Al Mundo Paz Nació Jesús: Historia y Significado

29.11.2025

Decía el escritor inglés G.K. Chesterton que la Navidad es el misterio “donde los extremos se tocan”. Hoy la Navidad corre el peligro de desaparecer bajo el patético nombre de “fiestas de invierno”, que no es otra cosa que un monumento al consumismo y al absurdo de celebrar quién sabe qué y felicitar por quién sabe qué, amparado en la mal entendida laicidad y a-confesionalidad del estado.

En algunos países es chocante ver la obsesión de algunos gobiernos contra los signos cristianos. Basta recordar la batalla que en su momento muchos políticos emprendieron contra el crucifijo; o por mencionar un hecho más reciente, las reacciones de la izquierda española ante la felicitación navideña que el Congreso de los Diputados publicó utilizando para ello un motivo religioso.

Fue en la Navidad donde el cristianismo comenzó a defender la vida desde su concepción hasta su final natural, pues Dios mismo quiso ser un embrión antes de nacer. Desde aquella cavidad en la roca, los seguidores del Dios acogido por un matrimonio, se hicieron protectores acérrimos de la familia y del derecho de los niños a tener un padre y una madre que los eduquen, y no un “progenitor A” y un “progenitor B”.

Si el cristianismo fuera una simple fábula, sería ridículo que el tetrarca Herodes, los emperadores romanos y cuanto progresista hay en nuestro tiempo le den tanta importancia y se le opongan tan beligerantemente. Y es que la Navidad está lejos de ser un mito y el cristianismo lejos de ser una invención.

Es por eso que necesitamos más cristianos que estén a la altura del misterio que confiesan, a la altura de aquellos pastores que escucharon y fueron corriendo a Belén. De nada sirven aquellos que han pasado de afirmar con determinación “yo creo”, a musitar tímidamente un “yo pienso” y finalizar en un “yo opino”.

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La Gruta de la Natividad en Belén

La Gruta de la Natividad de Belén es uno de los lugares más sagrados del cristianismo, venerado como el lugar de nacimiento de Jesucristo. La veneración de la Gruta de la Natividad se remonta a los primeros siglos del cristianismo. Ya en el siglo II, el historiador Orígenes informó de que la gruta era reconocida como el lugar de nacimiento de Jesús.

Sin embargo, no fue hasta el siglo IV, durante el reinado del emperador Constantino, cuando se construyó en el lugar la primera basílica de la Natividad, por iniciativa de la madre de Constantino, Santa Elena. La gruta en sí es un pequeño espacio de oración, marcado por una estrella plateada con la inscripción en latín «Aquí de la Virgen María nació Cristo Jesús». Este símbolo indica el lugar preciso donde, según la tradición, María dio a luz a Jesús.

La Gruta de la Natividad simboliza la humildad de Cristo y el encuentro entre lo divino y lo humano. El nacimiento de Jesús en una cueva representa el desprendimiento de las riquezas y el poder terrenales, subrayando la sencillez y el amor de Dios por la humanidad. Además, la gruta está relacionada simbólicamente con la tumba de Cristo, ambos lugares humildes que representan el principio y el fin de la misión terrenal de Jesús.

La Basílica de la Natividad, construida sobre la Gruta, es una de las iglesias más antiguas del mundo y alberga numerosas decoraciones y mosaicos de distintas épocas.

Tradiciones y Oraciones en la Gruta

  • Villancicos: Entre los villancicos más populares están Adeste Fideles y Noche de Paz, que se cantan durante las celebraciones navideñas en la Basílica de la Natividad y en muchas iglesias de todo el mundo.
  • Oraciones por la Natividad: Los fieles recitan a menudo oraciones que recuerdan la humildad y la grandeza del misterio de la Natividad. Entre ellas figuran el Gloria in Excelsis Deo y las invocaciones a la Virgen María, que contemplan el nacimiento de Cristo como signo del amor de Dios por la humanidad.

