¿Por qué mi bebé tiene arcadas con el chupete? Causas y soluciones

17.11.2025

La succión es una acción instintiva en el bebé desde su nacimiento y esencial para su supervivencia. Este reflejo, que se desarrolla desde la vida intrauterina, es primordial para el bebé, pues ayuda a satisfacer sus necesidades nutricionales, ofrece seguridad, placer y una sensación reconfortante. También tiene la función de interiorizar al niño con su nuevo entorno.

El uso del chupete para calmar el deseo de succión del bebé es una práctica muy habitual. La sensación de hambre y la necesidad de succión surgen al mismo tiempo y forman parte del proceso de desarrollo y alimentación del niño. Por tanto, lo ideal sería que la succión y el hambre quedaran saciadas al mismo tiempo, pero esto no siempre ocurre simultáneamente.

Hay bebés que quedan saciados mediante la lactancia materna y hay otros que necesitan de más tiempo de succión, como también ocurre cuando los bebés son alimentados con biberón. En ambas circunstancias es cuando el chupete cobra importancia, pues es usado para satisfacer la necesidad de succión. No obstante, no debe recurrirse al chupete cada vez que el niño llore.

El llanto es una de las principales maneras que tiene el bebé para comunicarse, y puede indicar diferentes tipos de necesidades. Intente no utilizar el chupete en los primeros días de vida. Para que el chupete sea seguro debe cumplir con las normas fijadas por AENOR (Asociación Española de Normalización y Certificación): debe estar hecho de material plástico, tener bordes redondeados, poseer una anilla o tirador que permita extraerlo de la boca y la tetina no puede ser superior a 3,3 cm.

No se deben usar los chupetes como sustitutos de comidas o para retrasar las comidas; se deben ofrecer únicamente entre comidas o después de ellas. Un chupete sucio constituye un foco de infecciones. Nunca mojes el chupete en miel u otra sustancia dulce antes de dárselo al niño, esto le puede causar caries de biberón. Nunca limpies el chupete con tu propia saliva, metiéndolo en tu boca antes de dárselo al niño.

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El reflejo de gag y el chupete

El reflejo de gag, o arcadas, es un mecanismo de defensa vital que los bebés y los adultos poseen. El reflejo de gag en bebés es un mecanismo de protección natural que ayuda a prevenir la asfixia. Este reflejo, altamente sensible en los primeros meses de vida, puede provocar cierta alarma en padres primerizos al observar reacciones aparentemente exageradas a estímulos en la boca del bebé.

En los más pequeños de la casa, este reflejo se presenta a menudo cuando se introduce un nuevo alimento o cuando están aprendiendo a manejar diferentes texturas y tamaños en su boca. Durante la alimentación, los bebés exploran y experimentan, y las arcadas pueden ser una respuesta natural ante esta exploración. Es un indicativo de que su sistema sensorial oral está trabajando adecuadamente.

Al proporcionar una variedad de alimentos blandos, podemos permitir que los bebés aprendan a ajustar su masticación y deglución de manera segura. Las arcadas, aunque puedan parecer alarmantes al principio, son en su mayoría un proceso normal en el desarrollo de la capacidad alimentaria de un bebé.

Para comprender la dinámica entre los chupetes y el reflejo de gag, es fundamental entender las diferencias en la sensibilidad de cada bebé. Algunos infantes pueden presentar un reflejo de gag muy sutil, mientras que otros lo manifiestan de manera más evidente.

Los chupetes, diseñados para ser seguros y confortables para su uso en bebés, generalmente tienen formas y tamaños pensados para minimizar la estimulación innecesaria del reflejo de gag. Observar al bebé mientras utiliza el chupete es esencial para determinar si este está causando algún tipo de molestia o desencadenando el reflejo de gag de forma repetida.

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Señales como tos, arcadas o aflicción son indicadores de que el chupete podría no ser el adecuado para el bebé. La mayoría de los especialistas coinciden en que con la selección adecuada y bajo vigilancia, los chupetes no deben constituir una fuente de preocupación relevante en relación con el reflejo de gag. De hecho, pueden desempeñar un papel positivo en la auto-sosegación y el confort del bebé. No obstante, cada bebé es único y lo que funciona para uno puede no ser óptimo para otro.

Tipos de chupetes y su influencia

El mercado ofrece una variedad de chupetes diseñados para satisfacer distintas necesidades y preferencias. Algunos padres se preguntan si el tipo de chupete que eligen para su bebé puede influir en el desarrollo de náuseas. Los chupetes ortodónticos están diseñados para adaptarse a la boca del bebé, promoviendo un desarrollo dental saludable.

