Síndrome de Sandifer en Lactantes: Causas, Síntomas y Tratamiento
El síndrome de Sandifer (SS) es una afección poco frecuente que asocia el reflujo gastroesofágico (RGE) con posturas anómalas o distonía. Estas manifestaciones a menudo se confunden con patologías neurológicas, lo que retrasa su diagnóstico y la instauración del tratamiento adecuado. Es un trastorno bastante raro de los bebés. Incluso, puede simular una convulsión.
¿Qué es el Síndrome de Sandifer?
El síndrome de Sandifer es un trastorno neuroconductual poco común de los lactantes que combina síntomas digestivos, como el reflujo gastroesofágico (ERGE), con movimientos anormales de la cabeza y el cuello.
Se cree que estos últimos son una forma de compensación o respuesta protectora del cuerpo a la irritación del esófago causada por el reflujo. Otra característica es que suele afectar a niños entre los 18 y 24 meses.
Así, lo más evidente en los pequeños son episodios de torsión y de arqueamiento del cuello, torsión del cuerpo y retorcimientos laterales de la cabeza.
Estos movimientos pueden parecer extraños y preocupantes, ya que a menudo muchos padres creen que se trata de convulsiones. Sin embargo, a diferencia de estas, el síndrome de Sandifer no está asociado con una actividad eléctrica anormal en el cerebro.
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Es una afectación en la que el contenido del estómago va hacia el esófago en lugar de continuar su camino por el intestino. Es una situación frecuente en los bebés menores de seis meses. En la mayoría de casos no da problemas ni genera malestar en el bebé. En este caso se llama «Reflujo gastroesofágico fisiológico». El niño gana peso y crece correctamente. Cuando el reflujo es tan frecuente e importante que repercute en el crecimiento y la salud del bebé se le llama «Enfermedad por reflujo gastroesofágico».
Causas del Síndrome de Sandifer
Si bien no existen certezas respecto a la causa exacta, se considera que hay una relación estrecha con los problemas esofágicos, gástricos y hernias hiatales. Todos ellos pueden desencadenar la enfermedad por reflujo gastroesofágico (ERGE), que es común en la infancia, de acuerdo a una publicación de la revista International Journal of Molecular Sciences.
En los lactantes es normal que presenten un cierto grado de reflujo gastroesofágico, ya que los músculos que cierran la entrada del estómago (cardias) son inmaduros. En estos casos, con el crecimiento y la madurez del niño se resolverá el reflujo sin problemas.
La ERGE suele causar dolor de pecho y molestias en la garganta, por ese motivo se cree que estos movimientos son tan solo la respuesta que tiene el niño ante el dolor o una manera de aliviarlo.
Síntomas del Síndrome de Sandifer
Los síntomas son muy inespecíficos y dependientes de la edad del paciente. Los principales síntomas de este raro síndrome son la distonía y la tortícolis. Esta última hace referencia al movimiento involuntario del cuello, mientras que la distonía es el movimiento y retorsión provocado por contracciones musculares involuntarias.
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Los episodios se caracterizan por movimientos en los que el recién nacido gira el cuello, arquea la columna y echa la cabeza hacia atrás. Este movimiento es lo que lo asemeja a una convulsión. Duran alrededor de 3 minutos, o menos, y pueden presentarse hasta 10 veces en el transcurso del día.
El reflujo persistente con vómitos frecuentes produce una irritación del esófago (esofagitis) que produce molestias al bebé. El reflujo que produce dolor, malestar, pérdida de peso o asma se ha de estudiar y tratar.
Los síntomas de la enfermedad por reflujo gastroesofágico pueden ser:
- Llanto intenso tras las tomas e irritabilidad (hay niños que rechazan la alimentación)
- Vómito
- Tos crónica
- Sibilancias (asma)
- Apneas
- Pérdida de peso
- Crecimiento lento
En la enfermedad por reflujo gastroesofágico el esófago del bebé está lesionado por los ácidos del estómago. La esofagitis produce un dolor muy importante, por lo que rechazan el alimento o lloran intensamente tras la toma; tienen dificultad para la alimentación porque les cuesta tragar. Todos estos problemas hacen que el niño no crezca adecuadamente y pierda peso.
La irritación del esófago puede producir un sangrado leve pero constante en la mucosa digestiva que puede originar una anemia y falta de hierro.