La Gruta de la Natividad de Belén es un símbolo único de fe, humildad y redención. Visitar este lugar es entrar en contacto con las raíces del cristianismo, donde Dios eligió manifestarse en una cueva sencilla y pobre, revelando su amor y presencia entre los hombres.

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La Historia del Nacimiento de Jesús

Jesús nació en Belén, pero ¿conoces realmente su historia? En Religión COPE te contamos lo que sucedió el día que nació el Mesías. Una humilde pareja con escasos recursos se dirige hacia Belén. Son José y María. Acaban de contraer matrimonio. María está embarazada y espera al Hijo de Dios.

En aquel momento, había salido un decreto del emperador Augusto. Este decía que cada ciudadano debía empadronarse en la ciudad donde hubiera nacido. Después de una larga travesía por el desierto, en la que solo cuentan con la escasa ayuda de un burro, llegan a Belén. María se encuentra a pocos días de dar a luz.

Y entonces sucede: María se pone de parto. Rapidamente se ponen a bucar un refugio en dónde pueda nacer su hijo. Están desesperados, ya que nadie les ofrece un lugar. Los dueños de los hospedajes o bien no les quieren ofrecer una habitación por venir de Galilea o porque tienen el aforo completo. Finalmente, dieron con un señor que aunque tenía llena la posada, les ofreció un establo.

Allí es donde la Virgen da a luz a Jesús ¡El salvador había nacido! Durante las primeras horas de vida, Jesús descansó en un pesebre envuelto por unos pañales. Estuvo arropado por sus padres y los pastores. Estos últimos recibieron la visita de un ángel que les dijo "¡No teman! Les tengo buenas nuevas. Hoy, en Belén, ha nacido Cristo el Señor. ¡Éste salvará al pueblo! Estará envuelto en telas y acostado en un pesebre".

Por ello, según narra San Lucas, los pastores fueron los primeros en alabar y dar las gracias a Dios por la llegada del Mesías.Según San Mateo, el Niño Jesús tuvo la visita de tres Reyes Magos de oriente. Estos fueron guiados por una estrella hasta el establo. En su camino, se referían a Jesús cómo el Rey de los Judíos. Cuando llegarón al establo, le adoran y le regalan oro, incienso y mirra.

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Los Regalos de los Reyes Magos

Pero ¿qué significaban estos tres regalos? El oro es el regalo que se da a los reyes, el metal más valioso. El incienso es lo que se usa para ofrecer sacrifícios ante Dios. Y la mirra era lo que usaban los judíos para embalsamar a los cadáveres o cómo perfume. Por ello, esto es un símbolo de lo humano, de lo carnal.

Estos regalos dejan patente la adoración de los Reyes Magos ante Dios y ante el Rey de los Judíos ¡Un rey que ya era humano, que ya estaba en la Tierra! Esto sucedió en tiempos del rey Herodes. Este quería matar a Jesús, por ello les pidió a los Magos que cuando supieran donde estaba que se lo dijeran. Algo que los Reyes Magos no hicieron.

El Significado de la Navidad

La Navidad es el tiempo en el que la Iglesia celebra que Dios se hace hombre. Los cristianos celebramos su humilde nacimiento en Belén, anunciado a los pastores. Nace un niño que se presenta como signo de luz y paz en medio de la oscuridad de la violencia y de la guerra. Este niño nacido pobre en Belén traerá la paz. Jesús es nuestra paz y la fuente de nuestra alegría. Él es nuestra esperanza, como dice el Evangelio.

En Navidad Dios nace en la humildad. Nace un niño que se presenta como signo de luz y paz en medio de la oscuridad de la violencia y de la guerra. Este niño nacido pobre en Belén traerá la paz. Jesús es nuestra paz y la fuente de nuestra alegría. "Para que la debilidad se hiciera fuerte, se hizo débil la fortaleza".

Ese “hoy” significa que su primera venida se nos hace presente. Efectivamente, en la celebración litúrgica él sigue viniendo en medio de la noche del mundo para iluminarnos con su gracia y prepararnos así para que un día podamos gozar en el cielo del esplendor de su gloria.

