Sigo Siendo un Niño: Un Análisis Profundo
A veces me pregunto en qué momento exacto dejé de ser aquel niño que fui. Me refiero a ese instante invisible en el que dejamos de mirar el mundo con los ojos de la ilusión, en el que dejamos de correr sin motivo, de reírnos con verdad, a carcajadas sin filtro, de soñar despiertos sin miedo al qué dirán. ¿Eres capaz de recordarlo? Y entre todo eso… aparece ese niño… ese niño que aún te habita. ¿Y si fuera para recordar quién eras antes de olvidarte?
Tú, que ahora me estás leyendo desde cualquier parte del mundo, tal vez estés atravesando un momento de duda, de búsqueda, de cansancio. Pero vamos a reflexionar por un momento: ¿y si no se trata de hacer más? ¿Y si se trata, simplemente, de volver a ser? No necesitas validarte en cifras, ni en comentarios, ni en aplausos. Lo que necesitas es permitirte volver a vivir con la intensidad de antes. ¿Y sabes algo? Tengo una gran noticia, y esa maravillosa noticia es que nunca es tarde, porque la luz que un día tuviste, esa con la que mirabas el mundo, sigue estando ahí y sigue perteneciendo a ti, es tan solo de tu propiedad.
El Niño de Espíritu Libre
Muchas veces la gente achaca los problemas de comportamiento de los niños a sus padres, considerando que no han sabido educar correctamente. Cuántas veces te has sentido juzgada/o, ¿verdad?. Ahora, después de mucho aprender y de 10 años como padre de 2 niñas gemelas, veo las cosas de forma muy distinta.
Los psicólogos estiman que un 15% de los niños encajan en este perfil de niños que llamamos de espíritu libre, o “strong-willed kids” el término psicológico en inglés, que podríamos traducir como “niños de voluntad firme”. Te cuento esto porque no quiero que te sientas sola/o y quiero que sepas que si tu hijo/a responde a este perfil no es un bicho raro. Quiero también que te quites el sentimiento de culpa de creer que has hecho las cosas mal. Tu hijo/a actúa así en gran medida porque se lo “dictan” sus genes. Verlo así te hará sentir que tu hijo no es tu enemigo que solamente te quiere fastidiar, sino que es un maravilloso niño con mucho potencial como persona que ahora necesita tu comprensión, apoyo, amor….
Características de un Niño de Espíritu Libre
- Defienden sus ideas a muerte: Esta es una característica fundamental de los niños de espíritu libre. Defienden sus ideas a muerte y pueden pasar “horas” de negociación sin que seas capaz de convencerles. Les gusta el debate, y a veces el debate por el debate…Quieren participar en la toma de decisiones y que se les tenga en cuenta. Esto hace que les cueste mucho aceptar la autoridad, y las cosas porque sí. Necesitan muchas explicaciones del porqué de tus peticiones. No obedecen nunca incondicionalmente sin negociar antes los términos.
- Intensidad y Emociones Extremas: Son niños/as siempre extremos en sus reacciones. No lloriquean; cuando lloran es una auténtica explosión. Suelen ser dramáticos y siempre excesivos. Cambian de estado de ánimo a la velocidad de la luz. Suelen tener un nivel de autocontrol más bajo de lo que se podría esperar para su edad, por lo que es fácil que sobrerreaccionen ante situaciones o “problemillas” que a nosotros nos parezcan menores, y que esa reacción nos escandalice.
- Alta Sensibilidad: Unido a esta intensidad, tienen mucha capacidad para que les afecte el estado de ánimo de las personas que tienen alrededor. Si tú estás nervioso/a, cuenta con que te imitarán. Son muy perceptivos y sensibles a las formas y lenguaje (incluso corporal) que usas para comunicarte con ellos. Un determinado tono aunque sea sutil o una cierta manera de formular una pregunta, puede marcar la diferencia entre resistencia máxima o colaboración. Muchas veces no es a la autoridad a lo que tienen resistencia, sino a cómo se comunica la autoridad. Y por último valoran mucho la “calidad” de la relación que tienes con ellos.
