Tartamudez en Niños de 2 Años: Causas y Tratamiento

01.11.2025

Cuando el niño, al hablar, repite sílabas, sonidos, palabras o frases enteras, se habla de tartamudez infantil. Tartamudear es un caso frecuente en los pequeños en su proceso del aprendizaje del lenguaje.

Es posible que lo hagan cuando sus habilidades/capacidades del habla no se hayan desarrollado lo suficiente como para fluir al ritmo de su discurso en medio de la conversación. Sin embargo, a veces, es un trastorno crónico. Esto quiere decir que permanece hasta la edad adulta. Por ello, debes tener una gran habilidad de observación y escuchar a tu hijo, con el fin de detectar la dificultad y acudir a un logopeda.

La tartamudez es un trastorno del ritmo del habla que se caracteriza porque el niño repite frecuentemente y prolonga sonidos, sílabas o palabras.

Es una de las consultas más frecuentes del desarrollo del lenguaje en el niño. De hecho, afecta a aproximadamente uno de cada 100 escolares. Se dan más casos entre niños que en las niñas, en una proporción 3:1, y la edad de inicio se sitúa entre los 2 y 5 años, coincidiendo con la consolidación del lenguaje.

¿Qué es la Pseudotartamudez?

Hay que diferenciar entre tartamudez y pseudotartamudez. Se habla de tartamudeo cuando el niño repite las sílabas, los sonidos, las palabras o las frases enteras, o bien cuando titubea para empezar a hablar. En cambio, la pseudostartamudez se da alrededor de los dos años cuando el niño simplemente repite las palabras que acaba de aprender y que todavía le resultan demasiado complicadas.

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Muchos de los problemas de fluidez (entre el 65 y el 85%) desaparecen espontáneamente, sin tratamiento, en los dos años posteriores a su aparición, pero entre el 20 y el 50% de estos problemas iniciales pueden continuar hasta la edad adulta.

¿Cuáles son las causas de la tartamudez?

No se conoce la causa de la tartamudez. Puede aparecer en todo tipo de personas, sin que tenga relación con la inteligencia, problemas psicológicos o de personalidad. Los niños o adultos que tartamudean son normales, excepto en la forma de hablar.

Lo más frecuente es que la tartamudez sea un trastorno de tipo emocional o relacional, que se manifiesta en la comunicación verbal y se ve agravado o mejorado según el estado emocional del niño. Cuando se equivoca, el niño intenta controlarse y corregirse, pero cuanto más se controla, peor se expresa, aumentando sus tartamudeos.

La tartamudez es un trastorno de tipo relacional que recibe la influencia del estado emocional. Anomalías en el control motor del habla. Ten en cuenta que esta situación empeora cuando la persona está demasiado emocionada, estresada, enérgica, presionada, cansada o apurada/ansiosa.

Algunos errores en el habla son normales y aparecen frecuentemente en el desarrollo del lenguaje del niño. Suelen ocurrir cuando el niño está alterado, nervioso, cansado o cuando quiere decir algo complicado.

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Es habitual que los niños entre los 2 y los 5 años no tengan una fluidez total hablando, hasta que aprenden a organizar las palabras y las frases.

Algunos tienen dificultades en el habla, en cómo fluye el lenguaje. En la mayoría de los niños esta alteración del lenguaje desaparece de forma espontánea antes de los 3 meses.

¿Cómo detectar la tartamudez?

Los síntomas de la tartamudez son los siguientes:

  • Falta de fluidez en el habla: interjecciones, prolongaciones, repeticiones (de sonidos, sílabas, palabras o grupos de palabras) o bloqueos.
  • Subidas bruscas del tono de voz.
  • Alteración funcional de la respiración y tensión en los músculos de los órganos fonatorios: boca, laringe, cara…
  • Movimientos anormales asociados: muecas, inclinaciones de cabeza, golpes con el pie o encogimiento de hombros.
  • Cambios en la velocidad del habla.
  • Taquicardia y/o temblores.
  • Sentimientos de frustración, ansiedad o vergüenza.

La disfemia se caracteriza por síntomas como la dificultad para comenzar una palabra, prolongación, silencios o incluso bloqueos.

