Síndrome Alcohólico Fetal: Causas, Síntomas y Tratamiento
El Síndrome Alcohólico Fetal (SAF) es un conjunto de afecciones cognitivas, conductuales y físicas originadas durante la gestación del bebé, causadas por la ingesta de alcohol por parte de la madre. Fue definido en las últimas décadas del siglo XX como espectro SAF, porque la afección cognitiva y física de las personas se evidencia en diferentes grados y características. Es decir, que existen distintos tipos en que se conjuga este síndrome. Por eso también resulta muy complejo de diagnosticar.
El SAF es la forma más grave de un espectro de trastornos conocidos como Trastornos del Espectro Alcohólico Fetal (TEAF), los cuales incluyen una variedad de efectos físicos, conductuales y cognitivos. El SAF es caracterizado por anormalidades en el crecimiento, disfunciones del sistema nervioso central y rasgos faciales distintivos.
“El Síndrome Alcohólico Fetal es un diagnóstico complejo imposible de realizar por una sola especialista y que presenta una gran variabilidad, dependiendo del daño cerebral provocado por el alcohol”, asegura Nuria Gómez-Barros, psiquiatra del Hospital Universitario Vall d’Hebron y responsable del Programa SAF, en una de las conferencias organizadas por la Asociación de familias afectadas por el Síndrome Alcohólico Fetal (AFASAF), a quien acudió Adictalia para consultar sobre este trastorno. Este artículo sintetiza los conceptos clave del síndrome alcohólico fetal ofrecidos por la especialista durante su conferencia.
Causas del Síndrome Alcohólico Fetal
La causa directa del SAF es el consumo de alcohol por parte de la madre durante el embarazo. No existe una cantidad segura de alcohol que se pueda consumir durante este período, ni un momento seguro para beber.
Ninguna futura madre bebe alcohol porque quiera afectar al feto que lleva dentro. Eso es tan impensable como suponer que una persona adicta consume drogas porque realmente quiere destruirse. Como indica Gómez-Barros, ninguna futura madre bebe alcohol porque quiera afectar al feto que lleva dentro. Eso es tan impensable como suponer que una persona adicta consume drogas porque realmente quiere destruirse. Se trata, en todo caso, de conductas que buscan aliviar problemas psicológicos y conflictos que llevan a estas personas a sufrir, y que terminan desencadenando una dependencia a hábitos destructivos que debe tratarse.
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Pero lo cierto es que el consumo de alcohol durante los meses de embarazo representa un riesgo para la formación cerebral normal del feto. El alcohol es un agente teratogénico, es decir, que provoca malformaciones o deformaciones congénitas. De hecho, de entre todas las sustancias adictivas, es la que más perjuicio ocasiona al proceso neurológico fetal.
Ahora bien, las mujeres que beben alcohol durante el embarazo no siempre lo hacen por problemas de consumo excesivo o adicción. De hecho, pueden emplearlo de modo recreativo o social, desconociendo que ello puede afectar al desarrollo de su criatura. Incluso ocurre que la persona tiene la costumbre de ingerir alcohol de forma social y lo hace durante el primer mes de embarazo, cuando ignora que está en estado de gestación.
Según un estudio publicado por el grupo BCNatal del Hospital Clínic de Barcelona, el 42% de las gestantes consume alcohol de forma social (lo que equivale a una copa de vino a la semana) y solo el 3% de las mujeres son conscientes de que incluso una sola copa ya es perjudicial para el feto. Por este motivo, los obstetras deben preguntar sobre el consumo de alcohol desde la primera visita gestacional e insistir en que queda totalmente prohibida la ingesta de cualquier cantidad durante la gestación y en la planificación del embarazo. No existe una cantidad de alcohol segura durante la gestación.
Síntomas del Síndrome Alcohólico Fetal
Sólo un 10 por ciento de las personas que sufren Síndrome Alcohólico Fetal muestran el espectro completo de rasgos, incluyendo físicos y cognitivos. Con frecuencia, por el gran desconocimiento social de este fenómeno, esas características suelen interpretarse en entornos escolares, entre otros, como actitudes negativas o problemas de conducta; es decir, señales de inadaptación. Incluso, un diagnóstico parcial o poco preciso puede clasificarlas dentro de una patología psiquiátrica.
Pero sólo una parte de las personas afectadas por el Síndrome Alcohólico Fetal presentan estas características. Eso sí, existe un denominador común entre todas estas personas. Y es, como explica Gómez-Barros, “una serie de déficits neuropsicológicos que van a ocasionar unos problemas adaptativos a lo largo de la vida y un deterioro funcional”. Todo eso induce una serie de consecuencias de tipo cognitivo y conductual que se pueden ir manifestando (en algunos casos en su totalidad y, en otros, de manera parcial y en diferentes grados) a lo largo de la vida de la persona, desde su infancia.
