¿Qué le molesta a un niño autista? Causas y cómo ayudar

26.10.2025

Esta ficha técnica puede ser útil tanto para los padres de niños con un TEA como para los adultos que puedan padecer la enfermedad. El Trastorno del Espectro Autista (TEA) es un trastorno del neurodesarrollo caracterizado por alteración de la interacción social y de la comunicación (tanto verbal como no verbal) y por el comportamiento restringido y repetitivo; es decir, trastornos neurológicos que afectan de por vida a la persona en distintas áreas del desarrollo, en la percepción del medio y de sí misma.

Características del Trastorno del Espectro Autista (TEA)

Tres son los ámbitos donde podemos identificar las principales características de una persona con TEA:

  1. Alteración Social
    • Dificultad para interactuar con otros.
    • Dificultad para expresar emociones.
    • Dificultad para responder a las emociones de los demás.
    • Dificultad en el uso de los signos sociales.
    • Dificultad para mantener el contacto ocular.
    • Lentitud o dificultad para responder a las personas (sospecha de sordera).
  2. Alteración en el lenguaje y en la comunicación:
    • Retraso en la aparición y desarrollo del habla.
    • Dificultades para iniciar y mantener una conversación.
    • Pueden presentar un habla monótona, sin entonación y repetitiva, y en la que abundan las ecolalias, que son repeticiones involuntarias de una palabra o frase que acaba de pronunciar otra persona en su presencia, a modo de eco.
    • Confusión entre los pronombres ‘yo’ y ‘tú’.
    • Dificultades en las conductas que expresan empatía.
    • El nivel de comprensión suele resultar afectado.
    • Dificultad para entender términos abstractos.
  3. Alteraciones en sus intereses o actividades:
    • Cierta rigidez en las actividades que realizan.
    • Manifiestan gran ansiedad frente a los cambios.
    • Muestran apego a objetos extraños y un trato inusual.
    • Presentan déficits en procesos simbólicos.

El autismo se manifiesta en alteraciones en tres áreas: alteraciones de las relaciones sociales, de la comunicación y el lenguaje; existencia de un patrón de conductas estereotipadas; y restricción de intereses. Los niños con autismo tienen dificultades para comunicarse e interactuar con otros. A menudo se detecta por primera vez alrededor de los dos años. Algunos niños con autismo pueden sufrir alteraciones del aprendizaje, como dislexia (trastorno que consiste en la dificultad para el desarrollo de habilidades linguisticas, incluyendo la lectura, la ortografía y la escritura).

El Síndrome de Asperger es similar al autismo, pero normalmente es menos severo. Los niños con Síndrome de Asperger se comunican mejor que aquellos con autismo de espectro más bajo ( y consecuentemente mas grave) y tienen el promedio de inteligencia por encima de la media. Lo niños con TEA tienen tres síntomas principales que afectan a su comunicación, habilidades sociales e intereses y conocimientos. Los niños con TEA no desarrollan el discurso verbal habitual o las habilidades no verbales que otros niños de la misma edad consiguen.

El niño puede tomar el significado de las palabras exactamente - es decir, entenderán en sentido muy literal las palabras , y no será capaz de entender bromas o sarcasmos. Los niños más mayores pueden mostrar un empleo insólito del lenguaje, y tener dificultades para comenzar conversaciones o darles continuidad. Los niños con TEA tienen dificultades para relacionarse con otras personas, hacer amistades o entrar en contacto con otros niños. Puede resultarles dificultoso o ser incapaces de enfrentarse a nuevas situaciones. Los niños con TEA pueden mostrar muy poco o ningún interés en juegos que implican fingimiento o imaginación.

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Las causas exactas del TEA no son conocidas en este momento. Se cree que puede estar causado por una combinación de factores, incluidos los genes que heredamos de nuestros padres. Si usted nota que su hijo podría estar mostrando signos de TEA, contacte con su médico de cabecera o pediatra. Si su médico piensa que su hijo puede tener un TEA, existe la posibilidad de ser valorado en un centro de evaluación del desarrollo infantil para identificar cualquier necesidad específica. Un instrumento comúnmente utilizado por especialistas para diagnosticar TEA es la Lista de Observación Diagnóstica del Autismo.

