Carlos Saura: Un Legado Cinematográfico Inolvidable
Carlos Saura, una de las figuras clave de la cultura española contemporánea y uno de los cronistas europeos más destacados del siglo XX, nació en Huesca el 4 de enero de 1932.
Nace en el seno de una familia, cuyo padre, Antonio Saura, era técnico del Ministerio de Hacienda y su madre, Fermina Atarés, pianista. Su hermano mayor, Antonio Saura, fue el reconocido pintor contemporáneo español.
Recién finalizado el bachillerato, comenzó a aficionarse a la fotografía. Exactamente igual que Goya y Buñuel. Y quién sabe si por eso o por pura obstinación muy de la tierra, pronto supo que lo suyo no era la ingeniería industrial, que empezó a cursar como todo hijo de familia con posibles, sino todo lo contrario.
"Vivo por y para la imaginación. Es la imaginación la que nos une. La imaginación viaja más rápido que la misma luz", le gustaba contestar a todo aquél que le preguntara por esa extraña coincidencia transpirenaica.
Así que poco tardó en ingresar en el ya mítico Instituto de Investigaciones y Experiencias Cinematográficas de Madrid, y de Bardem y Berlanga, y de Julio Diamante y de Jesús Fernández Santos, donde se hizo director. Abandonaría sus estudios de ingeniería industrial para ingresar en el Instituto de Investigaciones y Experiencias Cinematográficas de Madrid, donde obtuvo el diploma de Dirección cinematográfica.
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Comenzó sus estudios de ingeniería que abandonó para dedicarse a la fotografía y se graduó en la que hoy es la Escuela Oficial de Cinematografía, de la que posteriormente sería durante muchos años profesor. Su primera obra en recibir reconocimiento, con premios en el Festival de San Sebastián y del Sindicato de Cinematografía, fue el mediometraje “Cuenca” de 1958.
Su primer largometraje llegaría un año después, “Los Golfos”, un film muy influenciado por el Neorrealismo y el cine de su admirado Buñuel, con el guion de Mario Camús, Daniel Sueiro y él mismo y que cuenta la historia de un grupo de jóvenes marginados de los barrios de Madrid. Si 'Los golfos' en 1960 se atrevió a acercar la cámara a la realidad más dura de España en contra de casi todos, fue cinco años más tarde con 'La caza' (premio al mejor director en Berlín) cuando el mundo y su representación cinematográfica se partía en dos.
En los años sesenta comienza la colaboración artística con Elías Querejeta, productor con el que trabajó en 13 de sus proyectos. El primero de ellos, “La caza” (1966) es una desgarradora historia sobre una partida de caza en una zona rural que sirve como metáfora de la Guerra Civil española. Nadie se había atrevido hasta entonces a retratar la profundidad de la herida siempre abierta de la Guerra Civil como él en una película agobiante, sudorosa y cegadora de puro oscura; una película contra la censura que la Censura no entendió. Sólo por esa pareja de trabajos, el cineasta habría logrado su lugar en el cielo que, por qué no, también es el infierno.
Esta película representa la consagración del director a nivel internacional tras recibir el Oso de Plata a la Mejor Dirección del Festival Berlín. Luego, o a la vez, llegaría su encuentro con el productor Elías Querejeta. Películas como 'Peppermint frappé', 'Stress-es tres-tres', 'La madriguera', 'El jardín de las delicias' y 'Ana y los lobos' (todas en un arco que va de 1967 a 1973) marcan una época no sólo de apertura, que también, sino de reformulación de casi todo: los códigos de representación, la indagación de gramáticas abstractas y el reflejo por fin de un mundo sepultado tras décadas de represión franquista.
Con “Peppermint Frappé” (1967) y “Stres es tres, tres” (1968) Saura explora las relaciones entre hombres y mujeres y los roles de género de la época. “Peppermint Frappé” representa también la primera colaboración de Saura con la que sería su musa en varias producciones posteriores, Geraldine Chaplin. De la relación artística con el guionista Rafael Azcona desde finales de los 60 y durante los 70 nacen títulos tan destacados como “El jardín de las delicias” (1970), “Ana y los Lobos” (1972) y “La prima Angélica” (1973), con los que Saura retrata las relaciones familiares de la clase burguesa y los mecanismos de poder durante la última etapa del franquismo.