El Verbo, el Hijo de Dios, ha compartido con nosotros nuestra naturaleza humana para que nosotros podamos compartir con él su vida divina. Una vida divina que nos trae también el don de la inmortalidad. Así, por la fe y el bautismo somos en verdad hijos de Dios. Por el nacimiento de su Hijo en la humildad de nuestra carne, Dios ha confundido nuestra soberbia y vencido al pecado del mundo.

Jesucristo es Salvador para todo el mundo. Así se expresa en el relato evangélico que nos presenta a unos gentiles -los magos de Oriente- que guiados por la luz de la fe representada por la estrella, adoraron al niño que estaba con María, su madre. Y le ofrecieron oro, como rey; incienso como Dios; y mirra como hombre que habría de sufrir para salvarnos.

Celebrando la Navidad en Familia

La Subcomisión Episcopal para la Familia y la Defensa de la Vida ha editado, con motivo de Jornada de la Sagrada Familia, que se celebra este año el DOMINGO 31 de DICIEMBRE, un folleto para orar esta Navidad en Familia. Aquí aprendemos que todo núcleo familiar cristiano está llamado a ser «iglesia doméstica», para hacer resplandecer las virtudes evangélicas y llegar a ser fermento de bien en la sociedad.

Dios Padre, tú has amado tanto a los hombres que nos enviaste a tu único Hijo para salvarnos y llevarnos de nuevo a ti, derrama tu bendición sobre estos alimentos y también sobre los miembros de este hogar, para que así como ahora acogemos gozosos a tu Hijo hecho niño en Belén, lo recibamos también confiados cuando venga al fin de los tiempos. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

Cristo hace “temblar” desde su cueva la fortaleza de Herodes el Grande, quien sintió aquel terremoto bajo sus pies y se bamboleó con su frágil palacio. Y es que el Cristianismo comprendió desde un inicio que proclamar la paz implica ante todo no olvidar por qué hubo una vez una guerra en el cielo: «Miguel y sus Ángeles combatieron contra el Dragón y sus Ángeles, […] y no hubo ya en el cielo lugar para ellos».

En pleno siglo XXI, el cristianismo sigue siendo intolerable precisamente porque es intolerante, intolerante con la “moda” del Tirano del mundo y al mismo tiempo, porque sigue afirmando algo tan complejo para la gnóstica lógica de este siglo: «la Navidad no es un cuento para niños, sino la respuesta de Dios al drama de la humanidad en búsqueda de la paz verdadera. “¡Él mismo será la paz!”».

Tradiciones Navideñas Ucranianas

En este tiempo de Adviento, y ante la inminencia de la Navidad, Sor Valentyna Ryabushko, hija de la Caridad ucraniana, nos hace partícipes del modo tradicional de celebrar la Navidad en aquel castigado país. Los ucranianos asocian los fríos meses de invierno con vacaciones, un período más largo de fines de semana, tradiciones festivas religiosas y familiares, reuniones con amigos, entrega de regalos y, a veces, viajes a las montañas para esquiar o pasar tiempo en contacto con la naturaleza.

Para muchos ucranianos, las vacaciones de Navidad son un componente o un punto central del período de vacaciones de invierno. Y al mismo tiempo, curiosamente, la persona de Jesús va desapareciendo poco a poco de la conciencia de los ucranianos en medio de este entusiasmo festivo. Aproximadamente un mes antes de la fecha de Navidad, las ciudades adquieren un aspecto festivo.

El ingenioso término «ramadán ucraniano» suele formar parte del lenguaje coloquial de los ucranianos. El «ramadán» ucraniano es un período del calendario que dura 50 días, que comienza con el día de la conmemoración del mártir Romano y termina con la fiesta de la Epifanía o Bautismo de Jesucristo en el río Jordán.