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Los síntomas más característicos de una persona con síndrome alcohólico fetal son los siguientes:
- Retraso en el crecimiento intrauterino y/o después de nacer.
- Ciertos rasgos anómalos en el rostro: ojos rasgados, pequeños, estrechos; ausencia de surco nasolabial (entre nariz y labios) y labio superior fino.
- Anomalías en el sistema nervioso central, que pueden ser estructurales o funcionales. Puede haber problemas para aprender y de memoria y problemas de atención y de comunicación.
- Además, pueden estar presentes defectos de nacimiento relacionados con el alcohol, como problemas en la vista o la audición, cardiacos, renales y óseos.
Además de los síntomas mencionados del síndrome alcohólico fetal, puede haber otras consecuencias o trastornos secundarios al síndrome.
Puede haber un mayor riesgo de:
- Trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH).
- Problemas de conducta y control de impulsos.
- Depresión y ansiedad.
Además, también podría haber una mayor probabilidad de dependencia de alcohol y otras sustancias.
Tampoco la discapacidad intelectual es un rasgo común en todos los tipos de SAF. Mientras que en las personas diagnosticadas con el tipo ARN (Trastorno de neurodesarrollo), donde no se dan las malformaciones de aspecto, solo un nueve por ciento mostrará un coeficiente intelectual menor a 70. Esta tipología agrupa a la gran mayoría de quienes experimentan el Síndrome Alcohólico Fetal, cuya media de CI es de 80.
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“Son chavales que muchas veces les cuesta mucho tomar la iniciativa”, precisa Gómez-Barros en la conferencia organizada por AFASAF. “Llegan a los 17 años y es que cualquier cosa supone un esfuerzo enorme: ir a trabajar, ir a ducharse, cualquier esfuerzo que haya que hacer les cuesta mucho. Ellos dicen: ‘soy vago’.
En este sentido, Consuelo Guerri, investigadora y jefe del Laboratorio de Patología Celular en la Fundación Valenciana Centro de Investigación Príncipe en Valencia, compara en otra videoconferencia de AFASAF, las fotografías de cerebros de dos niños fallecidos, uno de ellos con Síndrome Alcohólico Fetal.
Las funciones ejecutivas conforman un conjunto de habilidades cognitivas que permiten auto regular la conducta, organizarse, planificar. Así como actuar con flexibilidad, anticipándose a posibles obstáculos que surjan por el camino para llegar a un objetivo propuesto. “Ellos ven el presente, pero el presente es en estos cinco minutos que estamos aquí y ahora, por tanto, que ellos entiendan que la conducta de hoy influye en el mañana, cuesta mucho”, expone la especialista del Hospital Vall d’Hebron.
“Cuesta mucho que sean puntuales o que cumplan un horario o establecer una rutina”. Esto afecta a su higiene, pues a menudo ocurre que no se duchan ni se lavan los dientes, por más veces que se le repita que lo hagan o se les aplique castigos. Pero incluso con rutina rigurosa e insistencia, muchos padres y madres se dan con muros de piedra. “Hay días que dices: bueno, mira, está lúcido y parece que sí que se acuerda de las cosas. Y hay otro día que se ha olvidado todo, hasta los días de la semana.
Ahí aparecen los problemas escolares. Cuando el equipo docente determina que son personas con inteligencia “normal” pero ignoraran la otra parte provocada por el Síndrome Alcohólico Fetal. Y es que los test de inteligencia resultan ineficaces totalmente para determinar problemas de memoria. Lo mismo les ocurre con el pensamiento abstracto, del cual carecen. Y por eso les resulta imposible comprender bromas o dobles sentidos. Entienden todo literalmente.
Algo que también afecta al concepto del dinero, con las consecuencias que ello implica. “¿Qué pasa si no entendemos el valor del dinero? ¿El valor de las cosas? Este problema trasciende la edad de las personas con SAF. Tengan siete años o sean adolescentes o adultos, pueden “regalar su dinero o coger el de sus padres, como total todo es de todos…”. Para muestra, Gómez-Barros aporta un botón. “El otro día, un chico de 17 años robo en Barcelona una moto que tenía las llaves puestas. Y cuando le detuvieron, él estaba convencido de que no era un robo porque iba a devolver la moto otra vez al sitio. Iba a hacer su viaje, iba a volver, iba a dejar la moto, convencido de que eso era un préstamo”.
Diagnóstico del SAF
En niños con problemas leves, el trastorno del espectro alcohólico fetal puede ser difícil de diagnosticar. Ningún análisis de sangre u otro examen médico puede diagnosticar el síndrome de alcoholismo fetal. Suele requerir un equipo multidisciplinar de especialistas para ayudar a hacer un diagnóstico: la suma de los posibles rasgos físicos, los problemas en el desarrollo y el antecedente de consumo de alcohol en el embarazo, pueden confirmar la sospecha.