- Sensibilidad Sensorial: Suelen tener una alta sensibilidad para las sensaciones como olores, colores, texturas, ruidos, luces… Cuando las sensaciones se acumulan (ej. Esta especial sensibilidad les afecta también al comer, vestirse, cuando hace calor o están en sitios ruidosos.
- Facilidad para Distraerse: Tienen un alto nivel de perceptibilidad, lo que hace que se distraigan fácilmente. Todo lo ven y todo lo oyen, por lo que cualquier cosa que se les cruce por medio puede hacer que se desvíen del objetivo, la obligación o tarea que tenían en ese momento. Esto es alucinante. Una mosca, una sombra con forma extraña, o un trocito de metal raro en el suelo es suficiente para que pierdan de vista cuál era su obligación o a dónde iban. Habrás experimentado en carne propia que cuando están observando, ¡su sistema auditivo se anula!.
- Dificultad con las Transiciones: Los niños de espíritu libre tienen especial dificultad con las transiciones de una situación a la siguiente (levantarse por la mañana, ir a la cama, apagar la tele, irse del parque…). Su grado de flexibilidad es muy muy bajo, y si esperaban que para cenar hubiera espaguetis y se encuentran macarrones, el lío está montado. Los cambios inesperados les incomodan, a veces incluso aun tratándose de cambios “a mejor”. Para ellos adaptarse a los cambios es algo muy difícil de hacer.
- Nivel de Energía Asombroso: Su nivel de energía es asombroso. No son niños pasivos. Algunos pueden tener mucha actividad física (correr, trepar, saltar), mientras que otros pueden no ser tan físicos pero sí desarrollar mucha actividad relacionada con sus proyectos e intereses que ejecutan de forma obsesiva.
Estoy de acuerdo en que muchos niños cumplen con alguna/s de estas características, pero lo diferencial es que los niños/as de espíritu libre cumplen con la mayoría de ellas y además llevadas al extremo. Su nivel en la escala es el máximo para cada característica. ¡Nadie les gana!. Son niños con un potencial enorme.
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Entendiendo el Temperamento
Una vez definido el perfil de niño de espíritu libre, puede que te preguntes: ¿no será negativo etiquetar a mi hijo/a?. Es verdad que las etiquetas negativas que ponemos a nuestros hijos pueden reforzar conductas negativas. Un niño “etiquetado” oficialmente como desordenado, se va a instalar en ese rol. Pero aquí no se trata de etiquetar por etiquetar, sino de describir el perfil tipo para ayudarte a entender cómo tu hijo/a ve el mundo. En desAprendo utilizo el término “de espíritu libre” porque creo que resume muy bien y en positivo la personalidad de estos niños/as. No son sumisos, les gusta liderar y quieren decidir. Son inteligentes y creativos, quieren saber el porqué de las cosas, quieren llevar a cabo sus proyectos y persiguen a muerte sus objetivos.
Para mí descubrir que esto era así, supuso un cambio de perspectiva fundamental respecto a mi hija de espíritu libre. Fue el momento de dejar de lado la culpa que tenía por creer que ella se comportaba así porque habíamos hecho las cosas mal, no habíamos sabido educar como teníamos que haberlo hecho, o no dedicamos el suficiente tiempo a formarnos para saber hacerlo bien. La culpa paraliza y no sirve para nada más que para pasarlo mal.
Pero el hecho de que tengan este temperamento desde la cuna no quiere decir que sea algo con lo que tengamos que “conformarnos”. El cerebro y el temperamento es algo que se educa y mucho más en la infancia por la alta plasticidad que tiene el cerebro en esta etapa. Por lo tanto lo que nos toca como padres es ponernos manos a la obra para apoyar a nuestro hijo/a, y asegurarnos de que entrena su temperamento en positivo, para construir su felicidad futura.