La idea detrás de estos chupetes es que al imitar la forma del pezón durante la lactancia, reducen la posibilidad de problemas dentales en el futuro. También es trascendental prestar atención al material del que está hecho el chupete. Los chupetes de silicona suelen ser firmes y duraderos, mientras que los de látex son más suaves y flexibles. El tamaño y la forma del chupete son factores clave que pueden influir en la aceptación del chupete por parte del bebé.

Un chupete que es demasiado grande o pequeño para la boca del bebé puede causar molestias o incluso llevar a un aumento en el aire ingerido durante la succión, lo que puede resultar en gases y posibles náuseas.

Adaptación al chupete: Consejos

Acostumbrar a un bebé al chupete puede ser una tarea delicada y es fundamental adoptar una aproximación suave y gradual. Asegúrate de introducir el chupete a tu bebé en un momento en el que esté relajado y sin hambre, ya que asociará el chupete con la calma y no con la alimentación.

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Una estrategia recomendada es ofrecer el chupete entre las tomas, cuando tienes la certeza de que su necesidad básica de alimento está satisfecha. La selección del chupete es crucial para asegurar un proceso de adaptación exitoso. Opta por un chupete que sea adecuado para la edad y el tamaño de la boca de tu bebé. Los chupetes varían en forma y material, por lo que puede ser necesario probar con diferentes estilos hasta encontrar el que tu bebé prefiera. Los chupetes ortodónticos, por ejemplo, están diseñados para apoyar el desarrollo bucal apropiado.

Fomentar una asociación positiva con el chupete puede facilitar el proceso. Considere el uso de estrategias como darle el chupete a tu bebé cuando esté contento o utilizarlo como parte de la rutina de sueño. Acompañar la introducción del chupete con arrullos y caricias puede reforzar la seguridad y confort que el chupete provee.

Sin embargo, es importante evitar utilizar el chupete como el único medio de consuelo, ya que los bebés también necesitan aprender a auto-regularse sin depender completamente de él.

Problemas asociados al uso prolongado del chupete

El chupete es uno de los accesorios para bebés más utilizados durante los primeros años de vida del pequeño. Hay padres que no pueden vivir sin él, y otros que están totalmente en contra de su uso. El uso del chupete está recomendado por los expertos durante los primeros meses de vida, ya que ayuda al correcto desarrollo del paladar. Sin embargo, el uso de los chupetes después de los tres años no es recomendable.

Saber retirar a tiempo el chupete al bebé permite que la dentición se desarrolle correctamente. Pero ¿qué pasa si un niño lleva chupete más tiempo del debido? ¿Cuáles son los perjuicios asociados? Hasta aproximadamente los 2 años de edad, el chupete usado correctamente resulta muy útil para los padres y los bebés. El chupete no interfiere en el desarrollo del paladar y los dientes si su uso no es excesivo ni prolongado.

Según un estudio científico, cuando el chupete se utiliza hasta una edad adecuada puede ser incluso ventajoso para los bebés. La retirada del chupete resulta mucho más fácil que corregir a un bebé la costumbre de chuparse el dedo. No obstante, cuando el chupete no se deja de usar en la edad adecuada, este podría estar asociado a diferentes alteraciones en la boca del bebé.

En las etapas clave del desarrollo físico, los maxilares de los bebés y niños se moldean en torno a cualquier objeto que esté de forma repetida en la boca, como es el caso del chupete o el dedo.

Las secuelas a nivel dental y esquelético asociadas al uso prolongado del chupete más allá de los 3 años podrían ser:

  • Mordida abierta anterior: los dientes antero superiores y los anteroinferiores no llegan a contactar debido a que el chupete se interpone entre ambas arcadas. En este caso, si se abandona el hábito, los dientes pueden recolocarse en su posición natural. Se conoce como mordida abierta a la falta de contacto entre los incisivos superiores e inferiores cuando la boca está cerrada. Este problema puede generar después problemas del habla, respiratorios…
  • Mordida cruzada posterior: el chupete deja a la lengua en una posición más baja e impide que esta ejerza el estímulo necesario sobre el paladar para que el maxilar se desarrolle correctamente. El resultado es un desarrollo insuficiente de la amplitud del maxilar. Para compensar la falta de desarrollo será necesario la realización de una expansión del paladar mediante aparatología. La forma del paladar y las arcadas dentarias también pueden verse afectadas. Esto es, los dientes posteriores (de la parte de atrás del maxilar superior) ocluyen por dentro de los dientes de la mandíbula. Puede ser de un solo lado o de ambos lados.
  • Resalte de los dientes superiores: esto es, los incisivos superiores están excesivamente adelantados con respecto a los anteriores. Conocido como ‘dientes de conejo’, el resalte de los dientes frontales superiores es un rasgo común en los niños que han usado el chupete de manera prolongada o que siguen succionando el pulgar. Esto sucede cuando resaltan los dientes frontales superiores.

