Serpientes Amamantando Crías: Mito o Realidad

27.10.2025

"Me aparté del sendero, donde estaba la víbora, escribiendo en el polvo arabescos enigmas, como negra embrujada por los rayos del sol. Sentí sobre mi carne peso de escalofrío y un vago pensamiento de los hombres y Dios." (Víbora, F. García Lorca).

Las serpientes, a causa de sus movimientos de reptación, su habilidad para desaparecer repentinamente, el brillo, la fuerza fascinante de sus ojos, y especialmente a consecuencia de su fatal mordedura, han sido la fuente de numerosas leyendas en las que el temor ancestral llevaba a deidificarlas para aplacar su furia, o a ser consideradas como el origen de todos los males, la encarnación del demonio.

Pero más allá del miedo sobre la serpiente existe una gran admiración, pues el hombre primitivo la consideraba como un ser poderoso, e incluso hoy, se la venera. Su verdadera naturaleza se ve deformada y disfrazada por la superstición. La presencia simbólica de la serpiente aparece en culturas primitivas actuales, en el Egipto antiguo, en la mitología griega y romana, en la Biblia, en la América Precolombina y en el folklore actual.

Las numerosas alusiones al símbolo de la serpiente en todas las culturas, hace pensar que este reptil constituye uno de los arquetipos fundamentales que la humanidad haya inscrito en su memoria.

¿Denigradas o Idolatradas?

Pocos animales han alcanzado en las tradiciones míticas y religiosas un significado tan diverso y ambivalente como la serpiente. En la Biblia hay nueve vocablos distintos para designar a la serpiente; el más generalizado es el hebreo npahoas. No se sabe qué clase de serpiente indica cada uno de esos nombres. Hay numerosas especies de serpientes en Palestina y en la región del Sinaí, entre las cuales hay varias que son venenosas y cuya picadura es mortal.

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La mayoría se encuentran entre las piedras (Am 5,19) y rocas (Pr 30,19) o en la cálida arena del desierto; pero algunas escogen terrenos húmedos, por esta razón entre los semitas la serpiente está con frecuencia relacionada con alguna fuente (Neh 2,13). Según la opinión popular, la serpiente comía polvo (Gen 3,14, Miq 7,17 e Is 65,25). Es temida (Sab 17,9) por su astucia (Gén 3,1) y por su veneno (Sal 140,4) y como símbolo de falsedad (Gen 48,17), maledicencia y difamación (Sal 140,4) astuta malignidad (Mt 3,7; 23,33), peligro mortal (Eclo 21,2; Prov 23,32) pero también caracterizada por su sagacidad.

Al decir que la serpiente es el más astuto de todos los animales del campo que Yahvéh Dios había creado, el hagiógrafo da a entender que en la elección de este animal, cuya astucia era proverbial (Mt 10,16) han sido causas determinantes sus costumbres y su aspecto externo (Prov 30,19).

La serpiente era considerada en el folklore popular como animal maligno, astuto y traidor por excelencia. En muchos pueblos antiguos, como describiremos a continuación, era objeto de culto como diosa de la fecundidad. El autor bíblico elige a la serpiente como figura de un ser inteligente y malhechor, enemiga de Dios y del hombre y que la revelación posterior y la tradición cristiana han identificado con el demonio. Esta herencia simbólica negativa queda plasmada en el relato donde la serpiente tienta y engaña a Eva (Gén. 3, 1-5) y Dios se presenta como juez que inquiere lo sucedido (Fig. 1).

Al hombre y a la mujer los castiga imponiéndoles penas correlativas a su misión y naturaleza. En la pena impuesta a la serpiente hay que distinguir la expresión externa tomada de las características de la serpiente y de la espontánea aversión que hacia ella se siente y el contenido metafórico que va directamente contra el demonio tentador (Gén. 3, 14).

La sentencia divina contra las serpientes: “Te arrastrarás sobre tu vientre y comerás del polvo de la tierra todos los días de tu vida” será motivo de inspiración de una de las más insólitas fábulas cristianas donde se narra que cuando la Virgen huía hacia Belén intentando salvar la vida del hijo que llevaba en su vientre, Jesús, y siendo acompañada por José, iba ella montada en mula cuando en el camino una serpiente se atravesó a los pies del cuadrúpedo provocándole un susto tal, que comenzó a brincar y a punto estuvo de caer María de ella.