Puede que todo lo que te he contado haya sido un descubrimiento revelador para tí, como lo fue para mí en su día. Seguro que sabías o sospechabas que otros padres no lo estaban teniendo tan complicado como tú. Ponerle nombre seguro que te ayuda. Tu hijo/a tiene un temperamento especial, pero común a muchos otros niños (un 15% de los niños según estiman diversos estudios). Tu hijo/a no es un bicho raro, ni alguien que va a tener una edad adulta problemática y sin capacidad para convivir con otros. Tienes que quitarte estos miedos de la mente porque al igual que el sentimiento de culpa, solo sirven para bloquearte. Conocer cómo piensa y siente tu hijo/a te llevará a empatizar y te provocará compasión, que a su vez te darán la energía que necesitas para ayudarle en su camino. ¡No estás sola/o!.
Estas nuevas formas de educar a niños de espíritu libre que enseño en desAprendo, no me las estoy inventando yo. Son metodologías y herramientas de trabajo que están ampliamente difundidas por psicólogas (normalmente mujeres) y pedagogas internacionales, con miles de familias de diferentes países que las están utilizando. Ahora te toca a tí. Ahora que vas teniendo más información de lo que se trata es de que te pongas manos a la obra y vayas dando paso a paso, sin buscar la perfección pero sin dejar de avanzar. Formándote, fortaleciendo las habilidades que ya tienes y aprendiendo otras nuevas.
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La Persistencia de la Adolescencia en la Sociedad Actual
Todo el mundo señala y reprende su actitud, pero en el fondo se afanan en intentar volver a su edad; incluso, quedarse allí a vivir para siempre. Se miran al espejo y buscan signos de lo que algún día fue. Se sienten solos, atrapados en su vida (ir)responsable, y por ello añoran la pandilla, donde todos eran iguales e iban a una. En teoría, se alegran de haber llegado hasta donde están -¿haber madurado?-, pero en la práctica se esfuerzan en seguir siendo los mismos, hacer como que nada ha cambiado. Y, por otro lado, ellos, el sujeto de sus críticas y desprecios, estos mismos adolescentes, más tempranos y longevos cada año, se encuentran atrapados en una lenta cancelación de futuro. "Yo sigo igual, para mí el tiempo no pasa", que dice la canción. "Yo sí me sentía una mierda, ahora soy un ejemplo".
Si usted ha entrado en este artículo con la pretensión de asomarse al sentir adolescente de nuestra época y su relación con el mundo adulto, debe saber que nos movemos en arenas movedizas. El propósito de quien redacta estas líneas es salir en la medida de lo posible del adultocentrismo que suele impregnar este tipo de artículos, a sabiendas de que eso es imposible por el mero hecho de que tomar como objeto de estudio algo tan líquido y complejo como es la adolescencia ya implica situarse por encima de ella por mero defecto.
Puestos a dar con una forma de intentar explicar qué significa ser adolescente hoy en día, así como desentrañar sus conflictos (ya que el propio concepto lleva asociado una marca indeleble de crisis vital), habría que empezar por reconocer que el mismo término 'teenager' no es más que una invención que nace a mediados del siglo pasado para bien de la industria. Esto no quiere decir que antes no hubiera adolescentes, pues ya el propio Aristóteles distingue en su 'Retórica' la juventud de la adultez como dos franjas de edad distintas. Pero en tiempos contemporáneos y en el mundo occidental, 'lo adolescente' no es más que un recurso económico en plena explotación, vendiéndose desde el primer momento como algo deseable para los propios adultos.
Como es lógico, nadie quiere envejecer; el problema radica en que no se visibiliza ni acepta esta fase de declive. Incluso, los textos que se redactan sobre las bondades de la madurez son siempre desde el prisma de la pérdida, de lo que ya no puedes hacer. Por ello, la adolescencia queda como un estándar de producto. Más que una franja de edad, es un ideal de belleza, un canon de estilo de vida, una aspiración que nunca se ve saciada en la industria mercantil y del espectáculo. Todo lo que vende es joven y fresco. Todo tiene que resultar nuevo, atractivo y excitante. Como si fuera la primera vez.
