¿Soy fértil? Información clave sobre la fertilidad y el embarazo
La fertilidad es la capacidad para reproducirse o procrear. En los humanos, la fertilidad masculina y la femenina difieren en algunos puntos.
Factores que influyen en la fertilidad
En los humanos hay muchos factores que determinan la capacidad de procrear, tanto en el hombre como en la mujer. Entre los factores más destacados que influyen en la fertilidad encontramos:
- Edad reproductiva.
- Capacidad para mantener relaciones sexuales.
- Salud de ambos progenitores.
- Calidad del semen.
- Calidad de los óvulos.
- Capacidad de la mujer para gestar.
Las alteraciones en cualquiera de estos puntos pueden llevar a problemas de infertilidad en la pareja y a dificultades para conseguir una gestación evolutiva.
Fertilidad masculina
En el caso del varón, la fertilidad masculina depende directamente de una producción de espermatozoides o espermatogénesis correcta, de la calidad espermática y de la capacidad de que los espermatozoides salgan al exterior.
El hombre nace con los órganos masculinos inmaduros y, con la llegada de la pubertad, se producen unos cambios hormonales que permiten que empiecen a generarse espermatozoides.
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En el interior de los testículos, en unas estructuras llamadas túbulos seminíferos, se producirán espermatozoides de manera permanente. Posteriormente, los espermatozoides son transportados por los conductos deferentes y expulsados por la uretra mediante la eyaculación.
Cualquier alteración que influya en alguno de estos pasos afectará, en menor o mayor medida, a la fertilidad masculina.
Existen estudios donde se ha visto que puede haber un descenso en la fertilidad masculina con la edad, ya que algunos parámetros como la concentración o la movilidad de los espermatozoides empeoran. No obstante, estos cambios en la fertilidad masculina no son tan acusados como en el caso de la mujer y se puede ser padre biológico incluso después de los 50 años.
Fertilidad femenina
Principalmente, la fertilidad de una mujer depende de la calidad de sus óvulos, así como de su capacidad de ovular y llevar a término una gestación correctamente.
La mujer nace con todos los ovocitos que tendrá a lo largo de su vida. Esto significa que la cantidad de óvulos de una mujer es limitada y viene determinada desde el nacimiento.
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A continuación, te explicamos las etapas principales de la fertilidad femenina:
- Pubertad: con la llegada de la pubertad empiezan los ciclos menstruales y, por tanto, la menstruación.
- Periodo fértil: durante los ciclos menstruales, en el interior de los ovarios se produce el desarrollo de una serie de folículos (las estructuras que contienen los ovocitos) y la maduración total y posterior liberación de un óvulo maduro.
- Tras su llegada, que suele tener lugar alrededor de los 50 años, se da por finalizada la etapa reproductiva femenina. No obstante, la fertilidad de la mujer se ve disminuida mucho antes.
La etapa más fértil de la mujer es cerca de los 20 años de edad. A partir de los 30 años, su capacidad reproductiva va disminuyendo y ocurre un descenso más pronunciado desde los 35 años.
En el momento en que la mujer cumple los 40 años, la fertilidad empeora drásticamente, lo que hace que las probabilidades de conseguir un embarazo de manera natural sean muy bajas.
No obstante, hay que tener en cuenta que cada mujer tiene un ritmo de desarrollo diferente y estas edades pueden cambiar significativamente.
Además, existen otros factores externos relacionados con el estilo de vida que pueden influir en la fertilidad de la mujer.
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Ciclo fértil de la mujer
A pesar de que la mujer es fértil durante todo el ciclo menstrual, las probabilidades de conseguir el embarazo varían a lo largo de este.
Es durante la ovulación (momento en que el óvulo es expulsado de los ovarios hacia las trompas de Falopio) y los días cercanos a ella cuando aumenta la probabilidad de conseguir la gestación. Su explicación es que durante este periodo es más fácil que se encuentren el óvulo y el espermatozoide y, por tanto, se dé la fecundación.
En un ciclo regular, la ovulación ocurre aproximadamente en el día 14 del ciclo o, lo que es lo mismo, 14 días después del inicio de la última menstruación.
Por tanto, la ventana más fértil de la mujer se sitúa alrededor de ese día. Teniendo en cuenta la fecha en la que se espera ovular y aumentando la frecuencia de las relaciones sexuales durante esa semana, las probabilidades de conseguir el embarazo aumentarán durante este periodo.
Los calendarios y/o las calculadoras de ovulación y fertilidad pueden ser útiles en la búsqueda de la gestación.