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Por aquel entonces las mulas podían tener descendencia y las serpientes poseían patas como el resto de los reptiles que conocemos. La Virgen, una vez repuesta del susto, señaló a la mula y le dijo que por no tener cuidado ni saber lo importante que lleva una madre en el vientre tendría como castigo no saberlo jamás quedando estéril para siempre. Luego, se volvió a la serpiente que continuaba junto a la mula y le dijo que por haber jugado entre las patas de la mula perdería las suyas y por no valorar la maternidad arrastraría su vientre por siempre como castigo, comiendo polvo del camino a cada paso como ella al caer de la mula desbocada.

Serpientes y Fertilidad

Los indios chiriguanos, que todavía pueblan una extensa zona de Bolivia, mantienen la creencia de que cuando una niña por primera vez experimenta el ciclo menstrual, no duda en manifestarlo a una vieja hechicera con la seguridad de que ésta, con una numerosa compañía armadas de garrotes, no vacilarán en internarse en los campos para dar golpes a diestra y siniestra hasta hacer pedazos a las serpientes causantes del mal. En muchas zonas del Brasil se participa de idéntica tradición y, en la época de la pubertad de las mujeres, se les prohíbe internarse en los bosques, temerosos de que las serpientes abusen de ellas.

Cuando alcanzan la pubertad las jóvenes de algunas tribus del África del Sur celebran una ceremonia en la cual las niñas danzan hasta caer rendidas en torno a una gran serpiente de madera o de barro cocido. Pero si la menstruación se retrasa, estas jóvenes no vacilan en frotar sus genitales contra la cola del ídolo produciéndose hemorragias que atribuyen a la menstruación que ha retornado.

Para algunas mujeres de Madagascar, la sangre menstrual es un precioso y delicado manjar de serpientes, y para precaverse de posibles y dolorosas mordeduras en tales épocas, acostumbran a usar elementos mágicos.

En las zonas rurales alemanas se mantiene la creencia de que enterrando los cabellos de una mujer menstruante, nacen serpientes, y en distinta forma esta superstición está enraizada en los campos de América donde se afirma que las trenzas de una mujer untadas con grasa de ampalagua, para que se conserven fuertes y brillantes, se convierten en serpientes apenas traspasan los umbrales de una iglesia.

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En el sur de Birmania, cuando una mujer se peina durante el período debe quemar los cabellos que se le caen para evitar que éstos se transformen en serpientes venenosas. A gran distancia geográfica y cultural se mantiene similar creencia en el noroeste argentino y en Chile lo que prueba la relación con mitos religiosos de la creación del mundo.

A lo largo y ancho de Mesoamérica, la serpiente posee un sentido fertilizante y anuncia a las lluvias bienhechoras que producirán abundantes cosechas. En los muros de Bonampak (México) se ven pintadas algunas danzas de tipo ceremonial. Se ejecutaban para influir favorablemente en los resultados de la caza y para obtener buenas cosechas, y tenían un carácter religioso ya que los que participaban observaban periodos de continencia y de ayuno.

Igualmente sobre los muros de los juegos de pelota, en Chichen-Itza, un bajorrelieve muestra la decapitación de un jugador; los chorros de sangre que brotan se transforman en otras tantas serpientes que vienen a fertilizar la Tierra. Era un juego religioso y es el capitán del equipo victorioso quien era decapitado, pues se consideraba un gran honor ser inmolado al dios sol contribuyendo a renovar la fertilidad de la Tierra.

Los tchokwé de Angola aseguran la fecundidad de sus mujeres colocando una serpiente de madera en la cama matrimonial. Los tupí - guaraníes del Brasil consideran que nada puede asegurar mejor la fecundidad de una mujer que los golpes en las nalgas utilizando una piel de serpiente. En el norte de Sudáfrica, la tribu Benda, todavía practica un antiguo rito de fertilidad basado en la veneración de las serpientes y simboliza a una pitón desenroscándose.

