¿Qué sucede cuando una persona quiere abortar y la otra no?: Implicaciones Legales y Psicológicas

26.10.2025

El aborto es un tema incómodo, habitualmente silenciado. Hay muchos elementos a nivel social y/o personal que justifican esto: potentes emociones, ideologías, posturas dentro de la familia, ética médica, derechos fundamentales, etc. Sea como fuere, el embarazo no sólo se gesta en el cuerpo, sino también en la mente de la mujer, por lo que es importante tener en cuenta qué supone para ella tanto estar embarazada como dejar de estarlo. Hay tantas subjetividades como personas.

Efectos Psicológicos y Síntomas Habituales

“Cada persona es un mundo”, y vive las cosas a su manera. La experiencia del aborto tendrá efectos muy diferentes según características de personalidad de la mujer, habilidades de afrontamiento, objetivos o deseos vitales, elementos situacionales, si es un aborto inducido o involuntario, si es un embarazo prematuro o está avanzado, etc.

La intensidad y la duración de los efectos también es muy variable en cada caso. Existen dos síntomas psicológicos que suelen darse en la mayoría de los abortos (voluntarios o involuntarios). Por un lado, la ansiedad en diferentes grados (desde leve hasta ataques de pánico). Y, por otro lado, sentimiento de culpabilidad y creencia (más o menos irracional) de que podrían haber hecho las cosas de forma diferente.

Otros síntomas que pueden aparecer son:

  • Negación o incredulidad.
  • Confusión.
  • Oscilaciones en el estado de ánimo.
  • Tristeza y sensación de vacío.
  • Enfado o rabia.
  • Falta de energía.
  • Irritabilidad.
  • Miedos (a no recuperarse nunca de la pérdida, a no poder reproducirse, a problemas familiares…).
  • Sentimientos de incapacidad y afectación de la autoestima.
  • Desconexión de los propios sentimientos.
  • Aislamiento social.
  • Falta de lívido o disfunciones sexuales.
  • Miedo a la muerte (tanofobia).
  • Insomnio o pesadillas recurrentes.
  • Evitación de todo lo relacionado con bebés o, todo lo contrario, obsesión.
  • Problemas de pareja (modelos de afrontamiento diferentes a la pérdida, falta de intimidad, problemas de comunicación…).

¿Cómo Superarlo?

En los casos en que existan efectos psicológicos, ¿es posible la recuperación? Recuperar significa “recibir algo que fue quitado”, por lo que difícilmente habrá sensación de recuperación. Es más adecuado hablar de reconciliación. Puede tardar meses o años, pero, aunque parezca imposible, llega. Algunas de las cosas que ayudan en el proceso de reconciliación son:

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  • El apoyo externo, sentir el arrope del entorno, sobre todo de la pareja.
  • Poder hablar de la pérdida e integrarla progresivamente dentro de la propia experiencia vital.
  • No evitar las emociones negativas ni apresurarse por “pasar página”. Es un proceso.
  • Crear un conjunto de recuerdos, un espacio con significado para el no-nacido.
  • Recibir información adecuada (si es necesario, psicoterapia) o participar en grupos de ayuda mutua.

Alcance a Nivel Psicológico: Embarazo Deseado y No Deseado

Para poder entender el alcance del aborto a nivel psicológico es preciso tener en cuenta si ha sido voluntario o espontáneo.

Embarazo Deseado

Si ha sido un embarazo deseado (es decir, se ha buscado activamente o no se ha buscado, pero se ha aceptado con ilusión después), es necesario poder entender el aborto como un duelo. Es un proyecto truncado. En muchas ocasiones, desde el punto de vista social no se reconoce la pérdida puesto que el feto no se ha llegado a formar y a nacer. Es importante visibilizar este hecho y poder abordarlo en toda su profundidad. Es esperable que los síntomas sean más graves cuanto más avanzada esté la gestación.

Embarazo No Deseado

Si el embarazo no ha sido deseado, puede haber múltiples reacciones a nivel psicológico. Hay mujeres que deciden abortar, pero igualmente les parece muy duro. En estos casos, los efectos del aborto pueden ser similares a si el aborto hubiera sido espontáneo (algunas investigaciones incluso dicen que incluso más, porque al impacto del aborto hay que añadir las emociones que supone decidir interrumpirlo -por ejemplo, sentimientos acusados de culpabilidad, auto rechazo, etc.).