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Como el estómago y la tráquea están próximos, el reflujo puede producir que parte del contenido del estómago pase al esófago y sea aspirado a la tráquea; esto puede ocasionar tos crónica, laringitis de repetición, apneas y afonía.
En algunos niños podemos ver alteraciones neuroconductuales como la rumiación (se vuelve a masticar el alimento regurgitado a la boca para volverlo a tragar) y el síndrome de Sandifer: es un espasmo intermitente de los músculos del cuello (como una tortícolis) durante la toma del alimento en los niños con reflujo gastroesofágico.
Diagnóstico del Síndrome de Sandifer
Cuando se sospecha que el bebé tiene reflujo gastroesofágico se pueden realizar diferentes pruebas:
- Radiografía del esófago y estómago con contraste: se le da al niño una papilla que contiene una sustancia que se ve con los rayos X. Se realizan una serie de radiografías en las que se observa el recorrido del alimento por el esófago y estómago.
- PHmetría: mediante una sonda que se ancla en el esófago se determina con qué frecuencia y durante cuánto tiempo los ácidos del estómago llegan al esófago.
Algunos de los síntomas son difíciles de diferenciar de otras afecciones neurológicas, como la epilepsia. Por esto, el médico indica un electroencefalograma (EEG) para analizar la actividad eléctrica del cerebro y descartar otras causas.
Si el EEG es normal, se solicita una prueba de pH a través del esófago para corroborar cualquier signo de acidez estomacal durante 24 hs. Incluso, la impedanciometría intraluminal multicanal es de gran utilidad para diagnosticar el reflujo gastroesofágico, ya que mide el flujo de líquidos, aire y sólidos en el esófago.
Además, mantener un registro de las horas de alimentación y de cuándo aparecen los síntomas puede ser de utilidad para que el médico detecte si existe algún patrón característico del síndrome.
En la mayoría de las ocasiones una buena anamnesis y exploración física serán suficientes para el diagnóstico. En la ERGE, en ciertos pacientes, será necesaria la realización de pruebas complementarias entre las que destacan la pH-metría, la impedanciometría y la gastroduodenoscopia con biopsia.
Tratamiento del Síndrome de Sandifer
El tratamiento debe ser escalonado, basándose primero en la modificación del estilo de vida y medidas dietéticas. Se deben seguir una serie de normas en la alimentación para dar el mayor bienestar al bebé que padece esta situación:
- Mantenerlo erguido de 20 a 30 minutos tras las tomas.
- A partir de los cuatro meses espesar los biberones.
- Dar de comer poca cantidad pero a menudo
Existen leches especiales antirregurgitación y medicamentos que ayudan a mejorar los síntomas. Siempre deben ser recomendados y recetados por el Pediatra.
El tratamiento del síndrome de Sandifer involucra aquello que reduce los síntomas de la enfermedad de reflujo gastroesofágico. Siempre se debe consultar con el médico los posibles riesgos que este tipo de medicación provoca en los bebés. De hecho, estos fármacos no siempre reducen los síntomas propios del síndrome.
En raras ocasiones, se puede requerir una intervención quirúrgica denominada fundoplicatura de Nissen, que envuelve la parte superior del estómago alrededor del esófago inferior. Esto evita que el ácido ascienda al esófago y provoque dolor. Si existiera una hernia de hiato, también puede aconsejarse una cirugía correctiva del defecto, pues los resultados suelen ser muy favorables.
Si no existe mejoría de los síntomas tras el tratamiento conservador, se puede realizar una prueba terapéutica durante 4-8 semanas. Según la evidencia actual, no se recomienda realizar un tratamiento a demanda de los síntomas ni de menor duración, ni combinar fármacos acidosupresores5,14.
El tratamiento ácido supresor puede aumentar el riesgo de neumonía adquirida en la comunidad, de gastroenteritis, de candidemia y de enterocolitis necrotizante en los prematuros5. Son tratamientos que pueden conllevar un riesgo y hay que seleccionar qué pacientes se van a beneficiar de dichos fármacos, superando el balance riesgo-beneficio.
Inhibidores de la bomba de protones: se recomiendan como primera línea de tratamiento. Actúan bloqueando la secreción de ácido mediante unión irreversible e inhibición de la bomba hidrógeno-potasio-ATP-asa de las células parietales. Asimismo, inhiben (de manera secundaria) la acción de la gastrina, la histamina y los agentes muscarínicos. Han demostrado disminuir el IR y mejorar los hallazgos histológicos. No se observa taquifilaxia con su uso crónico.
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