Raúl Cimas: Trayectoria, Humor y Vida Personal de un Cómico Manchego

23.12.2025

Son muchos los programas de humor que han pasado a la historia de la televisión. Desde 'El club de la comedia' hasta 'Muchachada Nui'. Estos proyectos fueron los escaparates de muchos cómicos que existen en la actualidad. Entre ellos, figuran Leo Harlem, Eva Hache y, por último, Raúl Cimas. Ahora este actor de 47 años opta al Premio Feroz como mejor actor por su papel en la serie 'Poquita fe'.

Raúl Cimas (Albacete, 1976) es uno de los humoristas más en forma de España, si no el que más. Proviene de la camada de colegas que se dieron a conocer con La Hora Chanante, y ha ido madurando el personaje hasta convertirlo en lo que es hoy: un flipado que dice que fue astronauta, que tiene un suegro que conduce tan rápido que llega antes que su propio coche, cientos de primas con nombres absurdos… y que se está haciendo omnipresente en televisión e internet.

Este intérprete, nacido en Albacete, comenzó su andadura bajo los escenarios hace más de veinte años. Lo hizo junto a sus dos compañeros de profesión, Pablo Chiapella y Ernesto Sevilla, nacidos en el mismo lugar que Cimas. Los tres eran conocidos como 'el Trío de Albacete'. Un año más tarde, en 2002, saldría a la luz su nuevo proyecto, 'La hora chanante'.

Durante ese recorrido, versionó a varios artistas como Van Gogh o Richard Wagner. Sus numerosas actuaciones le servirían para ser, en la actualidad, un aclamado humorista. Raúl Cimas nació el 5 de noviembre de 1976 en Albacete. Decidió estudiar Bellas Artes en la Universidad de Cuenca, aunque no llegó a concluir sus estudios. La productora Paramount Comedy lo fichó en el año 2001. En 'La hora chanante' trabajó con el también humorista Joaquín Reyes. Cimas estuvo las cinco temporadas interpretando a diversos famosos y usando, en ocasiones, expresiones típicas del dialecto manchego.

También ha tenido experiencia como guionista cuando trabajó para la productora El Terrat en 'La gran evasión'. En teatro, también tiene tablas y ha trabajado con otros actores del sector humorístico como David Fernández. Otro trabajo que hizo, también de humor, fue 'Museo Coconut', donde compartió plató con algunos de sus anteriores compañeros, como Carlos Areces o Ernesto Sevilla. En su etapa en este proyecto interpretaba al director del museo, Jaime Walter. Con un rostro sin barba, la melena peinada hacia atrás y un traje de chaqueta como su uniforme predilecto, Cimas nos hacía reír en esta serie que duró tres temporadas.

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Antes de esta experiencia, participó en otra serie de comedia de éxito, 'Muchachada Nui'. Fue la continuación de 'La hora chanante', pero desde la Paramount Comedy no quisieron que se llamase así porque tenía los derechos y el nuevo proyecto lo iban a retransmitir en La 2, de RTVE. Cimas tenía el papel de Philip Max, un director de teatro que solía montar espectáculos en pueblos. El personaje era un señor pelirrojo muy estricto con su trabajo, pero su personalidad estridente hacía producir las risas del público.

En cuanto a su vida personal, siempre ha sido muy discreto y en su perfil de Instagram suele compartir contenido relacionado con su carrera. Inmerso en sus nuevos proyectos, el actor ha sido compañero de algunos de los artistas más reconocidos de la comedia y teniendo la oportunidad de conocer a otros, como el fallecido Pepe Rubianes. Su nombre quedará escrito dentro de la industria durante muchos años.

'Poquita Fe': Un Éxito Reciente

Acaba de estrenar la segunda temporada de Poquita fe (Movistar Plus+). Vuelve a interpretar a José Ramón, un zángano que trabaja de vigilante y vive en Madrid con su novia Berta (Esperanza Pedreño).

Raúl Cimas es el 'culpable' también de que 'Poquita fe' haya sido galardonada en los Premios Ondas. Albacete es la tierra de dos de los cómicos más aclamados del momento: Esperanza Pedreño (49) y Raúl Cimas (47). Los humoristas suman un reconocimiento más a su carrera ya que 'Poquita fe', la serie que protagonizan, ha sido galardonada en la categoría de Mejor Serie (junto a 'La ruta') en la 70 edición de los Premios Ondas.

