Síndrome del Niño Zarandeado: Definición, Causas y Consecuencias
El síndrome del niño zarandeado, también conocido como traumatismo craneal por maltrato, es una grave lesión cerebral que ocurre cuando un bebé o niño pequeño es sacudido violentamente. Esta acción puede provocar daños irreversibles, discapacidad e incluso la muerte.
¿Qué es el Síndrome del Niño Zarandeado?
El síndrome del niño zarandeado (shaken baby syndrome en inglés) fue descrito por Caffey en 1972 y se caracteriza por la triada compuesta por traumatismo craneal (que se manifiesta por hemorragia subdural o subaracnoidea, o edema cerebral difuso), hemorragias retinianas y encefalopatía aguda.
Se trata del conjunto de lesiones cerebrales que se producen en un niño al sacudirle vigorosamente. Es relativamente frecuente ( 20/25 casos por cada 100.000 niños menores de 2 años), produciéndose en la mayoría de los casos antes del año de vida.
Zarandear a un bebé no es la violencia física más frecuente que se ejerce contra los niños, pero sí la que causa más muertes y más secuelas.
El niño de síndrome zarandeado se engloba dentro de lo considerado como maltrato físico, cuya definición engloba cualquier acción realizada de forma voluntaria que provoque o pueda provocar lesiones (no siempre intencionadas, en ocasiones, el origen del síndrome está relacionado con la ignorancia sobre las consecuencias de este tipo de maltrato).
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¿Cómo se Produce?
Al zarandear al bebé, la cabeza sufre movimientos de aceleración y desaceleración rápidos, haciendo que el cerebro golpee contra las paredes del cráneo produciendo inflamación o sangrado en el cerebro y sus envolturas, sangrado en la retina (parte posterior del ojo) y lesiones en la médula espinal a nivel del cuello.
La cabeza de los bebés es mucho más grande en proporción a su cuerpo que la de los niños mayores y los adultos. Además, los músculos del cuello son débiles e incapaces de sujetar bien la cabeza; su cerebro es más bando y con vasos sanguíneos más frágiles, siendo más vulnerable.
Con menos de cinco segundos de zarandeo se pueden provocar daños de un gravedad importante, que será mayor si termina con un golpe contra el colchón de la cuna o el sofá.
Causas del Síndrome del Niño Zarandeado
Generalmente ocurre cuando un adulto sacude intensamente a un bebé o niño pequeño por frustración o ira, a menudo porque el niño no deja de llorar.
El motivo más frecuente es un llanto inconsolable y prolongado que provoca la frustración y el enfado del cuidador, que finalmente zarandea al niño.
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Algunos padres refieren que sofocaron, abofetearon o sacudieron a sus hijos a causa de sus episodios de llanto, y otros lo realizaron como método disciplinario.
En los casos de los lactantes que sufren el síndrome del bebé zarandeado se ha observado que el desencadenante principal es el llanto continuado inconsolable del bebé y también influyen otros indicadores de riesgo como las expectativas no realistas sobre el desarrollo del bebé, el estrés, las situaciones familiares de vulnerabilidad, la violencia machista, el uso de alcohol u otras sustancias, el haber sido víctima de violencia en la infancia, el hecho de que los progenitores sean jóvenes o de familias monoparentales sin apoyo de su red social o haber sido derivado previamente a los servicios de protección de la infancia.
Habitualmente, los hombres ejercen más este tipo de violencia que las mujeres. Los picos de incidencia se registran en niños de dos y ocho meses.
Síntomas del Síndrome del Niño Zarandeado
Secundario al traumatismo craneal abusivo aparecen síntomas derivados de hemorragias cerebrales y retinianas, fracturas óseas y secuelas neurológicas.
El 40-70% debutan con crisis epilépticas.
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Puede presentarse como una manifestación súbita de convulsiones, deterioro neurológico agudo (somnolencia y/o irritabilidad marcada), problemas cardiorrespiratorios (apneas, bradicardias, etc.), que obligan al cuidador a buscar atención sanitaria.
Tradicionalmente la triada de alerta sobre un niño con posible síndrome del zarandeo consiste en la hemorragia subdural o subaracnoidea, hemorragia retiniana y ausencia de trauma cerebral externo.
La clínica puede ser amplia, desde manifestaciones inespecíficas, como irritabilidad, problemas de alimentación, vómitos o alteraciones del desarrollo psicomotor, hasta síntomas graves, como letargia, compromiso respiratorio, convulsiones o apnea. El único dato clínico que se ha asociado a TCM con elevado valor predictivo positivo (93%) es la apnea.
Manifestaciones clínicas asociadas a lesiones cerebrales:
- Vómitos
- Encefalopatía
- Convulsiones
Diagnóstico del Síndrome del Niño Zarandeado
Lo principal es realizar una correcta historia clínica del paciente y una correcta exploración, tras lo que sacaremos información muy valiosa.
Ante un niño con la sintomatología descrita arriba, en el que sospechemos un síndrome de niño zarandeado, se procede a realizar pruebas complementarias de imagen (ecografía, TAC, RNM, RX) y pruebas oftalmológicas para la detección de hemorragias retinianas.
Se debe realizar neuroimagen en todo niño con sospecha de maltrato y que asocie sospecha de neurotrauma o hemorragias retinianas. El hallazgo de múltiples sangrados (subdurales/epidurales) es bastante sugestivo de maltrato.