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Su consagración y gloria llegarían con 'La prima Angélica', distinguida en Cannes con el Premio Especial del Jurado en 1974, y 'Cría Cuervos', merecedora del Gran Premio del Jurado en el mismo sitio dos años más tarde. El cine español no sólo transformaba su contenido sino su visibilidad. Saura y con él España entera importaban en el mundo.
Durante los primeros años de vida del periodo democrático en España, Saura estrena “Cría Cuervos” (1975), drama psicológico considerado una de sus obras maestras y “Deprisa, Deprisa” (1981) película en la que vuelve al tema de la juventud marginal. La Transición que empezaba sería y es incomprensible sin trabajos como 'Elisa, vida mía', una de sus más descarnadas y perfectas obras, y sin 'Los ojos vendados', y sin 'Mamá cumple cien años', y sin esa reformulación (otra vez) del cine quinqui que es 'Deprisa, deprisa', un precioso y preciso Oso de Oro en Berlín.
Los años 80 marcan el giro del director hacia el folclore con la trilogía del flamenco formada por “Bodas de sangre” (1981) basada en la obra de Federico García Lorca, “Carmen” (1983) una interpretación de la obra de Merimée - Bizet, y “El amor brujo” (1986) basado en el ballet clásico de Gregorio Martínez Sierra y Manuel de Falla. Y con todo y pese a todos, se diría que al dar la vuelta al año 1980, Saura no había hecho más que empezar. Acto seguido, junto a Antonio Gades y el productor Emiliano Piedra, Saura reinventa el musical con una trilogía para la eternidad formada por 'Bodas de sangre', 'Carmen' y 'El amor brujo'. La forma en la que el cine se cuestiona a sí mismo en un juego de espejos en el que ficción y realidad se confunden, se discuten y hasta se refutan se antoja la más clara ejemplificación de todas las revoluciones que vendrán después. No es sólo música, no es sólo cine, no es sólo baile, es el más lúcido y bello cuestionamiento del los límites del propio lenguaje, cualquiera de ellos.
En los años 90 siguió rodando películas de temática musical como “Flamenco” (1999) y “Tango, no me dejes de querer” (1999). En el mismo año, rinde homenaje a su paisano, el célebre pintor Francisco de Goya y Lucientes, con la película sobre sus últimos años de vida “Goya en Burdeos”. Lo que sigue es el trabajo de un aragonés infinito empeñado en reinventarse en cada paso que da. Capaz igual de una superproducción deslumbrante y aparatosa como 'El Dorado', una tragicomedia modélica y nueva relectura de la Guerra Civil como '¡Ay, Carmela!' o un viaje al interior del cine "para no ver" que diría san Juan de la Cruz en La noche oscura o una hipnótica inmersión en el interior de su paisano en 'Goya en Burdeos'. Eso a la vez que no renuncia a su pasión por la música popular con 'Sevillanas', 'Flamenco', 'Fados', 'Zonda', 'Jota'...
Ya en el siglo XXI Saura rueda “Iberia” (2005) una película sobre el flamenco basada en la suite de Isaac Albéniz y “Zonda, folclore argentino” (2016) que estrenó casi 20 años después de “Tango”. Su último documental “Las paredes hablan” (2022) será estrenado en Austria en esta retrospectiva y representa la visión de Saura sobre la evolución de la expresión artística en las paredes, desde el arte prehistórico hasta el arte urbano de la actualidad.
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Se antoja imposible resumir en el ideario estrecho de un obituario la vida entera de uno de los más grandes, más activos y más longevos cineastas europeos de todos los tiempos. Su carrera no es sólo una sucesión casi ininterrumpida de obras maestras desde que en 1957 rodara su primer cortometraje, La tarde del domingo, sino que, literalmente, Carlos Saura se ha negado a parar un segundo hasta hoy, cuando ha muerto a los 91 años en Madrid aquejado de una neumonía que le mantenía en un estado de confusa lucidez. Desde hace más de una semana, amigos y familiares estaban avisados de lo peor. Rodeado de los suyos en su casa de la sierra en Collado Mediano, el cineasta cumplió con el extraño protocolo de despedirse de no se sabe qué ni por qué. Y ahí, dicen, confesó haber tenido una vida plena. Y hasta feliz. También dicen que se mostraba esperanzado de llegar a los Goya. Es más, alguno apostaba que era su tozudez de aragonés cabal lo que le mantenía en pie. Ese último premio de honor lo quería él en sus manos.
