Derrame Cerebral en Bebés: Causas, Síntomas y Tratamiento
Infarto cerebral y bebés. Parecen dos palabras que no puedan ir juntas. Aunque en general un infarto cerebral está asociado a gente mayor, lo cierto es que también puede ocurrir, con menos frecuencia, en niños, en jóvenes e, incluso, en bebés recién nacidos o antes de nacer. Se trata de un porcentaje muy pequeño, pero es una realidad.
Es propiamente el desconocimiento de esta afección la que maximiza las consecuencias, ya que nadie se espera que un bebé pueda estar sufriendo un ictus pediátrico. Aunque en general se asocia el infarto cerebral a gente mayor, también puede ocurrir, con menos frecuencia, en niños y jóvenes, e incluso en bebés recién nacidos.
El Accidente Cerebrovascular (ACV) es una enfermedad cerebrovascular que se produce cuando el flujo sanguíneo al cerebro se interrumpe, ya sea por causa de un coágulo de sangre o por la ruptura de un vaso sanguíneo. El infarto cerebral, o también conocido como ictus, se trata de un accidente cerebrovascular que se produce por la interrupción del flujo sanguíneo en una de las partes del cerebro.
Si una de las arterias del cerebro se obstruye, hay una falta de riego de sangre en esa región del cerebro. Si uno de los vasos sanguíneos está obstruido, no puede suministrar oxígeno ni nutrientes al cerebro. Sin la glucosa y el oxígeno que lleva la sangre, las neuronas y otras células del cerebro se dañan y pueden morir.
Se dice entonces que hay un infarto cerebral. Esta afección es una emergencia médica y es importante darse cuenta lo más rápido posible para actuar cuanto antes y poder evitar posibles complicaciones.
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¿Por qué puede sufrir un bebé un infarto cerebral?
Aunque no es seguro, la hipótesis más probable es que una de las arterias cerebrales del bebé se obstruya por un trombo que viene de la placenta. Al final del embarazo y en el parto la placenta tiene mucha sangre. Esta sangre circula más lenta que en otras zonas del cuerpo, por lo que es más fácil que se formen trombos.
Otras de las causas por las que un bebé puede sufrir un infarto cerebral es a raíz de un coágulo de sangre en una de las venas de la cabeza, también conocido como una trombosis del seno venoso, o por un sangrado.
Existen dos tipos principales de ACV, tanto en adultos como en niños: el isquémico y el hemorrágico. ¿Qué es una isquemia cerebral en niños? Esta afección comienza cuando un coágulo de sangre bloquea un vaso sanguíneo en el cerebro, interrumpiendo la circulación de la sangre y privando a las células cerebrales de oxígeno y nutrientes.
Factores de riesgo asociados al ACV perinatal
Varios autores han sugerido que existen una serie de factores de riesgo adquiridos o innatos; maternos, placentarios y fetales, que se asocian a esta patología (tabla 1). Aún así, no se encuentra la causa en el 50% de los casos.
Los factores que afectan a la coagulación en el período perinatal son la presencia de hemoglobina fetal, proteínas fetales y hematocrito y viscosidad altos. La concentración de factores procoagulantes y anticoagulantes varía a lo largo de la gestación y en el período posnatal, hay una activación de la coagulación tanto en la madre como en el feto en el momento cercano al parto.
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Los bebés con problemas en el corazón también son más propensos a sufrir un infarto cerebral al nacer o en los primeros días de vida.
Frecuencia del infarto cerebral en bebés
No lo son. Solo en uno de cada 4.000 o incluso cada 10.000 partos, según el país. Son algo más frecuentes en niños que en niñas. También parecen ser más frecuentes en los bebés que nacen tras partos largos y complicados.
¿Cómo sabemos que un bebé está teniendo o ha tenido un infarto?
En general el infarto da síntomas a partir de las 12 horas de vida. Lo más común son las convulsiones. Las convulsiones son movimientos involuntarios y rítmicos de los músculos, que duran unos segundos o minutos.
En los bebés con infarto, la convulsión suele ser solo de un lado del cuerpo: en el brazo, y algo menos en la pierna de ese mismo lado. Se producen porque la zona del cerebro donde hay falta de oxígeno se irrita y manda señales eléctricas anormales a los músculos. En general estos bebés tienen uno o dos episodios de convulsiones.
Es habitual que mientras la convulsión tiene lugar, el bebé esté despierto y tranquilo, y no muestre angustia ni dolor. En las horas previas a las convulsiones, algunos recién nacidos están letárgicos (se quedan dormidos con mucha facilidad, y cuesta despertarlos) y maman de forma débil.
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Otros en cambio pueden estar muy irritables, como si algo les molestara, y lloran de forma continua. Por esa razón, la sintomatología puede incluir entumecimiento o debilidad en un lado del cuerpo, dificultad para hablar o comprender el lenguaje, problemas de visión y dolor de cabeza intenso.
Los síntomas para identificar un ictus en niños más pequeños son espasmos faciales y/o distonías; apneas asociada a episodios catatónicos; falta de movilidad de un hemicuerpo. En niños con más edad los síntomas principales serían: dolor de cabeza de aparición repentina y de una intensidad elevada; vómitos y/o nauseas; trastorno brusco de la sensibilidad en cara, brazo o pierna en un lado del cuerpo; debilidad muscular repentina, en un lado del cuerpo; dificultad para hablar o para entender lo que se está diciendo; trastornos de la visión; pérdida del equilibrio.
