Teresa Portela: Biografía de una Leyenda del Piragüismo Gallego
Con tan solo nueve años, Teresa Portela soñaba con mantenerse en la piragua. Años después, se convertiría en una de las mejores deportistas gallegas de la historia, junto a Támara Echegoyen.
Cuando Antía Jácome comenzó a remar, su mayor aspiración era emular a Teresa Portela, visualizando la posibilidad de competir al máximo nivel, como sus ídolos.
Juan Saavedra, doble medallista paralímpico en tiro, Teresa Portela, plata en Tokio y la deportista española con más presencias en los Juegos, seis; Javier Gómez Noya, el mejor deportista gallego de siempre, que se despidió de las citas olímpicas en Japón, y Antía Jácome, brillante debutante con un quinto puesto, diploma y una carrera aún por conquistar, fueron los protagonistas homenajeados en un acto celebrado por el Concello de Pontevedra.
El acto, dirigido por el periodista Terio Carrera y presidido por el alcalde de Pontevedra, Miguel Anxo Fernández Lores, en colaboración con el concejal de Deportes, Agustín Fernández, comenzó con un sentido homenaje y un minuto de silencio para Teresa Tapia, directiva del Mace Sport, fallecida.
Después de que Carrera guiara a los protagonistas con sus preguntas, hubo tiempo para que la audiencia pudiera realizar sus preguntas. Entre las cuestiones que salieron a escena, apareció una inevitable, la presión. "La tensión me puede", admitió con humildad la más joven de las presentes.
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Terio Carrera, la cara del deporte en la TVG, hace para Cepas y Vinos el balance de su vida profesional, más de treinta años después de su primer directo “a pie de campo” en Balaídos. Antes de periodista deportivo fue aficionado. Obviamente, cuando hay pasión por el deporte en casa, eso se transmite. En los años 70, mi padre fundó el Club Ciclista Ponteareas y también colaboraba con los equipos de fútbol de la zona.
De hecho, antes de fundar el club, apoyó mucho a Álvaro Pino y a varios ciclistas locales que no tenían ni en qué ir a las pruebas los fines de semana. Había un chico, Pepe Teixeira, que hoy es masajista profesional, que trabajaba con mi padre de albañil. Tenía, creo, 15 o 16 años y Teixe empezó a decirle que había otro ciclista bastante bueno pero que no tenían forma de desplazarse a las carreras, así que mi padre los metía en un Land Rover que tenía que era bastante grande y los llevaba por toda Galicia, sin ningún tipo de interés más allá de ayudarles. Y yo si me despertaba a tiempo, iba con ellos, con 6 o 7 años. También recuerdo ir con él los domingos a ver al Areas y al Juvenil de Ponteareas.
Por aquella época yo tenía dos sueños. Uno era jugar en el Athletic Club, aunque lo de nacer en Ponteareas me perjudicó un poco (risas). Y el otro era narrar los partidos como hacían en la radio y para eso ensayaba en casa. Así empezó todo.
Tras esos ensayos en casa, empezó en la radio, pero parece que el medio en el que está más cómodo es la televisión. No sé si se me ve más cómodo en la tele, pero te puedo decir que, de los tres medios, porque también hice mis pinitos en prensa, en Atlántico Diario, el más bonito, quizás porque fue el primero, es la radio. La radio no tiene comparación con nada. Es cierto que la tele te da cierta repercusión, te pone en el mapa, te da la posibilidad de ser conocido, pero la radio es incomparable. Y creo que para cualquier periodista de deportes compatibilizar la radio y la televisión es lo máximo y yo lo hice en alguna época.
Llevo 36 años de relación con la CRTVG, empecé en la radio y ahora llevo 34 en la tele. Y creo que me pasa un poco como los actores cuando dicen que trabajar en el cine o en alguna serie está muy bien, pero que su prioridad es el teatro. Yo empecé a trabajar en Radio Noroeste con 15 años, en la emisora de Ponteareas. Ya hacía mis pinitos anunciando los partidos en Ponteareas. También estaba metido en teatro. En todos los tinglados que había de ese estilo, yo estaba metido. Un día, cuando llegué a casa de Vigo, donde estudiaba, me estaban esperando los de Radio Noroeste porque estaban buscando a alguien para Deportes y las fuerzas vivas de Ponteares, el alcalde, el cura, el notario… les hablaron de mí. Y fui allí. El director era Gerardo Rodríguez y trabajaban Alfredo Estévez, Pedro Pablo Gutiérrez, Maika Aguado… Y ahí empezó todo.
