de una agresión
El primer paso es la información y la prevención, pero ¿y si lo que más temíamos ocurre y nuestro hijo se encuentra ante una situación real de peligro? ¿Y si percibe que alguien lo acosa o siente que la agresión es inminente? Si la agresión se ha producido, le han agarrado del brazo con intención de arrastrarlo hacia alguna parte, debe gritar el nombre de alguna persona conocida, por ejemplo, el de uno de vosotros.
Si el agarre continúa, responder con técnicas de defensa personal. En los cursos impartidos por el experto, Fernando Martín enseña a sus alumnos puntos de golpeo “estratégicos” que permiten, empleando poca fuerza, hacer daño suficiente como para poder soltarse del agresor y huir. Aprender técnicas sencillas de defensa personal puede ayudarlos a evitar agresiones.
Lea también: Ayuda a tu bebé a hacer caca
5. Apuntarlos a un curso de defensa personal
En estos cursos los niños adquieren seguridad y autoconfianza, y aprenden trucos que pueden ser vitales. Se enseñan protocolos de actuación para prevenir una agresión, repelerla y superarla. “He visto, por mi trabajo, muchas y diversas agresiones a menores, y un alto porcentaje de ellas se podían haber evitado”, explica nuestro experto.
Si en casa nos esforzamos en educar a nuestros hijos en la tolerancia, en el respeto al otro, en la empatía… ¿qué ocurre si otro niño les agrede física o verbalmente a ellos? ¿Debemos enseñarles a defenderse? “La respuesta es un claro sí”, afirma con contundencia Clara Puchades, neuropsicología clínica y directora de Neural KIDS.
Pautas para enseñar a los niños a defenderse
Aunque no todo es blanco o negro y dependerá en gran medida de la agresión a la que se enfrente, los puntos más básicos a reforzar con niños de todas las edades y adolescentes son los siguientes:
- Enseñarles a respetarse a sí mismos. “Es básico mejorar su autoestima y su autoconcepto” para mejorar con ello su seguridad, entendiendo que merecen respeto por parte de todo el mundo, ya sean sus iguales, ya sean adultos.
- Educar con el ejemplo. Si queremos que nuestros hijos se respeten a sí mismos y que se hagan respetar por los demás, tenemos que respetarlos nosotros, sus adultos de referencia, en primer lugar. Parece algo muy evidente, pero dejamos de respetarlos cuando les gritamos, les tratamos con condescendencia o, en el peor de los casos, cuando se les pega. Por otro lado, teniendo en cuenta que nos ven como un ejemplo a seguir, “es importante que puedan ver también momentos más difíciles nuestros y cómo los solucionamos”, cómo nos enfrentamos a situaciones más complicadas.
- Enseñarles a apoyarse en sus iguales. “Ayudémosle a crear su propia red social de apoyo sólida y segura” a la que poder recurrir en caso de necesidad en aquellos entornos en los que, como el centro escolar, no podamos acompañarles nosotros. Sus amigos serán su mejor escudo.
- Enseñarles a pedir ayuda. Es fundamental hacerles entender desde muy pequeños que “pedir ayuda no es de ser un chivato”. Para ello, debemos crear a edades tempranas “un espacio de comunicación niño-adulto donde puedan expresar sus preocupaciones e inquietudes” e ir fortaleciendo ese espacio a medida que se van haciendo mayores.
- Guiarlos en la resolución de conflictos. “Son muchas las situaciones en las que esta condición de necesitar defenderse puede darse y ninguna es deseable ni agradable”, señala Puchades. “Debemos enseñar a nuestros hijos a afrontarlas y resolverlas de una forma adecuada y sin necesidad de responder con la ‘misma moneda’”. En este sentido, “lo más importante es enseñarles a poner límites y saber decir que ‘no’”, a hacerle saber al otro niño que quiere que se detenga y deje de hacer lo que está haciendo.
- Recomendarles evitar el conflicto. Debemos enseñarle a no responder a las provocaciones, a burlas o comentarios que solo buscan hacerle reaccionar. Normalmente, ignorarlos hace al ‘agresor’ dejar de ver divertido el asunto y a parar.
- Enseñarles a protegerse a sí mismos. Si no queda más remedio, hay que entender que “no debemos confundir defensa y violencia”, subraya la experta. “Son dos conceptos completamente diferentes: una busca dañar al otro, mientras que la otra es protección y preservar mi bienestar”.
¿Cómo deben actuar los padres cuando descubren que otro niño pega a su hijo?