Estos tipos de malformaciones puede dañar nuestros dientes y encías y causarnos dolor a la hora de comer o morder.

En un estudio se ha encontrado un incremento significativo de las maloclusiones estudiadas en dentición temporal en los niños que mantenían el hábito de succión del chupete. Uso continuado del chupete en la boca, dificulta los movimientos linguales del habla. Para una correcta articulación de los fonemas, es necesario que el niño tenga una boca normal, es decir, con los dientes bien encajados.

La dentición también se ve afectada por el uso prolongado del chupete, está relacionado con el desarrollo de la mordida dentaria cruzada superior y el resalte dental (incisivos superiores excesivamente adelantados con respecto a los inferiores). Estas deformaciones óseas y dentales pueden resolverse una vez se pone fin al uso del chupete.

Edad recomendada para retirar el chupete

Según las recomendaciones de los expertos en odontología pediátrica, el chupete debe desaparecer antes de los 3 años de edad. La edad ideal para empezar a retirarlo sería entre los 2 y 3 años. Es en esta etapa de desarrollo del bebé cuando las piezas dentales que se hayan podido ver afectadas por el uso del chupete vuelven a su lugar.

Consejos para la retirada del chupete

Como ya hemos mencionado anteriormente, es importante realizar la retirada del chupete antes de los 3 años de edad para que esto no tenga consecuencias negativas en la salud bucodental de los menores. Para que este gran reto no suponga ningún “trauma” en nuestros pequeños, desde la Sociedad Española de Odontopediatría nos sugieren algunas recomendaciones para hacerlo de la mejor forma posible:

  • Hay que hacerlo de forma firme. Depende de cada progenitor hacerlo de forma brusca o poco a poco pero no hay que hacerlo mediante castigos.
  • Busca sabores desagradables para el bebé e introduce la tetina. De esta manera, hará una asociación negativa entre chupete y placer.
  • Explícale al niño/a los motivos por los que es beneficioso que deje el chupete.
  • Colabora con tu odontopediatra. De esta manera, facilitarás el proceso y evitarás que lo cambie por chuparse el dedo, hábito aún peor que utilizar chupete.

Alternativas al chupete: La succión digital

En el caso de chuparse el dedo, las consecuencias en la salud bucodental no se atenúan, sino que pueden llegar a ser incluso más graves que las provocadas por el uso del chupete. La succión digital (chuparse el dedo): En el primer año de vida es habitual que el niño coloque la mano o el dedo pulgar en su boca. Tiene un papel en la exploración precoz del entorno.

La presión continuada del dedo en el paladar deforma el maxilar superior así como las arcadas dentarias. El hueso maxilar se vuelve estrecho y profundo y los dientes anteriores superiores se vuelcan hacia delante.

El efecto de succión es algo innato en los bebés. Aunque este acto es un hábitonatural, no es nada saludable para nuestros pequeños/as. Con esta acción de succión, se alimentan, y cuando no pueden, se calman realizándola.

Por ello, si esta acción se prolonga en el tiempo, puede tener consecuencias muy negativas entre las que se encuentran las siguientes: Por un lado, las manos están continuamente tocando cosas, por lo que están más contaminadas que las tetinas; y, por otro lado, al ser más duras, pueden causar lesiones en la mucosa bucal o en el propio dedo.

Aparte de la mordida abierta, la presión que se hace al succionar el dedo, repercute en la elevación excesiva de la bóveda del paladar, al mismo tiempo que se va estrechando la arcada del maxilar.

¿Cuándo consultar a un especialista?

El cuidado de un recién nacido puede generar muchas dudas y preocupaciones, sobre todo si somos padres primerizos. Detectar el momento adecuado para consultar a un especialista en cuidado del bebé es vital para garantizar el bienestar y desarrollo óptimo de nuestro hijo.

La lactancia materna es un aspecto crucial en los primeros meses de vida y puede presentar desafíos para muchas madres. Si experimentas dolor, grietas en los pezones, obstrucciones mamarias, o si tu bebé muestra signos de desnutrición o deshidratación, es imprescindible la intervención de un especialista en lactancia.

Aunque es común que los bebés presenten irregularidades en sus patrones de sueño, especialmente durante los primeros meses, consultar a un especialista en sueño infantil puede ser necesario ante la persistencia de problemas.

En general, se recomienda que todo niño que persista con un hábito oral, como el chupete o la succión digital, más allá de los 3-4 años o bien tenga un patrón de mordida incorrecto, acuda a una clínica especializada en ortodoncia o clínica dental infantil, donde se evaluará el caso individualmente y se informará a los padres de las consecuencias del hábito, así como de la necesidad de cuándo sería el momento más conveniente para instaurar un tratamiento.

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