La Devaluación de la Madurez
"Existe un discurso social donde se devalúa el hecho de hacerse mayor", asevera Vanessa Rodríguez Pousada, psicóloga sanitaria de larga trayectoria en intervención educativa y terapéutica con jóvenes, a El Confidencial. "Crecemos sin que se nos presente apetecible el hecho de madurar, incluso se silencian etapas muy vitales de esta madurez, como por ejemplo la sexualidad. El hacerse mayor solo se vive desde la pérdida, y no desde la acumulación de aprendizajes, saberes y vivencias".
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Madurar viene emparejado a renunciar a que todo sea posible. Algo que por su propia definición no gusta a nadie, pues conforme vamos sumando años nuestras posibilidades de cambiar o llegar a ser alguien diferente van disminuyendo. "Hacerse adulto tiene que ver con asumir límites, incorporar responsabilidades y aceptar compromisos", añade por su parte Ricardo Fandiño, doctor por la Universidad de Vigo, psicólogo clínico y presidente de ASEIA (Asociación para a Saúde Emocional na Infancia e a Adolescencia), a este diario. "Un adulto es aquel que se hace responsable de lo que hace y de lo que no hace. Elige, pero toma conciencia de que su capacidad de elección es limitada por sus circunstancias y por la propia condición humana".
En sus más de 200 páginas plagadas de referencias a productos culturales adolescentes (desde el trap a la literatura 'teenager' o las series que retratan a estos 'hermosos monstruos' como ellos los llaman), no solo se limitan a trazar un análisis serio y riguroso de las sensaciones y conflictos de los jóvenes del presente, sino que también proponen una serie de alternativas a la educación tradicional que siempre se ha impartido desde ese prisma adultocéntrico, tan obsoleto como perjudicial para estos mismos adolescentes como para sus figuras de autoridad, sean padres y madres o maestros.
La Ruptura de las Lógicas Tradicionales
El punto de partida de los dos psicólogos es aceptar que vivimos en dos realidades distintas. Los adolescentes ya no son de ningún modo parecidos a como lo fueron sus padres. Ahora, la diferencia que separa a ambas temporalidades (la joven y la adulta) viene marcada por una nueva noción del cuerpo que antes no existía.
"La utopía ciberpunk y la emergencia de la realidad trans generan una ruptura de las lógicas física y biológica, y nos acercan a un mundo de universos paralelos y simultáneos donde la autoconstrucción de la identidad no tiene límites", aseveran los autores en el libro, sirviéndose de las teorías del filósofo Michel Serres, quien comprende esta juventud como "un nuevo ser humano que ya no tiene el mismo cuerpo, ni la misma forma de comunicarse, ni vive en el mismo espacio, ni tiene la misma esperanza de vida, ni teme a la misma muerte".
Es precisamente ahí, en esa grieta 'corporal', donde se encuentran los mayores puntos de disenso entre ambas temporalidades. Si entendemos la adolescencia como el proceso por el que se forja la identidad del individuo, los jóvenes de hoy en día han descubierto que esta no es binaria en cuanto a género u orientaciones sexuales. Y esto a su vez es lo que hace que el conflicto aumente con sus mayores, quienes ahora presienten en ellos un 'gran otro' al que no pueden comprender. "Encontramos en ellos una gran fascinación por la diversidad y la posibilidad del cambio", sostiene Fandiño. En cambio, al no tener referentes claros, ya que es la primera vez que se pone en entredicho ese binarismo de género, "provoca respuestas muy defensivas que los retrotraen a modelos de identificación que ya parecían superados en una forma de melancolía retrotópica". Por ello, quizá más que en ningún otro grupo social "existe una tensión entre lo 'queer' y los modelos más abiertamente machistas".