Cuando descubrimos que se da esta situación, lo primero que debemos procurar es “mantener una comunicación activa y constante con nuestros hijos”. Es fundamental “escuchar y mantener una actitud calmada que nos permita tomar decisiones analíticas y en frío”, al tiempo que debemos intentar hacerle entender “por qué otros actúan de malas formas”.
Si sigue ocurriendo, no dudes en ponerte “en contacto con los profesores y responsables del colegio de tu hijo e incluso con la familia del niño que esta generando el conflicto ” con el objetivo de “intentar buscar una solución y mediarla”. Mientras tanto, “lo mejor será estar atentos, supervisar y asegurar la seguridad de tu hijo”.
En caso de que se mantenga en el tiempo, “hay que apoyarse en todos los miembros y recursos disponibles, solucionar estos conflictos, evitando cambios de colegios o situaciones que puedan percibir los niños agredidos como castigo y tener que cambiar su vida siendo las víctimas”. La comunicación con nuestros hijos, desde los primeros años de vida, debe basarse en un diálogo empático y fluido, donde la confianza y el respeto sean la base de las interacciones.
En ocasiones, nos encontramos con situaciones que a ellos les resultan muy difíciles de asimilar y afrontar, como es el caso de la relación con niños que son crueles con ellos por cualquier cosa, muchas veces por tener alguna diferencia física o psicológica. Cuando un niño se siente intimidado por alguna razón, a veces tiende a encerrarse en sí mismo por miedo a represalias o por propia vergüenza.
No obstante, podemos enseñarle ciertas estrategias sencillas como contar hasta diez antes de responder o bien respirar profundamente mientras se aleja. Enseñarle a responder de forma asertiva, defendiendo sus derechos de manera firme y segura. Protegerles de “las caídas” pero enseñarles a “levantarse”.
Los protocolos de actuación oficiales se aplican cuando se ha producido un caso de acoso, son orientativos y no especifican ni en tiempo ni en forma las actuaciones necesarias. Nuestro punto de vista es que el protocolo de actuación debe ponerse en marcha también como prevención. Nosotros contemplamos nuestro protocolo de actuación, como una parte del Plan Nacional contra el Acoso Escolar.
Cuando la familia tenga constancia de que se está produciendo una situación de acoso escolar contra su hijo/a, hablarán con el/ella y recopilaran toda la información posible: que le está ocurriendo, desde cuando le ocurre, donde le ocurre, y quien o quienes le están acosando. En esta segunda reunión, el colegio tiene la obligación de informar de las medidas de protección que se han puesto con su hijo/a y de las medidas sancionadoras que se han puesto en marcha, mostrándole a los progenitores, el protocolo de actuación oficial que tiene que abrir obligatoriamente el centro escolar.
En la tercera reunión, transmitir al centro escolar la satisfacción o desaprobación del proceso, en el que debe primar la protección de la víctima y la sanción educativa.
Ponte retos y pequeñas metas todos los días: la confianza se consigue paso a paso y no tengas miedo a equivocarte. No recurras nunca a la violencia. Aprende a resolver los conflictos de una manera pacífica, pero activa. Defiende tus ideas y opiniones con firmeza y serenidad. Si eres un/a observador/a, ponte del lado de la víctima y nunca del acosador/a.
Sé valiente: ayúdale y ponlo en conocimiento del profesorado. Ante cualquier situación puntual de maltrato verbal, físico o psicológico, actuar con contundencia e inmediatez. Una vez confirmado el acoso escolar, se pondrá en conocimiento de la familia.
Cuando tu propio hijo te molesta
A nadie le gusta reconocer que a veces su hijo le molesta hasta un punto que no molesta nadie más. Pero es bueno que, en temas de crianza, podamos hablar también sin tapujos. Quizás estás con tu bebé en tu regazo y esto te parece imposible: ¿Cómo puede molestar o irritar un hijo? Pues sí, a veces pasa. Porque quizás ha empezado a hacer algo que nos remueve muchísimo y no somos ni conscientes de ello: chillar, pegar, o decir palabrotas, por ejemplo.
Quizás porque tenemos un bebé y nuestro hijo de 4 años nos “obliga” a ir hacia afuera y esto nos molesta mucho; su ruido, su energía, su necesidad de nosotras… A veces porque simplemente, estamos tan saturadas/os y agotadas/os que cualquier demanda de nuestro hijo o cualquier cosa que haga nos resulta molesta.
