Donde Nace el Río Almonte: Origen y Recorrido de un Tesoro Natural
El río Almonte, un río de vida, corre libre y salvaje desde su nacimiento junto al pico Villuercas hasta su desembocadura en el Tajo. Durante 100 kilómetros nutre una importante franja del centro de la provincia de Cáceres, generando a su paso vida en todas sus formas. Junto a sus orillas anidan águilas imperiales y reales, alimoches, águilas perdiceras, búhos reales, cigüeñas negras y otras 120 especies de aves. Sus aguas limpias dan cobijo a uno de los conjuntos de fauna piscícola mejor conservados de la Península Ibérica, fauna que sustenta las muchas nutrias que aún pueden verse. El Almonte es un río de vida y como tal hay que preservarlo.
Actualmente, está declarado ZEPA (Zona de Especial Protección de Aves) y LIC (Lugar de Interés Comunitario), figuras de protección que se antojan escasas, pues su entidad ambiental y los valores que lo hacen único precisan de una catalogación mucho más proteccionista.
El Origen del Río Almonte
El río Almonte nace a los pies de la risca de La Villuerca, en la gran pedrera (casquera) de su ladera noroccidental, a unos 1.400 metros de altura. Nace en la ladera noroeste del Pico Villuercas (1.600 metros), y recoge las aguas que se infiltran tanto en las grietas de las cuarcitas, como en los canchales que rodean las crestas del pico.
El agua de la nieve y, sobre todo, de la lluvia se infiltra entre los grandes y angulosos fragmentos de cuarcitas hasta que llega a la capa más impermeable de pizarras, que hace que el agua discurra por el interior de la casquera para surgir en manaderos que forman el río Almonte. El discurrir del agua bajo la pedrera es fácilmente audible, pero no visible, denominándose en la zona el “rugidero del Almonte”.
Las pedreras (localmente “casqueras”) están muy extendidas por todas las vertientes de Las Villuercas, y se encuentran siempre bajo los crestones cuarcíticos, los cuales constituyen su “área fuente”. El origen de estos bloques está relacionado con las características de la Cuarcita Armoricana del Ordovícico inferior (480 Ma) visibles en las crestas de las sierras. Estas rocas son muy duras, pero han sido plegadas y fracturadas por la acción de las numerosas fallas transversales que «cortan» las sierras.
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«Debido a la insolubilidad de las cuarcitas -explica-, son aguas muy puras y cristalinas con apenas sales minerales en disolución». El recorrido por la Sierra de las Villuercas es sólo de 10 kilómetros. En la penillanura cacereña se torna en río gracias a los afluentes: los ríos Berzocana, Garciaz, Tozo, Tamuja y Guadiloba, hasta que desemboca en el río Tajo.
El Recorrido del Río Almonte
Se distinguen, en su recorrido, dos tramos claramente diferenciados desde el punto de vista de su vegetación y de su morfología. En su parte más alta, atraviesa un valle cerrado, con pendientes a veces muy pronunciadas. Este valle es la anticlinal del Almonte, un plegamiento invertido de tipo apalienche, producto de la acción compresiva de las fuerzas de la naturaleza.
Tras juntar sus aguas con las de la castigada garganta de Santa Lucía (en la que en su cabecera fue construida una presa que arruinó su condición de río libre), el Almonte atraviesa un impresionante desfiladero fluvial llamado las Apreturas del Almonte. Se trata de uno de los lugares de mayor belleza paisajística de todo su curso.
A partir de este punto las aguas del río se calman. Su curso se adentra en la penillanura cacereña, encajonado en un profundo valle con una escasa pendiente y un sinuoso trazado que le acompañará hasta desembocar en el río Tajo. Junto a la ribera crecen valiosos tamujares junto a fresnos y sauces. Sus aguas mansas discurren recogiendo las aportaciones de varios afluentes que hacen que con las lluvias, su caudal crezca considerablemente.
Flora y Fauna del Río Almonte
Entre ésta, los peces son uno de los valores naturales más destacables del río, dada la cantidad de especies endémicas de la Península Ibérica, muchas de ellas amenazadas, que pueblan sus aguas: barbo común (Barbus bocagei), barbo comiza (B. comiza), pardilla (Rutilus lemingii), boga (Chondrostoma polylepis), calandino (Squalius alburnoides), cacho (Squalius pyrenaicus), colmilleja (Cobitis taenia)… Junto a éstos, merece la pena señalar la presencia de las dos especies de galápagos, el leproso y el europeo y de los endémicos tritón ibérico y rana patilarga.