Una de las claves del éxito de 'Poquita Fe' reside en su capacidad para conectar con el público a través de situaciones cotidianas. Creo que uno de los encantos es que aborda la rutina, conflictos pequeñísimos del día a día. Me gusta definirla como una serie sobre los ratos que nadie sube a Instagram: desechos de las biografías de gente normal.

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En la segunda temporada pasan más cosas que en la primera. Tiene otro toque, aborda el tema de la vivienda, por ejemplo. Pero nuestra intención es hacer reír, no hacer crítica social. Los protagonistas son tipos despreocupados, no están muy al tanto de nada. Pero se quedan sin casa y no es un misterio que buscar un piso hoy en día puede ser la gymkana de tu vida.

La serie no va también de las miserias de la pareja? Con los suegros como la miseria central... Convivir en pareja muchas veces es antinatural. Si encima están los suegros, y las estrecheces, y el vecino, y la cuñada… puede ser un infierno. Los suegros tienden a coger fuerza en esta temporada. Pero no son los únicos. La idea es que personajes secundarios se hagan principales… y al revés. Así hay más posibilidades, así se pueden hacer más cosas.

Mezclas medidas y a cada uno le gusta más fuerte o menos. Siempre va a haber un toque social porque hablas de la vida y la risa sirve para superar lo que existe. Como dice Javier Cansado, el humor son unas gafas para darle la vuelta a lo jodido. Pero es verdad que a mí me gusta que el humor sea el caramelo, no el envoltorio. Lo digo porque a veces se usa la comedia para envolver un mensaje que pesa más que la risa. Yo creo que no puedes llamar a alguien “calvo hijo de puta” y luego decir que era broma y que no tiene sentido del humor. Si nuestro humor fuera un cóctel, sería un gin-tonic corto: poco licor y bastante refresco. Queremos que la gente se vaya a la cama con buena sensación, no dándole vueltas a la matraca.

En la segunda temporada haces un desnudo integral y además lo pixeláis como en el porno japonés. No solo yo, mi suegro también enseña el órgano. El pixelado es el gag. Nos dio miedo perder espectadores.

¿Os pusieron un coordinador de intimidad? Sí, sí. Vino el coordinador y me puso un tanga que me denigraba más que la propia escena. Pero los coordinadores de intimidad hacen un buen trabajo, ¿eh? Mis experiencias han sido buenas. Rodé en Canarias una cosa donde mi compañera pasaba mucho tiempo desnuda. Y ya te digo que no es cómodo estar en pelotas delante de gente que no conoces.

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Hacer humor con gente en pelotas tiene menos mérito que lo que hacéis con algunas prendas, que se convierten en el centro de muchas escenas. Hay una sudadera que tiene más presencia que algunos actores. No sé si hay psicología de la ropa, seguro que sí. La forma de vestir es un clásico del humor. Sirve mucho para entender marcos mentales. Tú ya sabes si a alguien le va bien o mal según vaya vestido. Mi aportación a todo esto fue la riñonera, porque los vagos llevan riñonera.

¿Cada prenda está pensada al detalle o había cierta libertad de vestuario? No, no, todo está todo pensado al milímetro. Tienes que hacer una prueba larguísima y tediosa de vestuario. Yo insistí mucho en que mi personaje tenía que tener cuatro cosas de vestir. A un tipo como José Ramón comprar ropa no le interesa; su peor plan es irse de tiendas. Y más si se está mudando. Pero el vestuario en una comedia es fundamental: no es lo mismo ir vestido que disfrazado. Eso se nota mucho.

La serie tiene un toque de neorrealismo italiano, de sacar a gente de la calle. Pero hasta el último extra que sale de refilón tiene un careto llamativo. Es que casting hace un trabajo formidable. Es una serie pequeña y corta, pero con muchísimos personajes. Es un follón encontrarlos, vestirlos, maquillarlos... Los guionistas tienen un talento especial para crear personajes de una sola frase. Algunos salen cinco segundos y se te quedan grabados.

