Efectos del Azúcar en la Leche Materna y su Impacto en el Bebé
La leche materna es rica en lactosa, un elemento clave para la adecuada nutrición del bebé. También contiene oligosacáridos, carbohidratos que los bebés no pueden digerir, pero que sirven de alimento para la microbiota intestinal, mejorando así su salud.
La Composición de la Leche Materna y sus Azúcares
Un estudio del Imperial College de Londres (Reino Unido) demostró que la leche materna de cada mujer contiene una mezcla de muchos tipos diferentes de azúcar, llamados oligosacáridos de leche humana. El tipo de azúcares que una mujer produce en su leche materna está dictado en parte por su composición genética.
Los investigadores plantean la posibilidad de dar suplementos específicos de azúcar en la leche materna de las mujeres embarazadas. Los investigadores creen que los azúcares actúan como señuelos. Las bacterias se adhieren al azúcar y luego se excretan por el cuerpo.
Estudio sobre Azúcares y Bacterias en Bebés
En un estudio, el equipo analizó la leche de las madres con azúcares controlados por estos genes. Además, entre los bebés que tenían las bacterias en sus intestinos al nacer, aquellos cuyas madres producen un azúcar específico en la leche materna, llamado lacto-N-difucohexaose I, tenían más probabilidades de haber limpiado las bacterias de su cuerpo a los 60-89 días después del nacimiento.
"A pesar de que es una investigación en fase inicial, se demuestra la complejidad de la leche materna y los beneficios que puede tener para el bebé.
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El Azúcar Añadido en la Dieta de Lactantes
Un estudio reciente documenta que la mayoría de los lactantes y niños pequeños consumen azúcares añadidos. Esto tiene implicaciones importantes en la salud pública, ya que los patrones alimenticios tempranos establecen los patrones de dieta del futuro”, explica la líder de la investigación, Kirsten A.
Las comidas que contenían mayor cantidad de azúcares eran yogures, ‘snacks’ de bebés y dulces, así como dulces horneados.
La investigadora se ha apoyado en un estudio anterior en el que se recoge que los niños de seis años de edad que habían consumido algún alimento azucarado antes de su primer año de vida eran más propensos al consumo de azúcares al menos una vez al día que los niños de la misma edad que no habían consumido estos azúcares antes del primer año.
Los autores del estudio analizaron datos de 1.211 lactantes y niños de entre seis y 23 meses de la Encuesta Nacional de Examinación de Salud y Nutrición entre los años 2011 y 2016, una muestra representativa dentro del estudio conducido por el Centro Estadounidense para el Control de la Enfermedad y la Prevención. En este sentido, usaron la llamada Base de datos de los patrones de comida equivalentes y la del Departamento de Agricultura Estadounidense llamado ‘¿Qué comemos?’ para categorizar la comida.
No se detectaron diferencias en el consumo de azúcares añadidos en función del sexo, el nivel socioeconómico de la familia y el cabeza de familia, pero había algunas distinciones atendiendo a los orígenes hispanos.
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De acuerdo con Herrick, los padres deberían tener en mente los niveles de azúcares añadidos en las comidas elegidas cuando alimentan a sus hijos. “La transición de una dieta basada en la leche hacia comidas sólidas tiene un impacto sobre la nutrición, el gusto y los patrones de alimentación.
Además, recomienda abrir el debate sobre qué alimentos sólidos introducir después del período de lactancia para asegurar el buen estado de salud del niño, que ha de enfocarse en los factores de nutrición.
Recomendaciones de las Organizaciones de la Salud
En septiembre de 2019, la Academia de Nutrición y Dietética se unió a la Asociación Americana del Corazón, la Academia Americana de Odontología Pediátrica, y la Academia Americana de Pediatría para recomendar la leche materna, el agua y la leche como parte de un conjunto de recomendaciones integrales de bebidas para niños, clasificadas por edad (desde el nacimiento hasta los cinco años).
En relación con ello, las organizaciones de la salud en los Estados Unidos promulgan guías que recomiendan limitar la ingesta a 9 pequeñas cucharadas de azúcar o menos para adultos, y 6 o menos para mujeres adultas y niños entre dos y 19 años.