Ante la sospecha de TCM se debe realizar hemograma, estudio básico de coagulación (tiempo de protrombina y tiempo de tromboplastina parcial activada), metabolismo óseo (hormona paratiroidea, fósforo y 25-OH-vitamina D), estudio metabólico básico (aminoácidos, acilcarnitinas en plasma y ácidos orgánicos en orina), estudio oftalmológico, estudios radiológicos (serie ósea y neuroimagen).
Siempre debe prevalecer la protección del menor, ingresando al niño ante su sospecha y dando parte a los Servicios Sociales.
El maltrato infantil se debe sospechar ante traumatismos craneales o clínica neurológica no explicados por los eventos banales relatados por los cuidadores, teniendo en cuenta que en lactantes la presencia de hemorragia subdural, hemorragias retinianas y encefalopatía deben plantear la posibilidad de maltrato, especialmente si aparecen asociadas, aunque siempre deben descartarse otras posibles etiologías que pueden producir manifestaciones similares (Tablas 1 y 2).
Es importante recordar que, aunque no haya intención de hacerle daño al bebé, la fuerza del adulto resulta más que suficiente para provocar lesiones graves en los bebés.
Consecuencias del Síndrome del Niño Zarandeado
El síndrome del niño zarandeado produce con frecuencia secuelas a largo plazo. Uno de cada diez niños que sufren un zarandeo grave, fallece.
De los supervivientes, la mitad queda con secuelas graves e irreversibles, como parálisis cerebral, discapacidad cognitiva, retraso mental, pérdida auditiva y/o visual, ceguera o epilepsia.
Los niños que han sido sacudidos con menos intensidad, pero de manera repetida, pueden desarrollar dificultades para aprender a hablar, tener falta de coordinación motora o problemas de aprendizaje.
Los supervivientes presentan una elevada morbilidad, con alto índice de discapacidades y secuelas: discapacidad intelectual, parálisis cerebral y epilepsia (el 60% sufre secuelas neurológicas, el 65% afectación visual y el 12% estado vegetativo persistente).
Todos estos niños deben recibir seguimiento continuado, ya que la recuperación del trauma inicial no exime de manifestaciones neurológicas a largo plazo.
Prevención del Síndrome del Niño Zarandeado
El síndrome del niño zarandeado se puede prevenir en todos los casos.
La prevención del TCM se basa principalmente en proporcionar información a los padres de cómo actuar frente al llanto de sus hijos, sensibilizándoles del elevado riesgo que puede suponer la maniobra de zarandeo, recordándoselo especialmente a los padres de lactantes con hidrocefalia externa benigna.
En caso de que el niño se quede “sin respiración” (espasmo del sollozo, ataque de tos, atragantamiento, etc.) hay que cogerlo en brazos colocándolo boca abajo o manteniéndolo sentado, inclinado hacia delante y sujetando la cabeza; se le puede frotar la espalda o darle golpes suaves con la mano abierta.
Los niños pueden llorar por muchas causas: por hambre, porque necesita que le cambien los pañales, porque está cansado y somnoliento y no puede dormirse. Puede tener dolor o estar iniciando una enfermedad.
Es importante recordar que los riesgos de zarandear de forma brusca a un lactante todavía son poco conocidos o infravalorados por la población general y la información que reciben las futuras madres o las que han dado a luz recientemente es escasa.
En nuestro país la forma más directa de llegar a la población podría encontrarse en las consultas prenatales o de preparación al parto, o en las primeras consultas postnatales en las revisiones del pediatra.
Los datos donde se debería realizar hincapié serían:
- En caso de que el niño se quede “ sin respiración” (espasmo de sollozo, ataque de tos, etc) hay que cogerlo por los brazos colocándolo boca abajo o manteniéndolo sentado, inclinado hacia delante y sujetando la cabeza; se le puede frotar la espalda o darle golpes suaves con la mano.
- Los niños pueden llorar por muchas causas (hambre, cambio de pañales, cansancio, somnolencia, dolor, enfermedad, etc.) y los padres deben buscar la causa, y en cualquier caso, intentar tranquilizarlo cogiéndolo en brazos , acariciándolo, mimándolo.
- En caso de llano prolongado se pueden poner en práctica una serie de medidas que alivien al niño y que ayuden al cuidador a no agobiarse y no perder la paciencia.
ES MUY IMPORTANTE QUE COMO ADULTOS AJUSTEMOS NUESTRAS EXPECTATIVAS Y SEPAMOS QUE LOS LLANTOS FORMAN PARTE DE UNA ETAPA NORMAL EN EL DESARROLLO DE NUESTROS BEBÉS Y QUE HAY UNA GRAN VARIABILIDAD ENTRE BEBÉS EN SU TEMPERAMENTO, PATRÓN DE LLANTO Y NIVELES DE ACTIVIDAD.
Dada la frecuencia de secuelas de carácter grave (discapacidades, retraso psicomotor, etc.) y la tasa de mortalidad ( 25 %), es IMPRESCINDIBLE una adecuada estrategia de prevención, consistente en una adecuada formación de los padres.
LAS CAMPAÑAS DE PREVENCIÓN EN CUALQUIER MODALIDAD AYUDARÍAN A DISMINUIR LA INCIDENCIA DE ESTE SÍNDROME EN SU TOTALIDAD PREVENIBLE.
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