Pero en otras series sí has usado a gente de la calle ,¿no? Una de las cosas que has hecho que más me hizo reír fue “JuanCar, ¿qué te pasa?”. Me encanta que lo menciones, porque es de mis cosas menos conocidas y le tengo mucho cariño. Y tiene mérito porque no tenía precisamente un gran presupuesto.

Me han dicho que ahí algunos actores eran tus vecinos. Todos. O gente del barrio. Uno era el portero de la finca.

¿Pero lo hiciste porque tenías poco presupuesto o por experimentar? Qué cojones. Quería hacer ficción y no había dinero. Me acostumbré al low cost temprano con La Hora Chanante. Incluso antes, en Óxido Nitroso. Pero en estas cosas lo importante es la sinceridad: si tienes cuatro duros, lo primero es que se vea. Así nadie te pedirá más. Si intentas disimular, se te ven las costuras y quedas peor.

Humorista Dentro y Fuera del Escenario

De Groucho Marx se decía que no podían parar de hacer chistes y acababa siendo insufrible para la gente que lo rodeaba. Luego hay otros humoristas a los que no les sacas una broma fuera del escenario. ¿Cuál es tu relación entre persona y personaje, como decía Errejón? Yo entiendo a Groucho Marx porque en algún sitio tienes que entrenar. Los humoristas no tenemos academias y les damos el coñazo a amigos, pareja, familia. Ojo, a mí también me carga el tipo que intenta hacer gracia todo el rato. Pero creo que el mejor personaje que puedes interpretar es alguien que está dentro de ti. Muchos cómicos tenemos un personaje que vive dentro, y actuar es como un desdoblamiento. La persona que habla cuando actúas tiene que ser real porque el público detecta la mentira muy pronto. También es verdad que mi madre dice que en casa soy un muermo. Pero sí, cuanto más tenga de mí el personaje, mejor.

Cuando repaso tus primeros monólogos, veo una evolución salvaje. Ahora te sale mucho más natural y el chiste es menos importante que la manera de contarlo. ¿Es porque vas más relajado o porque has depurado la técnica? Relajado no vas nunca. Eso de las tablas y de que coges confianza con el tiempo no pasa. Al revés, eres más consciente y los nervios van a más. Lo que pasa es que en comedia es clave que parezca que te sale en el momento, que es natural. Tiene que parecer que fluye. Pero los nervios no van a menos. La carrera de un humorista va en contra del mercado. Hay necesidad de caras nuevas cada año, de descubrir quién es “el nuevo no sé quién”. Y muchas veces no da tiempo a desarrollar una carrera al cien por cien.

¿Solo los mejores consiguen una carrera relativamente estable? O a los más afortunados. No me gusta hablar de los mejores. Habrá gente con más talento a la que no le ha ido bien. A lo mejor no han tenido la posibilidad de desarrollarse tanto como yo y de trabajar con los mejores… He tenido mucha suerte y he aprendido de gente muy experta. De joven puedes ser gracioso, pero te haces humorista de mayor. También es por supervivencia. Cumples una edad haciendo estupideces y ya tienes que ser humorista de profesión. No hay vuelta atrás.

El Humor Manchego y la Denominación de Origen

Hace años puse Amanece que no es poco a un grupo de catalanes y se me quedaron dormidos. Para el que no lo sepa, José Luis Cuerda nació en Albacete, como tú. Cuento esto porque ahora el humor manchego lo entiende todo el mundo. ¿Qué ha pasado aquí? Yo con esto del humor manchego os responsabilizo más a vosotros, a los periodistas. Yo creo que éramos un grupo de amigos y que podríamos haber nacido igual en Valladolid. Pero bueno, es verdad que de la región somos varios. José Luis Cuerda, Florentino Fernández (Sacedón, Guadalajara), José Mota, Millán Salcedo… En pandemia, un taxista en Albacete me contó que era nieto de Pepe Isbert, que había nacido en Madrid casi de casualidad, pero su núcleo familiar andaba por allí. De todos modos, lo que tú les hiciste a tus amigos lo hacía Hitler en el Nido del Águila. Les ponía pelis a la gente y se quedaban todos fritos.

