Superada por la Maternidad: Testimonios y Reflexiones
Hay muchos factores que influyen en la sobreexigencia de las madres de hoy día. Compaginar la vida profesional con la familiar es un ejercicio muy complejo, y a eso se unen las emociones que lleva aparejada una maternidad que parece que ha de ser perfecta.
La Culpa Materna: Un Sentimiento Cultural y Social
En la crianza se pierden los papeles a veces, y entonces aparece siempre la culpa. ¿Cómo aprender a ser compasivas con nosotras mismas? Para mí, lo primero que tenemos que hacer es entender y racionalizar de dónde viene esa culpa particular que estamos sintiendo, cómo se ha gestado, por qué se ha instalado en nosotras. Si no sabemos de dónde viene, no podremos trabajarla.
Resulta que la gran mayoría de la culpa materna deriva de las elevadas expectativas y adornos con los que se ha ido hilando la construcción social de la “buena madre” durante los últimos tres siglos de historia en Occidente. Poder comprender por qué y para que se definió a la maternidad con determinados atributos (siempre han sido razones políticas, religiosas, económicas y de dominio de la población) nos ayuda a poder liberarnos de lo que en el libro menciono como “culpa como opresión”.
Definitivamente tiene más de cultural y de social que de biológico. La culpa es una emoción absolutamente necesaria para todos los seres humanos, es como un termostato que nos ayuda a redirigir nuestras acciones y reparar daños, es decir, es funcional, tiene un propósito, como todas las emociones. Lo que sucede en particular con la culpa materna es que mucha de esta no tiene nada que ver con la funcionalidad de una emoción, sino que está relacionada con la incapacidad de poder sostener una maternidad perfecta y color de rosa.
Muchas madres sienten una terrible culpa por tener que dejar en una escuelita infantil a sus bebés o se sienten culpables por salir con sus amigas a tomar algo y dejar a los peques al cuidado de otros adultos. La culpa por estas dos situaciones descritas es ajena a casi la totalidad de padres varones, según mi trabajo de investigación, lógicamente hay algo no “natural” en esa diferencia.
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El Impacto de la Culpa en los Hijos
El problema con la culpa no es sentirla, sino que se apodere de nuestra experiencia materna, es decir, que nos sintamos culpables muy seguido o por muchas cosas. Cuando esto pasa, el mensaje que les llega a nuestros hijos por un lado reafirma los roles de género debido a que al aceptar esta culpa asumimos que así debemos sentirnos porque así se deben sentir las madres, pero, además, los peques pueden llegar a sentir que no se pueden cometer errores, que las madres debemos ser perfectas y de esta manera ellos también deberían ser perfectos, algo imposible e irreal.
Por último, la culpa es una emoción negativa y los niños tienen un sensor muy especial para percibir cuándo el ánimo en el hogar está bajito.
La Culpa Materna Adaptativa
Sí, la culpa materna como emoción adaptativa es positiva y necesaria. Es importante transitarla y gestionarla, lo que implica saber pedir perdón cuando nos equivocamos y reparar el daño causado. Hoy sabemos que no es así y que, de hecho, el pedir perdón a nuestros hijos cuando nos equivocamos favorece el desarrollo del vínculo de conexión con los mismos y su autoestima, al interiorizar que todos podemos equivocarnos y que no por ello dejamos de merecer ser amados o cuidados.
La Necesidad de Tiempo en Soledad
Entre las 10 situaciones que generan culpa entre las madres, y que citas en el libro, está la de querer pasar un tiempo en soledad. ¿Cómo entender que es totalmente necesario? De forma gráfica, se puede explicar así: imaginemos que las madres somos jarrones y que día a día vamos llenando el jarrón con la limpieza del hogar, los cuidados, la carga mental, la actividades extraescolares, las citas con el pediatra o con el dentista, etc, etc, etc. Si ese jarrón no se vacía de vez en cuando, va a desbordarse, ya no le va a entrar más agua y allí cabe preguntarse: ¿qué podemos ofrecer las madres a nuestros hijos desde el desborde?
Para no llegar a este punto límite, las madres necesitamos nutrirnos y cuidarnos con espacios en los que podamos relajarnos sin tener que cuidar o preocuparnos por otra vida, necesitamos desenchufarnos del modo mamá por un rato. Por esto, los momentos en soledad y en compañía de otras madres son absolutamente necesarios para la salud mental.
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Testimonios de Madres Superadas
«Siento que todo lo hago a medias. Crío a medias, trabajo a medias, soy esposa a medias. Es como si no pudiera hacer nada al cien por cien, y eso me frustra y me genera culpa». En el libro recoges este testimonio. ¿Qué se puede decir a tantas mujeres que se sienten así? Lo curioso de este testimonio es que vino de una psicóloga, lo cual nos hace ver que todas las madres transitamos la culpa sin importar cuán “preparadas” estemos. Con esta mamá en particular hicimos un trabajo terapéutico personalizado y pudo soltar su culpa; su vida cambió completamente para bien.
