Ictus Pediátrico y sus Secuelas en Bebés
Con motivo del día mundial del Ictus, en esta ocasión hablamos del ictus pediátrico y sus secuelas. Aunque podamos pensar que el ictus es exclusivo de las personas mayores, lo cierto es que los niños también pueden sufrir este tipo de accidente cerebrovascular, incluso antes de nacer.
El ictus infantil es un accidente cerebrovascular que se produce por la interrupción del flujo sanguíneo en una parte del cerebro. Se considera que es un ictus pediátrico cuando este evento sucede antes de los 18 años.
Las enfermedades cerebrovasculares son todas aquellas patologías del encéfalo secundarias a una afectación vascular. Su manifestación aguda se conoce con el término ‘accidente cerebrovascular’ o ‘ictus’.
Siguiendo a la Organización Mundial de la Salud, un ictus se define como un trastorno de la función cerebral, con signos clínicos de afectación focal o global, de desarrollo rápido, con síntomas que duran 24 horas o más, o que conducen a la muerte, sin otra causa aparente que un origen vascular.
Aunque el ictus pediátrico ocurre en menor frecuencia que en adultos, se observa que la incidencia del ictus infantil en su totalidad (neonatal y posnatal, hemorrágico e isquémico) oscila entre 1,8 y 13 casos por 100.000 niños y año.
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El período pediátrico durante el cual la incidencia de ictus es mayor es el período neonatal. Después de este período, la incidencia mayor se sitúa en el primer año de edad, tanto para el ictus hemorrágico como para el isquémico.
En conjunto, el ictus pediátrico constituye una de las 10 primeras causas de mortalidad en niños.
Tipos de Ictus Pediátrico
Hay dos formas principales por las que se puede producir un ictus en la infancia: ictus isquémico e ictus hemorrágico. El ictus isquémico, a su vez, puede subdividirse en ictus arterial isquémico y trombosis de senos venosos.
Los ictus pediátricos se clasifican en función de la edad. En los ictus infantiles hay que diferenciar dos grandes grupos:
- Ictus arterial neonatal o perinatal: Cuando el ictus se produce entre la semana 20 de gestación y los 28 días de vida posnatal.
- Ictus arterial posnatal: Si el ictus se produce posteriormente a los 28 días de vida.
Pronóstico y Secuelas
Existe la idea de que el pronóstico del ictus en la infancia, fundamentalmente el isquémico, tiene un mejor pronóstico que el del adulto, dada la mayor plasticidad del cerebro infantil. Sin embargo, esta idea ha cambiado porque está demostrado que las secuelas neurológicas en el ictus isquémico pediátrico oscilan entre el 50 y el 60% de los casos y en el hemorrágico entre el 33 y el 50%, y las crisis entre el 5 y 10%.
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Para medir el grado de secuelas en el ictus infantil, existe una escala de Rankin adaptada para niños.
Al igual que sucede con el resto de ictus pediátricos, el ictus neonatal tiene como consecuencia una lista de importantes secuelas neurológicas a largo plazo, como epilepsia, déficit motor o cognitivo, retraso mental o parálisis cerebral.
Aunque las secuelas del ictus pediátrico pueden ser devastadoras, los niños tienen, respecto a los adultos, una mayor capacidad para superarlas.
Síntomas del Ictus en Niños
Debemos saber cuáles son los síntomas del ictus en el niño para poder actuar con rapidez ya que en muchas ocasiones, la falta de conocimiento por parte de la sociedad sobre la posibilidad de que un ictus infantil se produzca, retrasan la intervención y por tanto puede agravar las secuelas finales.
Los síntomas para identificar un ictus en niños más pequeños son espasmos faciales y/o distonías; apneas asociada a episodios catatónicos; falta de movilidad de un hemicuerpo.
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En niños con más edad los síntomas principales serían: dolor de cabeza de aparición repentina y de una intensidad elevada; vómitos y/o nauseas; trastorno brusco de la sensibilidad en cara, brazo o pierna en un lado del cuerpo; debilidad muscular repentina, en un lado del cuerpo; dificultad para hablar o para entender lo que se está diciendo; trastornos de la visión; pérdida del equilibrio.