Tratamientos y Terapias

No hay un tratamiento curativo para los TEAs, pero los niños que están afectados pueden beneficiarse de diferentes maneras a través del control de sus síntomas. Las terapias como el Análisis de comportamiento Aplicado (ACA) pueden ayudar a mejorar las habilidades sociales y comunicativas de su hijo. Esto implica que su hijo sea visitado por un psicólogo clínico o a un terapeuta experto que utiliza una técnica que implica un comportamiento adecuado y beneficioso. Se proponen otras terapias para ayudar a su hijo con la comunicación y el aprendizaje. Un Sistema de Comunicación de Cambio de dibujos, en donde enseñan a su hijo a cambiar una figura por algo que el quiere.

Algunas veces, el médico de su hijo podrá recetarle medicinas para reducir algunos síntomas a corto plazo como la agitación, las conductas agresivas o el comportamiento hiperactivo. Sin embargo, estas medicinas pueden tener efectos secundarios. Los profesionales de la salud implicados en el cuidado de su hijo, pueden proporcionarle ayuda y apoyo tanto a usted como a los cuidadores de su niño. Los niños con un TEA a menudo necesitan una educación asistida y con ayudas especiales. En general, los niños autistas trabajan mejor si sus actividades de clase están muy estructuradas. Muchos colegios usan el método de Tratamiento y Educación de Autistas y niños inválidos de comunicación el cuál proporciona un ambiente de aprendizaje muy estructurado con más instrucciones visuales.

Conductas Desafiantes

En el autismo los problemas de interacción social, de comunicación, los trastornos sensoriales o los trastornos del comportamiento tienen en muchos casos como consecuencia ciertas conductas desafiantes. Según Emerson (1995), el término “conducta desafiante” se refiere a: Toda conducta culturalmente anormal de tal intensidad, frecuencia o duración que es probable que la seguridad física de la persona o de los demás corra serio peligro, o que limite el uso de las oportunidades normales que ofrece la comunidad, o que, incluso, se le niegue el acceso a dichas oportunidades.

Las conductas desafiantes constituyen, con frecuencia, el medio que utilizan los niños y niñas que carecen de las habilidades comunicativas y socioemocionales necesarias para expresar sus necesidades y aparecen cuando existe un desajuste en la interacción que establecen con su contexto social. (Carr, McConnachie, Carlson, Kemp, y Smith, 1996; Tamarit, 2005).

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Tipos de conductas desafiantes

Dentro de las conductas desafiantes existen las agresiones físicas o verbales y las autoagresiones.

  • Agresividad: La agresividad en los niños con autismo es muy común sobre todo si carecen de la comunicación verbal. Surgen en un intento de proteger su seguridad, su felicidad o bienestar. Esto puede convertirse en un problema grave cuando es una conducta repetitiva y sin control. Es un riesgo o peligro potencial tanto para el niño con autismo como para otros a su alrededor.
  • Autoagresión: Hablamos de autoagresión cuando una persona se centra demasiado en su cuerpo: morderse, arrancarse el pelo, las pestañas, golpearse la cabeza… Una persona «quiere hacerse daño» desde el momento en que tiene conciencia de sí mismo, de sus gestos y de su cuerpo. Cuando una persona no tiene esos conocimientos (discapacidad mental severa, polidiscapacidad), se considera que la automutilación es un comportamiento «de lenguaje» y que sus movimientos no controlados no tienen como objetivo hacerse daño.

En el caso de las personas autistas, debido a sus carencias sociales, afectivas y sensoriales, el niño autista tiene problemas para solucionar situaciones de la vida cotidiana. Esas situaciones les crean un alto nivel de ansiedad y nerviosismo que desconocen cómo controlar. Existe un problema de autorregulación y por ello sus reacciones pueden llegar a ser agresivas, como protesta o como una respuesta. Lo más importante en este caso, no es saber gestionarlas, sino prevenirlas.

En determinados casos el niño se auto-agrede como forma de autoestimulación: por ejemplo se golpe a la cabeza al mismo tiempo que se balancea. En realidad no siente dolor simplemente la estimulación. También encontramos situaciones donde el detonante es un ruido, debido a una hiper o hipo sensibilidad, que provoca un acceso de furia traducido en un comportamiento violento hacia él mismo.

¿Cómo evitar las conductas desafiantes?

