Consecuencias Psicológicas del Abuso Sexual Infantil en Niños de 13 Años

07.11.2025

En las últimas décadas, el abuso sexual infantil (ASI) ha suscitado un gran interés, tanto entre la comunidad científica como en la sociedad en general, debido a su prevalencia y consecuencias a corto y a largo plazo. El presente trabajo, tras realizar una revisión de las consecuencias a corto y a largo plazo del abuso sexual infantil, pretende discernir cuales son las principales variables que determinan los efectos del abuso sobre las víctimas.

Introducción

El abuso sexual infantil (ASI) incluye cualquier actividad de tipo sexual con un niño donde no hay consentimiento o éste no puede ser dado (Berliner, 2000). Incluye los contactos sexuales que se producen a través del uso de la fuerza o la amenaza de su uso, independientemente de la edad de los participantes, así como todos los contactos sexuales entre un adulto y un niño, independientemente de si hay un engaño o no, o si el niño entiende la naturaleza sexual de la actividad.

El contacto sexual entre un niño pequeño y otro de mayor edad puede también ser abusivo si existe una diferencia significativa de edad o desarrollo, haciendo al niño más pequeño incapaz de dar su consentimiento (Berliner y Elliot, 2002).

El ASI es común a todas las sociedades, y los estudios han informado de unas tasas en la población general de entre un 7-36%, con una prevalencia media de alrededor del 20% en las mujeres y del 8% en los hombres (Cantón-Cortés, 2013; Lutz-Zois, Phelps y Reichle, 2011). Por ejemplo, en un metanálisis con 65 estudios conteniendo información sobre el ASI en 22 países, Pereda, Guilera, Forns y Gómez-Benito (2009) encontraron una prevalencia media del ASI en varones del 7.4% y del 19.2% en mujeres. Además, su presencia se ha documentado tanto en países desarrollados como en vías de desarrollo (Pereda et al., 2009), aunque las tasas de prevalencia encontradas en los diferentes países y culturas varían considerablemente.

Aunque revisiones anteriores han analizado variables como las características del abuso, víctima y agresor, otros factores como los situacionales y las variables cognitivas de la víctima, sobre los que nos centramos especialmente en esta revisión, han recibido mucha menor atención.

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Consecuencias Psicológicas a Corto Plazo

En general, a lo largo del ciclo vital se produce un tránsito de la sintomatología hacia formas de manifestación típicas de cada etapa evolutiva (Lameiras, 2002). De este modo, durante la infancia los principales efectos parecen ser los problemas somáticos (enuresis, encopresis, dolores de cabeza y dolores estomacales), retrasos en el desarrollo, problemas internalizantes (especialmente ansiedad y retraimiento), y especialmente, trastorno de estrés post-traumático y conducta sexualizada (por ejemplo, masturbación excesiva o en público) (Mellon, Whiteside y Friedrich, 2006).

Todos los autores de revisiones (p.e., Pereda, 2009) coinciden en que el síntoma más característico en las víctimas de este grupo de edad es la expresión de algún tipo de conducta sexualizada. Este comportamiento sexual inapropiado de los preescolares objeto de abuso sexual se ha encontrado utilizando toda una variedad de instrumentos de evaluación que van desde las valoraciones realizadas por los padres en el CBCL, la observación de juego libre con muñecos anatómicos y la evaluación de los dibujos de figuras humanas (Cortés y Cantón, 2008).

La investigación sobre las consecuencias del abuso es considerablemente más numerosa entre los niños en edad escolar. En este grupo de edad aparecen algunos nuevos síntomas, mientras que otros son consistentes con la investigación en niños más pequeños. En el dominio físico/motor, la enuresis todavía aparece como un problema, habiendo encontrado algunos autores otros problemas físicos tales como dolores de estómago y de cabeza en niñas abusadas sexualmente (Trickett, Noll, Reifman y Putnam, 2001).

En el campo socio-emocional, al igual que ocurría con los niños más pequeños, todavía se pueden encontrar las conductas sexuales inapropiadas y los problemas internalizantes como la ansiedad, depresión y retraimiento (p.e., Hébert, Tremblay, Parent, Daignault y Piché, 2006). Pero durante esta etapa pueden aparecer también una serie de problemas nuevos.

Los problemas externalizantes (p.e., agresiones y problemas conductuales), trastornos disociativos, problemas en las relaciones con los iguales, bajo rendimiento escolar y desregulaciones en los niveles de cortisol y otros trastornos psicobiológicos debidos a una desregulación del eje hipotalámico-hipofisario-adrenal (lo que podría explicar los problemas emocionales de las víctimas) son más frecuentes entre niños víctimas de abuso sexual que entre niños no víctimas (Trickett et al., 2001; Trickett, Noll, Susman, Shenk y Putnam, 2010).