"El binarismo ya no da cabida a toda la diversidad existente y al mismo tiempo aparecen discursos de odio a los que se les da cabida desde lo político-social", comenta por su parte Rodríguez Pousada. "Se pretende que se entienda la educación sexual y la diversidad como si esta fuese una ideología de género, despreciando al marco sexológico como si este no fuese una ciencia", haciendo alusión al ala más conservadora y tradicionalista de la sociedad que sigue confundiendo orientación sexual con identidad de género. "Los binarismos están perdiendo su protagonismo tanto en el ámbito sexual como en otros, y los adolescentes presentan un papel fundamental en esta rotura, reivindicando cuerpos diversos e identidades en donde se sienten más representados".
Infatescencias y Adultescencias: Un Intercambio de Roles
Otro de los puntos de partida de los dos psicólogos es la demonización que sufren los adolescentes y sus actitudes, especialmente desde el comienzo de la pandemia. Se ha tendido a asociar el perfil de persona que no cumple las normas a los jóvenes, cuando en realidad son muchos más los adultos que no asumen su madurez. Se produce así una "adultescencia" como fruto de la prolongación de ese período de conflictividad y dejación de responsabilidades propia de los jóvenes. Y del mismo modo, a la inversa con los niños.
"Hay una creciente erotización de las relaciones pre-puberales", señala Fandiño, en referencia al éxito que tienen los adultos y adultas que se asemejan más a 'teenagers'. "Otro ejemplo sería la fascinación por tener una imagen del cuerpo juvenil que impacta en el mundo adulto, o por vestirse con modas informales que a priori están dirigidas hacia los adolescentes".
"Somos los adultos los que vamos introduciendo características del mundo adolescente en la infancia", añade por su parte Rodríguez Pousada. Además, ambas se alimentan mutuamente. "Las adultescencias son generadoras de infatescencias, ya que los adultos no quieren renunciar a estilos de vida propios de los adolescentes y eso conlleva a que introduzcan estos en los más pequeños. Un ejemplo claro es la transformación del ocio, que se adapta a las necesidades adultas, como por ejemplo ir a festivales en los que existen zonas para niños, es decir, zonas para niños rodeadas de formas de vida adolescente".
Por otro lado, los comportamientos adultos y adolescentes parece que han ido dejando de corresponderse con la edad. "Hay muchos que manejan mejor las claves para intepretar la realidad contemporánea, tanto en lo referido a la digitalización como a la crisis climática, ya que les afecta de forma muy significativa", prosigue Fandiño. "El declive de las figuras de autoridad les pone frente a un esfuerzo por buscar referencias en las que apoyarse. Cuando no lo consiguen es muy llamativo porque actuán de manera más adulta que muchos adultos. El ejemplo arquetípico es un debate imaginario entre Greta Thunberg y Donald Trump, donde habría una evidente inversión: ella representaría la adultez y él la adolescencia".
Nuevos Enfoques en la Educación
A la hora de abordar la educación, Fandiño reconoce "una caída de los referentes de autoridad", como bien podrían ser los padres o los maestros. Y, además, a ello se le suma "la horizontalidad del acceso al conocimiento". En este sentido, "cualquier docente que se enfrena a un aula debe saber que su autoridad ya no es un punto de partida, sino algo que se debe demostrar". Entonces, ¿cuál debe ser el papel que tiene que seguir ahora que ya no se limita a ser un mero transmisor de conceptos como antaño? "Hay que ayudar a gestionar ese conocimiento para que desarrollen una conciencia crítica, ya que para los adolescentes cada vez tienen menos peso los discursos de poder".
La figura del padre "sigue siendo un referente simbólico, pero ya no del poder patriarcal, sino de la experiencia vital", asegura el psicólogo. Por ello, debe "enseñar a vivir desde la propia experiencia compartida". Cuando antes la figura paterna ahondaba en el sentido de autoridad, ahora "su rol se ha abierto a lo diverso", lo que sin duda es una buena noticia ya que "tiene la oportunidad de entrar en la relación de cuidados", antes mucho más relegada a la figura materna.