No obstante, el especialista tendrá en cuenta aspectos como si la madre bebió alcohol durante el embarazo, si hay alteraciones en el sistema nervioso central, retraso en el crecimiento y rasgos faciales anómalos.
Tratamiento del Síndrome Alcohólico Fetal
Lo cierto es que no existe un tratamiento que cure el síndrome alcohólico fetal. Sin embargo, hay ciertos tratamientos que pueden ayudar y mejorar el pronóstico y los síntomas. No hay cura ni tratamiento específico para el trastorno del espectro alcohólico fetal. Las afecciones físicas y mentales causadas por la exposición al alcohol antes del nacimiento son para toda la vida.
Estos tratamientos pueden incluir fármacos y terapia conductual y educacional, según sea necesario para cada caso particular, así como un seguimiento frecuente por parte del especialista. Esto puede incluir terapias ocupacionales, físicas y del habla, así como apoyo educativo especializado y medicamentos para tratar síntomas específicos como problemas de atención o hiperactividad.
Además, será de ayuda formar a los padres sobre el síndrome alcohólico fetal y cómo pueden ayudar a sus hijos. Finalmente, también es beneficioso el diagnóstico temprano (antes de 6 años), que el niño se desarrolle en un ambiente estable y sin violencia y que reciba educación especial específica.
Los niños con síndrome alcohólico fetal necesitan que se les proporcione tratamiento de estimulación precoz y después la atención psicopedagógica necesaria y adecuada para cada caso.
Prevención del Síndrome Alcohólico Fetal
La prevención del SAF es simple en teoría: evitar completamente el consumo de alcohol durante el embarazo. Sin embargo, en la práctica, esto puede ser complicado por una variedad de factores sociales y personales. Es crucial que las mujeres que están embarazadas o que planean estarlo reciban apoyo y recursos para abstenerse del alcohol. Para las mujeres con dependencia del alcohol, buscar ayuda profesional antes de quedar embarazadas es esencial.
El Síndrome Alcohólico Fetal es la única causa de discapacidad intelectual que no tiene una raíz genética o hereditaria, como sí sucede con los otros dos: el Síndrome de Down y el síndrome X frágil. Es decir, que es el único factor ambiental que puede provocar deficiencia.
Los trastornos del espectro alcohólico fetal pueden prevenirse en su totalidad si la madre no bebe alcohol durante el embarazo. Es importante preguntar siempre sobre este aspecto en todas las consultas prenatales y a todas las mujeres en edad fértil. No hay ningún momento seguro durante el embarazo para consumir alcohol, ni existe ninguna bebida alcohólica que pueda consumirse de forma segura durante la gestación. Durante el embarazo, nunca es tarde para dejar de consumir alcohol. Cuanto antes se deje de beber alcohol, mejor para el bebé y para la madre.
El síndrome alcohólico fetal se previene al 100% con la abstinencia 100%. Por ello, la mujer no debe beber alcohol mientras está buscando quedarse embarazada ni durante el embarazo. En el caso de que la mujer consuma alcohol, debe dejar este hábito antes de quedarse embarazada y, si encuentra dificultades para dejarlo, debe comentarlo con el especialista para poder obtener la ayuda adecuada.
Preguntas Frecuentes
¿Es malo beber vino estando embarazada?
Sí, el vino y la cerveza, aunque se tenga la percepción de que son bebidas más "inocuas", son bebidas alcohólicas que no se deben tomar en el embarazo. No hay un nivel de alcohol que sea seguro durante el embarazo, por lo que la mujer no debe beber nada de alcohol mientras está embarazada e, incluso, desde que comienza a buscar la gestación. Si lo hace, el bebé recibe el alcohol a través de la placenta y puede presentar los trastornos del espectro alcohólico fetal (TEAF).
¿Qué bebidas se pueden beber estando embarazada?
Lo más recomendable es promover el consumo de agua durante el embarazo, evitando sustituirlo por bebidas azucaradas o edulcoradas. Por otro lado, el consumo de alcohol debe ser totalmente evitado en el embarazo, porque puede suponer riesgos para el bebé en desarrollo. De igual modo, debe reducirse el consumo de café y té. Los zumos naturales pueden ser una buena opción, aunque es más saludable tomar las frutas sin triturar. Las frutas y verduras frescas contribuyen a la correcta hidratación.
¿Se puede beber alcohol en la tercera semana de embarazo?
No es recomendable beber alcohol en la tercera semana de embarazo ni tampoco durante el embarazo. Por ello, cuanto antes se entere la mujer de que está embarazada deberá dejar de tomar bebidas alcohólicas. Beber alcohol durante el embarazo podría afectar al desarrollo del bebé y aumentar el riesgo de sufrir abortos y desprendimiento de la placenta.
Aunque esta información ha sido redactada por un especialista médico, su edición ha sido llevada a cabo por periodistas, por lo que es un contenido meramente orientativo y sin valor de indicación terapéutica ni diagnóstica.
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