Durante el período navideño, los cristianos ucranianos utilizan dos saludos comunes cuando se reúnen: «Cristo nace» y «Cristo está naciendo». La respuesta a ambas debería ser «Alabado sea Cristo». A menudo surge la pregunta: ¿qué versión del saludo es más correcta? Es un hecho histórico que Jesús nació en Belén de María y José hace unos 2000 años. Por eso los cristianos celebran la Navidad.

San Vicente de Paúl es uno de los místicos que no sólo pensó mucho en el amor de Dios por las personas, sino que también lo implementó en su vida e incluso cambió el rostro de la Iglesia. Fue el acontecimiento de la encarnación de Cristo lo que ayudó al sacerdote francés del siglo XVII a ver a Jesús en cada pobre y necesitado. Jesucristo de Vicente de Paúl era Dios que vive en las personas de los pobres y continúa sufriendo con ellos.

San Vicente fomentó las obras activas de misericordia porque restauran la dignidad de cada persona y hacen eficaz el Evangelio. Sólo después de que se hayan satisfecho las necesidades más urgentes de una persona se puede iniciar una conversación con ella sobre Cristo y los sacramentos.

El Legado de la Navidad

En la madrugada del día 6 de Junio de 1944, se encontraba el General Eisenhower presenciando el comienzo de las operaciones militares frente a Normandía, en la Segunda Guerra Mundial, cuando al contemplar el movimiento de los 5.000 barcos de guerra y los muchos miles de aviones que preparaban el desembarco de un millón de soldados, uno de los ayudantes del Comandante supremo aliado le dijo, «Mi General, estamos presenciando el acontecimiento más importante de la Historia», a lo que el popular IKE -años después presidente de los Estados Unidos de América- respondió: «No, el acontecimiento más importante de la Historia fue el día en que nació Jesucristo».

Los cristianos, que creemos que aquél niño era el Hijo de Dios, tenemos la suerte de no necesitar más para aceptar el triple misterio que desafía a la razón: La Encarnación que nos hace a todos hermanos, el sacrificio salvador de la Cruz y la Resurrección que anticipa el Reino de los Cielos. Jesús vino al mundo a proponer, no a imponer y por eso hasta los que no creen, pero están llenos de la buena fe que salva, reconocen que la noche del 24 al 25 de diciembre de todos los años tiene un significado de hermandad, de feliz encuentro y de paz.

El día de Navidad lo celebran en todo el globo terráqueo, aunque algunos no sepan bien lo que festejan. Así sucede en países de Extremo Oriente y en otros lejanos rincones, en que se adornan las calles de las ciudades y las gentes se felicitan. En todos los idiomas en que se quiera escribir, que seguramente son todos los que existen en el mundo, Navidad significa nacimiento y es lo que se canta en nuestros villancicos populares, lo que representan las mejores muestras de nuestro arte y lo que está enraizado en la cultura hispana, trasplantada al continente americano.

Después del nacimiento de Jesús no hay motivos ni para la tristeza ni para la desesperanza o el desaliento; sólo hay motivos para estar alegres, para mirar el presente y el futuro con una inmensa esperanza. La razón que nada ni nadie puede arrebatarnos -los hechos son los hechos-, es que en este acontecimiento que ahora celebramos encontramos el gran ‘sí’ que Dios dice al hombre y a su vida, a nuestra libertad y a nuestra inteligencia; Dios tiene rostro humano y trae la alegría al mundo.

El nacimiento de Jesús en Belén no es un hecho que se pueda relegar al pasado. Ante él se sitúa la historia humana entera: nuestro hoy y el futuro del mundo quedan iluminados por este acontecimiento. Este nacimiento, único en toda la historia, supera todas las expectativas de la humanidad y así será para siempre. Constituye el único medio por el cual el mundo puede descubrir la alta vocación a la que está llamado. Aquí está el centro de la historia. Todo converge ahí. Ahí está la gran esperanza.