Diagnóstico del infarto cerebral en bebés
Además, en el ingreso, se le harán varias pruebas al recién nacido para confirmar que ha tenido un infarto. La primera prueba es una ecografía, que permite ver con rapidez, a través de la fontanela, el cerebro del bebé. Además, se le pondrán unos electrodos en el cuero cabelludo, en forma de pegatinas o de agujas muy finas, que permiten ver en tiempo real cómo está funcionando el cerebro.
Esto se llama monitor de función cerebral y se parece a un electroencefalograma. Cuando han pasado unos días al bebé se le hará una resonancia magnética. Esta prueba permite ver el cerebro con mucho detalle y así saber de forma exacta las áreas que han sido dañadas.
Las exploraciones neurorradiológicas incluyen el uso de RM, tomografía computarizada (TC) y ecografía. La RM convencional potenciada en T1 y en T2 y, sobre todo, la RM con la práctica de imágenes de difusión son las técnicas de elección porque son particularmente sensibles para detectar infartos de forma temprana, cuando otras técnicas no detectarían anormalidades. La angio-RM también es útil para detectar vasos ocluidos o hipoplásicos.
Tratamiento del infarto cerebral en bebés
Todavía no. Hay muchos estudios en marcha que buscan un medicamento o alguna otra terapia para el infarto neonatal. Es posible que en los próximos años haya buenas noticias en este sentido.
Aunque el infarto no se puede curar, cuando pensamos que un bebé ha podido tenerlo, se le ingresa en la UCI neonatal. De este modo se controlan bien todas las constantes vitales y se les da un ambiente estable para evitar que el daño se extienda a otras zonas.
El tratamiento en niños implica diferencias en causas y factores de riesgo en comparación con adultos. El tratamiento puede incluir terapia anti-trombolítica, y la recuperación a largo plazo se basa principalmente en tiempo y terapia física. La trombectomía mecánica puede ser una opción en algunos casos, mientras que la prevención secundaria incluye terapia antiplaquetaria y control de enfermedades subyacentes.
¿Qué pasa después?
El infarto cerebral neonatal no pone en peligro la vida del recién nacido como sí sucede en otras edades. A menos que tengan otras enfermedades, todos los bebés que han sufrido un infarto se recuperan pronto y se pueden marchar a casa al cabo de unos días.
Uno de cada tres niños/as con infarto cerebral tendrán problemas para usar la mano y el brazo del lado contrario de donde sufrió el infarto del cerebro. Esto se llama hemiplejia o hemiparesia. Aunque la pierna puede estar un poco más débil que la del lado sano, esto no suele producir problemas importantes y casi todos los niños en estos casos andan con normalidad.
Se han creado en los últimos años muchas técnicas de rehabilitación que permiten recuperar una parte de la función de la mano, y se están tratando a niños cada vez más pequeños. Es bastante frecuente que el lenguaje también se altere, pero no de forma grave.
La mayoría de los niños con infarto aprenden a hablar de forma normal. Cuando son ya más mayores, pueden encontrar difícil aprender y usar reglas de gramática complejas; así como los ejercicios de lengua y redacción del colegio. Esto también puede mejorar con técnicas de rehabilitación neuropsicológica.
Si la zona del cerebro que sufrió el infarto fue grande, el riesgo de que tenga convulsiones en la infancia en mayor, suele ocurrir a partir de los 3-4 años de edad. Las convulsiones se pueden prevenir y tratar con medicamentos.
En cualquier caso, la mayor parte de los niños/as que tuvieron un infarto al nacer tiene un nivel de inteligencia normal. En el caso de los niños, la recuperación de esta afección también puede variar según la gravedad y la ubicación del daño cerebral.
Al igual que sucede con el resto de ictus pediátricos, el ictus neonatal tiene como consecuencia una lista de importantes secuelas neurológicas a largo plazo, como epilepsia, déficit motor o cognitivo, retraso mental o parálisis cerebral. Somnolencia intensa.
Rehabilitación neurológica infantil
Para trabajar las secuelas del ictus pediátrico y conseguir restituir, reducir y/o compensar las alteraciones funcionales asociadas a la lesión que se ha producido, es necesario realizar un tratamiento neurorrehabilitador. La rehabilitación neurológica infantil se basa en el concepto de neuroplasticidad o plasticidad cerebral, es decir, la capacidad que tiene el sistema nervioso central para adaptarse y compensar las lesiones, minimizando sus efectos.
Esta rehabilitación conlleva un proceso de aprendizaje y adaptación a las limitaciones físicas y/o cognitivas que padece. Este tipo de tratamientos es siempre multidisciplinar (médico rehabilitador, fisioterapeuta, terapia ocupacional, logopeda, neuropsicólogo, psicólogo clínico y trabajadora social ). Además la familia debe implicarse directamente dando continuidad en casa a las actividades indicadas por los diferentes especialistas anteriormente mencionados.
Lo que hace el cerebro es buscar vías alternativas para activar nuevamente las funciones que se han perdido. Es importante recibir la atención médica necesaria y seguir las recomendaciones del profesional.
También es importante continuar con la rehabilitación el tiempo que sea necesario, para que la recuperación sea más efectiva. Sabemos que un diagnóstico de ictus pediátrico es abrumador, pero es importante recordar que los niños y niñas son increíblemente resistentes y adaptativos, capaces de superar obstáculos y retos que para los adultos pueden parecer imposibles.
Cada pequeño avance, cada logro y cada sonrisa del pequeño son razones para seguir adelante y no rendirse. Como informa Lescer, aunque las secuelas de un infarto cerebral pediátrico pueden ser devastadoras, los bebés tienen, respecto a los adultos, una mayor capacidad para superarlas.
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