Ángel Antonio Herrera: Una vida dedicada al periodismo, la literatura y la palabra
Ángel Antonio Herrera, nacido en Madrid, sintió desde pequeño una profunda pasión por la literatura y la información. Esta vocación temprana lo llevó a una prolífica carrera en el periodismo, la radio y la televisión, consolidándose como una figura destacada en el panorama cultural español.
Inicios en el periodismo y la influencia paterna
Herrera comenzó su trayectoria profesional colaborando con la revista Interviú, donde descubrió que "el periodismo es un oficio, un modo de vivir". Allí tuvo la oportunidad de formarse con periodistas de renombre como Antonio Álvarez Solís, Manolo Vicent, Manuel Vázquez Montalbán y Francisco Umbral. "Mi decantación literaria como modo de vida es fruto de la influencia de mi padre. Desde pequeño siempre tuve una vocación muy firme con respecto a la escritura", añadió.
Éxito en la televisión: Tómbola y otros formatos
Del periodismo a la televisión fue un paso natural para Herrera, quien supo aprovechar el momento para traspasar esa delgada línea. Uno de los formatos en los que participó con más notoriedad fue en Con T de Tarde, donde trabajó con Terelu Campos. Esa continua y semanal presencia del periodista en el programa del corazón más visto de aquel entonces hizo que su cara se convirtiera en una de las más reconocidas del país, y aún hoy se retiene en la memoria de todos los que lo siguieron con fervor. Su melena oscura hasta los hombros y repeinado, sus patillas, su mirada afilada y su estilo playero con la camisa abierta por el pecho luciendo collar se convirtieron en todo un emblema en aquella forma de hacer y consumir televisión.
El 13 de marzo de 1997, una cadena autonómica, Canal 9, estrenaba Tómbola, un espacio presentado por Ximo Rovira que iba a constituir una verdadera revolución en el panorama audiovisual de nuestro país. Si algún iluso pensó que se trataba de un programa sosegado, los protagonistas de Tómbola se encargaron de demostrar lo contrario. Rápidamente, su fino sentido del humor y su sarcasmo, tan ad hoc con la línea del programa, lo convirtieron en un imprescindible.
Trayectoria en radio y prensa escrita
Tras su paso por la televisión, Herrera se ha centrado en la radio y en la prensa escrita, escribiendo columnas en diversos medios. En la actualidad, cuenta con una columna de opinión semanal en la revista Diez Minutos y en el diario ABC. Llegó a escribir un volumen que se llamaba Alta suciedad que consistía en diferentes crónicas en las que daba su opinión.
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La poesía de Ángel Antonio Herrera
En concreto, su singular destreza a la hora de escribir poemas ha sido destacada por muchos entendidos en la materia. La periodista Marta Robles rubricó esta opinión con el siguiente texto: "A mí me gusta mucho aquella frase de Francis Ponge: El poeta no debe dar una idea, sino una cosa. Es decir, el poeta ha de manejarse con la imagen, con la metáfora atrevida y visualizable, que dice la cosa en sí, con sorpresa, que es decir esa cosa, pero diciendo muchas más cosas. Me apasionan los textos con mucho relámpago. Escribir es quizá lo contrario de pensar".
Ángel Antonio Herrera, escritor, periodista, poeta de larga dedicación, reúne ahora treinta años de obra poética en su libro Los espejos nocturnos (Ediciones Akal). Como él dice en el “atrio”, no es toda la poesía que ha escrito, pero sí toda la que ha publicado. Quienes conozcan al Ángel Antonio Herrera poeta volverán a disfrutar de su poesía, sin duda, y quienes no lo hayan leído todavía tendrán la sorpresa de encontrarse con un autor exigente que tiene mucho que ofrecer a los lectores.
-Igual ya tocaba. Vi, de pronto, que desde el primer libro publicado hasta el último, habían sucedido treinta años. Joder. Treinta años. Qué milagro, y qué desastre. Me pareció una circunstancia digna de recordarse en un libro que ya tenía, porque éste es un poemario de seis poemarios. Yo el libro lo veo como una biografía, pero en verso. El poema es la biografía del poeta. "El hombre es muchos hombres que no ha sido. Sobre todo ésos que no ha sido. La imaginación siempre los recuerda. Eso está en este libro, abundantemente.
-Yo no sé superar aquello de que no sé para qué sirve la poesía, pero es imprescindible. -El de hoy y el de siempre encuentra poesía en él mismo. -A veces, si el mundo sucede en el pasado. "Hay una nostalgia del recuerdo, y otra nostalgia de la imaginación. -El mundo, como algo externo, ya me inspira poco. Es más, ya me interesa más bien poco. Yo creo que me he nutrido bastante de la nostalgia. Pero de la nostalgia de lo que ocurrió, y en la misma medida, quizá, de lo que no ha ocurrido aún. Hay una nostalgia del recuerdo, y otra nostalgia de la imaginación. Vivo entre las dos. Eso, y mi diálogo permanente con la palabra.