Afectaciones Comunes
Los signos de afectación motora predominan en los casos de ictus isquémico. La función motora se afecta principalmente cuando padece la circulación anterior, sobre todo la arteria cerebral media. La afectación motora (hemiparesia) no suele impedir la deambulación.
Aunque la recuperación pueda ser aparentemente muy buena, casi la mitad queda con secuelas, fundamentalmente distales en el miembro superior, sobre todo para la realización de movimientos finos.
Algunos niños que sufren ictus posteriormente presentan una epilepsia asociada. La aparición de epilepsia varía entre un 25 y el 50% en los casos de ictus isquémicos.
Los signos de afectación sensitiva son muy difíciles de evaluar en los niños pequeños. La mejor forma de valorar las capacidades táctiles es mediante la discriminación entre dos puntos, capacidad para coger objetos y estereoagnosia para objetos familiares.
La presencia de defectos del campo visual puede estar presente en más del 25% de los niños con ictus, pero la bibliografía es escasa, probablemente por ser difícil valorarlo en detalle, sobre todo en los niños pequeños.
Se sabe que los niños con ictus recuperan mejor el lenguaje que los adultos, sobre todo los niños menores de 5 años. Esto se ha tomado como evidencia de una alta plasticidad del cerebro en desarrollo. Sin embargo, el lenguaje también se afecta en los niños con ictus y los estudios de comportamiento en niños con lesión unilateral cerebral muestran déficits precoces del lenguaje.
En general, se considera que la capacidad cognitiva de los niños que han sufrido un ictus suele estar en el límite bajo de lo normal o ser borderline. Everts et al estudiaron a 21 niños que padecieron un ictus entre el nacimiento y los 18 años de edad. El nivel de inteligencia estaba dentro de los valores normales; sin embargo, la mayoría de los pacientes mostró déficits en las capacidades no verbales, pruebas de secuencia de números, aritmética, nivel de atención y de alerta.
Además estos niños tuvieron más síntomas de trastorno de hiperactividad con déficit de atención y se afectaron algunos aspectos de la calidad de vida tales como autonomía, relación con los padres y aceptación social.
Con mayor frecuencia que en la población normal, los niños que han sufrido un ictus tienen problemas de conducta, trastornos de hiperactividad con déficit de atención y problemas con sus compañeros. La variable que mayor predice la aparición de estos problemas es el nivel intelectual: cuanto más bajo, mayores problemas psiquiátricos y de comportamiento.
Rehabilitación Neurológica Infantil
Para trabajar las secuelas anteriormente descritas se realiza la rehabilitación neurológica infantil está dirigida a menores que presentan riesgos o problemas de desarrollo neurológico y los niños con daño cerebral (adquirido o congénito) o trastornos neurológicos de cualquier tipo que puedan afectar a su capacidad funcional. Su objetivo fundamental es restituir, minimizar y/o compensar las alteraciones funcionales asociadas a la lesión que se ha producido en el sistema nervioso central del niño.
Esta rehabilitación conlleva un proceso de aprendizaje y adaptación a las limitaciones físicas y/o cognitivas que padece. Este tipo de tratamientos es siempre multidisciplinar (médico rehabilitador, fisioterapeuta, terapia ocupacional, logopeda, neuropsicólogo, psicólogo clínico y trabajadora social).
Además la familia debe implicarse directamente dando continuidad en casa a las actividades indicadas por los diferentes especialistas anteriormente mencionados.
La rehabilitación neurológica infantil se basa en el concepto de neuroplasticidad o plasticidad cerebral, es decir, la capacidad del sistema nervioso central para adaptarse y compensar lesiones, alteraciones estructurales o fisiológicas, minimizando sus efectos.
Además, esta habilidad del cerebro para reorganizar su funcionalidad es especialmente importante en el caso de los niños. Lo que hace el cerebro es buscar vías alternativas para activar nuevamente las funciones que se han perdido.