La disfemia se caracteriza por los siguientes signos y síntomas, que se producen de manera involuntaria y que suelen aparecer de los 2 a los 5 años de edad (la forma de presentar la tartamudez varía de una persona a otra):

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  • Dificultad para comenzar una palabra, frase u oración.
  • Prolongación durante varios segundos o repetición de sonidos, sílabas o palabras.
  • Silencios tensos entre las palabras, pausas dentro de una palabra (palabras partidas) o bloqueos totales del discurso.
  • Buscar sustitutos, sinónimos o circunloquios o palabras adicionales -muletillas- como “eh”, “pero” o “pues” en caso de dificultad para continuar con la siguiente palabra.

Por otro lado, las dificultades del habla pueden estar acompañadas por:

  • Tensión muscular en cara y cuello.
  • Parpadeo rápido.
  • Temblor de los labios y la mandíbula
  • Tics faciales.
  • Movimientos de cabeza.
  • Puños cerrados.
  • Emociones negativas como estrés, ansiedad y culpa.

Con el tiempo, puede aparecer tendencia a evitar la comunicación, al aislamiento y miedo a hablar.

Cómo actuar ante la tartamudez infantil

La tartamudez es una alteración de la fluidez normal del habla que dificulta la comunicación social. Es una de las consultas más frecuentes del desarrollo del lenguaje en el niño.

La tartamudez es una alteración de la fluidez normal del habla que dificulta la comunicación social.

Lo que sí hay que hacer…

  • Dedicar todos los días 15 o 20 minutos para hablar con el niño: ver/leer algún cuento juntos o hacerle comentarios sobre lo que el adulto ha hecho a lo largo del día son maneras de conversar con el niño de forma agradable, sin prisas y demostrándole que se disfruta hablando con él/ella.
  • Fomentar un clima de comunicación en la familia: este clima tiene que ser agradable y distendido, sin acribillar a preguntas al niño ya que podría sentirse como puesto a prueba o pasando un examen.
  • Hablar con el niño sin corregirle constantemente si se equivoca: de este modo, él gana en seguridad y confianza. Es mejor contestar a lo que ha preguntado de forma correcta, con una buena dicción y despacio, que corregir sus errores. Debemos de ser modelos a imitar del habla que queremos que presente el niño.
  • Prestar más atención a lo que dice que a las faltas de fluidez: no hay que mostrar preocupación ni desaprobación cuando se produzca una falta de fluidez.
  • Estimular el lenguaje y la articulación de palabras mediante canciones y trabalenguas: es una manera divertida de aprender.
  • Hablar despacio y con pausas: el niño podrá imitarnos y, además, si le hablamos despacio, tendrá más tiempo de entender lo que le estamos diciendo y podrá elaborar más fácilmente su respuesta.
  • Esforzarse por entender al niño evitando que lo repita todo muchas veces.
  • Dar al niño todo el tiempo que necesite para hablar, estableciendo contacto visual: hay que esperar a que termine de hablar, sin mostrar impaciencia.
  • Hablar con frases cortas y sencillas, adecuadas al nivel de madurez del niño: para ello, podemos fijarnos en el número de palabras por frase que dice normalmente el niño y emplear un número similar en nuestras frases hacia él.
  • Desdramatizar la situación: si el niño es consciente de su tartamudez, debemos asegurarle que no es nada grave y que con el tiempo mejorará.
  • Reforzar positivamente: mostrar alegría cuando habla con fluidez y felicitarlo por los logros conseguidos.

Lo que no hay que hacer…

  • No etiquetar al niño de “tartamudo”: no tiene que sentirse distinto por su tartamudez pero sí tiene que reconocer que existe una dificultad en el habla.
  • No prestar demasiada atención al problema: de este modo, evitamos que el niño se angustie, se ponga nervioso y tartamudee más.
  • No interrumpir cuando el niño hable ni completar sus frases.
  • No decirle que hable más despacio.
  • No darle consejos en el momento que cometa errores: comentarios como “habla despacio”, “tranquilo” o “respira” mientras el niño está intentando expresarse pueden generarle más nerviosismo y angustia.
  • No reírse nunca de él.
  • No obligar al niño a exhibir sus progresos ante gente y no presionarle para que hable con otros adultos cuando no quiera hacerlo: hablar bajo presión puede dificultar la fluidez.

