Estrés Materno: Efectos en el Desarrollo del Feto
Seguro que lo has oído en más de una ocasión y te lo ha advertido alguna amiga o familiar: el embarazo hay que vivirlo sin estrés. En muchas ocasiones este consejo se da de forma intuitiva, porque el sentido común nos dice que un nivel elevado de estrés no puede ser bueno ni para la madre ni para el bebé que está creciendo dentro de ella. La respuesta es sí: numerosos estudios científicos han confirmado esas sospechas.
El Estrés Materno y sus Consecuencias en el Feto
Convertirse en madre es un cambio muy profundo en la vida, y esto también puede ir acompañado de miedos más o menos pronunciados. La magnitud de los temores depende en cierta medida de las circunstancias personales y de las influencias externas y puede variar mucho de una mujer a otra. Como futura madre también experimentas cambios psicológicos y sociales. Esto no es inusual; puede hacerte vulnerable.
Los últimos 20 años han demostrado que el estrés afecta al desarrollo de los bebés. La última investigación se ha realizado en Alemania, en el Centro Helmholtoz para la investigación ambiental-UFZ con 498 parejas de madres e hijos, analizados desde la gestación hasta que los pequeños cumplieron 5 años. El aumento de los niveles de algunas hormonas que provoca el estrés en el embarazo, según un estudio que se publicó en The Journal Physiology realizado en la Universidad de Cambridge, en Reino Unido, afecta al normal desarrollo del feto.
En las situaciones de estrés mantenido el organismo humano produce un aumento de las hormonas glucocorticoides. Cuando esta respuesta fisiológica ocurre en el embarazo puede provocar que disminuya la capacidad de la placenta para transportar glucosa al feto y causar por lo tanto un menor peso en el bebé. También se observó que en las situaciones de estrés algunos genes presentes en la placenta se modificaban y que uno de ellos, el REDD1 es el que interactúa con las vías intracelulares que regulan el crecimiento y la absorción de nutrientes en otros tejidos del organismo.
Un estudio de la Facultad de Medicina Charité University de Berlín publicado recientemente en la revista Biologycal Psychiatry, señala que las hijas de las madres con estrés pueden tener problemas de depresión y ansiedad en la infancia. El culpable es la hormona del estrés, el cortisol. Curiosamente, los varones no presentaron estos problemas.
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Alteraciones en la Microbiota Vaginal
Seguro que has oído hablar de la flora vaginal: bacterias beneficiosas que se encuentran en esa zona de tu cuerpo, que evitan que los agentes patógenos pueden colonizarla. En la Universidad Estatal de Ohio, en Estados Unidos, los científicos encontraron que el estrés en la gestación puede provocar cambios en la microbioma vaginal de la embarazada: es decir, los genes de esas bacterias buenas se modifican. Esto a su vez influye en la microbiota intestinal de los bebés y en su cerebro en desarrollo. Hay que tener en cuenta que al nacer el feto entra en contacto con las bacterias que viven en la vagina materna. Ya muchos estudios han demostrado que ese roce sirve para una colonización intestinal normal, para reforzar su sistema inmune y que influye en el desarrollo del cerebro.
Envejecimiento Acelerado
Por último, que el estrés acelera el envejecimiento de las personas está probado. Pero al parecer eso también le ocurre al bebé. Una investigación del Instituto Central de Salud Mental de la Universidad de Heidelberg en Alemania señala que el estrés de la gestante puede afectar al envejecimiento biológico de su bebé. En este estudio se analizó a más de 300 madres con entrevistas sobre sus hábitos de estilo de vida y la percepción del estrés en el embarazo y la aparición de algún trastorno psicológico durante el mismo. Encontraron que el estrés materno se asociaba con los telómeros más cortos en los bebés, pero no en los de la madre.
El Momento del Estrés es Clave
Un estudio que se realizó con monos, roedores, perros, gatos y humanos en la Universidad de Nuevo México, en Estados Unidos, y en la de Göttingen, en Alemania, concluyeron que las consecuencias del estrés dependían del nivel de estrés y de la etapa de la gestación. Si tenía lugar en el último trimestre del embarazo, se producía un crecimiento intrauterino más lento. Pero si ocurría en el primer trimestre del embarazo, el feto se “reprograma” porque la naturaleza intuye que algo malo va a ocurrir. De esta forma acelera el proceso de crecimiento y maduración para asegurarse la supervivencia.
¿Qué Situaciones Causan Estrés Perjudicial?
Llegar tarde al trabajo, o una sobrecarga del mismo de manera puntual no le va a afectar a tu pequeño. Puedes estar tranquila. Pero tener una situación económica muy desfavorecida puede causar una situación de tensión muy prolongada en el tiempo. Y lo mismo ocurre con la muerte de un familiar o amigo muy cercano o en un proceso complicado como una separación.
Recomendaciones para Reducir el Estrés Durante el Embarazo
Si por tu forma de vida crees que estás sometida a situaciones de mucho estrés, no caigas en algunas conductas perjudiciales para el bebé como fumar, beber alcohol o seguir una dieta poco equilibrada. Ante todo, calma, tranquilidad y buenos alimentos, como dirían nuestras abuelas. Descansa todo lo que puedas. Debes dormir entre siete u ocho horas diarias.