Al no haber un estudio que tratase las cantidades de los lactantes y los niños de menos edad, tan solo una organización hasta ahora, la Asociación Americana del Corazón, había promovido la creación de una guía para niños menores de dos años.
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Beneficios Adicionales de la Leche Materna
En los últimos meses, se han publicado numerosas investigaciones que muestran los efectos beneficiosos de la leche materna. Por ejemplo, uno de ellos, señala que lípidos identificados en la leche materna podrían reducir la parálisis cerebral en los bebés.
Otro análisis, realizado por expertos de la Universidad de Tufts, ha encontrado evidencias de que la leche materna estimula el cerebro, gracias también a una molécula (en este caso de azúcar), que sería esencial para la salud de los cerebros en desarrollo y durante el envejecimiento.
Otro hallazgo afirma que la leche materna contiene un conjunto único de anticuerpos que son sorprendentemente estables durante la lactancia y el embarazo.
El último estudio afirma que ciertos azúcares que se encuentran naturalmente en la leche materna también podrían ayudar a prevenir infecciones, pero antes de que nazca el bebé. Este hallazgo podría ayudar a evitar partos prematuros o complicaciones sin la necesidad de antibióticos adicionales.
El Estreptococo del Grupo B y los Azúcares de la Leche Materna
Una de las bacterias más comunes que pueden afectar los embarazos es el estreptococo del grupo B (GBS por sus siglas en inglés). Muchos de los compuestos que ya están presentes en la leche materna humana, como los oligosacáridos de la leche humana (HMO), tienen efectos antibacterianos de forma natural.
El equipo primero analizó los efectos protectores de los HMO en el tejido humano infectado con GBS, utilizando tejidos fetales ex vivo y un modelo organoide de la vagina. Luego, la mezcla de HMO se probó en ratones preñados infectados con GBS. Los ratones tratados tenían un nivel de inflamación relativamente típico, un número reducido de bacterias en varios tejidos reproductivos y no experimentaron casos de partos prematuros, ruptura de membranas o muertes maternas.
En conjunto, estos resultados demuestran que los HMO pueden tener efectos antimicrobianos sin antibióticos adicionales.
Los Primeros 1000 Días y la Importancia de una Alimentación Adecuada
Los primeros 1.000 días de vida de tu bebé son cruciales a todos los niveles. Todo lo que ocurra desde su concepción hasta que cumpla los dos años será determinante en su salud física y mental. Y en el caso de la alimentación que reciba, la evidencia científica señala que afectará a su desarrollo, salud y hábitos alimenticios futuros. Por eso, entre los productos superfluos a estas edades y que los expertos recomiendan introducir cuanto más tarde y en menos cantidad mejor, destacan los azúcares añadidos.
El tiempo que discurre desde el inicio del embarazo hasta el segundo año de vida del bebé constituye una “ventana de oportunidad única” para intervenir y prevenir la obesidad infantil y otras enfermedades no transmisibles asociadas.
Así, en estos primeros días donde el crecimiento y desarrollo del organismo del bebé es muy rápido, resulta clave una nutrición óptima.
En la infancia temprana se establecen conductas fundamentales en relación con la alimentación, los hábitos de sueño y la actividad física. En el caso de la alimentación infantil, los padres y las madres figuran como el ejemplo en el que fijarse y el protagonista que provee de los productos recomendables (frutas y verduras, legumbres, huevos, carnes magras, pescados, leche animal, cereales integrales, agua, frutos secos molidos, aceite de oliva virgen…) y evita dar a sus hijos productos sólidos con riesgo de atragantamiento (frutos secos enteros, uvas, zanahorias crudas…) y superfluos como azúcares, miel, mermeladas, chocolate, bollería (incluye galletas) o embutidos.
Azúcares Intrínsecos vs. Azúcares Libres
Hay que diferenciar entre el azúcar presente de forma natural en el interior de los alimentos (azúcar intrínseco) y el azúcar libre, ya que tienen consecuencias fisiológicas diferentes.
El azúcar se encuentra de forma natural en las frutas, hortalizas y algunos granos, así como en forma de lactosa en la leche y los productos lácteos. Es el azúcar intrínseco.
Siempre que sea posible, los niños deben consumir el azúcar de esta forma, a través de la leche materna, la leche, los productos lácteos sin azucarar (yogur natural) y las frutas frescas enteras.
