Origen del idioma francés

31.10.2025

El francés (français) pertenece a la rama románica de la familia de lenguas indoeuropeas. Es una lengua romance, es decir, procede del latín, al igual que el español, el italiano o el rumano. Al tener una lengua madre en común (el latín), es posible encontrar grandes similitudes y parecidos entre ellas. La lengua francesa, no obstante, es considerada la lengua romance que menos se parece al latín.

Para entender el origen del idioma francés como idioma hay que ahondar en la historia y las razones políticas para conocer su evolución. La aparición de la imprenta y la figura del traductor tienen un papel relevante en el uso de esta lengua.

Invasión romana y el latín vulgar

La historia del origen del francés se remonta dos milenios atrás (entre el 58 a.C. y el 51 a.C.), cuando el Imperio Romano, al mando de Julio César, invadió la Galia. Antes de la invasión romana de la actual Francia, el territorio estaba habitado por un pueblo celta al que los romanos llamaban galos. El territorio estaba habitado por un pueblo celta al que los romanos denominaron los galos. Los galos hablaban el celta, el galo y el vasco, entre otros idiomas, pero el latín llegó para imponerse.

Cuando finalizó la guerra de las Galias (entre el 58 a. C. y el 51 a. C.), los territorios ubicados al sur del Rin pasaron a ser provincias romanas. El desarrollo de los núcleos de población y el crecimiento del comercio mejoraron la comunicación entre los galos y los romanos: durante cinco siglos, el latín oral, también denominado vulgar (vulgus: el pueblo), convivió con el galo, un idioma de origen celta. No obstante, como el galo no se utilizaba en la escritura, su permanencia era complicada, principalmente en la zona sur del país, más romanizada.

A partir del siglo III, los galos fueron invadidos por tribus germánicas cuyas lenguas tuvieron un profundo efecto en el latín vulgar de la región, especialmente en su vocabulario. Es importante saber que actualmente, de las 100 000 entradas que incluye el diccionario Le Grand Robert, un centenar de palabras todavía reflejan su origen galo.

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Influencia de los francos y el nacimiento del francés antiguo

Ya en el siglo IV había numerosos francos asentados en el noreste del país e integrados en los ejércitos romanos. Tras varias victorias, Clovis unificó a todos los pueblos francos y se granjeó el apoyo de las grandes familias galorromanas. Para ello, adoptó tanto la lengua, el galorromano, como su religión, el catolicismo.

Como consecuencia del origen germánico de los francos, se modificaron la pronunciación y la musicalidad del idioma. Se introdujeron nuevos sonidos (como el sonido /œ/ de fleur [flor, en español] y el sonido /ø/ de nœuds [nudo, en español]), además de otras palabras nuevas.

Cinco siglos después, las tribus germánicas invadieron la Galia, incluyendo los llamados "francos", que huyeron de los ataques de nómadas del Asia central, y ello tuvo como consecuencia la pérdida por parte Roma del control militar y el nacimiento de una nueva clase gobernante de francos cuya lengua materna no era el latín. Durante el período de los francos, una tribu germánica que conquistó la Galia, las influencias germánicas empezaron a mezclarse con el latín. Esto dio origen al “antiguo francés“, que se hablaba desde el siglo IX hasta el siglo XIII.

A finales del siglo VIII, el nivel educativo entró en declive, y el pueblo ya no entendía el latín que hablaban los clérigos. Tras el Concilio de Tours de 813, Carlomagno impuso las homilías en la “lengua rústica romana”. En otras palabras, en los dialectos locales. Esta decisión marca el primer reconocimiento a la lengua oral.

Sin embargo, el auténtico nacimiento del francés tuvo lugar tres décadas más tarde: con la división del imperio, surgen tensiones entre Lotario y sus dos hermanos, Carlos el Calvo y Luis el Germánico, que culminan con la alianza y el enfrentamiento de estos últimos con el primogénito. En 842, Carlos y Luis prestan juramento, y cada uno emplea la lengua que entendían las tropas de su hermano: Carlos se expresa en tudesco (protoalemán) y Luis lo hace en romano (protofrancés). Los Juramentos de Estrasburgo, transcritos por un testigo presencial, marcan el nacimiento tanto del alemán como del francés.

