¿Qué es la Elegancia? Una Exploración Profunda

20.12.2025

A pesar de las múltiples veces que me puedan llegar a preguntar por: “¿qué es para ti la elegancia?”, encontrar una respuesta rápida no es fácil. Definir un concepto tan subjetivo como este no resulta sencillo, más si cabe cuando nos adentramos en las arenas movedizas de la elegancia interior.

No sé si lo sabías, pero en realidad la palabra elegante significa eso: quien sabe elegir. Hay, podríamos llamarla así, una elegancia de tipo espiritual, una elegancia espiritual, que nos invita a reflexionar sobre todas las áreas de nuestras vidas en las que podemos ejercer nuestra capacidad de elección. En resumen, si ser elegante es saber elegir, ampliemos la definición de elegancia más allá del estilo, las prendas, las fragancias.

La Elegancia Más Allá de la Apariencia

La elegancia va más allá de la mera apariencia física y la moda. También, la elección de cómo vivir es una decisión que define nuestra forma de vida y nuestras prioridades. La elección de los valores que queremos que definan nuestra vida también es crucial. La elegancia se encuentra en la capacidad de identificar y elegir los principios y creencias que guiarán nuestras acciones y decisiones.

Por ejemplo, elegir a nuestras amistades es una parte fundamental de nuestra vida social. Saber elegir bien nuestros afectos nos permite rodearnos de personas que nos inspiran, nos apoyan y nos ayudan a crecer como seres humanos. Además, la elección de nuestra mejor actitud a la hora de vivir es un aspecto esencial de la elegancia. Aunque no siempre podemos controlar las circunstancias externas, sí podemos elegir cómo respondemos ante ellas. Una actitud positiva, resiliente y compasiva puede marcar la diferencia en nuestra calidad de vida y en nuestras interacciones con los demás.

Reflexiones sobre la Elegancia a Través de Citas

Esta semana a través de cinco grandes citas, intentaré dar respuesta, siempre mi respuesta y siempre discutible, a lo que para mí significa ser elegante.

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  1. “Si la gente se gira para mirarte por la calle, es que no vas bien vestido” - Beau Brummel. Salir a la calle con un conjunto demasiado llamativo, por ejemplo combinando prendas pensadas para usos diferentes (sirva como muestra un traje con zapatillas deportivas), lo único que consigue es que la gente te mire y no precisamente por tu estilo innato. Muy al contrario, aquellos conjuntos que podrían pasar desapercibidos pero que no dejan a nadie indiferente, consiguen que tu recuerdo perdure en la retina de quienes se cruzaron en forma de sonrisa.
  2. “Nada tan peligroso como ser demasiado moderno. Corre uno el riesgo de quedarse súbitamente anticuado” - Oscar Wilde. Elegancia y moda rara vez van de la mano, basta observar las pasarelas de moda de medio mundo para afirmar sin miedo a equivocarnos que ambos conceptos están cada vez más enfrentados.
  3. “No es fácil hacer que algo parezca simple. La sencillez es mucho más difícil que la complejidad” - Carolina Herrera. Sobrecargar los conjuntos de colores, estampados o complementos puede tener un efecto negativo sobre el resultado final.
  4. “No es la apariencia, es la esencia. No es el dinero, es la educación. No es la ropa, es la clase” - Coco Chanel. A pesar de lo que pueda pensarse, vestir bien tiene mucho más que ver con el gusto que con el dinero. Como la misma señora Coco diría, el lujo no depende de la riqueza, sino de la ausencia de vulgaridad. Mucho más importante que el dinero es la cuna y la clase innata, o aprendida, de cada uno de nosotros.
  5. “El hombre debería parecer que ha comprado su ropa con inteligencia, se la ha puesto con cuidado y se ha olvidado totalmente de ella”- Hardy Amies. Comprar la ropa con inteligencia significa hacerse con aquellas prendas, cortes y colores que más nos favorecen. Si ponérsela con cuidado es importante, todavía lo es más caminar y moverse con ella con tal naturalidad que te llegue a costar recordar qué llevas puesto en cada momento. Siempre mejor que disfrazarse resulta vestirse conforme a tu personalidad, y dejar que la ropa hable de ti.