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Finalmente, en el caso de los adolescentes, la mayoría de los resultados encontrados son similares a los de niños en edad escolar. Los estudios han encontrado desregulaciones en los niveles de cortisol y otros trastornos psicobiológicos, problemas internalizantes y externalizantes, trastornos disociativos, síntomas de Trastorno de Estrés Post-traumático (TEP) y problemas en el rendimiento escolar y cognitivo (Muela, Balluerka y Torres, 2013; Noll, Trickett, Susman y Putnam, 2006; Trickett et al., 2001).

También, es más probable que los adolescentes abusados sexualmente, comparados con los niños, realicen actividades delictivas, sufran trastornos de la alimentación, problemas físicos de salud, consuman drogas, lleven a cabo más conductas suicidas y auto-lesivas y conductas sexuales tempranas y de riesgo (Feiring, Miller-Johnson y Cleland, 2007).

Consecuencias Psicológicas a Largo Plazo

En general, los estudios en los que se evalúan los efectos a largo plazo de los abusos sexuales en la infancia muestran una disminución de la sintomatología con el paso del tiempo. En su estudio meta-analítico, Rind, Tomovich y Bauserman (1998) concluyeron en relación con la nocividad de estas conductas que alrededor de 2/3 de los hombres y 1/3 de las mujeres que habían mantenido actividad sexual con otros adolescentes y/o adultos durante la infancia no mostraban sintomatología clínica en la edad adulta.

Sin embargo, hay que precisar que si bien hay alguna sintomatología que remite claramente para algunas personas, especialmente aquella que tiene que ver con las manifestaciones de ansiedad (e. g., miedo, problemas para dormir), en otros casos las sintomatologías parecen agravarse, especialmente si no son tratadas inicialmente, como las que tienen que ver con las manifestaciones de agresividad o las cuestiones sexuales.

Otro aspecto a tener en cuenta es la aparición de efectos durmientes ("sleeper effects") en algunas víctimas. Los efectos durmientes hacen referencia a la situación en la que el niño no muestra problemas significativos inmediatamente después del abuso. Sin embargo, al transcurrir el tiempo, la víctima empieza a manifestar problemas emocionales o conductuales de una etiología no clara.

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Los estudios iniciales identificaron la aparición de "efectos durmientes" un año después del abuso (Mannarino, Cohen, Smith y Moore-Motily, 1991). Sin embargo los estudios más recientes indican que este tipo de efectos pueden aparecer mucho más tarde de lo que inicialmente se creía. De hecho, en ocasiones la sintomatología puede surgir durante la edad adulta (Cantón-Cortés, 2013), debido a una revictimización o incluso en ausencia de ésta. Incluso un suceso estresante o que recuerde al abuso sufrido puede hacer aparecer la sintomatología.

Las víctimas adultas de abuso sexual infantil presentan una mayor probabilidad de padecer trastornos emocionales como depresión, ansiedad, baja autoestima o problemas en las relaciones sexuales (Berliner y Elliot, 2002; Guerricae-chevarría y Eheburúa, 2005). De acuerdo con autores como Berliner y Elliot (2002), la depresión es uno de los síntomas más frecuentes en adultos abusados sexualmente durante la infancia.

Ferguson, Boden y Horwood (2008), por ejemplo, llevaron a cabo un estudio longitudinal durante 25 años con más de 1000 niños, evaluando los efectos del ASI y del maltrato físico sobre el ajuste psicológico. Estos autores encontraron un efecto muy superior del ASI al del maltrato físico, siendo una de las principales consecuencias del abuso sexual la mayor tasa del trastorno depresivo entre las víctimas.

El historial de ASI se suele relacionar también con síntomas de ansiedad en la etapa adulta, tanto en muestras clínicas como comunitarias (Guerricaechevarria y Eheburua, 2005; López-Soler, et al. 2012). Las víctimas de abuso sexual presentan una probabilidad hasta 5 veces mayor que el resto de la población de ser diagnosticada de al menos un trastorno de ansiedad como trastorno de ansiedad generalizada, fobias, trastorno de pánico o trastorno obsesivo compulsivo (Berliner y Elliott, 2002).