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Perfectamente y, además, es una anécdota muy bonita. Entré en la tele un 12 de diciembre, empecé a presentar informativos un 20 de diciembre y un 27 o 28 de diciembre fue el partido de homenaje a Alvelo. Ese día fui a trabajar y estaba a pie de campo. En un momento del partido, hubo una entrada muy brusca de Gustavo a un jugador de la selección española y Luis Suárez, que en aquel momento era el seleccionador, saltó del banquillo a protestar. Cuando volvía a sentarse, me fui hacia él y le dije algo así como “qué pena de entrada en un partido amistoso”. Todo esto en directo, claro. Suárez se me quedó mirando y me dijo: “Anda, niño, déjame ver el partido”. Me quedé cortado un rato porque ya te puedes imaginar, uno de mis primeros partidos, en directo… Al día siguiente, y aquí viene el motivo de contarte esta anécdota, me fui a un supermercado de Santiago a hacer la compra y me viene una señora y me dice: “Mira, filliño, no te preocupes, ese Luis Suárez es un maleducado”.
Me siento un privilegiado porque, cuando participo en cualquier evento, percibo el cariño de la gente y eso es el mayor reconocimiento que puedo tener. Y me acuerdo de mi padre, que era una persona muy generosa. Tenía frases antológicas y él siempre decía que lo más importante de la vida era sentirse querido. Cuando yo vivía ya en Santiago e iba a Ponteareas se preocupaba de que fuera a visitar a la familia, de que fuera a casa de fulanito porque me había visto en la tele y sabía que le iba a hacer ilusión.
Una vez, a principios de los noventa, pero me dio vértigo. Además, me pilló en una época de mi vida en la que me lo pasaba genial con la vida que tenía, estaba muy cómodo en Santiago.
Lo primero que hay que tener es pasión por lo que haces y, a la hora de comunicar, ser natural. Yo admiro, por ejemplo, a esos deportistas que humanizan los errores y creo que los periodistas a veces tenemos demasiado miedo en ese sentido. Para conectar con la gente, hay que hablar desde la normalidad, sin grandes alardes, pero realmente no sé qué decirte. A mí me sale así y hay mucha gente a la que le gusta y habrá mucha otra a la que no. Tampoco me he preocupado mucho por ese tipo de cosas. Me he equivocado y me seguiré equivocando, eso lo tengo claro, así que lo que intento poner de mi parte es la pasión que siento y tratar a los temas y a la gente con cariño.
He trabajado al lado de gente con muchísimo talento y yo era el más matado del mundo. Uno de los mejores halagos que me han hecho ha sido recientemente en una gala para niños con discapacidad de la asociación Avelaíña, en Tomiño.
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Sí, posiblemente. Aunque también me gusta mucho el hockey y todos los deportes en general. Pero el ciclismo lo mamé en casa, con mi padre, con Álvaro Pino, y me gusta mucho. Pero bueno, a mí no me verás encima de una bicicleta. Y eso que cuando mi padre fundó el club ciclista, empecé y participé en tres carreras. En la primera fui el último, en la segunda el penúltimo y en la tercera, el antepenúltimo, Así que puedes decir que dejé el ciclismo en el mejor momento de mi carrera deportiva (risas).
En estos años, ha vivido muchos enfrentamientos Celta-Depor, ¿con qué partido se quedaría? Hay uno que no se me olvidará jamás y fue el segundo partido que iba a Riazor con la Radio Galega. Fue aquel partido en que la gente empezó a tirar ladrillos desde la grada. Cuando Díaz Vega pitó un penalti a Alvelo que no fue, que metió Baltazar y ganó el Celta 0-1, hundiendo en ese momento al Deportivo. Ese día fue el de la famosa imagen que sacó el Faro de Vigo de Paco Vázquez haciendo la peineta y la contestación de Leri al cabo de unos días… Aquel día pasé miedo. Era un crío y estaba en las pistas de atletismo que rodeaban el campo y nos tiraban piedras enormes.
El accidente de Alvelo me marcó mucho porque yo tenía una relación muy buena con Jose. Y también fue tremendo dar la noticia del asesinato de Quinocho, al que le estaré eternamente agradecido por cómo se comportó con aquel niñato de Ponteareas que empezaba. En los últimos tiempos, también lo he pasado muy mal con el fallecimiento de José Luis (Vara), que había sido capitán del Deportivo, y con la muerte de Genaro Borrás, que es uno de mis ídolos.