La Elegancia como Ausencia de Vulgaridad

La definición de elegancia que más me gusta es lo de "ausencia de vulgaridad". Y qué difícil es observar a alguien que en su imagen externa lo demuestre, y ni qué decir tiene la ausencia de vulgaridad en la forma de ser de alguien. Reconozco que aunque la vestimenta y el atuendo son básicas para ser elegantes, la elegancia es algo mas. A mi me pierden esas personas que sabemos importantes y se comportan con una amabilidad, una educación, un señorío que realmente te desarma.

En ciertos colegios ingleses se enseña una máxima sobre que es ser elegante, que para mi da en el clavo: " ser exigente con uno mismo y tolerante con los demás ", quizás muy clasista, pero ahí es nada. Por otra parte, algo que se considera de poca elegancia es el llevar cosas nuevas, evidentemente toda nuestra ropa en algún momento es nueva. Para ello es básico, buen orden, buenos armarios,… para que al envejecer no pierda su calidad.

Elegancia es el cóctel en el que se mezclan con maestría la inteligencia, el saber estar, la bonhomía, la discreción, el buen gusto y el buen humor.

La Elegancia y la Percepción Social

Creo que la elegancia va ligada a la cultura en general y, así, es una apreciación social hacia uno. Así, el porte, los modales, movimientos, prácticas pueden generar esa imagen social. También aprecio cierto innatismo para la elegancia o la ausencia de la misma...

A mí algo que me llama positivamente la atención para considerar a alguien elegante es llevar lo que lleve con total naturalidad. Mucho se ha escrito sobre ésto, y no es que vaya yo a sentar cátedra ni mucho menos. Para mí es un hecho que la elegancia está supeditada al entorno en que se reconoce. Además, aunque se atribuya a un individuo en particular, ésta está realmente en los ojos de los demás; lo cual refuerza la afirmación anterior, ya que los demás son el entorno. También se podría afirmar que la elegancia es seguridad, retroalimentada por esa percepción general de que hablaba. Si se suele identificar a menudo con la sencillez es por el delicado equilibrio entre no necesitar la aprobación de los demás y sí depender de ella.

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La Elegancia como Belleza que Perdura

La célebre frase «La elegancia es la única belleza que nunca se desvanece» invita a reflexionar sobre la naturaleza de la belleza y su relación con la elegancia. La elegancia no se reduce a la apariencia física o a los adornos externos, sino que se manifiesta a través de la gracia y la armonía en la manera de ser y actuar. Es un reflejo de valores internos como la dignidad, el respeto y la autenticidad. Tal y como actualmente estamos, saturados de imágenes y percepciones fugaces, la elegancia se establece como un ideal atemporal. Mientras que las tendencias pueden desvanecerse y las modas perder su relevancia, la elegancia perdura, ya que se fundamenta en la autenticidad y la integridad de quien la posee.

Además, la elegancia se vincula con la capacidad de encontrar la belleza en la sencillez. Donde hoy parecemos valorar más lo ostentoso y lo llamativo, la elegancia nos recuerda que lo auténtico y lo simple pueden tener un impacto profundo y duradero. En conclusión, la afirmación de que la elegancia es la única belleza que nunca se desvanece nos ofrece una perspectiva sobre cómo deberíamos valorar y cultivar nuestras propias cualidades. Nos recuerda que la belleza que perdura proviene de la autenticidad y el carácter, y que vivir con elegancia implica un compromiso con uno mismo y con los demás.

La Elegancia: Libertad, Virtud y Creación

La elegancia es obra de libertad, o si se quiere, es un exigente y adecuado artificio. De hecho, deriva del latín eligere que significa escoger, elegir. Y como la elección es propiamente obra humana, a la figura del ser humano se atribuye originariamente la elegancia; y así se habla de un talle elegante, de un andar elegante, de un gesto elegante. Análogamente se extiende este vocablo a la naturaleza inanimada que parece comportarse como el hombre: así, una casa, un paisaje, un jardín, un paraguas pueden ser elegantes.