-Sí, el verano está siempre ahí, yendo y viniendo en los versos. El verano es un clima espiritual, y también el clima propiamente dicho, donde se da la resurrección de la carne y la juventud del tiempo. -Yo llego a la poesía por mi padre, que fue profesor de Latín y Griego y un poeta secreto. No era un poeta excelso, pero sí hacía muy buenos versos. Tenía una facilidad natural, larga, festiva, incalculable, para versificar. Era de los que retaba a los alumnos a que le retaran: “A ver, chavales, decidme sobre qué tema queréis que escriba un soneto, o una décima. Sobre el pupitre, o el vaso de agua, o el cigarrillo. Lo que digáis.” Y el tío, según el encargo, te hacía un soneto exacto, o una décima, en un soplo. Y luego estaba que era un apasionado de la recitación.
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-Así aprendí a recitar las páginas más recitables, digamos, de la Generación del 27, que no quiere decir que fueran las mejores páginas, sino quizá lo contrario. Pero aquello fue un recreo y una vitamina en mí. Hablo del Romancero de Lorca, los poemas más frágiles de Aleixandre, o muchas rachas de Neruda. Y el Alberti más cantable, o sonetos de Quevedo o Lope. -Yo no entendía nada, pero aquello me envició, cogió vuelo de entretenimiento, y prendió en mí la fascinación por la música de la palabra. Desde entonces, hasta hoy, creo que no hay poesía sin música. El poema es una partitura, y el poeta es compositor.
-No concibo la vida sin la poesía. Y eso no quiere decir que yo escriba endecasílabos a diario, que no lo hago, sino que tengo una antena lírica ante el mundo, ante la vivencia, y todo se me resuelve en la síntesis de un verso. -Organizas el volumen ofreciendo primero tu último libro y yendo hacia atrás, hasta tu primer libro. "Me gustó la idea de montar una poesía reunida en dirección contraria. Es decir, desde lo más reciente hasta lo más antiguo. No me importaría que se viera un afán de desacato del hábito en esto, ojalá. Pero obedece a una primera razón, alegremente elemental: me desagradan menos mis últimos versos. Por otro lado, el carácter de borrador perpetuo que yo sostengo al pensar en la poesía, consigue así, en el orden cronológico inverso, una lectura que prospera hacia atrás, de camino al pasado, y no al futuro. Es un libro que va mirando hacia su génesis. Y, en general, sugiere que me interesa más lo pendiente.
-Dice Antonio Lucas en el prólogo que eres de “la raza de los acusados”, citando a Cocteau. --Lucas arriesga que la raza de los acusados incluye a los feroces, a los que practican la rabia honda, y la dirección prohibida. Y me ve ahí, en esa galaxia. No voy a discutirlo. -Porque Lucas es un poeta importante, que conoce bien lo que es la felicidad del idioma. -Pues hay un hombre que incluye muchos hombres. Porque el hombre es una asamblea. El poeta suele encontrarse con los otros que no ha sido. O que sí ha sido, pero aún no lo sabe. "Vivimos unos tiempos literarios, y no literarios de alegre anomalía. -Sí, eso es verdad. Yo no me he inventado pasiones para ejercitarme, como hacían algunos clásicos, sino que las he buscado, premeditadamente, incluso salvajemente. Ahora, ya menos, claro, porque he ido cumpliendo años, y los años son una distancia, y un desgaste, y una corrupción, y un asco, en fin. Yo en el exceso suelo ver un acierto. Ahora veo, además, que el exceso es accesible. Y no me gusta. Vivimos unos tiempos literarios, y no literarios de alegre anomalía.
-De momento, estoy escribiendo; en esa excavación estoy. -Dices al final del prólogo: “Creo, con un clásico, que yo soy mi herencia”. ¿Qué herencia es? -Sí. Mi herencia es un verso, un primer libro, este último libro que es el libro de mis libros. "Yo he sido un yonki de la poesía. Y lo sigo siendo. -Yo he sido un yonki de la poesía. Y lo sigo siendo. He leído y leo asilvestradamente. Pero mis devociones vienen del barroco del Siglo de Oro, empezando en Quevedo, que es una cátedra en lo que quieras, y llega hasta la revisión del surrealismo de los poetas franceses, donde se practica el poema en prosa y la imagen lisérgica, pero no gratuita o meramente pirotécnica. O sea, los que leen bien a André Breton o a los dadaístas. Y luego, claro, pues San Juan, Withman, Saint John Perse, Lorca, un costado de Aleixandre, otro de Cernuda, y Borges, y Baudelaire, más en los temas que en el estilo, y Rimbaud, y Octavio Paz, y Caballero Bonald. No sé, la reunión sería inacabable. Y siempre incompleta.