Muchas mamás se sienten como esta mami y a todas ellas les propongo como primer acercamiento plantarse y preguntarse: ¿Y por qué debo llegar a todo? ¿Es posible o viable hacerlo? ¿Esta exigencia también la siente mi pareja? ¿Qué cambios concretos podría hacer en mi vida o en qué áreas podría bajar el nivel de exigencia para no sentirme así? ¿Qué experiencias de mi infancia o de mi pasado me han empujado a creer que debo cubrir al 100% todos estos roles? Tan solo al responder estas preguntas podremos empezar a soltar esta culpa.
El Valor del Acompañamiento Materno
Nos hemos quedado sin tribu y criamos casi en solitario. ¿Es ese acompañamiento una buena solución ante la culpa? El acompañamiento de otras madres no solo es una buena solución para la culpa materna, es a la vez antídoto y vacuna. Lo que intento decir es que la tribu nos ayuda a sanar y a ser más fuertes para afrontar el próximo encontronazo con la culpa. El sentirse validada, comprendida, escuchada con empatía es necesario en toda maternidad, sobre todo porque muchas veces la pareja masculina no logra empatizar con nuestro sentir, ya que sus vivencias, exigencias y prioridades son diferentes.
Nuestras madres o abuelas, que han alternado con la construcción social de la maternidad color de rosa y de las madres mártires, tampoco llegan a entender realmente por qué nos sentimos así con determinadas temáticas. “En mis tiempos era más difícil y no me quejaba”, te dicen, “yo crié cuatro hijos sola y nunca me queje”... Esas frases nos anulan, nos hacen sentir como que estamos locas o que no somos agradecidas.
Transformar la Maternidad Culposa
Acabas el libro hablando de cómo transformar esa maternidad culposa. ¿Podrías citar uno de los puntos clave para ello? El punto más importante es trabajar en la autocompasión, aceptarnos como madres suficientemente buenas en lugar de aspirar a una maternidad perfecta.
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La Psicosis Posparto: Una Urgencia Psiquiátrica
El reciente caso de la madre de Godella pone de manifiesto, una vez más, la escasa atención perinatal en salud mental en España. La psicosis puerperal es un trastorno mental grave que, según las estimaciones, afecta a una o dos madres por cada mil nacimientos. Las mujeres con historia de enfermedad mental previa tienen un riesgo más elevado de padecerla, al igual que las madres con antecedentes familiares de trastorno bipolar y aquellas que ya han sufrido episodios en otros pospartos, pero también puede aparecer en mujeres sin antecedente de enfermedad mental.
El comienzo de la psicosis posparto suele ser abrupto y puede darse a las horas del parto, a los pocos días e, incluso, pasados varios meses del parto. La madre comienza a presentar síntomas de confusión mental que dan inicio a la psicosis. Además, suele aparecer una alteración del estado de ánimo en forma de depresión, irritabilidad o, en ocasiones, de euforia y sensación de tener mucha energía. Tras estos síntomas, entran en juego los delirios paranoicos, megalomaníacos o de otra índole.
“Básicamente la madre que delira vive sumida en una irrealidad angustiosa: puede pensar que su bebé está endemoniado, o que la policía se lo quiere arrebatar, o que es un enviado divino... Puede oír voces que le dan indicaciones sobre lo que tiene que hacer o sobre cómo salvar a su bebé”, explica Ibone Olza, psiquiatra infantil y perinatal y directora del Instituto Europeo de Salud Mental Perinatal.
El riesgo de suicidio materno y/o de infanticidio es “muy alto” en estas circunstancias, según la experta, que reclama que la psicosis posparto sea tratada como una urgencia. “La psicosis puerperal es una urgencia psiquiátrica y un trastorno que todos los profesionales que atienden a madres recientes deberían saber reconocer y atender. En cuanto una madre comienza a presentar confusión, insomnio grave o ideas delirantes lo más urgente son dos cosas: no dejarla sola ni un instante y asegurarse de que reciba atención médica y psiquiátrica urgente, ya que hablamos de una enfermedad psiquiátrica que con tratamiento se puede curar por completo en pocas semanas”, afirma.
Campaña de Sensibilización sobre la Psicosis Posparto
Precisamente por las dramáticas consecuencias asociadas a una psicosis posparto no detectada y tratada, desde el Instituto Europeo de Salud Mental Perinatal han lanzado con motivo de la celebración el próximo 1 de mayo del Día Mundial de la Salud Mental Materna la campaña Psicosis Posparto. El objetivo de la campaña, dirigida tanto a las madres, sus parejas y familiares, como al personal sanitario que trabaja en el ámbito de la maternidad, es dar a conocer esta enfermedad psiquiátrica y concienciar sobre la importancia de su prevención.