Para el diccionario, elegante es aquello que está dotado de gracia, nobleza y sencillez. Dicho de una persona, significa que tiene buen gusto y distinción para vestir. Dicho de una cosa (v. gr. un mueble) o de un lugar (v. gr. un barrio), significa que revela distinción, refinamiento y buen gusto. No se puede llamar elegante lo que no está bien proporcionado, ni es airoso.

La Gracia como Cualidad de la Elegancia

En su sentido más común, la gracia que es propia de la elegancia viene a ser la cualidad que hace agradable a la persona o cosa que la tiene. Con independencia de la hermosura de las facciones, se llama “gracia” al atractivo que se advierte en la fisonomía de algunas personas. Como esa gracia no surge espontáneamente en todos, sino en algunos, la “gracia” significa también el don o favor que luce sin merecimiento natural, como una concesión gratuita. Es la “gratuidad” lo que elogiamos en la persona elegante, en su afabilidad y buen modo, en su soltura, en el trato con las personas.

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La elegancia es así un modo de portarse. Por ejemplo, en una reunión, la persona elegante ha de tener “porte”, que no es otra cosa que la manera de gobernarse (laute se gerere) en conducta y acciones en todos los actos que conciernen, de manera antecedente o concomitante, al objeto y secuencia de esa reunión. Y aunque el porte tenga algo que ver con la buena o mala disposición natural de una persona, lo cierto es que se identifica con el mayor o menor lucimiento que uno libremente presenta.

Rasgos que Definen la Elegancia

  • La elegancia es una actitud adquirida: Es una virtud, una creación del hombre sobre sí mismo; se opone, por eso, a la rusticidad y al aspecto agreste de la naturaleza humana. Se puede tener gracia, pero no se puede tener elegancia sin educación y formación. Elegancia es la gracia decantada; pero libremente apropiada: no hay elegancia impuesta por la fuerza.
  • La elegancia es creación noble y distinguida: Es preciso, en primer lugar, que lo conseguido posea nobleza y otorgue distinción al porte y a los modales. En segundo lugar, lo elegante ha de ser bien proporcionado, en el sentido de que no se encuentre inacabado o maltrecho. Pero, en tercer lugar, en ello debe brillar la sencillez, entendida como simplicidad y claridad: la forma no ha de ser recargada, los medios no deben ser complicados o embrollados, y los movimientos han de ser suaves. Esta sencillez es la que configura el buen gusto, el cual detesta las complicaciones inútiles.
  • La elegancia es una creación inadvertida: Pero aunque la elegancia es una creación, se ha de presentar de manera que no parezca que lo es. “La elegancia trabajada ‑decía Balzac‑ es a la verdadera elegancia lo que la peluca a los cabellos”. La elegancia debe mantener siempre la apariencia de lo libre y suelto, pues se opone frontalmente a lo pesado y masivo. Por este rasgo se distingue muy bien la mujer coqueta de la mujer elegante.
  • La elegancia es la expresión de uno mismo sin afectación: La elegancia se consigue, por tanto, eligiendo lo que uno mismo es internamente. Sólo así se evita la afectación, enemiga de la elegancia. La elegancia es la traducción exterior de un individuo. Pero, en verdad, hay que elegir de uno mismo lo más noble, alejando lo trivial ‑tan abundante en nuestra vida‑ y lo vulgar. La elección que la elegancia comporta es, así, un acto supremo, elevado, en el que cada individuo da su talla personal.

La Elegancia y las Modas

Esta creación que llamamos elegante y que la persona hace sobre sí, está muchas veces sometida a usanzas y modas. Sin embargo, la moda, aunque se impone con cierta tiranía, no puede quitar jamás la libertad, que es el eje de la actitud elegante. La elegancia es independiente de aspectos externos, como el vestido, la forma de la boca o la magnitud del perímetro torácico. La suprema elegancia no consiste, por ejemplo, en calzar un tipo de zapatos aconsejados por un afamado diseñador de moda, sino en lograr la justa elevación de talones que permita a cada mujer expresar armónicamente en los andares su personalidad. La elegancia no está en un tipo de vestidos, sino en el modo de ir vestido; un modo que ha de ser creado libremente y continuamente por el sujeto.