¿Pero no hay una denominación de origen entonces? Prefiero pensar que nuestro éxito fue un ejercicio de libertad, que impulsó la primera explosión de Internet: La Hora Chanante era residual, la audiencia iba por debajo del sótano. Fue de las primeras veces que Internet lanzó un producto distinto al humor de siempre. Cuando hacíamos Muchachada Nui nos tildaban de localistas, pero luego donde más nos veían era en Asturias. Teníamos más seguidores allí que en Albacete.

Tardé en entender que ponían eso por la tele. Aquel vídeo no sé si fue el primero, pero sí de los primeros. Fue o Gorbachov o David Hasselhoff… El de Gorbachov es una maravilla. Joaquín estaba finísimo y quedó bien a la primera. Lo hizo en plano secuencia.

Aquello empezó siendo muy generacional. ¿Es casi todo el humor generacional? Es que es como si ahora me pusiera a hacer chistes para la gente que sigue a Ibai. Nada envejece peor que el humor.

No te quiero preguntar nada de política porque solo nos faltaba politizar a Raúl Cimas. Pero uno de tus géneros, sobre todo en los cómics, son los flipados. ¿No hay mucho flipado en la política? No me gusta hablar de política. Ojalá se pudiera. Me pasa como con el fútbol: la pasión está a flor de piel, hay tensión, y el que va a hacer un chiste acaba como Homer Simpson, escondiéndose entre los setos. El humor es tomarse las cosas con poca seriedad, una falta de respeto en sí. Como decíamos antes, se ha abusado del “soy cómico y digo lo que me da la gana”, y eso ha hecho daño. No me gusta el humor de opinión; en general no me gusta la opinión. Me interesa lo que digan los expertos, pero no cualquier opinión. Vivimos sobre-opinados: redes, entrevistas… A veces me dicen “mójate” y no me sale de los cojones. Si pensara que alguien queda en buenas manos con mis opiniones políticas, lo haría, pero yo no tengo ninguna certeza. Pero sí, vamos, antes hablábamos de la carta de Errejón: para mí ese es el gran documento, el manuscrito en el que política y flipadura se dan la mano.

De lo flipados que estamos los periodistas también te has reído alguna vez. En La Hora Chanante teníais una sección llamada Tertulianos que en mi opinión es una genialidad. Esa también es de mis preferidas. Cuando hicimos “Tertulianos”, ni por asomo pensábamos que formatos como La Clave, que ya parecían obsoletos, volverían con esa fuerza. Pero han vuelto con energía renovada. Cuando yo era chaval, por la mañana en la televisión había magazines: un poco de política, María Teresa Campos, Pepe Navarro, Hermida… Yo qué sé, un médico hablando del reuma, humoristas, un mago, una mesa del corazón…. Ahora los magazines son tertulia política todo el rato. Puedes estar 24 horas consumiendo tertulia política sin parar. Luego a los contenidos más ligeros se les acusa de adormecer la actitud crítica. No sé yo, cualquier psicólogo te diría que relajarse un rato es necesario. Vuelves del curro y necesitas relajarte, cuidar de tus hijos, tener un rato para ti. Pues con la política, igual. Hay que descansar.

Lo que pasa es que la tertulia política es barata y exitosa. Claro. En el entrenamiento también pasa mucho. Si un programa funciona, el resto lo copia. A veces hay demasiado fútbol, luego llega otra racha en la que todo es true crime, o comedia... Siempre hay demasiado de algo.

Pero en la política, como la tertulia, hay margen para el humor porque hay mucha impostación. Quiero decir, aunque no sea humor político militante... Es que el entertainment es un monstruo. He visto a mucha gente a la que se la come el personaje con la popularidad de la tele. Es fácil que se te peguen hábitos y, además, unos suben, otros bajan, hay mucha competición. Los políticos o periodistas que están muy flipados, yo creo que es porque pasan muchas horas de tele, muchas más que antes. A eso hay que sumar las redes, los likes, la sobreexposición. No es fácil de llevar, ¿eh? Y le pasa igual a un periodista, a un ministro, a un cantante o a un humorista. La gente que no lo vive piensa que no le pasaría, que a ellos no les afectaría. Pero luego te cambia la vida, conoces a otro tipo de gente y todo te lleva a la flipadura.