“Existe un gran desconocimiento sobre qué es la psicosis puerperal, cuáles son sus síntomas, cómo se expresa, el sufrimiento que conlleva, o cómo puede ser superada con el apoyo adecuado. Pensamos que es muy importante que las familias sepan cuándo pedir ayuda y que toda la sociedad, y especialmente los profesionales que atienden a las madres que han dado a luz recientemente, conozcan la psicosis puerperal”, sostiene Olza, que incide también en la necesidad de que las madres reciban “un tratamiento adecuado y basado en la evidencia”, que incluya a su bebé y, en su caso, al padre: “Idealmente el tratamiento debe de realizarse en unidades psiquiátricas especializadas madre-bebé, donde pueden ingresar de forma conjunta y se minimizan las consecuencias de este cuadro. Con esta campaña también pretendemos visibilizar la ausencia de estos recursos especializados en nuestro país para la atención de los trastornos mentales perinatales y promover su creación”.
A través de la página web psicosisposparto.org, que será el epicentro de la campaña, las impulsoras pretenden reunir testimonios de mujeres que hayan pasado y superado una psicosis puerperal para que puedan servir de alerta a otras mujeres, familiares y personal médico. “Buscamos testimonios que nos ayuden a visibilizar la psicosis puerperal y la necesidad de cuidar de las madres durante el período perinatal. Testimonios que puedan sensibilizar a nivel individual y social con el fin de que la ayuda siempre llegue a tiempo. De esta forma se podrá salvaguardar a las madres y a sus bebés, y no se repetirán las fatídicas historias que pueden derivarse de una psicosis puerperal no detectada”, afirman.
Luchar contra el Estigma
Para las responsables del Instituto Europeo de Salud Mental Perinatal, Reino Unido es el país europeo de referencia en este ámbito, “precisamente porque a raíz de varios casos dramáticos y de la difusión de muchos testimonios han reaccionado y creado muchos dispositivos” para la protección de las madres y de sus bebés.
La Maternidad y el Autismo
Cuando tu hijo con autismo llega a la edad crítica, ésa que va des de los 18 meses a los 3 años aproximadamente, los terribles 2 que dicen, como no sabes que tiene autismo piensas que las rabietas desaparecerán. Pero no lo hacen e incluso son descomunales. Va creciendo y se supone que la cosa se mitiga y que cuando adquiere el lenguaje las rabietas empiezan a disminuir. Porque los niños son una diana muy fácil. Las rabietas, la desregulación emocional, los impulsos desmesurados, son muy propios del autismo. Por la ansiedad que supone no saber preveer los cambios, no entender lo que te están diciendo, querer participar en una actividad y no saber cómo, las dificultades sensoriales, etc. Pero no es exclusivo del autismo.
Todos, del primero al último, vivimos pequeñas rabietas que no son más que momentos en los que nos vemos superados por las circunstancias. Durante los primeros años posteriores al diagnóstico tardío de nuestro hijo, porque con ocho años, en mi opinión, es muy tarde, vivimos una etapa de ajuste. Fue un error, claro. Con todo, era un error que teníamos que cometer, para aprender, porque, igual que pasa con el puerperio, lo tienes que vivir. Con apoyos y ayudas, eso siempre.
Testimonios de Madres Trabajadoras Autónomas
Siendo autónoma, mi baja por maternidad ha sido más bien un rosario de obstáculos en el inicio de mi nueva vida como mamá. Recuerdo que en los meses previos al nacimiento de Nico, el algoritmo me traicionó y mi teléfono se vio bombardeado con una serie de vídeos de madres jovencísimas que explican su jornada con bebés, comparten trucos de organización y muestran unas rutinas deportivas (¡JA!) que me hacían pensar en la baja como un remanso de paz. No se confundan, este no es el texto de una eterna optimista, tengo un talento innato para ponerme siempre en lo peor. Pero dentro de la dificultad, imaginaba que mi niño dormiría siestas de día (¿a quién no le han dicho eso de ‘duerme cuando el niño duerma’?) y confiaba en tener algo de tiempo para trabajar en paralelo a la crianza. Los comentarios de varios colegas - hombres y mujeres, pero especialmente hombres- me hicieron confiar en que así sería. Me decían que me sentaría bien trabajar, como si se tratara simplemente de una labor de organización.