-Todo poeta tiene algún verso digno de recordarse. La frase es de Borges, creo recordar, y prefiero no quitarle la razón al genio. -En poco, si entendemos el periodismo como información. Aunque ambas disciplinas (qué palabra, joder, “disciplinas”) dan noticia del mal o el bien del hombre. Otra cosa es la opinión, o la crónica, en el periódico, aquí sí pudiéramos encontrar parentescos. -Como mi antena de mundo, de la vida, es lírica, y es metafórica, pues hay calambres del verso en mi columnismo. -A mí enseguida se me desmanda un remate de trueno, una flor de maldad, incluso, que es de naturaleza lírica, sí, y yo creo que le da bulto, y brinco, y veneno a todo aquello que quieres celebrar o destrozar. Siempre que no te pases al adorno abusivo, claro, a esa jardinería de los engolados, más o menos engreída, que es un tostón y una mariconada.
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-Efectivamente. Es soltar una rosa en un párrafo, y al párrafo siguiente vas y dejas un ramo de dinamita. -En realidad, no hablamos en esto sino del viejo debate entre escribir y redactar. Y yo procuro escribir. Me esfuerzo en lograr escritura. Y me gusta leer a quienes tienen ese mismo vicio. Pero, insisto, sin recaer nunca en el boato amanerado, o en el floripondio solemne, que son siempre una cursilada y un coñazo. O las dos cosas. Yo puedo fardar de dos cosas. Una, de ser un gran lector de poemarios. -Pues no, porque yo soy un tipo muy atareado. Y resulta que el poema hay que llevarlo a todas partes. Antes de escribirlo, cuando ya lo has escrito, y después, porque el poema nunca lo acabas de escribir, si nos ponemos serios. Pero yo me gano la vida escribiendo en el periódico, opinando en una radio, o en una tele. Se me agolpan las faenas, cada día. De modo que no tengo tiempo para llevarme el poema a todas partes, que es lo que tiene que hacer un poeta. Para escribir versos hay que trasnochar en todo momento. Y yo a menudo madrugo varias veces al día. Esto es jodido para el sacerdocio del verso. Me gusta lo que vislumbra Sabina en una canción: “Yo, que nací para rey, trabajando por dinero”. "La poesía es un atletismo.
-Claro. Nunca. Es muy raro que pase un día sin que yo lea poesía, que es otro modo de escritura vicaria, o sin que saque algún momento para ir haciendo notas, apuntes, arranques de borradores, en fin. Es algo así como entrenar un rato, cada día. Pero sin correr demasiado. O sin jugar el partido completo. La poesía es un atletismo. -Suelo tener un primer verso, frecuentemente sobrevenido, y por lo general dejo que a partir de ahí el lenguaje entre en combustión, a ver qué dice. Luego me paso mucho tiempo corrigiendo, limando, decantando. -Hace unos años tuviste una mudanza y me dijiste que en ese ínterin sólo te llevaste un libro, Residencia en la tierra, de Pablo Neruda. -Quizá alguno más llevaría, pero Residencia en la tierra es un poemario que llevo siempre por ahí, principal, porque es una compañía nutricia, una micebrina inagotable para las ganas de escribir, un alcohol de estímulo verbal. -Porque es formidable el Neruda de ese libro.
-Fuiste muy amigo de Francisco Umbral, y escribiste un libro sobre él. -En el columnismo sí. Un maestro único. Y es maestro de muchos otros que están por ahí ejerciendo, con firmas muy descollantes. -Porque en su columnismo encuentro ya resueltos muchos de mis afanes de vocación literaria, de cuando yo era adolescente: el magisterio verbal de los barrocos, la jerarquía de la ironía, el yo como primicia. Y luego, esa naturalidad insomne que tenía para cabrear a sus propios devotos, desde las poetisas a las marquesas. Decía José Hierro que entrar en una página de Umbral era como entrar en una discoteca. Joder, es buenísimo esto.
Vida personal: Discreción y amor
Hay una parcela que Ángel Antonio nunca ha vendido o siquiera abordado o pregonado públicamente: su vida sentimental. A pesar de vivir durante décadas de las informaciones del corazón, él para sí es muy celoso de su intimidad y mantiene la discreción en ese aspecto de su vida. Sólo algún puntual acto público ha dejado atestiguar la relación sentimental del periodista con su compañera de profesión y razón de amor, Carmen Ro, quien lleva años a su lado.