Los Ashanti de Ghana creen que cada persona tiene un alma (ntoro). Cuentan que la primera pareja no podía tener hijos y que la pitón roció con agua los vientres del hombre y de la mujer, hizo un hechizo y les recomendó que regresasen a casa y yacieran juntos. A su debido tiempo nacieron los hijos y por esta razón los descendientes de sexo masculino mostraron su gratitud enterrando a toda pitón muerta que encontraban.

Actualmente, en la ciudad india de Silaba, todos los veranos se celebra una festividad para conmemorar su especial relación con las serpientes. Los días anteriores a la fiesta se da una cacería de serpientes en los campos y alrededores de la ciudad y con un desfile de serpientes comienza el festejo. Todo el gentío acude a admirar a las cobras y a presentar sus respetos, de esta forma los habitantes de la ciudad renuevan el pacto con el dios Shiva.

Después de la fiesta se deja a la cobra donde fue encontrada y se las libera con gran gratitud y así las cobras no le harán daño en el resto del año. Las serpientes son consideradas como símbolo de la fertilidad en toda la India y las mujeres hindúes que desean ser fértiles adoptan a una cobra hembra.

En las tradiciones orales de los vascos se cuenta que una deidad masculina de serpiente, el Sugaar, protege los rebaños, aumenta la fertilidad de los animales domésticos, tiene poderes curativos y ahuyenta tanto a la muerte como a la enfermedad.

En A Pedra da Serpe de Penalba (Pontevedra), se efectuaba un rito de fecundidad, que consistía en que los casados sin hijos, debían ir de noche a la piedra del petroglifo y realizar allí el acto sexual. Para que la ceremonia tuviese éxito, debían llevar un cuartillo de leche sin hervir de vaca, que estuviese criando a un becerro, mientras la pareja yacía allí, la serpiente bebería la leche. En este mito la leche sirve para desencantar a la serpiente, conjurarla para recibir su favor y conseguir que la pareja estéril pueda procrear hijos.

Referencias bíblicas y de los autores de la Antigüedad clásica, contribuyeron a la imagen medieval de la serpiente como un ser asociado al mal y a los vicios. Los naturalistas antiguos aceptaron la idea de que las serpientes son malvadas, por su aspecto repulsivo se le asocia generalmente como genio de mal, con las tinieblas, con la tierra. Solamente Aristóteles advirtió que la serpiente era una criatura temible y formidable y, a la vez, maligna y repulsiva.

Sin embargo, para Plutarco algunas serpientes mostraban a veces una extraña ternura por los humanos y habla de reptiles enamorados de jóvenes vírgenes que les mostraban maneras y actitudes lúbricas, viciosas, impúdicas y carnales. Cita la leyenda de la virgen Aetolia, amada por una serpiente, que venía a buscarla cada noche, reptando suavemente sobre su cuerpo y que acariciaba su seno sin hacerle el menor daño.

El gran naturalista, Linneo, las describió de la siguiente forma: “cuerpo frío, color pálido, esqueleto cartilaginoso, piel sucia, aspecto feo, ojo calculador, olor ofensivo, voz ronca y veneno temible”. Francis Buckland escribió en 1858: “Las serpientes son las criaturas menos tiernas y bárbaras”.

Esta visión negativa y temerosa hacia las serpientes es evidente desde los escritos de los primeros exploradores y colonos australianos, ya que el papel de las serpientes en la literatura australiana ha sido generalmente la de un intruso malévolo. Tal vez porque Australia no tiene ningún mamífero carnívoro grande que amenace la vida humana, ésta es la razón por la que los animales más temidos y odiados sean las serpientes.

Esto contrasta con los relatos y leyendas en las que se habla de la actuación benefactora de las serpientes, que protegen a aquellos que son atacados defendiéndolos y muestran sus sentimientos de afecto y fidelidad. Pausanias hace mención a la intervención milagrosa de una serpiente en la guerra entre los arcadios y helenos.

El poeta Homero, refiriéndose a la serpiente, dice que es un ser que puede transmitir a los mortales la voluntad de los dioses. En Epiro, habitaban serpientes domesticadas en un bosquecillo de Apolo y, cuando la sacerdotisa les daba de comer y su apetito era bueno, podía predecirse una buena cosecha. Según Propercio (Eleg. IV. 8, 555), una vez al año, cuando se oía a la serpiente silbar para comer, se hacía a las muchachas descender por el camino sagrado hacia una obscura cueva.