Y así es. A las puertas de recibir un Goya de honor tardío el sábado 11, deja una película en la cartelera (Las paredes hablan) y la promesa de otras cien. "Nunca me aburro. Cuando no ruedo, escribo, hago fotografías, pinto...", confesaba no hace mucho con ocasión de un premio recibido en Málaga donde un extenso grupo de cineastas nuevos con Carla Simón a la cabeza no sólo le rendían homenaje sino que, mucho más importante, le daban las gracias. ¡Cuánto de la Ana Torrent de Cría Cuervos no habrá en la niña de Alcarràs!
Asimismo, se le han otorgado importantes condecoraciones por parte de los gobiernos francés (en agosto de 1993 se le impone la Orden de Artes y Letras de Francia) e italiano (Gran Oficial de la Orden al Mérito de la República Italiana), así como los galardones más importantes que concede el Estado español. En noviembre de 1992 le es concedida la Medalla de Oro de la Academia de las Ciencias y las Artes Cinematográficas de España. En marzo de 1994 fue investido doctor honoris causa por la Universidad de Zaragoza.
Saura tiene también una importante obra como fotógrafo y es autor de novelas traducidas a más de 20 lenguas, como Esa Luz, Elisa, vida mía o Pajarico solitario. Nadie ha sido capaz de tanto sin renunciar un segundo a sus otras pasiones de pintor, fotógrafo escritor, dibujante, director de escena... Podría añadirse incluso la pasión a la que más pasión dedicó que no fue otra que la de amante, amante del mismo amor.
"He tenido suerte en la vida haciendo aquello que más me atraía: he dirigido cine, teatro, ópera y he dibujado, fotografiado y pintado toda mi vida, y espero seguir haciéndolo...", dejó escrito Saura cuando se enteró del Goya último que aún está por venir.
Con la directora Adela Medrano tuvo dos hijos, Carlos y Antonio Saura Medrano. Convivió con Geraldine Chaplin durante más de una década y de esta relación en 1974 nació su hijo Shane. En 1978 comienza su relación con Mercedes Pérez (1960), con la que contrae matrimonio en 1982 y con la que tiene tres hijos, Manuel (1981), Adrián (1984) y Diego (1987). En 2006 se casó con la actriz Eulalia Ramón, con la que tiene una hija llamada Anna. Es hermano del pintor Antonio Saura. El año pasado presentaba el cortometraje 'Rosa, rosae' y en él volvía de la mano de su hija Anna a la infancia de la Guerra Civil, al horror anclado en lo más profundo de la imaginación de un niño que se negaba olvidar la frase ¡Esa luz! tatuada en lo más profundo. "Mi miedo es que eso vuelva", decía para escándalo de sí mismo. Quién sabe si detrás de esa advertencia para que las persianas encendidas no llamaran a las balas y que determinó toda su niñez también era, sin quererlo, una llamada de auxilio al propio cine, esa luz.
Rendimos homenaje a Carlos Saura en el año de su fallecimiento y en el que la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas de España le ha concedido el Premio Goya de Honor a su extensísima carrera profesional, no sólo como cineasta sino también como fotógrafo, escritor, dibujante y director de escena.
Este proyecto representa la primera gran retrospectiva dedicada al director aragonés en Austria y es fruto de colaboración de esta Embajada con el Filmarchiv de Austria, cuyo curador Florian Widegger ha realizado una amplia selección de 18 películas del director aragonés realizadas a lo largo de siete décadas, así como su última película terminada que se estrena en Austria para este ciclo, el documental “Las paredes hablan”. El Filmarchiv ha contado con el inestimable apoyo del ICAA y la Filmoteca Española.
Saura fue ocho veces candidato a la Palma de Oro de Cannes. La primera vez en 1960 y la última en 1988. Entremedias, España se transformó completamente.
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