Teresa Forcades y su Postura sobre el Aborto: Un Análisis Detallado
Las posiciones sobre la prohibición o legalización del aborto se polarizan hasta el extremo. Sin embargo, la reflexión de la monja benedictina catalana, Teresa Forcades, ha influido en el cambio de postura de algunos teólogos morales, quienes han discernido mejor los valores en juego.
El Argumento Inicial y su Transformación
Inicialmente, se argumentaba que el aborto es una violación de la ley moral universal, sin excepciones, contra la eliminación directa de la vida inocente. Esta ley moral debe reflejarse en la medida de lo posible en la ley civil. Cualquier invocación del derecho a violar dicha ley moral y civil es absurda.
Cuarenta años después, esta perspectiva ha evolucionado. Un cambio superó a todos los demás: la inclusión de todas las implicaciones de la dignidad de la mujer en las reflexiones morales al respecto. Nunca se ha dudado del derecho a la vida del feto.
En su encíclica de 1995 Evangelium vitae el Papa Juan Pablo II dijo que nadie puede apelar a la autoridad de la conciencia para justificar el aborto, ya que nunca está permitido violar la ley moral universal y sin excepciones contra la eliminación directa de la vida inocente. Esa forma de plantear las cosas reflejaba perfectamente el pensamiento a principios de los años ochenta.
La Influencia de Teresa Forcades
Una declaración concisa y contundente de la Hna. Teresa Forcades, benedictina catalana, convenció de lo incompleto de tales opiniones. En 2009, Forcades habló en una entrevista televisiva a favor del “derecho a decidir” de la madre en materia de derecho civil y aborto. En respuesta, el Vaticano exigió su afirmación pública de la doctrina moral de la Iglesia.
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“La autodeterminación”, argumentó, es un “derecho fundamental que protege la dignidad humana y prohíbe absolutamente y bajo cualquier circunstancia que una persona sea utilizada como un objeto… el derecho a la autodeterminación es el derecho a la vida espiritual”. El argumento de Forcades tiene el mérito de nombrar en términos católicos la dificultad real a la que nos enfrentamos con la ley y el aborto.
No es el conflicto que se imaginaba hace 40 años entre los que dicen la verdad y los relativistas amantes de la libertad. Se trata más bien de un conflicto de bienes absolutos. Ver las cosas bajo esta luz ayuda a poner de manifiesto el derecho de la mujer a ejercer su agencia moral -o, en la terminología de Forcades, su autodeterminación-, especialmente cuando se enfrenta a un embarazo difícil.
El Debate sobre el Eslogan "Mi Cuerpo, Mi Elección"
Pocos eslóganes encendieron más las energías provida del pasado que “mi cuerpo, mi elección”. En el eslogan se leía la historia relativista de nuestro tiempo, que en nombre de una realidad material como el cuerpo, todo vale.
Pero con el tiempo se empezó a pensar de forma diferente sobre el eslogan. En primer lugar, se hizo evidente que la mayoría de las personas que estaban a favor del aborto no eran los absolutistas con eslogan de las pasadas fantasías sobre la guerra cultural.
Integridad Corporal y la Persuasión
Recientemente, la teóloga Kathleen Bonnette, en un artículo publicado en America, pedía que el pensamiento católico sobre la ley y el aborto prestara más atención al derecho a la integridad corporal de las mujeres embarazadas. Al igual que la afirmación de Forcades sobre el derecho a la autodeterminación, el perspicaz argumento de Bonnette sobre el derecho a la integridad corporal nombra un hecho moral que con demasiada frecuencia se omite en las consideraciones católicas sobre el aborto.
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El absolutismo católico de los años 80 pretendía que la ley civil restringiera al máximo el aborto porque sólo importaba el derecho a la vida del feto. Pero eso es demasiado simple: Afirma sólo una injusticia en juego en estos asuntos.
Sería mejor, dice Bonnette, reconocer también una dolorosa e inevitable paradoja: que por su naturaleza coercitiva las leyes que pretenden restringir la injusticia del aborto pueden también violar la integridad corporal de las mujeres. Bonnette afirma que el derecho civil puede seguir restringiendo el aborto.
Pero también insiste en que, por respeto a la integridad corporal de la mujer, la Iglesia debería recurrir más a los métodos de persuasión. Bonnette tiene razón. En los años ochenta, el caso católico contra el aborto era hermético. Lo único que faltaba eran las mujeres embarazadas implicadas en el asunto.
La Postura de Teresa Forcades en Detalle
Como todos los católicos, Teresa Forcades defiende sin fisuras la vida humana. Y se niega, por lo tanto, a aceptar el aborto como un derecho. El derecho es el de vivir.
La hermana Teresa, como médica y teóloga, expone su personal parecer sobre la píldora del día siguiente y el aborto. E-cristians se moviliza para pedir a la abadesa benedictina de Montserrat, Montserrat Viñas, que "la hermana Forcades deje de hacer manifestaciones públicas, frontalmente contrarias a cuestiones fundamentales del magisterio de la Iglesia y deje, por tanto, de cometer pecado de escándalo". Otros sectores católicos expresan su perplejidad por esta denuncia. El Vaticano pide una rectificación.