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Durante mucho tiempo, el idioma hablado en el norte de Galia (en realidad ya Francia) es un latín más o menos evolucionado, con grandes influencias, fundamentalmente fonéticas del idioma germánico hablado por los francos. Al sur, la evolución es diferente, por lo que poco a poco se van diferenciando dos lenguas con una frontera que en principio se marcará en el Loira, aunque a lo largo de la historia irá desplazándose cada vez más hacia el sur. Al sur de esa frontera se hablaba la lengua de oc. De cualquier modo, no resulta sencillo establecer el momento en el que el latín vulgar se transforma en francés o provenzal, pero ese momento hay que situarlo entre los siglos VI y IX. A partir del siglo VII ya se cuenta con testimonios de que la lengua hablada en el territorio de la actual Francia es diferente del latín y del germánico.

En Francia, los dos grandes dialectos romances antes mencionados pasarán a ser conocidos con los nombres de langue d'oc y langue d'oïl (en función del modo en que se decía «sí»). Poco tiempo después empieza a aparecer una literatura escrita por clérigos en este nuevo idioma, que con la aparición de los primeros textos literarios (el primero es la Secuencia de Santa Eulalia), entre los que destaca el Cantar de Roldán, el idioma romance fue consolidándose y diferenciándose cada vez más del latín.

Lo que se conoce como francés antiguo se fue consolidando a partir del siglo XI, y aunque hoy se estudie todo lo que se hablaba al norte del Loira como si se tratara de una sola lengua, en realidad se trataba de dialectos con elementos comunes. La influencia germánica en el idioma obligó a usar en el lenguaje escrito algunos dígrafos para reproducir algunos de los sonidos que se utilizaban pero que no habían existido en latín vulgar. Así, la nasalización, uno de los elementos fonéticos más característicos de la influencia germánica en el francés se va marcando en la escritura por el uso de la n en posición final de sílaba.

Consolidación y estandarización del francés

En el siglo X, el galorromano adoptó cientos de formas. Bajo la influencia del fráncico se empezó a desarrollar un grupo de lenguas en el norte, las denominadas lenguas de oíl. En el sur, más romanizado, se desarrollaron las lenguas de oc (oíl y oc significan oui [sí, en español]). Las lenguas de oíl incluyen, entre otros, los dialectos picardo, valón, borgoñés e incluso franciano; mientras que las lenguas oc agrupan a los hablantes del lemosín, el auvernés, el provenzal, el languedociano… De la lengua franciana nos han llegado miles de palabras, como los sustantivos que empiezan por H aspirada: hache, haine, hêtre, héron (en español: hacha, odio, haya, garza), u otros vocablos como guerre, gâcher, garder o gage (guerra, estropear, guardar, garantía).

El latín continuó siendo el idioma imperante en la religión, la educación y la legislación aunque, poco a poco, comenzaron a aparecer escritos en lengua vernácula. Desde finales del siglo XI, los trovadores del sur y del norte entonaban sus poemas en los diversos dialectos del país. No obstante, había enormes disparidades entre los textos debido a la multitud de hablas y a la falta de reglas estrictas; los dialectos, bajo la pluma de los divertidos copistas, eran aleatorios. De hecho, algunos abogaban por la «relatinización» del léxico.

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En los siglos XIV y XV, Francia vivió sus años más oscuros: la peste negra y la guerra de los Cien Años diezmaron a la población y la autoridad de la monarquía se situó al borde del abismo. Los textos de François Villon, redactados en francés medio, reflejan a la perfección este periodo turbulento. Para el lector moderno, el idioma empleado es más fácil de comprender. Gracias a la pérdida de las dos declinaciones, se fijó la posición de las palabras en las oraciones. Y se asentaron las bases del idioma. Hoy en día, algunas de sus grafías nos resultan graciosas (doncques, pluye u oyseaulx).

Durante el siglo XV asistimos al nacimiento del Renacimiento italiano y se inventa la imprenta; es decir, se redescubren los textos antiguos y el invento de Gutenberg posibilita una rápida divulgación del conocimiento. Para poder editar una gran cantidad de obras escritas, era preciso fijar la lengua. De esta forma, las lenguas vernáculas obtuvieron por fin su reconocimiento. En ese momento se planteaba un doble reto: religioso (en 1522 se publicó la Biblia en alemán) y político. Gracias a la pérdida de dos declinaciones, se fijó la posición de las palabras en las oraciones.