El verdadero reto ante este tipo de problemas no es el gestionarlos sino saber evitar las conductas desafiantes y prevenirlas. En este aspecto, la comprensión y conocimiento que tienen los padres de su hijo es fundamental. Los padres y familiares van a saber identificar los signos que predicen una crisis violenta de forma muy rápida y reaccionar para evitarlos. El verdadero reto será de un parte darle sentido a ese lenguaje y de otro encontrar alternativas a algunos gestos, todo con la colaboración de los equipos de salud, sobre todo para identificar los dolores físicos, si los hay. El objetivo no será parar definitivamente esos comportamientos de lenguaje sino de introducir poco a poco alternativas en las actividades del niño.

Lo más eficaz es establecer una rutina y método de disciplina donde se recompensen las conductas adecuadas y se ignoren o reprueben las conductas inapropiadas. Los “castigos” nunca deben ser físicos porque además de lesionar al niño física y emocionalmente, lacerando su autoestima, aumenta la conducta agresiva y violenta.

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Si tu hijo está estresado por un eventual imprevisto y agita una cordón, ponga en marcha rutinas y planning para explicarle visualmente su empleo de tiempo, actividades y la duración de cada una de ellas. Si percibe una estereotipia o automutilación debidas a un dolor o al enfado, puedes ofrecerle un producto con lastre para calmarle y relajarle. Si el niño tiene una necesidad compulsiva de morder existen los mordedores con distintas resistencias, según la presión del niño.

Estrategias para manejar rabietas y conductas disruptivas

Cuando un niño tiene una conducta explosiva es, claramente, porque está enfadado. Nos enfadamos porque algo que nos rodea nos supone una amenaza y tenemos una respuesta de enfrentamiento o de huida. Lo primordial es determinar por qué ocurren estos enfados. Además, muchos niños con autismo no encuentran la manera de hacernos saber qué les pasa o qué esperan de nosotros, lo que acentúa estas conductas disruptivas.

No hay dos niños con TEA iguales, así que lo que sirve para uno puede no servir para otro. La mejor forma de tratar una rabieta es prevenirla. Para ello, algunas estrategias son:

  • Análisis Funcional: Realizar un buen análisis funcional de la conducta para comprender qué está pasando en estas situaciones. Este registro nos ayudará a entender mejor a nuestro hijo.
  • Rutinas: Para nuestros hijos con TEA, es muy importante crear estructuras, horarios, rutinas, etc. Para ayudar, podemos crear apoyos visuales como calendarios.
  • Adaptar: Muchos niños con TEA tienen problemas de integración sensorial y pueden tener una crisis sin que sepamos por qué. Esto tendremos que tratarlo a través terapia ocupacional. Además, podemos hacer ciertos cambios en casa para mitigar este malestar.
  • Evitar: Si sabemos que algo va a desencadenar una conducta indeseada, intentamos eliminar o minimizar esa causa.
  • Reforzar: Cuando nuestro hijo haga algo bien, hay que reforzarlo de manera inmediata, ya sea a través de elogios, fichas, juegos, etc.
  • Anticipar: Las conductas disruptivas en muchos niños con TEA tienen forma de rabietas y suelen aparecer porque no se les anticipa lo suficiente, no comprenden bien las situaciones, qué van a hacer, qué esperamos de ellos, etc. Para minimizar esto, podemos utilizar secuencias temporales o historias sociales con pictogramas.
  • Dinamizar: Si ya sabemos que nuestro hijo suele reaccionar mal ante determinadas situaciones a las que lo tenemos que exponer, podemos hacerlo partícipe y que se sienta parte de la actividad.
  • Recordar normas, recompensas y consecuencias: Podemos recordar cuáles son las normas que habíamos acordados, qué va a conseguir si se comporta bien y qué va a ocurrir si tiene la conducta indeseada.

Si no hemos conseguido evitar la crisis, tendremos que tomar otras medidas, teniendo en cuenta que en ese momento, no podrá comprender con claridad que estamos intentando ayudarlos y, que no tiene las suficientes herramientas para manejar sus propias emociones, por lo que puede desembocar en una conducta explosiva, una agresión hacia ti, hacia lo que tiene alrededor, etc.

En estas situaciones, es crucial:

  • Mantener la calma: Para conseguir que otro se calme, primero tenemos que estar calmados nosotros. De esta forma, tendremos una actitud más empática hacia nuestro hijo.
  • Extinción: Si nuestro hijo tiene una rabieta propia de su edad podemos ignorar su conducta, si ésta no supone ningún peligro para él mismo o para vosotros. Esto quiere decir que retiremos toda atención hacia el niño: no mirarlo, dejarle tranquilo, apartarse del lugar donde se encuentre, etc.