Si no te ha pasado nunca, fantástico, me alegro mucho. Que dure. Si te ha pasado, tranquila/o, no eres mala persona por haber sentido esto. Estoy segura que esto pasa mucho más a menudo de lo que se reconoce. Porque a nadie le gusta reconocer que en este momento, nuestro hijo nos saca de quicio. Ya lo he dicho, puede ser por mil motivos. Y es importante que en cada caso analicemos qué es lo que puede hacer que tal comportamiento u otro nos irrite tanto. Porque sólo así, sabiendo el por qué nos saca de nuestras casillas, podremos ponerle remedio.
Habitualmente el tema empieza con nosotras/os. Vamos, que no es tanto lo que hace o no hace si no cómo lo vivimos. A veces no tenemos ni puñetera idea de por qué nos irritan, pero nos irritan de una forma tremenda. Es como si supieran qué tecla tocar para sacarnos de nuestras casillas.
Sí, es mi responsabilidad si salgo de mis casillas o no, o sea que no se trata de culpar a los hijos. Pero es cierto que los hijos tienen esa habilidad para removernos de una forma totalmente inconsciente. ¿Por qué? Por el espejo. Nuestros hijos nos hacen de espejo. Es como si ellos fueran el espejo de todo lo que nosotros hemos vivido. De esta forma, si yo tuve mi etapa de rabietas muy mal gestionada y lo viví fatal, y mis padres no sabían cómo ayudarme, es más que probable que, de forma inconsciente, cuando mi hijo estalla en rabieta se me despierte a mi también una rabia tremenda.
Y entonces decimos eso de “es que no lo soporto”, “Es que no puedo con él”, y ese tipo de frases. Tenemos que hacer consciente lo inconsciente. Tenemos que descubrir por qué tal cosa u otra nos irrita de forma tan desmesurada. Es importante también que no confundamos su conducta con él. ¿Nos irrita él o lo que hace? ¿Nos cae mal o lo que hace en ESE preciso momento no me gusta? La confusión está en identificar a nuestros hijos con sus conductas. Esa inseparable cuando se sienten cosas de ese tipo.
Lo siguiente que viene después de admitir que nuestros hijos nos molestan a ratos o que no los soportamos a otros es una culpa tremenda y la sensación de ser muy malos padres y en absoluto merecedores de nuestros hijos. La culpa es un gran obstáculo. No sirve de nada y sólo mina. Apártala. Deja la culpa y abraza la responsabilidad. Falta que tu hijo toque un día esa tecla que tanto te irrita para que tu irritación despierte en él (por el rechazo que nota en ti), más ganas de irritarte… con lo cual, entramos en un círculo vicioso que nos aleja del amor y nos lleva a caminos bastante duros de recorrer.
Distanciarnos de los hijos nunca es bueno, al contrario. Y cuando entramos en esa espiral de que no los soportamos (aunque sea a ratos) y se lo mostramos, ellos se sienten mal, con lo cual tienen más malestar dentro que van a tener que sacar de alguna forma y es muy probable que sea haciendo eso que nos molesta tanto. Hay que romper ese círculo vicioso y es responsabilidad nuestra, de los adultos, hacerlos.
Un clásico también. Son niños distintos y tenemos relaciones distintas, caracteres distintos, etc. Puede haber mil motivos por los cuales nos cueste más una relación con un hijo que con otro: porque quizás se parece más a nosotros, porque es menos cariñoso y creemos que nos quiere menos, por cuestión simplemente de feeling o por lo que sea.
Sí, y esto en lo que estáis ahora y que parece que os haya distanciado, pasará. Sentir lo que te contado hoy no es nada agradable, al contrario, es horrible. Llora si lo necesitas, pero te animo, sobre todo, a ponerte manos a la obra y a intentar resolver qué está pasando. Qué imágenes trae el espejo y qué podemos aprender de todo ello. Será bueno para tu hijo y también para ti. Esta fase en la que estáis ahora pasará. No durará para siempre. Cambiaréis (todos cambiamos constantemente), maduraréis, aprenderéis… O sea que intenta poner un poco de perspectiva para que la negatividad que nos asalta cuando pasamos por un mal momento con nuestro hijo, no se apropie de ti.
No dejes que esto suceda. Conéctate al amor. Respira lo que sientes por tu hijo lenta y profundamente… y deja que se lleve la irritación, o el cansancio, o la desesperación de sentirte en una etapa confusa. No eres un bicho raro. No eres mala persona. No eres mala madre/mal padre. Lo que te sucede es normal y pasará.
tags: #que #hacer #si #un #niño #molesta