Para trabajar las secuelas del ictus pediátrico y conseguir restituir, reducir y/o compensar las alteraciones funcionales asociadas a la lesión que se ha producido, es necesario realizar un tratamiento neurorrehabilitador.
Sabemos que un diagnóstico de ictus pediátrico es abrumador, pero es importante recordar que los niños y niñas son increíblemente resistentes y adaptativos, capaces de superar obstáculos y retos que para los adultos pueden parecer imposibles. Cada pequeño avance, cada logro y cada sonrisa del pequeño son razones para seguir adelante y no rendirse.
Investigación y Mapeo Cerebral
Un equipo investigador, liderado por los Dres. Alfredo Garcia-Alix y Christian Stephan-Otto del Institut de Recerca Sant Joan de Déu, ha mapeado el cerebro de 53 niños con ictus isquémico neonatal con el objetivo de encontrar correlaciones entre la zona afectada y secuelas identificadas en edad pediátrica.
El estudio se ha publicado en la revista científica "Archives of disease in childhood.
El ictus isquémico neonatal (NAIS) afecta a 1 de cada 3.000-5.000 recién nacidos durante los primeros 28 días de vida, y es una de las causas más importantes de secuelas neurológicas en los niños. Entre las afectaciones más frecuentes encontramos la hemiplejia (parálisis de la mitad del cuerpo), las alteraciones en el lenguaje, la cognición, el comportamiento o la epilepsia.
"Para los equipos clínicos, poder conocer qué posibles secuelas presentará un niño o niña que ha tenido un NAIS en los primeros días de vida nos puede ayudar a iniciar la terapia lo antes posible", comenta el Dr.
Los resultados muestran correlaciones entre las zonas afectadas por el ictus y los problemas que presentaban los niños y las niñas. Por ejemplo se asociaron lesiones en el giro supramarginal izquierdo con problemas en el procesamiento del lenguaje, mientras que lesiones en la sustancia blanca, particularmente en la cápsula externa y la corona radiata, tenían una correlación con problemas motores.
"Identificar con precisión la relación entre las regiones cerebrales afectadas por un ictus neonatal y sus consecuencias clínicas a futuro puede ayudar a los equipos clínicos a diseñar terapias rehabilitadoras más personalizadas, que mejoren sustancialmente la calidad de vida de los pacientes y sus familias". Concluye el Dr.
Estudio de Caso Clínico
Se presenta un caso de ACV perinatal asociado a déficit de proteína C.
El ACV isquémico perinatal se produce alrededor del momento del nacimiento, con evidencia radiológica o patológica de infarto focal arterial. Es principalmente una alteración en los neonatos a término o casi a término.
Antiguamente, se diagnosticaba en las autopsias, mientras que en la actualidad su diagnóstico se basa en criterios neurorradiológicos. En su presentación, en el período neonatal destaca la presencia de convulsiones, normalmente sin otros signos de encefalopatía (alteraciones del tono, de la alimentación o disminución del nivel de conciencia), como ocurrió en el caso presentado.
Otros signos, si aparecen, son inespecíficos: hipotonía, letargia o apnea. En otros casos se diagnostica más adelante, por asimetría en la función motora fina, dificultad para alcanzar hitos del desarrollo o convulsiones posneonatales.
Factores de Riesgo
Una vez establecido el diagnóstico, las demás pruebas deben centrarse en encontrar los posibles factores de riesgo asociados. Varios autores han sugerido que existen una serie de factores de riesgo adquiridos o innatos; maternos, placentarios y fetales, que se asocian a esta patología.
Aún así, no se encuentra la causa en el 50% de los casos.
Conclusión
Al igual que en los adultos, en el ictus pediátrico ¡Tiempo es Cerebro!. Eso quiere decir que cuanto antes se diagnostique e intervenga, mejor será el pronóstico del peque. Es cierto que cuando un niño sufre un ictus, la vida familiar da un vuelco de 360 grados.
¡Pero ser un superviviente de ictus pediátrico es algo para celebrar!
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