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Estrés y Trastornos Mentales en el Embarazo
Los trastornos de salud mental durante el embarazo y postparto son prevalentes, y aproximadamente uno de cada cinco embarazadas presentan algún tipo de trastorno de salud mental. En España, la prevalencia se sitúa alrededor del 18%. Dentro de estos, entre los más frecuentes figuran los trastornos de tipo depresivo y/o ansioso. Debido a que en muchos casos son infradiagnosticados, únicamente un 15% de las mujeres con trastornos de salud mental reciben algún tipo de tratamiento durante el embarazo.
Existe bastante evidencia científica que apoya que la depresión durante el embarazo tiene un impacto en la salud materna, puesto que aumenta la probabilidad de que las gestantes adopten hábitos de vida poco saludables (tabaco, drogas, peor alimentación, menos ejercicio). Esto puede afectar al desarrollo del embarazo y aumentar la probabilidad de complicaciones, como partos pretérmino y el nacimiento de bebés de bajo peso o con más riesgo de ingreso en la UCI neonatal.
En todo este proceso el estrés, definido como cualquier malestar psicológico, juega un papel fundamental. El estrés pone en marcha un proceso de activación biológica de regulación que puede favorecer que la placenta libere ciertos factores biológicos que actuarán sobre diversos sistemas en el feto. Y esta es la clave para entender por qué el estrés durante el embarazo se puede asociar a un mayor riesgo de desarrollar ciertas enfermedades en la descendencia.
No obstante, actualmente no está del todo claro el que este proceso se asocie con trastornos psico-conductuales en los futuros niños-adolescentes-adultos, y confirmarlo sigue siendo un reto científico.
Estrés Durante la Pandemia
Durante el confinamiento estricto en la pandemia, en un estudio previo que realizamos en el Hospital Vall d´Hebron en Barcelona, constatamos cómo las mujeres embarazadas presentaban tasas de síntomas depresivos y de ansiedad, superiores a las que se evaluaron antes de la pandemia en población embarazada general, afectando principalmente a las mujeres con menos apoyo social. Un reciente estudio de Yuan-Chiao Lu también demuestra que las tasas de síntomas depresivos y de ansiedad fueron superiores en las embarazadas durante la pandemia, en comparación con una cohorte pre-pandemia.
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Este estudio detecta, además, mediante resonancia magnética fetal, algunos cambios en el desarrollo de las estructuras del sistema nervioso central del feto, como son una disminución en el volumen de la sustancia blanca, el hipocampo y el cerebelo, así como un retraso en la sulcación de la corteza cerebral. Sin embargo, la asociación de estos hallazgos en las estructuras cerebrales con trastornos del desarrollo más adelante en la vida continúa sin conocerse en la actualidad.
Este estudio también concluye que la educación de los padres y su estado laboral se asocia con el desarrollo del cerebro fetal. Esto indica que probablemente las familias con mejor educación y nivel socioeconómico son más conscientes de la importancia de unos hábitos de vida saludables durante el embarazo, que favorecen un menor estrés, para un correcto neurodesarrollo durante el embarazo y los primeros años de vida de sus hijos.
Plasticidad Neuronal y la Importancia del Neurodesarrollo
Finalmente cabe remarcar que existe numerosa evidencia que apoya que el desarrollo neuronal se extiende desde el periodo embrionario hasta la adolescencia y que, por lo tanto, el ambiente de desarrollo encierra recursos capaces de favorecer la maduración de los circuitos nerviosos cerebrales a través de una combinación de cuidados, relaciones sociales, estímulos cognitivos y actividades motoras. Esto significa que el periodo de neurodesarrollo es amplio, y hay muchas oportunidades durante la infancia para seguir influyendo de manera favorable en este proceso. Esto es lo que se denomina plasticidad neuronal, de gran importancia en los primeros años de vida.
Hay que remarcar la importancia de un diagnóstico precoz de depresión y/o ansiedad durante el embarazo y/o postparto, tanto para un correcto tratamiento como para minimizar los riesgos para el bebé.
Estrés Materno y Marcas Epigenéticas en la Placenta
Un nueva investigación muestra que el estrés materno podría dejar “huellas” epigenéticas en genes placentarios asociados al cortisol, afectando al desarrollo del bebé desde etapas muy tempranas. La placenta es un órgano fundamental durante el embarazo, ya que no solo proporciona oxígeno y nutrientes al feto, sino que también responde a factores como el estrés materno, ayudando al feto a adaptarse a su entorno.
El equipo de investigación observó que el estrés materno podría dejar 'marcas' epigenéticas en ciertos genes placentarios. Estas marcas no modifican la estructura genética, pero sí alteran su funcionamiento. En este estudio piloto, financiado por un proyecto Intramural del CIBERSAM, participaron 45 mujeres embarazadas primerizas y sanas. Durante el embarazo se midieron sus niveles de cortisol y síntomas depresivos, y tras el parto, se analizaron las placentas.
El equipo de investigación usó una técnica avanzada de secuenciación que permite observar cambios epigenéticos en amplias áreas del ADN, logrando una visión muy detallada de la respuesta de la placenta al estrés materno. Este método identificó modificaciones en genes clave de la regulación del cortisol, como HSD11B2, NR3C1 y FKBP5.
Si bien se trata de un estudio piloto, los resultados abren la puerta a futuras investigaciones y posibles intervenciones que apoyen a las mujeres embarazadas en situaciones vulnerables desde las etapas más tempranas.
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