Interrupción del Embarazo No Deseado Sin Secuelas Psicológicas

Estudios recientes están mostrando que hay un número importante de mujeres que interrumpen voluntariamente el embarazo y no tienen secuelas ni a medio ni a largo plazo, llegándose incluso a cuestionar lo que algunos han llamado el “síndrome postaborto” como conjunto de efectos incuestionables tras un aborto.

Según las investigaciones científicas actuales, con instrumentos de medida más afinados y más parámetros estadísticos, no existen pruebas fehacientes que aseguren que tras un aborto haya efectos psicológicos seguros. Dependerá de muchos otros factores: el momento vital de la persona y sus prioridades, la valoración del hipotético futuro padre, creencias religiosas, factores situacionales, económicos, profesionales, y un largo etcétera.

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Por otro lado, se están analizando los efectos psicológicos de no poder abortar, aun cuando la mujer tiene claro que lo quiere, pero que por múltiples causas no puede practicarse. Estas mujeres sufren más problemas de autoestima, más ansiedad y malestar en general y tienen más probabilidades de padecer trastornos mentales en el futuro.

Lo que debes saber:

  • La experiencia del aborto tendrá efectos muy diferentes según características de personalidad de la mujer.
  • La intensidad y duración de los efectos pueden ser muy variables en función de cada caso.
  • Cuando sucede, ayuda sentir el arrope del entorno, sobre todo de la pareja: poder hablar de la pérdida, no evitar las emociones negativas, ni apresurarse a “pasar página”, recibir información adecuada o participar en grupos de ayuda mutua.

El aborto en España: Un derecho con trabas

En España, con la Ley Orgánica 2/2010 de Salud Sexual y Reproductiva y de la Interrupción Voluntaria del Embarazo, la mujer es libre de decidir durante las primeras 14 semanas de embarazo. Hasta la semana 22, este solo se puede detener si peligra la salud de la madre o si existen riesgos de graves anomalías en el feto. En caso de que estas anomalías sean incompatibles con la vida se puede interrumpir fuera de cualquier plazo.

Aun siendo un derecho reconocido desde hace más de tres décadas, el aborto sigue teniendo que hacer frente a trabas profesionales. Desde la base de la asistencia sanitaria, la interrupción voluntaria del embarazo cuenta con un largo proceso administrativo y un derecho profesional que se interpone: la objeción de conciencia.

Cualquier médico de la sanidad pública puede anteponer su moral a la libertad de la paciente, una postura recurrente en hasta 13 provincias que no practicaron ninguna interrupción de embarazo, según los últimos datos publicados por el Ministerio de Sanidad. La cifra supone cuatro provincias menos que en 2016. “Si están en contra del aborto, no deberían de estar en centros públicos. Es un escándalo que los derechos de las mujeres se dejen en un segundo plano”, afirma la activista social y feminista Justa Montero.

Las mujeres consultadas, que han preferido salvaguardar su anonimato, corroboran que la decisión de interrumpir voluntariamente el embarazo sigue estando cuestionada desde las instituciones que lo practican. Del mismo modo que I.G., también A.P. tuvo que escuchar la narración detallada del corazón y las manos del feto que no quería engendrar. “Le dije al médico que no quería ver la ecografía pero dio lo mismo. Me contestó con mucho paternalismo que me vendría bien para que no me volviese a ocurrir”. Sucedió en una clínica privada de Galiza a la que acudió hace más de una década, cuando tenía 22 años.

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Demasiada burocracia y escaso apoyo médico y psicológico. Así lo describe A. L., una mujer de Barcelona que abortó el año pasado: “Entra una, entra otra, como una cadena de fábrica sin que nadie apenas hablara contigo. La enfermera me vio la cara de asustada y me frotó un poco el brazo. Fue muy frío. Ese fue el máximo contacto personal que recibí”. Por su parte, L.J., una estudiante madrileña de 22 años que abortó en 2018, vivió el proceso en la sanidad pública y en la privada y, aunque la llena de frustración admitirlo, la primera de ellas fue la más dolorosa emocionalmente: “Es el reflejo del tabú, la desinformación y la falta de formación que reciben los médicos sobre el proceso abortivo”. La fase de la vía privada la recuerda con estima: “Fue como considero que tenía que haber sido. Todas las personas con las que traté me parecieron rotundamente profesionales y cercanas”.