Otro síntoma común entre los adultos que fueron víctimas de ASI es la baja autoestima. Cantón y Justicia (2008) llevaron a cabo un estudio con una muestra de 83 estudiantes universitarios víctimas de ASI, encontrando que el historial de ASI se relacionaba con una baja autoestima. Aquellos participantes víctimas de abuso sexual presentaban un incremento del 21% en la probabilidad de sufrir problemas de autoestima.

En general, los investigadores han encontrado también que las mujeres con un historial de ASI presentan una mayor probabilidad que las mujeres sin ese historial de llevar a cabo prácticas sexuales no sanas o mal adaptativas (e. g., evitación del sexo, prácticas sexuales de riesgo). Además, tienen relaciones sexuales con una menor frecuencia y experimentan una mayor cantidad de problemas y disfunciones sexuales (Randolph y Reddy, 2006).

El ASI puede afectar también a la percepción de sí mismas de las víctimas en las relaciones con los otros. Problemas interpersonales comunes de las víctimas incluyen dificultades para iniciar, mantener y desarrollar relaciones interpersonales, así como dificultades para confiar en los demás (Cortés y Cantón, 2008).

Las investigaciones también han encontrado una relación entre un historial de ASI y el desarrollo de trastornos disociativos y de personalidad, especialmente el trastorno borderline de la personalidad; pero también otros trastornos de la personalidad como el antisocial, dependiente, evitativo y esquizoide (p.e., Katerndahl, Burge y Kellogg, 2005).

Numerosos estudios han demostrado también que el Trastorno de Estrés Post-traumático (TEP) es una de las consecuencias a largo plazo más frecuentes del abuso sexual en la infancia, y que a menudo aparece junto a otros problemas emocionales (p.e., Cantón-Cortés y Cantón, 2010; Sarasua, Zubizarreta, Corral y Echeburúa, 2013). Según diversos autores, los porcentajes de TEP en muestras de víctimas de ASI llegan hasta el 36% (Berliner y Elliot, 2002).

Los estudios también han encontrado una relación entre el ASI y el abuso de drogas y alcohol durante la etapa adulta (Wilson y Widom, 2009) y las conductas delictivas, incluyendo crímenes contra la propiedad, conductas agresivas y violencia, así como una mayor probabilidad de que abusen de otros niños que el resto de la población (Craissati, McClurg y Browne, 2002; Sigfusdottir, Asgeirsdottir, Gudjonsson y Sigurdsson, 2008).

Factores de Riesgo y Variables Intervinientes

Aunque la mayoría de los estudios que han examinado las secuelas del ASI enumeran numerosas dificultades psicológicas, sociales, conductuales y físicas, ciertamente no todas las víctimas de abuso infantil muestran un daño significativo posterior, existiendo una amplia variabilidad en el ajuste de las víctimas.

Ante esta diversidad el presente trabajo, tras realizar una revisión de las consecuencias a corto y largo plazo del ASI, pretende discernir cuales son las principales variables que determinan los efectos del abuso sobre la víctimas. Las características del abuso, víctima y agresor, los factores situacionales y, especialmente, las variables cognitivas de la víctima se han demostrado como eficaces para explicar la gravedad de la sintomatología.

Concretamente, las investigaciones realizadas en los últimos años han encontrado que la sustitución de estrategias de afrontamiento de evitación por estrategias de aproximación, la eliminación de las atribuciones de autoinculpación e inculpación a la familia y de los sentimientos relacionados con las cuatro dinámicas traumatogénicas y la promoción de un estilo de apego seguro resultarían beneficiosos a la hora de prevenir futuros problemas causados por la experiencia de abuso.

Tabla Resumen de Consecuencias del ASI

Consecuencias a Corto Plazo Consecuencias a Largo Plazo
  • Problemas somáticos (enuresis, encopresis, dolores de cabeza y estomacales)
  • Retrasos en el desarrollo
  • Problemas internalizantes (ansiedad, retraimiento)
  • Trastorno de Estrés Post-Traumático (TEPT)
  • Conducta sexualizada
  • Problemas externalizantes (agresión, problemas de conducta)
  • Trastornos disociativos
  • Problemas en las relaciones con iguales
  • Bajo rendimiento escolar
  • Desregulación de niveles de cortisol
  • Trastornos emocionales (depresión, ansiedad, baja autoestima)
  • Problemas en relaciones sexuales
  • Dificultades interpersonales (iniciar, mantener relaciones, confianza)
  • Trastornos disociativos y de personalidad (especialmente borderline)
  • Trastorno de Estrés Post-Traumático (TEPT)
  • Abuso de drogas y alcohol
  • Conductas delictivas

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