La Navidad es fiesta de luz y de paz, es día de asombro y de alegría interior que se expande al universo entero, porque “Dios se ha hecho hombre”. En la fragilidad, debilidad, pequeñez de este Niño que nace en la más extrema de las pobrezas, Dios nos lo ha dicho todo acerca de Él, y sobre nosotros. En esto hemos conocido el amor: en que Dios nos dado a su Hijo Unigénito, venido en carne.

En este misterio, el creyente, siente la cercanía de Dios en Jesús. Detrás del ajetreo de estas fiestas, se encuentra la verdad silenciosa de que Dios se ha acercado de una vez para siempre al hombre y se ha comprometido irrevocablemente con él. Con ello no queremos decir que en Navidad se nos recorta la lejanía inconmensurable de Dios. Dios no deja de serlo y de habitar su luz inaccesible, pero no quiere serlo sin el hombre, sin participar en su desamparo.

En la Navidad, Dios se ha unido, de uno u otro modo, con todos y cada uno de los hombres, se den o no se den cuenta de ello, lo acepten o no lo acepten. Dios se lo juega todo, por decirlo así, en el hombre. El destino de todos los hombres y de cada uno de ellos le importa supremamente a Dios mismo, desde que se ha hecho uno de nosotros y ha entrado en la historia.

En la Navidad podemos abrirnos, sin reservas ni sospechas a la acogida irrevocablemente decidida del amor de Dios por los hombres. Dios ha querido tener un destino en los hombres y con los hombres. No ha querido ser Dios sin los hombres. Detrás de la exterioridad de las fiestas navideñas, se esconde la verdad silenciosa de que Dios se ha acercado al hombre y se ha comprometido sin vuelta atrás, irrevocablemente, con él; Dios sale al encuentro del hombre y se hace hombre.

Del portal de Belén nace una inmensa Luz, la luz que, en definitiva, necesita el mundo para encontrar y vivir la paz, cuya raíz se encuentra en el amor. En el establo de Belén aparece la gran luz que el mundo necesita y espera, porque, a pesar de todo lo que pueda parecer en contrario, espera la paz, ansía la unidad, anhela vivir en el amor que engrandece, alegra, llena de gozo y felicidad.

En aquel Niño acostado en el pesebre, Dios muestra su gloria «su Luz»: la gloria del amor, que se da a sí mismo como don y se priva de toda grandeza para conducirnos por el camino del amor. La luz de Belén nunca se ha apagado. Ha iluminado a hombres y mujeres a lo largo de los siglos, «los ha envuelto en su luz». Donde ha brotado la fe en aquel Niño, ha florecido también la caridad: la bondad hacia los demás, la atención solícita a los débiles y a los que sufren, la gracia del perdón, «la unidad y la paz entre los hombres». Desde Belén, una estela de luz, de amor y de verdad impregna los siglos.

Deseo para todos, y así lo pido a Dios, que en esta Navidad nos abramos a Él y acojamos al que viene en su nombre; y que así podamos seguir su camino en toda la tierra que es el camino del hombre, el que conduce a la paz. Deseo que todos tengan el don y la dicha -la gracia- de conocer a Jesucristo, acogerle en la vida como criterio de la inteligencia y del corazón, como fuente y meta de la vida, de la razón, de la libertad, de la convivencia y del amor. Es el bien más grande y más gratificante, y dichoso que puedo pedir y desear, estos días y siempre, para la vida del hombre y de la sociedad.

Causa estremecimiento el contemplar la Encarnación y el nacimiento del Hijo de Dios que se hace hombre por los hombres; provoca asombro maravillado el mirar a ese Niño y descubrir en El a Dios-con-nosotros, Dios con los hombres y para los hombres. Ahí se nos desvela la grandeza del hombre que de esta manera es amado. Ahí el hombre vuelve a encontrar la dignidad y el valor propio de su humanidad.

El relato del nacimiento de Juan se cierra con una alusión a la vida de Juan el Bautista hasta el momento de su aparición a orillas del Jordán, como predicador de la penitencia y como bautizador: «El niño iba creciendo y se fortalecía en su espíritu; y vivió en lugares desiertos hasta el día en que se manifestó a Israel».

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