La Elegancia: Misterio, Movimiento y Riqueza Interior

La elegancia no se puede definir y ahí es donde reside su misterio. Es intangible y radica en las personas. La elegancia tiene que ver con el movimiento, con el porte de los elementos externos de la imagen, con la riqueza interior y con una cierta forma de ser especial. La elegancia es fruto de la elección. Es elegante aquel o aquella que sabe escoger lo mejor. La palabra se deriva de “elegans”, que proviene del verbo latino “Elegire” (elegir).

La elegancia externa va unida a la buena educación, el vocabulario, el vestido, el aseo personal, a la sonrisa, a la cortesía, a la gratitud, al lenguaje corporal, a la colonia, al perfume, a la esencia…. Y todo ello sin avasallar, sin crear distancias, sino con sencillez y naturalidad. La expresión coloquial ‘ponerse elegante’ no se ajusta al término ‘elegancia’ al que nos estamos refiriendo. Un hombre o una mujer no pueden ser elegantes en función de las ocasiones. Lo que sí es posible es subrayar esa elegancia a través de determinadas prendas o complementos, pero identificar este concepto con un vestido de fiesta no es ser elegantes.

Algunas personas piensan que la elegancia está vinculada al poder adquisitivo, pero esto es un grave error. Si fuera así, todas las personas que tuvieran un alto poder adquisitivo deberían ser elegantes. Ser o parecer elegante es una de las mayores distinciones que puede recibir una persona. Precisamente porque todo el mundo tiene una idea formada de lo que significa ser elegante, se trata de un concepto muy vaporoso ya que, a diferencia de la belleza (una cualidad algo más estática), la elegancia está en continuo proceso de cambio.

La Elegancia en la Psicología Positiva y la Hipermodernidad

Para los orientales la elegancia es el arte de estar presente tanto hacia uno mismo como hacia los demás, es una cualidad que suele aflorar con naturalidad y sin esfuerzo. La elegancia ha sido muy poco estudiada a lo largo de la historia. Si en 1983 el grupo gallego Golpes Bajos proclamó a los cuatro vientos que eran malos tiempos para la lírica, unos cuarenta años después lo son para la elegancia. “La existencia se ennoblece cuando se vive con elegancia, y el deleite se amplifica cuando somos testigos de ella”, escribe Ruiz para abrir el capítulo sobre esta palabra latina que deriva del verbo eligere, que significa elegir, seleccionar.

Hoy día, explica Ruiz, lo que se lleva es “consumir experiencias”, es decir, seguir las tendencias que eclosionan en cada momento, ya que el consumo material comienza a ser mal visto, debido, entre otras cosas, al cambio climático. Dicho con otras palabras: antes, la felicidad era una cuestión individual, por lo que había tantas formas de entenderla como personas. Una persona que vivía en un pueblo, por ejemplo, tenía una idea de la felicidad completamente diferente a la de un habitante de una gran ciudad. Pero, tanto en un caso como en el otro, la felicidad era el resultado de haber hecho bien las cosas en la vida, pero no era el objetivo. En la hipermodernidad, en cambio, la felicidad se ha convertido en un objeto mainstream, tornándose en lo que Ruiz denomina la “posfelicidad”. Y aquí es cuando entra en juego la elegancia.

Según este filósofo cordobés, la elegancia es un compendio de tres elementos: la hermosura, la idea y el modo en que esta se manifiesta. “Una idea bella mal expresada pierde atractivo. De igual manera, una expresión bien construida, pero pobre en contenido, no alcanzará la categoría de elegante”, esgrime. Para captar la esencia de lo elegante hay que tener amplitud de miras y perspectiva global.