A finales de la Edad Media, el francés evolucionó al “francés medio”, marcado por una mayor estandarización y la influencia de la corte. La consolidación territorial que garantizó la posición en el futuro del "francés" como el idioma oficial de una monarquía centralizada (más tarde nación-estado) se produjo con el regreso de la corte francesa a París, después de su cambio a Aachen (Aix la Chapelle) bajo Carlomagno, y con el mayor éxito de sus ejércitos contra los ocupantes Anglonormandos de las principales zonas del norte y suroeste de Francia.

A fin de dotar al francés de legitimidad y a sus textos escritos de distinción, se plantearon diversas hipótesis, en ocasiones demasiado rebuscadas: el francés había surgido de las lenguas sagradas, es decir, del latín clásico, del griego e incluso ¡del hebreo! Los primeros gramáticos sentaron las bases del debate secular: ¿debería darse prioridad a su uso o racionalizar el idioma? Como paradigma de esta emulación lingüística, Joachim Du Bellay publica Défense et illustration de la langue française (Defensa e ilustración de la lengua francesa) en 1549. Los autores de la Pléyade, de los que forma parte, desempeñaron el papel de teóricos y lexicógrafos. De nuevo, se latinizó el idioma, aunque en ocasiones de forma equivocada. Así, el vocablo doit pasa a ser doigt (del latín digitus) y pie pasa a ser pied (del latín pedis). Se eliminaron las palabras que se consideraban “bárbaras”, es decir, no latinas.

Para poder dar respuesta a las nuevas realidades, los escritores recurrieron a más de 2000 préstamos de otros idiomas, así como a neologismos, que dieron lugar a dobletes o cognados léxicos. Gracias al doble impulso procedente del ámbito político y del literario, el francés se convirtió en un idioma “de rango superior”. Sin embargo, en el siglo XVI, el porcentaje de hablantes de la lengua del rey no superaba el 10 o el 20 %.

El francés moderno y su expansión global

El nacimiento del francés moderno, en cambio, no tendría lugar hasta 1539, cuando el rey Francisco I hizo del francés la lengua oficial de la administración y procedimientos judiciales. En 1539, el rey Francisco I hizo del francés la lengua oficial de la administración y de los procedimientos judiciales en Francia, reemplazando al latín como lengua oficial escrita del país. De ese modo, la lengua francesa se convirtió en obligatoria en todos los textos escritos y en la lengua oral de toda Francia.

Desde fines del siglo XVII, cuando los esfuerzos oficiales para uniformar, estabilizar y aclarar el uso de la gramática francesa se institucionalizaron en la Academia Francesa, la gramática del idioma francés hablado y escrito actualmente sigue sin cambios y mantiene su esencia. A partir del siglo XVII, todos estos esfuerzos de unificación se institucionalizaron en la Academia Francesa, la institución encargada de la regulación de las normas y del perfeccionamiento del francés. Tras un período de unificación y estandarización, la lengua hablada en los siglos XVII y XVIII se convirtió en la base del francés moderno. A partir del siglo XVII, al francés se le otorgó la condición de lengua de cultura y diplomacia en todo el mundo occidental.

El francés fue, desde el siglo XVIII hasta mediados del siglo XX, el idioma de la diplomacia internacional. Durante esa época, los tratados, acuerdos y convenciones multilaterales eran redactados en francés, que sustituyó al latín en ese cometido. Actualmente sigue siendo una lengua de referencia en las relaciones institucionales, sobre todo en Europa y África, continentes en los que es oficial o cooficial en una veintena de países.

Actualmente el francés es el quinto idioma más hablado del mundo (noveno por hablantes nativos) y la segunda lengua en las relaciones internacionales. El francés se habla en 53 países, lo que lo convierte en una de las lenguas más difundidas del mundo. Se calcula que el número de francófonos como primera y segunda lengua en todo el mundo oscila entre 220 y 300 millones de personas. Es idioma oficial y co-oficial en 29 países. Los países que utilizan el francés como primera o segunda lengua están repartidos por los cuatro continentes. Cuatro de ellos están en Europa: Francia, Bélgica, Suiza y Luxemburgo. Dos, en el continente americano: Canadá y Haití. También hay dos departamentos de ultramar de Francia: Martinica y Guadalupe. El resto son antiguas colonias francesas de África e islas de los océanos Índico y Pacífico.

Todavía hoy, a pesar de la pérdida de influencia del Imperio francés tras la Segunda Mundial, el francés se mantiene como uno de los idiomas de trabajo más reconocidos internacionalmente.

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