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En toda la cuenca hay gran cantidad de corzos y también de jabalíes. Dentro de la cuenca está inscrita gran parte de la Zona Especial Protección de Aves de los Llanos de Cáceres y Sierra de Fuentes, lo que aumenta su valor ecológico y medioambiental. En el estudio se destaca la gran riqueza de la fauna y de la flora, y que es de los pocos ríos en los que se mantienen casi todos los molinos, puentes y acequias.
Inexpugnables bosques de encinas y acebuchares se turnan con dehesas que ofrecen un variado hábitat para multitud de especies. Y es que una de las funciones más importantes que juega en cuanto a su importancia ecológica es la de ser un corredor biológico de primer orden, poniendo en contacto las sierras de Las Villuercas con las riberas del río Tajo y, por ende, con territorios como Monfragüe, las sierras de Gredos o de San Pedro.
Huellas del Pasado en el Río Almonte
A pesar de tratarse de un río que ha permanecido escasamente alterado con el paso del tiempo, la presencia del ser humano ha sido constante a través del paso del tiempo y el río Almonte nos deja distintas huellas del uso humano del río. Así yacimientos arqueológicos de distintas épocas (desde la Edad del Hierro hasta época medieval) pueblan los cerros bajo los que serpentea el río.
Destacable es la ciudad hispano-musulmana de la Villeta de Azuquén (siglo X), con restos de su imponente muralla y torreones, en una curva en la confluencia de los ríos Almonte y Tozo, que le hacían tener una posición defensiva privilegiada. Otras manifestaciones culturales que ha pervivido en el territorio son los más de veinte molinos harineros, en distinto estado de conservación, en todo su recorrido.
También varios puentes medievales cruzan su cauce, testigos de la importancia de las vías de comunicación que atravesaban este vasto territorio. Destacan por su tamaño el puente del Conde, del siglo XV, en las proximidades de Aldeacentenera, o el de Jarraicejo (con partes del siglo XII y posteriormente construido en el siglo XV).
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Amenazas y Protección del Río Almonte
Cáceres es una ciudad sin río. La carencia de agua para el abastecimiento de una población en crecimiento constante ha sido solventada mediante costosas obras de ingeniería hidráulica, unas más afortunadas que otras. En la larga lista de medidas ideadas, muchas solo trazadas sobre el papel, se encuentra el desafortunado plan de construcción de una gran presa sobre el río Almonte, en las proximidades de Monroy.
El proyecto fue descartado gracias a la presión ejercida por diversos colectivos conservacionistas, que hicieron ver que la ejecución supondría el incumplimiento de normativas medioambientales nacionales y europeas. Sin embargo, aún permanece guardado, no desechado definitivamente, en los archivos administrativos, quizás a la espera de una coyuntura más favorable o de una menor contestación popular.
En noviembre de 2015 el río Almonte fue declarado reserva natural fluvial por Acuerdo del Consejo de Ministros. De esta forma se le daba de la protección integral que garantiza que ningún uso o actividad puedan afectar a sus características ecológicas e hidromorfológicas.
Ruta del Alfonso Onceno: Un Recorrido por el Geoparque Villuercas-Ibores-Jara
El siguiente artículo forma parte del libro ‘Rutas para descubrir Extremadura” realizado en el marco del VI Encuentro de blogueros de Extremadura y editado por la Dirección General de Turismo de Extremadura bajo la dirección de La Fundación Xavier de Salas de Trujillo. El Geoparque Villuercas-Ibores es un paraíso para el senderista: los caminos de peregrinos a Guadalupe, los senderos de la comarca, las rutas con historia como la Isabel la Católica o esta de Alfonso Onceno dan idea de la belleza de un entorno en el que se suceden valles y sierras tan importantes que, por su alto valor geológico, han sido reconocidos por la UNESCO como Geoparque. Esta ruta sigue el camino que separa la localidad de Navezuelas, junto al Anticlinal del Almonte, hasta la Puebla de Guadalupe, lugar de peregrinos; camino que recibe el nombre de Alfonso Onceno debido al rey Alfonso XI, que frecuentaba estos parajes para la caza del oso. Se trata de un trazado de herradura que atraviesa el valle del río Viejas con sus huertos y majadas de pintoresca arquitectura popular.