Azúcares Libres: El Azúcar que se Debe Evitar
La Organización Mundial de la Salud (OMS) lo define como todos los monosacáridos y disacáridos añadidos a los alimentos y bebidas por el fabricante, cocinero o consumidor, además del azúcar presente de forma natural en la miel, los jarabes, los zumos de frutas y concentrados de zumos de frutas. Es el azúcar libre que en las etiquetas también se puede esconder en palabras como glucosa, galactosa, sacarosa, fructosa, sirope, néctar, dextrosa, almíbar, maltosa, melaza, panocha, trehalosa… ¡Ojo!
La ESPGHAN advierte que los alimentos o bebidas etiquetados sin azúcar añadido y/o azúcares naturales también pueden contenerlo. Según la normativa europea, no es obligatorio indicar el azúcar libre en el etiquetado, por lo que puede haber productos elaborados a base de cereales, alimentos infantiles para bebés y niños pequeños y bebidas como zumos de frutas que contengan estos azúcares y no se señale en la etiqueta.
No hay requerimientos nutricionales de azúcar libre para bebés, niños y adolescentes. Por tanto, la ESPGHAN recomienda que el consumo de azúcar libre se reduzca y limite al día a < 5 % de la ingesta energética para niños mayores de 2 años y adolescentes. Esto quiere decir que, de 2 a 4 años, la ingesta máxima diaria estaría en 15-16 gramos, es decir, 4 cucharillas. En el caso de los bebés y menores de 2 años, la ingesta de azúcar libre debe ser incluso menor. La Asociación Americana del Corazón (AHA) matiza: hay que evitarlos. Por eso no caben darles bebidas que contengan azúcar en biberones o tazas, ni animarles a que se duerman tomando bebidas o leche azucaradas en biberón.
Razones para no Dar Azúcar al Bebé
El Comité de Nutrición de la Sociedad Europea de Gastroenterología, Hepatología y Nutrición Pediátrica recuerda que hay evidencia consistente de que los azúcares libres contribuyen al aumento de peso, la obesidad, la caries dental y otros efectos adversos para la salud. En cambio, los azúcares intrínsecos “son menos preocupantes, ya que es menos probable que se consuman en exceso y contienen una amplia gama de nutrientes bioactivos que mejoran la salud, fibra, antioxidantes y fitoquímicos que reducen la inflamación y mejoran la función endotelial”.
En el caso de los más pequeños, además de la obesidad infantil y la caries, son varios los motivos por los que no se aconseja el consumo de azúcar libre:
- Interfieren en el desarrollo del gusto.
- Perjudican a la ingesta de nutrientes y cantidad de alimentos.
- Provocan molestias gastrointestinales.
- Incremento del riesgo de enfermedad cardiovascular y diabetes.
Estudio Reciente Corrobora las Recomendaciones
Un estudio reciente publicado en Science, la restricción de azúcar en los primeros 1.000 días de vida protege contra la diabetes y la hipertensión en etapas posteriores.
Según los hallazgos, el riesgo de desarrollar diabetes e hipertensión disminuyó un 35 % y un 20 %, respectivamente, y la aparición de estas enfermedades se retrasó 4 y 2 años. El efecto protector fue “evidente” para quienes estuvieron expuestos a la restricción de azúcar tanto en el útero como después del nacimiento y aumentó, especialmente después de seis meses, probablemente coincidiendo con la introducción de los alimentos sólidos.
Lactancia Materna Prolongada y Azúcar
"Algunos estudios anteriores apuntaban a una asociación entre la lactancia materna prolongada, durante 12 meses o más, y la aparición de caries dentales, pero sin tener en cuenta adecuadamente el papel del consumo temprano de azúcar añadido por parte de estos niños. Nuestra investigación descubrió que el mayor riesgo de caries en el contexto de la lactancia materna prolongada se correlaciona con el consumo de azúcar", afirma Marly Augusto Cardoso, investigadora principal del proyecto.
"Observamos que la lactancia materna durante 24 meses redujo el consumo de alimentos ultraprocesados o con azúcar añadido, actuando como factor de protección contra la caries dental", ha apuntado Cardoso.