Las clínicas ginecológicas, por lo general mejor valoradas por las pacientes, reciben inspecciones sanitarias continuas. El Estado comprueba asiduamente la documentación y la situación actual de los centros, pero no son las únicas visitas que reciben. A sus puertas se agolpan los grupos provida que señalan y culpabilizan a las mujeres que buscan interrumpir su embarazo, y también a las trabajadoras. Una situación incómoda y al parecer irrefrenable, que se ha convertido en el día a día de las clínicas de Interrupción Voluntaria del Embarazo (IVE).

La religión, presente en el día a día, afecta directamente a la salud psicológica de quien libremente decide interrumpir su embarazo. Mujeres a las que les invade un sentimiento de culpa aunque tengan una postura ideológica firme y una decisión tomada en cuanto a su aborto. El motivo de este sentir lo explica el filósofo Augusto Klappenbach: “Hay dos sentimientos humanos que son los que utiliza siempre la autoridad para el dominio: la culpa y el miedo. La Iglesia, como no cuenta con medios físicos, necesita elementos de control”.

Aunque la decisión de interrumpir el embarazo esté tomada antes de acudir a la clínica, no puede llevarse a cabo hasta al menos hasta tres días después. Es el período de reflexión durante el que se informa a las mujeres de las ayudas que proporciona el Estado si continúan adelante con su maternidad. “¿Tres días? ¿Para pensar más aún?”, lamenta indignada A.C., quien abortó hace casi tres años. “Son muy pocas las mujeres que por recibir ayudas de 100 euros y pañales cambian de opinión. Tener un hijo no es solo una cuestión económica”, corrobora el personal médico. De hecho, los últimos datos del Instituto Nacional de Estadística (INE) -correspondientes a 2018 y publicados en 2019- respaldan su afirmación: el 61% de las mujeres que abortaron tenían ingresos propios y casi el 60% de ellas poseía un trabajo estable.

El desamparo al que se ven sometidas las mujeres entrevistadas también es una consecuencia del comportamiento de sus ahora exparejas. “Me sentí poco apoyada por mi novio. No vino ni a verme. No le perdoné la falta de empatía, la forma en la que le quitó importancia, no supo entender nada de lo que sentía”, lamenta A.P. Este sentimiento de abandono se repite en el caso de L.J., cuya pareja tampoco estuvo presente ni física ni emocionalmente. “No es fácil desprenderse de un papel que parece asignado desde que eres niña. Ninguna mujer está preparada para saber cómo gestionar el proceso del aborto, y menos lo está un hombre. La maternidad, y por lo tanto también su antítesis, continúa estando enteramente sobre los hombros de los cuerpos gestantes”.

A pesar de tratarse de un derecho, el aborto todavía supone una gran carga psicológica por el contexto cristiano en el que se desenvuelve la sociedad española. Francisco Conesa, profesional del Colegio Oficial de Psicología de la Comunidad Valenciana, atribuye este sentimiento de culpabilidad a “la idea de contravenir convenciones sociales, a los condicionamientos religiosos y al posible chantaje emocional ejercido desde el entorno cercano”. Además, ratifica que la falta de implicación de la pareja varón es una constante: “Existe una cantidad importante de mujeres que toman la decisión al margen de lo que pudiera opinar su pareja, conscientes de que no ha mostrado la implicación emocional necesaria”.

El cristianismo inapelable, la reflexión impuesta, el afán por hacer sentir mal a la mujer que renuncie a su maternidad y la falta de empatía siguen culpabilizando a la mujer y representan los lastres de la sociedad patriarcal en la que la sociedad continúa inmersa. Ese es el origen de la culpa.

Conesa define el aborto como “una decisión que exige una gran inversión de recursos emocionales y que requiere un tiempo salpicado de consideraciones positivas y negativas, algo que produce un desgaste emocional”.

Las cifras hablan por sí solas: en el año 2018, según el INE, se llevaron a cabo 95.917 abortos, de los cuales 86.747 fueron por libre decisión de la mujer y no por los motivos sanitarios contemplados en la legislación. Un 70,5% de los mismos se produjeron antes de las ocho semanas de embarazo.

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