Rodríguez Pousada, por su parte, asume que "los 'youtubers' e 'influencers' tienen un gran peso en su educación, del mismo modo que sus iguales". Los controles parentales no sirven de nada, pues al final el hijo va a llegar a todos los contenidos que desee de cualquier forma, ya que cuenta con ventaja respecto a sus padres a la hora de desenvolverse en la red. "Por eso decimos que es importante acompañarles, nos pueden enseñar ellos a nosotros y nosotros somos quienes les debemos de dar nuestra experiencia y cuidado desde lo visceral y lo emocional para introducir una perspectiva adulta".
En cuanto a la educación sexual, como bien aseguran en el libro, "siempre está presente, ya sea por presencia o ausencia". Por ello, y teniendo en cuenta que la clásica conversación sobre sexo que antes se antojaba como un ritual en la vida de todo joven ya está obsoleta, no solo habría que advertirles sobre los riesgos y peligros derivados de su despertar sexual, sino también del bienestar y placer que deben exigir a la relación con sus cuerpos y con los de los demás, como ya llevan tiempo asegurando numerosas sexólogas. "Ni la represión ni el tabú cumplen ya una función educativa", señala Fandiño. "Inevitablemente, tenemos que hablar de ello como algo digno de ser vivido".
Un cambio, el de no solo educar en el miedo o los riesgos sino también en el bienestar, que Rodríguez Pousada cree que se está produciendo. "Cada vez son más las familias y profesionales que están apostando por una educación de calidad dando relevancia a otros contenidos más relacionados con lo emocional, lo vivencial y el autoconocimiento para la búsqueda del placer".
"No se trata de ser los padres perfectos, sino lo suficientemente buenos", prosigue. "El error forma parte del aprendizaje, pudiendo educar desde su propia historia personal y desde cómo se sitúan ante los fallos cometidos. Asumir el error permite generar posibilidades de enmendarlo y al mismo tiempo genera en el hijo una disminución de la presión percibida como una perfección inalcanzable".
La psicóloga va más allá y concluye con una bonita e inspiradora alocución: "La crianza debe ser enfocada más allá de las técnicas y centrada más en el vínculo. Se trata de acompañar, hay que entender que lo que hallamos no es el hijo imaginado sino el hijo posible desde su propio ser".
El Miedo a Crecer
El miedo a crecer es una vivencia común en el ser humano. Crecer significa evolucionar, desarrollarse, progresar; ir hacia delante, no quedarse enganchado en una etapa, continuar con el desarrollo. Crecer trae consigo expansión, hacerse grande.
Seguir comportándose como un niño tiene ciertas ventajas. Bien es sabido que los rasgos infantiles transmiten fragilidad y ternura y estos ayudan a que las personas con predisposición al cuidado se acerquen más fácilmente. Además de esta necesidad de cuidado, existe otra más profunda: la necesidad de amor.
Otra “ventaja” que tienen los niños es que no tienen tantas responsabilidades como los adultos y por tanto, si sigo comportándome como un niño, también estoy tratando de eludir las responsabilidades que ya me tocan como adulto. Por ejemplo, cuando somos pequeños a menudo los padres se encargan de mediar en los conflictos. Este podría ser uno de tantos motivos por los que no querer responsabilizarse. Muchas veces las responsabilidades dan miedo y es más cómodo que otros se encarguen. Así, puedo vivir sin tanta carga. A los niños se les disculpa a menudo por su inocencia.
Hacerse el niño es quedarse en la zona de confort. donde todo es seguro. Crecer pasaría por salir de esta zona de seguridad. Madurar sería el camino. Crecer suele ser un tránsito doloroso y difícil. Y por ello, este proceso requiere de implicación y responsabilidad. De igual modo comprometerse en las relaciones con la pareja, la familia y el trabajo. Así como exponerse al mundo de los adultos desde un lugar igualitario: de adulto a adulto.
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