El Futuro del Humor y la Inteligencia Artificial

Se espera que la IA nos quite el trabajo a todos. ¿Crees que a los humoristas también? ¿Le va a quitar el trabajo a Raúl Cimas? Uno quiere pensar que lo suyo es intocable, pero no lo sé.

Le he pedido a ChatGPT que haga un chiste como si fueses tú. Lo tengo aquí. Solo le he dicho: "hazme un chiste como si fueses Raúl Cimas". A ver, a ver a ver cómo es. ¿Quieres que te lo haga?

No funciona muy bien. Por ahora estás a salvo de perder el curro. Lo encuentro un poco retorcido, sí.

Es una copia mala, ¿no? Es que lo veo enrevesado. Yo soy más concreto. Divago, pero hay una estructura. Y a esto le faltan chistes evidentes entre medias. El chiste no tiene por qué ser lo más gracioso, pero es lo que lleva el ritmo, es el bajo en la orquesta del humor. Aquí además yo habría dicho que esto me lo contó mi cuñado.

Otros Proyectos y Colaboraciones

Ha participado en programas de televisión como Buenafuente, La Hora Chanante y Noche Sin Tregua. En el programa de televisión La Hora Chanante ha interpretado a diversos personajes históricos del mundo del arte como Van Gogh y otros muchos papeles secundarios. Al igual que Reyes y Sevilla, es licenciado en Bellas Artes. Además de trabajar en La Hora Chanante, Buenafuente y en los monólogos del programa Nuevos Cómicos, fue guionista y colaborador de la productora El Terrat en el programa La Gran Evasión de ETB. En 2012 interpreta la obra de teatro La extraña pareja, de Neil Simon. Desde 2010 y hasta 2014 interpretó a Jaime Walter, el director de Museo Coconut, la sitcom de Neox.

Primeros Pasos y Compañeros de Camino

Cimas llegó al examen de la oposición [que le dio la plaza en la Universidad] tras estudiar en la Facultad de Bellas Artes en el Campus de Cuenca. Así fue cómo conocióJoaquín Reyes y Ernesto Sevilla, de quien fue compañero de piso.

De esa relación con Ernesto Sevilla surgieron muchas anécdotas y también un proyecto profesional. Cimas, Sevilla y Reyes formaron El trío de Albacete, su primer proyecto profesional basado en el humor absurdo con tintes castellanomanchegos al que pronto se unió Pablo Chiapella convirtiéndose en El cuarteto de Albacete. En 20202 dieron el salto a Paramount Comedy gracias a Ernesto y lanzaron el exitoso programa La hora chanante que estuvo en antena hasta 2006. Luego llegó Muchachada Nui en La 2 y así numerosos proyectos audiovisuales hasta llegar a la serie Poquita Fe junto a Esperanza Pedreño y la película Mari(dos) con Ernesto Alterio, ambos de 2023.

En el camino se cuelan títulos tan conocidos como Tiempo después, El ministerio del tiempo, Los del Túnel o Museo Coconut, este último junto a sus compañeros chanantes.

La Vida Rural y las Aficiones de Raúl Cimas

Cuando se aleja de las cámaras, Raúl Cimas lleva una vida muy sencilla y muy discreta. No se conoce si tiene alguna relación sentimental, aunque sí qué le gusta hacer en su tiempo libre.

Le gusta la vida de campo y las excursiones al aire libre. También, reconoce, le apasiona conocer la gastronomía de cada zona... "Un poco como José Antonio Labordeta".

Influencia Familiar

Aunque no habla de parejas, sí presume de familia. Raúl Cimas tiene dos hermanos -uno mayor y uno pequeño- que son profesores y muy deportistas. A su madre la define como una apasionada de la cultura, quien le despertó el interés por el teatro.

Si hablamos de comedia en España, es inevitable que el nombre de Joaquín Reyes sea uno de los más repetidos. El manchego, de 49 años, ha conseguido labrarse una carrera de más de 20 años en el sector del humor, con trabajos que ... han ido desde la televisión hasta el cine, pasando por todos los escenarios posibles gracias a su peculiar forma de trabajar. Durante estas dos décadas de proyectos, al cómico no le ha faltado nunca trabajo gracias a su inigualable sentido del humor, que ha conseguido calar en todos los públicos.

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