La información sobre el consumo de alimentos se obtuvo a partir de entrevistas en las que las madres o los cuidadores describían lo que habían comido los bebés en las 24 horas anteriores. Solo el 2,8 por ciento nunca consumió azúcar antes de cumplir dos años, y el 66,7 por ciento consumía alimentos con azúcar añadido más de cinco veces al día.
El consumo elevado de azúcar provoca la formación de una biopelícula dental cariogénica, conocida como placa bacteriana. La leche materna se ve modificada por la placa y contribuye a la desmineralización del esmalte dental, pero el consumo de azúcar desencadena este proceso.
"Incluso si los dientes afectados son dientes deciduos o de leche, los hábitos dietéticos, como el consumo de grandes cantidades de azúcar en la infancia, tienden a convertirse en permanentes y suponen un riesgo de desarrollo de caries dental en etapas posteriores de la vida", afirma.
La OMS, el Ministerio de Salud de Brasil y la Sociedad Brasileña de Pediatría desaconsejan incluso el zumo de fruta al 100 por ciento durante los primeros 12 meses. Puede que no contenga azúcar añadido, pero el azúcar natural de la fruta se separa de la fibra al triturarla, y este azúcar libre tiene efectos similares a la sacarosa de la caña de azúcar, por ejemplo.
"La OMS recomienda la lactancia materna exclusiva durante los seis primeros meses y aboga por continuar con la lactancia materna a demanda hasta los dos años de edad, introduciendo la fruta y otros alimentos sólidos a partir de los seis meses. También desaconseja el azúcar añadido hasta los 2 años", finaliza Cardoso.
¿Qué es Malo Comer Durante la Lactancia Materna?
Todas las madres en una primera etapa, tienen dudas acerca de qué es bueno comer y qué no al estar amamantando. Después de un embarazo, el organismo de una mujer se encuentra en un proceso de readaptación y es normal que su cuerpo le pida ciertas comidas o bebidas que evitó durante los 9 meses de gestación del bebé. Sin embargo, hay que saber diferenciar hasta qué punto una madre que amamanta puede comer y satisfacer sus antojos o esperar a hacerlo en otro momento.
Otro componente que genera dudas dentro de la dieta de la madre y el lactante es la cafeína ¿se puede consumir esta sustancia durante la lactancia materna? la respuesta es depende. Si se toma en cantidades moderadas, no es perjudicial para el niño, pero vale aclarar que sí puede dejar rastro en la leche materna (Sanitas).
Igualmente, es normal que una madre se pregunte si su dieta afecta o no la calidad de la leche materna que produce para su hijo. El cuerpo humano es tan sorprendente, que aunque una madre se alimente mal, la leche materna seguirá siendo excelente para su bebé.
Se recomienda una alimentación equilibrada y balanceada por cuestiones de salud, pero no hay ninguna contraindicación para el lactante si la madre come alimentos fritos como patatas o altos en azúcares como postres o dulces.
Medicamentos y Lactancia
Si una madre necesita tomar medicación durante el embarazo o tras el parto, puede consultar con su médico de cabecera. No todos los fármacos pasan a la leche y en general, prácticamente en todas las circunstancias pueden ofrecerse alternativas si el fármaco elegido conlleva algún tipo de riesgo.
Se recomienda la lactancia materna exclusiva hasta los 6 meses de edad y con una alimentación complementaria adecuada, hasta los dos años de vida o más. A partir de los 6 meses, y hasta el año de edad, después de la toma al pecho se le pueden ofrecer paulatinamente otros alimentos. De esta forma el bebé los aceptará mejor y aseguraremos que recibe todas las calorías y nutrientes que necesita.
Fructosa en la Leche Materna
Investigadores de la University of Southern California (Estados Unidos) han descubierto que la fructosa, un edulcorante natural presente en muchos alimentos y que se vincula a muchos problemas de salud como la obesidad o la diabetes, puede transmitirse de madres a hijos a través de la leche materna.
La presencia de la fructosa en la leche materna no se produce de forma natural sino que procedería de la dieta de la madre, por lo que podría considerarse como “azúcar de segunda mano”, ha destacado Michael Goran, principal autor del estudio, que alerta del riesgo de exponer a los bebés a una cantidad elevada de azúcar durante su desarrollo, ya que puede dar lugar a problemas para toda la vida.
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