Probablemente, la victoria de Álvaro Pino en la Vuelta a España. O, también, la de Óscar Pereiro en el Tour de Francia. Y de la época de los ladrillazos en Riazor, recuerdo el ascenso del Celta en Sestao, donde disfruté tanto como con los títulos del Liceo. Y, recientemente, en Tokio con Teresa Portela. Me levanté a las seis y pico de la mañana para irme a la tele y lo primero que hice fue encender el ordenador para ver cómo había quedado.
Yo sólo me arrepiento de una cosa en la vida: de no haber disfrutado más de mi padre porque era un tipo espectacular del que me acuerdo todos los días, aunque el año que viene hará 20 años de su muerte. En ese momento, cuando se fue, todo el mundo me hablaba de cosas que habían vivido con él, mi familia, la gente de Ponteareas, que lo quería con locura, y me queda el rollo ese de no haber estado ahí. Así que al Terio de hace 30 años le diría que la vida es muy bonita, pero que disfrutase más de mis padres, que eran unos fenómenos y tenía que haber estaba más cerca de ellos de lo que estuve.
No, las niñas son muy ‘titiriteiras’ pero no las veo yo en el mundo del periodismo. No sé la pequerrecha, pero el resto, no.
Me gusta el vino desde hace poco tiempo. Tengo un gran amigo que es un erudito de todo este mundo, que es Ezequiel Mosquera, el ciclista, que es el que me está introduciendo en esto. De hecho, cuando mi padre falleció en 2002, para animarme un poco un grupo de amigos me organizó una visita a La Rioja y estuve en varias bodegas: en la de Heredad Ugarte, que me encantó; en Barón de Ley y en Torremilanos, en Aranda del Duero. Me gustó mucho la experiencia, pero no le pillé el truquillo. Pero en 2019 cambió todo. Me invitaron, por mediación de Ezequiel, a leer el pregón del vino de Negueira de Muñiz, Y allí viví una experiencia antológica cuando, por primera vez en mi vida, participé en una cata de vinos que impartía Luis Paadín. Y no te puedes imaginar cómo me puse. Es más, esa noche cambié el pregón que tenía preparado para el día siguiente, introduciendo mi experiencia en la cata de vinos, aconsejándoles que si alguna vez les invitaban a alguna, que llevasen patatillas y aceitunas porque de comer en las catas ponían poco (risas). Pero, a partir de ahí, empecé a beber vino y la verdad es que me está encantando. Sobre todo, me gustan los tintos. Hace poco probé un vino de Aragón con la variedad Garnacha y me pareció impresionante, así que cuando estoy con Ezequiel siempre pruebo vinos nuevos. Y en casa, también me estoy aficionando.
Nunca me he preocupado en exceso por el futuro, la verdad. Si tengo salud, me gustaría seguir divirtiéndome como lo hago cada día y poco más, no soy yo de grandes deseos. No me gustaría estar en la tele dentro de 10 años haciendo el telexornal, ¿qué si me veo haciendo otra cosa? Tendría que ser fuera de Deportes y, por cambiar de registro, me apetecería presentar un día un concurso o un programa de noche, variado, con entrevistas.
"Mentira. Ninguna opción. Hernanz había respondido a un pregunta sobre la situación de Portela, quien ya en el mes de abril había criticado que la obligasen a concentrarse en Sevilla, alegando problemas de conciliación. "Que el equipo femenino tuvo unos resultados excelentes, sí. Gracias a su trabajo. Que el presidente no se atribuya méritos que no le corresponden. Porque todas esas chicas estuvieron hasta febrero sin entrenador. Y del equipo femenino pasó olímpicamente, eso sí, cuando vienen los resultados, me pego al árbol que más sombra da para salir en la foto. Teresa Portela.
Portela demandó así que "permitan competir al resto de mujeres que están en sus casa, en sus clubes" y apuntó que su crítica por la ausencia de entrenador en el equipo le está costando "desprestigios y mentiras por parte del presidente". Añade además, que en un vídeo publicado recientemente no pedía ninguna condición especial para ella. "Pedía que se permitiese competir en barcos de equipo a todo el mundo, como siempre se hizo. Esto es deporte y lo justo es barcos al agua y que el mejor represente a España, como siempre se hizo.
Respecto a esta renuncia, la RFEP explicó en su día, mediante un comunicado, que "las circunstancias excepcionales" derivadas de las "dilaciones del proceso electoral" había provocado cierto retraso en la formación del equipo nacional de Kayak Mujer. No obstante, aseguraba que estaba la dirección técnica había trabajado para "juntar a las mejores deportistas en un enclave de primer nivel para la preparación de nuestras palistas en el C.E.A.R.