En casos de conductas agresivas o autolesivas:

  • Primero tendremos que diferenciar entre autolesión y autoestimulación.
  • Si la conducta disruptiva que está ocurriendo es muy explosiva, es importante quitar objetos con los que se pueda hacer daño.
  • También le pediremos a otras personas que se vayan para evitar que su presencia refuerce la conducta.
  • Como último recurso, si la conducta es peligrosa y se está haciendo daño a sí mismo o a otros, habrá que intervenir físicamente para que esta conducta pare. Esto no significa pegarle, sino contener hasta que se calme. Para ello, le avisaremos verbalmente de lo que vamos a hacer.
  • Proporcionar un lugar seguro para que aprenda a calmarse.

Consecuencias: Si la conducta mostrada ha sido por evitar hacer algo, para evitar que se refuerce y se generalice esta conducta, podemos volver a pedirle que siga haciendo lo que estaba realizando, siempre y cuando esperemos a que esté totalmente calmado.

Diez consejos para convivir con el autismo

  1. Conocimiento del trastorno: Cuando el niño y la familia han recibido el diagnóstico, es necesario un trabajo de formación sobre el TEA para que, especialmente los padres, sean conscientes de qué es y qué implica convivir con ello.
  2. Establece una rutina: Los niños con este trastorno necesitan mantener unos horarios regulares y muy estructurados en todo momento. De hecho, muchos de ellos no llevan bien que se interrumpan esas rutinas o se produzcan cambios, lo que puede ocasionarles disgustos, confusión o ansiedad.
  3. La anticipación es muy importante: En línea con los horarios y la rutina, el niño debe saber con antelación qué es lo que va a hacer ese día o qué va a pasar cuando vaya a un sitio. Por eso, prepara agendas visuales de los próximos planes o actividades y enseña con tiempo al niño a gestionar situaciones sociales nuevas y, si es necesario, de forma visual.
  4. Busca su contacto ocular: Siempre que haya que decirle algo, debemos intentar que nos mire a los ojos. Para asegurarte de que te escucha, siempre agáchate y ponte a su altura para hablarle. Los niños con autismo tiene dificultad en mirar y oír a la vez, por eso es tan importante que establezcan contacto contigo de alguna manera.
  5. Usa siempre apoyos visuales: Ellos no aprenden como el resto de niños, sino que precisan apoyos visuales, incluso en los juegos. Utilízalos para pautar sus tareas o para afianzar ideas.
  6. Gestiona las rabietas: Los momentos de enfado o disgusto pueden ocurrir en cualquier momento, y cuando esto suceda, debes tener preparado en casa un espacio tranquilo, con algún juguete preferido y cojines, para gestionar y sobrellevar adecuadamente las rabietas.
  7. Ten muchísima paciencia: Las personas con autismo tardan en responder a cualquier pregunta. Es mejor darles tiempo y no insistir, porque esto puede llevarnos a la frustración, tanto del niño como del adulto. Además, recuerda que este trastorno es una carrera a largo plazo y que puede resultar muy cansada para todos.
  8. Realiza un trabajo constante: Todo este trabajo y la intervención terapéutica que se realice desde la familia, centro terapéutico, centro escolar u otros profesionales, debe ser diaria y muy regular. Como padre, céntrate en lo que queréis mejorar y no dejes de formarte en cómo hacerlo.
  9. No pongas límites a su evolución: Este trastorno evoluciona de muy diferente manera en cada niño. Mantén una actitud abierta.
  10. Prepara a tu entorno: Informa a las personas cercanas del trastorno que sufre tu hijo, de cómo y qué puede ocurrirle en reuniones sociales con demasiada estimulación sensorial para que su reacción no suponga más dificultades.

Prevalencia del TEA

En los últimos cuarenta años se han multiplicado los casos de TEA detectados y diagnosticados en todo el mundo:

  • En 1975 se daba un caso de autismo por cada 5.000 nacimientos.
  • En 2008, se daba un caso de TEA por cada 150 nacimientos.
  • Y en 2012, se daba un caso de TEA por cada 88 nacimientos.

Como demuestran los datos, su prevalencia no ha dejado de incrementarse, y en la actualidad, solo en Europa afecta a más de 3,3 millones de personas. Según los datos facilitados por el Centro de Control de Enfermedades de Atlanta (CDC, 2014) se estima que 1 de cada 68 niños que nacen podría presentar un trastorno de este tipo.

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