A pesar de esto, el día exacto de ovulación puede cambiar de una mujer a otra. También puede haber variaciones en una misma mujer entre un periodo y otro, especialmente si se tienen ciclos menstruales irregulares o existe algún problema de ovulación. Por esta razón, esta información no siempre es aplicable y, en ocasiones, hay que recurrir a otros métodos, como los test de ovulación o los tratamientos de inducción de la ovulación.
Estudio de la fertilidad
Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), se considera que una pareja tiene problemas de fertilidad cuando es incapaz de lograr un embarazo evolutivo después de 12 meses de relaciones sexuales no protegidas. En ese momento, ya estaría indicado realizar estudios clínicos para determinar cuál puede ser el motivo de la infertilidad.
En el caso de las parejas en las que la mujer es mayor de 35 años, se recomienda que los estudios de fertilidad se inicien si no hay gestación tras 6 meses de relaciones sexuales sin protección.
Es necesario que estos estudios se realicen en una clínica de reproducción asistida para realizar un diagnóstico correcto mediante un estudio personalizado de fertilidad de cada miembro de la pareja.
Primero, se debe realizar una amplia entrevista (anamnesis) con la finalidad de que el médico pueda determinar qué pruebas serán necesarias para identificar la causa de los problemas de fertilidad.
En el estudio de fertilidad masculina, la prueba más informativa suele ser el seminograma. Este consiste en evaluar una muestra de semen tanto microscópica como macroscópicamente.
En el caso de la mujer, tanto el análisis hormonal como el recuento de folículos antrales mediante ecografía transvaginal son las pruebas más comunes del estudio de fertilidad femenina.
Otra prueba que se suele pedir es el cariotipo para descartar las anomalías cromosómicas como causa de la esterilidad.
En función de los resultados obtenidos, se solicitarán pruebas adicionales o se indicará el mejor tratamiento para conseguir que la pareja pueda cumplir su sueño de ser padres.
¿Cómo puedo saber si soy fértil?
La fertilidad depende de múltiples factores, pero existen pruebas básicas con las que podremos saber si existe algún problema que dificulte el conseguir un embarazo de forma natural.
En el caso de las mujeres tendremos que valorar principalmente el estado de la reserva ovárica con una ecografía en la que hagamos un recuento de folículos antrales y una analítica para medir el valor de la Hormona Antimulleriana (AMH). Además, en la misma ecografía habrá que valorar el estado general del útero y de los ovarios para descartar cualquier patología que pueda dificultar un embarazo, tales como miomas, pólipos o malformaciones uterinas y en los ovarios ver que no haya quistes. Además, es muy importante siempre tener en cuenta la edad, ya que, aunque todos los hallazgos sean normales, por el simple hecho de ser mayor de 35-40 años, ésta puede ser la causa directa de una disfunción reproductiva.
En el caso de los hombres, hay que valorar el semen realizando un seminograma, donde se analizan la cantidad, la movilidad y la morfología de los espermatozoides presentes en una muestra. Si existe alguna alteración a este nivel, las probabilidades de embarazo de forma natural podrían estar disminuidas.
¿Puedo aumentar mi fertilidad?
La vida saludable puede mejorar la capacidad reproductiva. Por ejemplo, algunos estudios han intentado relacionar la función de los antioxidantes en la formación de nuevas células sexuales (gametogénesis).
No obstante, en los casos en los que la fertilidad esté gravemente comprometida, será difícil mejorar la fertilidad y la mejor opción será recurrir a tratamientos de reproducción asistida.
Mitos sobre quedarse embarazada
Aunque existen muchas fuentes de información sobre cómo tratar de tener un hijo, no siempre sabemos con seguridad cuáles son ciertas y cuáles no. Es un mito bastante extendido que no es posible quedarse embarazada la primera vez que se mantienen relaciones sexuales sin protección. Sencillamente, no es cierto. Siempre existen probabilidades de quedarse embarazada si se mantienen relaciones sexuales sin protección, incluso la primera vez. Si mantienes relaciones sexuales sin protección y no deseas quedarte embarazada, deberás elegir un método anticonceptivo que se ajuste a tus necesidades.
Para quedarte embarazada, debes mantener relaciones sexuales en los días anteriores a la ovulación o próximos a esta. El día antes de la ovulación y el mismo día de la ovulación son los más fértiles. Cuando el óvulo ya no está (normalmente un día después de la ovulación), no podrás quedarte embarazada hasta después de que empiece tu próximo ciclo menstrual.
La edad y la fertilidad
Toda mujer nace con unos 400.000 óvulos, de los que a los 35 años van a quedarle unos 25.000 por término medio. Cada día se van perdiendo unos 1.500 óvulos debido al proceso natural de envejecimiento del ovario y, a partir de dicha edad, la pérdida es mucho más acusada.