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Teresa Forcades se asesora con expertos y teólogos para atender el requerimiento de Rodé y envía su respuesta al Vaticano. Explica su postura en el artículo Un aclariment sobre l´avortament en Foc Nou. Forcades, en síntesis, argumenta: "La función magisterial ha de ser respetada por todos los bautizados católicos y de manera particular por todos los teólogos católicos. Pero este respeto no excluye la manifestación pública de hipótesis razonables que puedan hacer avanzar el magisterio eclesial según la voluntad de Dios".
Sobre el aborto, apunta: "Mi duda no tiene que ver con el principio de defensa de la vida como don de Dios. Mi duda es si puede ser lícito, según la moral católica, violar el derecho de autodeterminación de la madre para salvar la vida del hijo. El derecho a abortar no existe. Lo que existe es una colisión de dos derechos fundamentales: el derecho de autodeterminación de la madre y el derecho a la vida del hijo".
Así, pues, su postura es esta: "Mi conciencia me hace plantear esta duda con confianza y con toda honradez. Mi fe me hace dejar constancia de mi obediencia al Magisterio actual". Teresa Forcades está a la espera de la respuesta vaticana.
El derecho a la autodeterminación es tan sustancial y tan absoluto como el derecho a la vida, de hecho, el derecho a la autodeterminación es el derecho a la vida espiritual: es lo que hace que la vida de las personas sea reconocida como algo más que vida biológica. Nadie, ni el Estado ni la Iglesia, tiene el derecho de violarlo en ninguna circunstancia. Tampoco tiene nadie, ni el Estado ni la Iglesia, ni la madre, el derecho de violar el derecho a la vida biológica del feto. El derecho al aborto no existe.
Para el cristiano, el Bien se identifica en última instancia con Dios y con su voluntad de amor sobre cada persona. El derecho de autodeterminación no es nada más -ni nada menos- que la posibilidad de decir sí a Dios sin que éste sí esté vacío de contenido.
En relación a la validez del planteamiento del tema del aborto como un conflicto de derechos: este es el planteamiento que hace el moralista especializado en bioética Johannes Reiter, miembro de la comisión teológica internacional nombrado por Juan Pablo II en el año 2004 y renovado en el cargo por Benedicto XVI el año 2009.
¿En qué sentido se puede considerar problemática la preeminencia del derecho a la vida por encima del derecho a la autodeterminación? Para ilustrar el conflicto entre el derecho a la vida y el derecho a la autodeterminación podemos tomar como ejemplo el caso del trasplante de riñón. ¿Por qué no aprobar una ley que obligue a las personas que tengan riñones compatibles a ceder a estos enfermos para salvarles la vida? Si existe un principio moral que legitime este rechazo, ¿por qué no es aplicable este principio en el caso de la mujer embarazada, especialmente si la vida de la madre corre peligro o si el embarazo ha sido fruto de una violación?
Después de que el cardenal de Lima Juan Luis Cipriani rechazara que la religiosa española, Teresa Forcades, dictase la semana pasada una conferencia y diera a conocer su postura sobre temas de homosexualidad y aborto, las órdenes religiosas reunidas en la Conferencia de Superioras y Superiores Mayores de Religiosos ( Confer) le hicieron ayer un acto de desagravio, antes de que ella partiera a su ciudad natal.
"La actitud del arzobispo Cipriani no me ha afectado, debo confesar que ya estoy acostumbrada a ese grupo reducido que está en contra de mis ideas y mi manera de ver las cosas", señaló la religiosa. Confesó que sí le indignaron los apelativos que le colocaron algunas redes sociales, donde la llamaron pro-abortista. "No lo soy, y ahora lo aclaro. Pero sí estoy de acuerdo con la despenalización de un mal menor. Hay dos principios importantes, el de la vida y el de la autodeterminación: quiere decir que la madre tiene derecho a elegir si su vida está en peligro, ya el de arriba juzgará".
Teresa Forcades y la Política
Forcades y "Procés Constituent", pro-abortoLa opción política que promueve, ‘Procés Constituent’ (‘Proceso Constituyente’), postula en el punto 6 “el derecho al propio cuerpo”. Teresa Forcades puntualiza que en su opinión no “existe el derecho al aborto, pero sí se debe hablar de la despenalización como un mal menor”. En realidad, la despenalización es en la práctica aborto libre, como demuestra el caso español, con 120.000 abortos al año. El truco de Forcades consiste en intentar maquillar que su formación política, Procés Constituent, es abortista.
A Arcadi Oliveres y a mí nos han venido a buscar grupos que trabajaban el cambio social y querían abrir una vía que transforme la sociedad. Tanto Arcadi como yo tenemos una credibilidad transversal en Cataluña. Dicho esto, el proceso constituyente está abierto a personas que no hayan sido nunca independentistas, pero que tengan una conciencia clara de la urgencia social de estos cambios y que les parezca que esta opción de declarar la soberanía plena lo hace viable. Pero mi postura personal es que trabajar por la independencia, aunque nos perjudicara económicamente, es una forma de valorar la diversidad: estamos en un momento de globalización.
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