Cuando se conversa con una persona con tartamudez es importante tener en cuenta las siguientes indicaciones:

  1. Habla de una manera pausada y relajada. Especialmente si se trata de un niño, le servirá como modelo y aumentará su fluidez verbal. También puede ayudar hablar con un volumen más bajo.
  2. Concéntrate en lo que dice y no en cómo lo dice. Mantén el contacto visual con la persona y hazle sentir tu interés por lo que está diciendo sin mostrar signos de incomodidad o vergüenza.
  3. Ten paciencia y no le interrumpas. Si se bloquea, mantén la calma. Si es un niño, tampoco le pidas que vuelva a comenzar el discurso o que repita algo que ha dicho. Solo conseguirás que se ponga nervioso o nerviosa y el tartamudeo se agrave.
  4. No le corrijas o hagas recomendaciones. Frases como “tranquilízate”, “habla más lento” o “respira hondo” pueden aumentar la inseguridad y complejo de la persona con disfemia.
  5. No acabes frases por él o le sugieras palabras. En vez de ayudarle, puede sentir mayor presión por terminar de hablar con rapidez.

¿Cuándo acudir al pediatra?

  • La tartamudez persiste más allá de los cinco años.
  • Se acompaña de muecas o tics.
  • Si en la familia hay antecedentes de tartamudez en la edad adulta.
  • Si no dice palabras a los 18 meses ni frases a los dos años y medio.

¿Tiene tratamiento la tartamudez?

La tartamudez puede producir un sufrimiento intenso en los niños que la padecen. Incluso, en sus formas moderadas o ligeras, los niños tartamudos necesitan apoyo y ayuda en los tres aspectos del problema: habla, emocional y social.

El tartamudeo evolutivo es transitorio y no necesita tratamiento. A partir de los cinco años puede superarse o no mediante el tratamiento de un logopeda o un psicólogo. La intervención terapéutica debe abarcar aspectos de fluidez, psicológicos y sociales; y debe incluir a la familia, a los tutores y a los compañeros de clase, además del propio niño.

El objetivo del tratamiento es disminuir en la medida de lo posible el tartamudeo y evitar las consecuencias negativas en el habla, en la comunicación, en los aspectos emocionales y sociales.

La erradicación total del tartamudeo es posible en algunos casos.

En caso de niños pequeños, es conveniente abordar el trastorno de la manera más temprana posible. Asimismo, es crucial orientar a los progenitores para que favorezcan pautas de comunicación que ayuden a su hijo a desarrollar un habla fluida.

La disfemia se trata con terapia del habla con un logopeda, terapia cognitivo-conductual o incluso con dispositivos similares a los audífonos.

Tratamientos comunes para la disfemia

  • Terapia del habla: Comprende sesiones de logopedia para que las personas afectadas aprendan técnicas y destrezas que les permitan minimizar el tartamudeo, mejorar su comunicación oral y rebajar la tensión física. Por ejemplo, controlar la respiración y practicar con frases cortas a un ritmo más lento para, con el tiempo, lograr una expresión más natural.
  • Terapia cognitivo-conductual: Este tipo de psicoterapia contribuye a detectar las formas de pensamiento que empeoran la tartamudez, así como a reducir el estrés, la ansiedad al hablar y los problemas de autoestima ligados al trastorno.
  • Dispositivos electrónicos: Existen aparatos similares a audífonos que ayudan a mejorar la fluidez, aunque son necesarias investigaciones adicionales sobre su uso.

Además del apoyo de la familia, para tratar la tartamudez infantil, que es un trastorno del habla bastante complejo, se requiere la ayuda de un logopeda.

El tratamiento de la tartamudez infantil, va a depender de la etapa en la cual se detecta el trastorno y del especialista en logopedia al que acudas. Con los niños pequeños, el tratamiento se desarrolla sobre todo a través de los padres, mediante los juegos y sin exigir ni forzar que el niño hable. Es el logopeda quien ayuda a los padres a saber cómo actuar y hablar con el niño y cómo manejar las situaciones más complicadas.