En España la edad media que una mujer puede quedar embarazada ha ido incrementando progresivamente a través de los años, pasando de una edad media de parto del primer hijo en 1980 de 25,06 años a 31,57 años en 2022 (datos obtenidos del Instituto nacional de estadística: INE), este retraso en la maternidad viene determinado por distintos factores sociales y económicos, actualmente ser madre ya no es una imposición social; pero para serlo, se busca tener estabilidad económica, haber conseguido un adecuado desarrollo profesional, tener una pareja estable, etc; así, cuando la mujer se plantea formar una familia, se encuentra con un obstáculo muy importante, la disminución en la fertilidad que está asociado al aumento en la edad, esto último trae como consecuencia un declive en la reserva ovárica y calidad ovocitaria que se traduce finalmente en mayor dificultad para conseguir un embarazo.
Las mujeres inician su edad fértil con la primera regla, el periodo de máxima fertilidad se ha descrito alrededor de los 20 años y a partir de los 30, la fertilidad podría verse afectada, siendo desde los 35 años cuando existe una merma importante en la fertilidad además de un incremento en la tasa de abortos.
Pasados los 40 años la fertilidad sufre un detrimento muy importante en la mujer, debido a la disminución más acusada en la reserva ovárica y al aumento de las alteraciones genéticas que podrían conllevar a tener más probabilidad de abortos y alteraciones genéticas en el bebé (síndrome de Down, Turner, Klinefelter, etc). Pasados los 43 años las posibilidades de conseguir un embrazo se reducen a menos del 3% y con 45 años, con óvulos propios, las posibilidades son de casi el 1%.
Señales de fertilidad femenina
Las señales de fertilidad femenina son indicadores que nos pueden ayudar a determinar el momento en que se produce la ovulación. Identificar cuándo ovula una mujer adquiere importancia cuando se está buscando una gestación, ya que los días próximos a ella hay más probabilidades de que óvulo y espermatozoide se encuentren y se produzca la fecundación. Estos días son, por tanto, los días más fértiles de la mujer.
En un ciclo menstrual regular, la ovulación se produce 14 días después del inicio de la última menstruación. Basándose en esto, existen calendarios que permiten calcular los días más fértiles para intentar conseguir un embarazo. No obstante, los ciclos menstruales no son siempre regulares, por lo que el momento de la ovulación puede cambiar de un ciclo a otro incluso en una misma mujer. Es por ello que aprender a reconocer estas otras señales de fertilidad femenina puede ser muy útil.
Sin embargo, es muy recomendable no obsesionarse con planificar las relaciones sexuales solo en estos días más fértiles. Esa planificación y control podría causar un estrés que, al contrario de lo que se desea, podría ser contraproducente en la búsqueda de la gestación.
Moco cervical
El moco cervical es uno de los indicadores que nos permite conocer el momento del ciclo menstrual en el que se encuentra una mujer. Se trata de una secreción del cuello uterino o cérvix que durante el periodo pre y post ovulatorio es escasa, opaca y viscosa.
Sin embargo, cuando la ovulación se aproxima (y por acción de los estrógenos) el moco cervical se vuelve más abundante, transparente, elástico, filante.
El moco cervical cerca de la ovulación se puede estirar entre los dedos unos 10 cm aproximadamente.
Por ello, es habitual decir que el moco cervical tiene aspecto de clara de huevo cruda cuando se acerca el perido ovulatorio. Además, la mujer puede notar sensación de humedad.
Gracias a las características que adquiere el moco cervical en el momento de la ovulación, el ascenso de los espermatozoides hacia el útero es más fácil. En cambio, las propiedades del moco cervical durante el resto del ciclo menstrual suponen una barrera y dificultan el movimiento de los espermatozoides.
Por tanto, saber reconocer el aspecto que presenta el moco cervical en el periodo ovulatorio permitirá a la mujer estimar sus días más fértiles.
Posición del cérvix
La posición en la que se encuentra el cuello uterino también puede ser un indicador de la fertilidad femenina. En la primera mitad del ciclo menstrual, antes de la ovulación, el cérvix se encuentra firme, cerrado, seco y relativamente bajo. Cerca de la ovulación, el cérvix se ablanda, se abre y se eleva facilitando el camino de los espermatozoides. A los pocos días, el cuello uterino se vuelve otra vez firme y cerrado.
Estos cambios del cérvix se pueden autoevaluar por palpación, tras un cuidadoso lavado de manos, para determinar los días cercanos a la ovulación.
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