Sobre la posibilidad de que las palistas entrenasen desde sus respectivos lugares de residencia, el organismo federativo reconocía que "todas las concentraciones permanentes de los grupos de entrenamiento implican un sacrificio importante para todos los deportistas, al estar separados de sus familias, lo cual origina renuncias por parte de un gran número de ellos que tienen el objetivo de representar a España en las competiciones internacionales".
Marta dice estar llena de cicatrices por dentro y por fuera. Pero al hablar ninguna de estas se impone, sino una sonrisa grande y maternal que ayuda al que escucha a poder acoger todo lo que va a seguir narrando.Con 18 años empiezo a salir con Quique, todo es una historia maravillosa. Y cuando más felices estamos, con unos gemelos de un año y otro bebé a punto de nacer, tenemos un accidente. Estuve 15 días en la UVI luchando por mi vida.
¿Cuándo te enteraste?En la UCI luchaba pensando en todos los planes que teníamos por delante. Salí emocionada. Yo no sabía nada. Pensé que me estaba esperando en el cuarto. Y empieza el peso de la cruz…Fue un dolor salvaje. Yo que era superapasionada, que he querido vivir cada minuto a fondo y de repente, no quería vivir. Un tío mío me decía que le recordaba a Job. Así que yo le preguntaba cómo terminaba. Y el final siempre me consolaba porque le da el ciento por uno en esta vida y luego la vida eterna. Pero fue durísimo. Entendía a la gente que se quita la vida. Se había roto mi vida y tenía 27 años.
¿Cómo era tu relación con Dios tras algo así?Recuerdo que le dije a mi madre: «No interesa ser su amiga. Me tiro toda la vida haciendo lo que Él quiere y va y me manda esto».
¿Y podías experimentar que los tuyos estaban vivos?Fue a partir de la experiencia de sentirlos verdaderamente presentes como pude tener una experiencia y certeza real del cielo. Sentía que Dios me llevaba en brazos literalmente. Sentía a Cristo como mi cireneo.
¿Qué pasó para que el dolor dejara paso a un aliento?Un día me dije -fue una actitud del corazón que me regaló Dios-: «No puedo más, se acabó, que sea lo que Tú quieras». Y empecé a aceptarlo, a dar gracias por lo que pasó de bonito a raíz del dolor, por la gente que me escribió. Empecé a dar gracias por el marido que había tenido, por los hijos. Y me esforcé en vivir el hoy.
Y la esperanza tuvo nombre y se llama José, ¿verdad?A los pocos meses del accidente me fui a Asturias con mis suegros. Cuatro meses antes del accidente estaba embarazada y teníamos la boda de mis cuñados allí, estábamos emocionados, pero no pudimos ir porque tuve que guardar reposo. Así que, cuando volví, tuve un momento de rebeldía: «Pero Señor, si te lo ibas a llevar, ¿por qué no me dejaste disfrutar de esto con él, que habría sido su último viaje?». Comentándolo luego con mi cuñada me decía que quizá lo mejor es que hubiera un lugar donde no tuviera recuerdos que me hicieran daño, un sitio donde pudiera conocer a gente diferente, un sitio virgen. No obstante seguía deshecha y así me fui a Tierra Santa con mi familia, que no me apetecía nada, porque pensaba: «¡Y ahora a recorrer el camino de la cruz, como si no tuviera yo bastante!». Pero la verdad es que de ese viaje volví cambiada. Empezó el corazón a funcionar.
¿Cómo se vive un amor tras un duelo tan profundo?Yo decía que nunca iba olvidar a mi marido. Voy con los anillos que él me regalo aún en la mano. Lo tengo presente, su familia sigue siendo la mía, estoy marcada para siempre. Así que eso le dije a José. Y él me respondió: «Mira, a mí me gustas tú como eres; si no fuera por eso no serías tú, y eso es lo que quiero». Él es un hombre de Dios. Nos casamos donde nos conocimos, en ese lugar en el que tiempo atrás me ayudaron a ver que se trataba de un lugar nuevo para mi, donde poder reposar. Allí había pedido yo a la Virgen de Guía: «Si tú estás aquí para guiarme, guíame. Igual que guías a los marineros, guíame porque estoy en un momento de oscuridad total y absoluta».
Marta Oriol, al cierre de esta edición, tendrá ya en sus brazos a Rocío. Cuatro hermanos la cuidarán en casa. En el cielo, otros tres (la última su hermana Paz, una trilliza que murió al nacer).
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