Después llegó Nico y cualquier intención de centrarme en el trabajo desapareció por completo. Cuando das a luz, tu salud pasa a un segundo plano (aunque hayas tenido un parto complicado y una cesárea). Los numerosos controles que te hacen durante el embarazo desaparecen y nadie se molesta ni siquiera en explicarte (al menos ese fue mi caso) cómo masajear tu cicatriz para una mejor recuperación. Al cansancio físico se une la sacudida emocional. No sé ni cómo referirme aún a ese momento. ¿Son las hormonas? ¿Es la separación física de dos cuerpos? ¿Descubrir a esa personita que ahora depende de ti? ¿La sensación de que nadie te comprende o que a nadie le importa? Incluso trayendo a un niño a este mundo en las mejores condiciones, el golpe físico y emocional es una bomba de relojería. A ello se le suman los cuidados, la falta de sueño (no esperarán que duerma cuando conduzco o en los escasos treinta minutos que mi niño logra dormir de 13h a 13h30, ¿no?), el descubrimiento de que la lactancia es más que poner a tu hijo al pecho, y una larga lista de momentos que merecen toda la poca concentración que tú puedes ofrecerle al mundo.
El Retorno al Trabajo y la Culpa
Creo que logré empezar a poner un poco de orden en torno a los cuatro meses y medio. Justo cuando él empezó a dormir aún peor por las noches y yo acumulaba ya meses de insomnio. En ese momento, los clientes y colegas volvían a llamar, a hacer peticiones y yo pensaba que estaba haciendo algo mal por retrasar el regreso al trabajo hasta los seis meses de mi hijo. Me preguntaban que, teniendo al niño en casa, por qué no trabajaba. Un compañero me dijo: “Espero que no seas de esas madres que ahora piensa que no sabe o no puede hacer otra cosa más que ocuparse de un bebé”. No había mala intención (como con la mayoría de comentarios que te hacen, aunque duelan). Seguramente pensó que era una reflexión feminista, pero yo me pasé dos semanas diciéndome que estaba dejando aparcada para siempre mi vida profesional.
La Narrativa Esencialista de la Maternidad Abnegada
Todo esto no significa que no disfrutemos de nuestro permiso. Esta creciente narrativa esencialista de la maternidad abnegada y con absolutamente todo bajo control es terrorífica. Que sea un trabajo y que lo reivindiquemos como tal no implica un sufrimiento constante y perpetuo. He conocido un agotamiento feroz pero también he sido más creativa que nunca. Como escribió Alicia Ostriker, “la maternidad fue para mí como el sexo, un buen lío del que no quise prescindir para abrirme camino en la vida”.
Los cinco meses y 18 días que han transcurrido desde que di a luz hasta mi reciente reincorporación al mundo laboral -un periodo que comprende la baja por maternidad, el permiso de lactancia y las vacaciones que me había reservado de 2024- han sido, sin lugar a dudas, el tiempo más rico y trascendental que he vivido hasta la fecha. He disfrutado de mi hijo de la manera más sensorial posible, con una interacción a ratos primitiva o animal (oliéndonos mutuamente, palpándonos, emitiendo sonidos guturales de apreciación mutua). La experiencia inédita de estar ‘descalendarizados’, el sentirme ajena al ruido del mundo y a las presiones productivas empresariales han hecho de estos meses un paréntesis vital que ha sido un verdadero regalo.
Pero la realidad está siempre cuajada de contradicciones y matices. El tiempo de los lentos paseos, de los mimos a deshora, de las apacibles siestas con el bebé en el pecho, de los cafés con amigas y de asistir a las primeras carcajadas de C. es también el tiempo en el que he conocido las mayores cotas de variabilidad emocional y extenuación física de mi historia. La intensidad del parto, el largo túnel del posparto, el pedregoso (cuando no, directamente, doloroso) arranque de la lactancia y la exigencia corporal generalizada de estas primeras etapas de la crianza resultan abrumadores.
La Depresión Posparto: Una Realidad Silenciada
Hasta un 8% de las madres españoles sufren depresión posparto o perinatal, una cifra que ha aumentado con los años. Elizabeth es una joven de 28 años que sufrió depresión tras el nacimiento de su primer hijo: “No fue como me lo habían contado". Uno de los mayores problemas a los que se enfrentan las mujeres es la idealización de la maternidad, algo que provoca mucha culpabilidad.
“La maternidad se idealiza”, afirma rotundamente Elizabeth. Con 28 años, acaba de celebrar el primer cumpleaños de su primer hijo y analiza en retrospectiva todas las expectativas que no se cumplieron y, en palabras suyas, “el dolor que provoca sentirte mala madre”. Ella no es la única, ya que aproximadamente un 8% de las mujeres madres experimentan lo que los expertos denominan depresión posparto o perinatal. Más mujeres la padecen, pero el estigma es tan grande que viven esta situación en silencio.
Para Elizabeth, el nacimiento de su primer hijo no fue como lo esperaba. “Durante todo el embarazo me contaban que sería un momento único, que nada más mirarle a la cara sentiría el mayor amor de mi vida y que nada era comparable a ser madre”, recuerda, “y luego no fue así”.
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