Ellas no podían ver nada, pero sentían la cabeza de la serpiente cuando arrebataba la comida de la cesta. Si la serpiente aceptaba la comida, era señal de que las muchachas eran castas y los agricultores gritaban: “El año será provechoso”.

Para la mentalidad popular de los pueblos antiguos, la serpiente era un animal considerado inmortal, ya que aparecía en primavera renovado, tras el largo letargo invernal, y por tanto era considerado como símbolo de inmortalidad. Y los escritores romanos como Ovidio, Plinio y Eliano recogen la curiosa creencia de que la médula espinal del hombre sobrevive en la tumba en forma de serpiente.

En un país como Egipto, donde los animales han sido objeto de culto, sorprende a menudo la figura de una serpiente, presente en diversas manifestaciones de la vida diaria y religiosa desde época prehistórica. La serpiente es ante todo la cobra que figura como símbolo del poder real. Se trata de la diosa egipcia más representada, porque acompaña a la monarquía y forma parte del tocado de los faraones.

Pero la cobra no solamente significaba el poder del faraón, sino que su fuerza destructora que libraba al rey de sus enemigos servía a los hombres que usaban su imagen para preservarse, mágicamente, de las picaduras de las serpientes y otros animales venenosos. El Libro de los Muertos se refiere a este animal como guardián de las necrópolis, tal vez porque para los naturales del país eran consideradas inofensivas y protectoras, no sólo de los muertos, sino también de los vivos y de sus bienes al destruir los roedores que comen sus cosechas.

En la India prevédica las serpientes eran los dioses y guardianes de las aldeas. El culto de las serpientes está tan difundido en este país que cada año, en diferentes regiones, poblaciones enteras adoran al dios Serpiente, como en el caso de los mirasans del Punjab. Se entregan a su culto durante una decena de días, durante los cuales se pasea una inmensa serpiente de pasta, pintada de todos los colores, con la cual se penetra en las casas pronunciando sortilegios y dando bendiciones que aseguran la prosperidad. Cuando han visitado todas las casas, entierran la serpiente de pasta y erigen una sepultura.

Las culturas precolombinas de Centroamérica, maya y azteca, estaban muy unidas a las serpientes. En los grandes templos, los mayas veneraban a Cuculkan, un dios serpiente emplumado, que era representado en la tierra por una serpiente cascabel tropical.

Mito de las culebras que maman

De cómo aún, en Asturies, se cree que las culebras maman de las vacas y las mujeres. Todavía hoy, sorprendentemente, es creencia general y común en Asturias que las culebras maman tanto de las vacas, como de las mujeres. Aún recuerdo cómo mi abuelo me daba la solución para sacar una del estómago si te quedabas dormido tras haber bebido bantante leche, siguiendo ella tu aliento. La culebra tiene un mamar muy dulce. E hipnotiza. Hipnotiza a la madre que da de mamar.

Luego ella mama y mete su cola en la boca del niño, que sigue dormido succionando, mientras ella se lleva la ganancia. La solución, dormir en el hórreo. Por la mañana será fácil darle muerte al sorprenderla enroscada y adormecida en el "pegollu", el pie del hórreo. La culebra se enrosca a las patas traseras de las vacas para mamar.

Una leyenda narrada por una anciana, me decía cómo en tiempos se había matado un cuélebre (serpiente alada de la mitología asturiana) poniendo a hervir una gran olla de leche frente a su morada. Mi abuela me contó de un mozo de un pueblo cercano que crió en un cubo con leche una culebra, luego se fue a servir, y al volver la llamó. Tanta fue su alegría al verlo que se le enroscó en el cuello y lo ahogó. También ella me contó la primera vez que oyó un despertador.

No sabía ni lo que era ni que lo habían comprado. Estaba al cuidado de un niño de unos marqueses que había sido entregado a un ama de cría de la aldea. Cuando oyó el despertador revolucinó a todo el mundo para que buscara la culebra que se había metido en casa para entrar en el crío. No había culebra, era un despertador. Historias como estas empapan la vida de miles de asturianos a diario. ¿Es común en otras zonas?

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