La ruta la organiza, una vez al año, la asociación de senderismo Maragatos de las Villuercas y está incluida en el calendario oficial de rutas senderistas de Extremadura ‘Camina Extremadura’; aunque se puede hacer cualquier día, está señalizada y además hay numerosos tracks para GPS que nos facilitarán seguirla correctamente. Pararse un momento y echar la vista atrás nos da idea del terreno que pisamos, este es el Geoparque, un sitio singular, el valle del Almonte y la sierra de la Ortijuela. Seguimos subiendo. Al llegar al Collado de la Pariera, el primer alto de la ruta, la formación geológica que tanto ha llamado la atención de la UNESCO se observa mucho mejor. Según información del geoparque, el Anticlinal del río Almonte se extiende desde la cuenca del Tajo hasta la base septentrional del Risco de La Villuerca. A 1.212 metros de altura. Desde el Collado de la Pariera ya se nos muestra el Valle del Viejas que toma nombre del río; dejando que la vista se pierda, podemos ver el Sistema Central y las sierras de Gredos nevadas buena parte del año.
Descendemos por la loma de la Sierra de las Acebadillas por un paraje conocido como el Horcajo. Aquí disfrutamos de una panorámica magnífica del Valle del Viejas desde el Collado de los Ajos, la orografía de las Villuercas es un espectáculo a la vista. Otra de las sorpresas del Geoparque es que existen importantes yacimientos donde se localizan los fósiles de los primeros metazoos con esqueleto externo del género Cloudina y cuyos registros ilustran uno de los principales eventos en la evolución de la vida: el origen y radiación de los primeros animales. Descendiendo ya hacia el Valle del Viejas por una parte de camino que te obliga a mirar dónde pisas, son las pedreras, lo que en geología conocen como ‘derrubios de ladera’, para andar son bastante incómodos pero contemplarlos es una delicia. Atraviesas el río Viejas en la parte más honda del valle en un bosque de robles y castaños, algunos centenarios y de tamaño considerable, y comienza el ascenso que nos llevará al tercero de los valles que pisaremos en la ruta, un sube y baja que templa las piernas y obliga reservar fuerzas.
El camino está señalizado, transitamos por el GR 117 (un Gran Recorrido en senderismo y escalada). La antigua vía romana denominada VIA XVII, mandada construir por el emperador Augusto, que unía la ciudad portuguesa de BRAGA (Bracara Augusta) con ASTORGA (Asturica Augusta), está reconocida hoy en día como “sendero de Gran Recorrido” con el número común a los dos países (España y Portugal) de “GR 117. A medida que ascendemos dejamos atrás el valle del Viejas y sin saberlo entramos en el Valle del Pozo. Coronamos el alto para situarnos en el Collado de la Arena antes de afrontar la definitiva bajada a Guadalupe. Volviendo a la ruta en sí, desde aquí disfrutamos del tercero de los valles, el del río Ibor, en lenguaje Geoparque el Anticlinal del Ibor- Guadalupe, y al fondo el Sinclinal del Guadarranque. Geología en estado puro. Desde aquí además ya no saluda la Puebla de Guadalupe.
Descendemos por el que conocen por el Llanillo Hueco entre otro bosque de robles, desnudo de hojas. De repente, al llegar a un paraje llamado Arcas de Noé, la vegetación cambia y nos rodea un bosque de pinos. Si haces la ruta oficial te encuentras con la sorpresa de que al llegar a la ermita, el propio rey Alfonso XI sale a recibirte. Desde aquí por el Barranco del Barquillo acometemos la última parte de la ruta, queda poco para llegar a la Puebla, fin del camino. Guadalupe es inmensa, su Monasterio y la imagen de la patrona de la Hispanidad, también de Extremadura, hace que sea un lugar muy visitado y tremendamente bello. Así finalizamos la real ruta, extasiados ante esta maravilla arquitectónica, plagada de leyendas, y venerada por los creyentes. El Real Monasterio de Santa María de Guadalupe. Monasterio fue declarado por la UNESCO Patrimonio de la Humanidad en 1993. No dejéis de recorrer el camino de Alfonso Onceno, este sendero de peregrinos que, desde hace años, es pisado, primero por soldados y comerciantes, luego por reyes y aldeanos y ahora por peregrinos y senderistas.
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