Consejos para Cultivar la Elegancia en 2023

“Una persona elegante no precisa del lujo como elemento distintivo, no necesita exhibirse ni proclamarse adalid de la moral o del buen hacer. Así pues, si se trata de ser elegante en 2023 hay varios consejos: cultivar la estética pero también la ética; no caer en la lógica hipercapitalista que anima a rentabilizar el tiempo de vida consumiendo tantas experiencias y modas como sea posible; escapar de los estímulos rápidos y superficiales de las omnipantallas y reflexionar en profundidad; cultivar el desprendimiento en lugar de la egolatría; ser noble y empático, en vez de vanidoso e insensible; no exteriorizar la intimidad con cualquier excusa, sino ser celoso con la vida privada, así como ser cortés y gentil sin caer en la adulación. En definitiva, no comportarse como casi todo el mundo y distinguirse, no solamente a la hora de vestir, sino también al pensar o vivir.

Reflexiones Históricas sobre la Elegancia

En el verano de 2014 tuvo lugar, durante la semana del diseño de Berlín, un encuentro dedicado exclusivamente a la elegancia que atrajo a 150 participantes. Cicerón, por ejemplo, relacionaba la elegancia con una figura apuesta y con el ejercicio físico y la moderación. Siglos después, el novelista y dramaturgo francés, Honoré de Balzac (1799-1849), escribió el 'Tratado de la vida elegante', un libro lleno de aforismos y cargado de un humor finísimo que está considerado una de las piezas angulares del dandismo. En esta obra, Balzac describe la “vida elegante” como “la ciencia que nos enseña a no hacer nada como los demás, pareciendo que lo hacemos todo como ellos”.

A partir del siglo XX, en cambio, la elegancia se convirtió en sinónimo de vestir con refinamiento. Para el diseñador Giorgio Armani, por ejemplo, la elegancia es la coherencia. Para evitar cualquier confusión, acudamos a nuestros mejores aliados ante cualquier duda existencial: la Real Academia de la lengua y los clásicos. Si buscamos elegancia en el diccionario, la primera acepción es «cualidad de elegante» y la segunda -ya nos da una pista- «forma bella de expresar los pensamientos». Si seguimos tirando del hilo y llegamos a elegante, la primera acepción es la que encaja perfectamente con nuestro planteamiento: «Dotado de gracia, nobleza y sencillez».

La Elegancia Según los Clásicos y la Moda

Si nos vamos a los clásicos, Balzac nos dejó su fascinante Tratado de la vida elegante, donde nos daba algunas reglas de la (auténtica) elegancia a la manera de aforismos: «Ser elegante es esencialmente preferir la sencillez al lujo» o «la elegancia trabajada es a la auténtica elegancia lo que una peluca es al pelo». Y nos dejaba una genial definición de la verdadera elegancia: «Existen personas cuya voz armoniosa imprime a su habla un hechizo que se extiende igualmente a los modales. Saben hablar y callarse, se ocupan de nosotros con delicadeza, solo tocan temas de conversación convenientes, eligen sus palabras con acierto, su lenguaje es puro, sus bromas acarician y su crítica nunca hiere. En ellos no hay esfuerzo, lujos ni ostentación; sus sentimientos se expresan de manera sencilla porque son auténticos. Esas personas tienen la gracia esencial. Ese poder magnético constituye la gran meta de la vida elegante».

Siguiendo con los clásicos -y recordando, como dijo Rafael el Gallo, que «lo clásico es lo que no se puede hacer mejor»- Ortega y Gasset nos regaló a lo largo de su obra varias reflexiones realmente certeras sobre el sentido de la elegancia, una de ellas totalmente definitoria: Ética y elegancia son sinónimos, recordándonos que elegancia viene del latín elegir (eligere), por lo que elegans o elegante es quién elige. Así, la elegancia sería, como la ética, el arte de elegir bien nuestras acciones.

Desde el mundo de la moda -una forma de fealdad tan intolerable que tenemos que alterarla cada seis meses, según Oscar Wilde- también nos han dejado apuntes muy interesantes sobre qué es la elegancia. Así, Coco Chanel decía que «la sencillez es la clave de la elegancia» y Carolina Herrera afirmaba que «la elegancia no se define exclusivamente por lo que llevas puesto; es la forma en la que te comportas, tu forma de hablar, lo que lees».

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