En el caso de niños más mayores, el tratamiento del logopeda se hace directamente con el niño al que entrenamos en técnicas de control del habla específicas para relajar las palabras y reducir la tensión cuando se dan momentos de tartamudeo.

La terapia de tartamudez infantil significa aprender a hablar de una manera más fácil y desarrollar emociones y actitudes positivas en el momento de comunicarse oralmente.

Cuando el niño supera los 7 años y continúa con la tartamudez infantil es probable que no desaparezca por completo. De ahí la importancia de tratar la tartamudez infantil cuanto antes.

Aun así, cuando se ha superado esta edad, el niño puede beneficiarse de la terapia con el logopeda, ya que le ayuda a reducir la gravedad y el impacto de la tartamudez en su vida diaria a través de recursos y estrategias entrenadas en terapia, facilitando su participación plena en el colegio y en otras actividades sociales.

El mejor momento para la intervención siempre será cuanto antes, entre otras cosas porque resulta mucho más eficaz el tratamiento cuando aún no han aparecido «conductas secundarias» (muletillas, fuerza, evitación, circunloquios, ansiedad…)

Si el niño crece con una tartamudez instaurada, sin intervenir, es muy posible que desarrolle trastornos emocionales y comportamientos atípicos que interfieran en su desarrollo y capacidad de socialización.

La logopedia hoy puede afirmar, gracias a las neurociencias, que la tartamudez tiene una base neurológica y no es originada por factores externos ni psicológicos.

Consejos para padres

Además de la atención del logopeda, también en casa los padres pueden ayudar a mitigar la tartamudez infantil. Para ello conviene:

  1. Habla más lento y relajado con tu hijo: Los padres deben utilizar un modelo de habla más lento y relajado, con una estructura y contenido sencillos para que el niño pueda entender con facilidad.
  2. Comunícate con tu hijo sin que se sienta presionado:
    • Evita situaciones de habla estresantes.
    • Hazle menos preguntas y más comentarios.
    • Hazle preguntas sencillas en estructura y contenido, de una en una y despacio.
    • Espera a que el niño termine de hablar evitando interrupciones y superposiciones (espera uno o dos segundos de silencio antes de comenzar a hablar)
    • Escucha activa.
  3. Actúa adecuadamente ante los bloqueos:
    • No le ayudes si el niño no te lo pide, es decir, no intentes terminar sus frases ni intentar adivinar las palabras que quiere decir.
    • Controla la conversación si los bloqueos comienzan, simplificando las intervenciones del niño.
    • Evita reacciones punitivas ante los bloqueos (reacciones verbales o no verbales).
    • Prestar atención a la forma y no al contenido.
  4. Introduce algunos cambios en su estilo de vida:
    • Disminuye el ritmo de vida general de la familia, evitando que el niño tenga un exceso de ocupaciones.
    • Planea las actividades para generar rutina.
    • A la hora de disciplinar, castiga sobre la conducta sin pedir al niño explicaciones sobre lo que haya hecho. Mientras se le castiga tiene prohibido hablar.
    • Apoyar al niño en cualquier punto fuerte que tenga y evitar un exceso de críticas (trabajar la ratio apoyo/exigencia).
  5. Escucha con interés: Es de suma importancia que muestres interés por aquello que el niño te quiera contar, esto le dará seguridad y tranquilidad.
  6. No le etiquetes ni le atosigues: Deja a tu hijo hablar sin interrumpirle. No le digas “tranquilo” ni “arranca” ni tampoco le completes sus frases. Tampoco le haces ningún favor si le etiquetas como “tartamudo”, así que evita estas prácticas.

Entender y apoyar a los niños con disfemia (tartamudeo) implica un enfoque integral que incluye terapia, apoyo familiar y escolar, y abordar los aspectos emocionales y sociales del trastorno. La intervención temprana y un ambiente de apoyo son clave para ayudar a los niños a manejar el tartamudeo y desarrollar habilidades efectivas de comunicación.

Es importante recordar que cada niño es único, y lo que funciona para un niño puede no funcionar para otro. El tartamudeo no debe ser visto como una barrera para el potencial de un niño.

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