Recientemente, Ro ha trabajado en un programa de TVE y RNE llamado La vida de los demás. Además, ha colaborado en Cuatro al día -el programa vespertino de la segunda cadena de Mediaset-, y, anteriormente, fue parte del matinal de TVE1 conducido por María Casado, así como colaboradora en RNE y en varios medios digitales.
Reflexiones sobre la cultura, la política y la sociedad
Me advierte Ángel Antonio Herrera (Albacete, 1964) de que hubo un tiempo en que le llegaron unas cuantas demandas. Años de su presencia en las tertulias del corazón. Momentos pasados de los que no reniega, pero a los que tampoco añora, porque hoy muchos famosos, así lo defiende, son gente cuyo oficio máximo es haber estado en un concurso. Gente sin oficio. Herrera sí tiene uno que son varios a la vez, el amor por la palabra, el respeto a la palabra, la dedicación con la palabra. Periodista, escritor, poeta, tertuliano, observador, curioso, cabreado, libérrimo, irreverente, todo en uno.
Herrera ha escrito Salvaje España: Retrato de la nueva modernidad, un compendio de artículos, de escritos, retratos que ha ido publicando en el diario Abc durante los cuatro últimos años.
En relación a los famosos, Herrera opina: «No hay debate en los partidos. Una fama fundada en la injuria, y yo, que no he sido una persona de demasiados miramientos para meterme en asuntos de la crónica, todo aquello ya empezó a parecerme mal.
Ángel Antonio Herrera, escritor, periodista, poeta de larga dedicación, reúne ahora treinta años de obra poética en su libro Los espejos nocturnos (Ediciones Akal).
Sobre su juventud desde el texto: "soy un joven veterano. El libro abarca todo, es un libro coral, como todo lo que he hecho yo siempre en prosa y que no desdeña nada. Es decir, es una mirada salvaje y es una mirada alegremente abierta a lo que ocurre. Claro, desde el panorama político hasta las últimas bobadas o no tan bobadas de internet. A mí me interesa mucho lo de Internet, porque es un fenómeno que ocurre y que además lo digital ha sido la gran zancada de los últimos tiempos, lo que pasa es que yo no dedico ni un solo minuto a tener redes sociales porque no me interesan".
Yo no comparto que lo último sea importante, pero constato que es así. Mi opinión es una opinión más, tan deplorable o tan elogiosa como la de cualquier otro. Ahora bien, no estoy a favor de fomentar y de celebrar con aplauso incluso que las redes sociales son una gran herramienta cultural. No lo creo, creo que es un enemigo de la cultura.
Herrera recela cuando la gente, amigos o conocidos, le cuentan cosas de internet: «Sabes que en internet está nosequé», yo recelo siempre, creo que todo es mentira, pero no porque ahora se haya fomentado lo del bulo y sea lo que está de moda y la verdad realmente sea una anomalía.
Con este presidente y con el mundo de la política en general. El embuste ha cundido y se ha hecho hábito, y entonces es muy difícil encontrar la verdad. Decía Borges que la verdad, como la belleza, es frecuente. Ahora la belleza es frecuente, pero la verdad no tanto. Y entonces a mí de eso lo que me molesta esencialmente, no es que me mientan, sino que me tomen por niño o por tonto, y entonces esto sí que no lo tolero y me ofende realmente.
Ángel Antonio Herrera se encuentra huérfano políticamente. Estoy hablando en este caso del PSOE, pero probablemente también ocurría en el PP. Ahora eso es impensable, hay una militancia férrea al lema de la mañana y es verdad que hay algunos colegas, y esto no lo digo para elogiar a nuestro gremio, que se han dado más al activismo político que a la opinión.
Yo veo obligado el desacato. Y creo que en la profesión deberíamos pensarlo un poco, nuestra labor es encontrar la verdad, y nuestra labor está también en la desobediencia o en la infracción. A mí me gusta el riesgo, o sea, me gusta arriesgar y creo que una opinión es un riesgo mayor. Uno arriesga una opinión al día en un sitio y entonces se expone.
Hay en España un cursillo obligado para tener un galgo. Se cruzan por ahí dos maneras de mirar a un hijo, la manera de Ana Obregón, que incluye el escaparate, y la manera del médico detenido por maltrato, que incluye el retiro domiciliar del vástago, que en su caso eran ocho vástagos. Reúno aquí los dos casos, el de una famosa, y el de un particular, porque nos exponen dos maneras de librar la maternidad, o la paternidad, no pensando tanto en la descendencia como en uno mismo.
Carmen Ro saluda cariñosamente a Ángel Antonio Herrera, dándole un beso en los labios antes de abrazar a Joaquín Pérez Azaústre.
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