¿Dónde Nació el Capitalismo? Origen y Evolución

24.10.2025

El capitalismo es uno de los sistemas económicos más influyentes de todos los tiempos. A pesar de su enorme presencia en nuestra vida cotidiana y su impacto global, muchos desconocen sus verdaderos orígenes y las transformaciones sociales, políticas y económicas que lo hicieron posible.

Desde sus tímidos inicios en ciudades medievales de Europa hasta convertirse en el sistema dominante en el mundo actual, el capitalismo ha atravesado múltiples etapas y ha generado debates intensos a lo largo de los siglos.

El capitalismo es un sistema económico basado en la propiedad privada de los medios de producción y en el intercambio libre de bienes y servicios a través del mercado. En este modelo, la producción no se organiza para satisfacer necesidades humanas inmediatas, sino para generar beneficios. La inversión de capital genera ganancias, que a su vez se reinvierten, creando un ciclo de acumulación.

Contrario a lo que muchos piensan, el capitalismo no nació simplemente como una extensión del comercio tradicional. Las prácticas comerciales han existido desde la Antigüedad: fenicios, griegos, romanos… Pero eran otra cosa.

El Surgimiento en la Baja Edad Media

Comenzó a gestarse en la Europa bajomedieval, especialmente en regiones como Italia (Venecia, Génova, Florencia) y los Países Bajos (Amberes, Brujas). Florencia fue una ciudad emblemática en este contexto: su industria de la seda, los Médicis y las innovaciones contables de Luca Pacioli muestran una economía cada vez más compleja.

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Max Weber plantea que el verdadero espíritu capitalista surgió con la Reforma Protestante. Según él, el luteranismo promovía la vocación profesional como signo de salvación, incentivando la disciplina, el ahorro y el trabajo constante.

Otros autores como Werner Sombart y Karl Marx sitúan la génesis del capitalismo moderno en momentos y factores diferentes. Sombart argumenta que los judíos y lombardos, menos restringidos por la moral católica, desarrollaron dinámicas pre-capitalistas.

El Mercantilismo y la Expansión Global

Durante los siglos XV al XVIII, el capitalismo fue tomando forma con el llamado mercantilismo. Las grandes Compañías de Indias, como la británica y la neerlandesa, marcaron época. Fueron las primeras sociedades por acciones, con inversionistas que compartían beneficios y riesgos. La especulación comenzó a formar parte del juego financiero, como se vio en la Tulipomanía en Holanda durante el siglo XVII.

El comercio transoceánico, la colonización y la esclavitud proporcionaron nuevas formas de acumulación: metales preciosos, materias primas baratas y mano de obra esclava. En paralelo, las primeras formas de producción capitalista se desarrollaban fuera de los gremios. Surgió el trabajo a domicilio (domestic system), donde campesinos trabajaban para empresarios textiles urbanos que les proveían de materias primas.

Esto anunciaba los métodos industriales: división del trabajo, especialización, control de la producción por parte de empresarios.

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Flandes: Un Centro Capitalista Temprano

Para ese momento Flandes era ya una zona de grandísima actividad. Con una densidad de población que seguramente solo era comparable en Europa a la del norte de la península de Italia, Flandes tenía muchos puntos a su favor. Además de un entramado de canales y ríos navegables que permitían una rápida conexión entre las ciudades de la región, como Gante, Brujas, Amberes o Bruselas, servía también de enlace fluvial del mundo alemán con el comercio con las islas británicas y, cada vez más, con un mundo que miraba más allá del Mediterráneo, hacia el Pacífico y a través del Atlántico. Un auténtico ‘hub’ medieval.

En su reciente ‘Antwerp: The Glory Years' (Allen Lane, 2021), el historiador Michael Pye revisa la historia del siglo de oro de la que considera la primera ciudad global. Heredera de Brujas, con los comerciantes dirigiéndose poco a poco hacia el norte, Amberes se convirtió en la gran torre de Babel de Europa mucho antes de que Ámsterdam empezara a brillar. Y refleja bien de qué manera el arte encarnó los grandes cambios que traía el capitalismo.

La pintura y el arte en general jugó un papel fundamental en la transformación del hombre medieval al hombre moderno. En el nacimiento del capitalismo.

Los nuevos burgueses retan las normas establecidas. Y si esa revolución se libra en todos los campos, también lo hace en el arte. Lo que antes estaba reservado para la religión ahora también está al alcance de ellos, que pueden verse reflejados en las obras de los maestros flamencos. Es una provocación a todo el orden establecido, a los estamentos marcados. Los hombres, lo civil, se cuela en un terreno hasta ahora reservado para lo divino.

Por primera vez el arte se convierte en algo accesible. Van Cleve establece un taller en el que pone en marcha una auténtica cadena de producción en el que las especialidades era una Madonna con cerezas y otra obra de dos bebés que representan a Jesús de Nazaret y san Juan Bautista.

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Si IKEA es hoy uno de los símbolos del capitalismo, los amberinos ya tenían algo similar hace quinientos años: las piezas, inspiradas en los soplos del mundo clásico que venían desde Italia, llegaban desmontadas a su destino, que podía ser Castilla, Portugal, Venecia o Inglaterra, y allí debían ensamblarse. En ocasiones los “kits” venían con instrucciones, otras veces con un trabajador que ayudaba a montarlo en el destino.

Al mismo tiempo que Amberes crece como una metrópolis global, el comercio, el arte, las ideas, los libros y las conspiraciones políticas se mezclaban. Los embajadores venecianos escribían de vuelta a la serenísima república con una mezcla de estupor y preocupación.

Las cartas enviadas de vuelta a la laguna no dejan lugar a dudas: estaban relatando la decadencia en directo de Venecia, el fin del Mediterráneo como centro del mundo, el nacimiento de una nueva era.

El final de la edad de oro de la ciudad llegó con varias señales. En agosto de 1566 los calvinistas se revuelven y atacan imágenes, iglesias y conventos. Comerciantes, artistas, y toda la fauna que había compuesto la ciudad que deslumbró a la vieja Europa se movió hacia el norte, como habían hecho tiempo atrás yendo de Brujas a Amberes, esta vez trasladándose hacia Ámsterdam.

La Esclavitud y la Revolución Industrial

En Slavery, Capitalism en Industrial Revolution, dos investigadoras, Maxine Berg y Pat Hudson, sitúan la esclavitud y el sistema de plantaciones que surgió de ella en el centro del desarrollo de la economía británica en el siglo XVIII. Y lo convierten en un factor determinante de la Revolución Industrial y de las formas particulares que ha adoptado el capitalismo británico hasta nuestros días.

"La esclavitud formó parte [de la transformación de la economía capitalista británica en el siglo XVIII]. Y no sólo formó parte de ella, sino que estuvo en su centro, influyendo en la transformación de la agricultura doméstica, la formación de capital, el cambio tecnológico, la transformación de las prácticas comerciales y financieras, y la revolución de las finanzas públicas y privadas", explican las autoras.

Los británicos, que a finales del siglo XVII todavía aventajaban a los portugueses en la deportación de africanos, acapararon casi el 43% del comercio de esclavos entre 1751 y 1775, frente al 27% de los portugueses y el 17% de los franceses. A finales de siglo, seguían controlando el 37% de este espantoso mercado.

El azúcar estaba en el corazón de la primitiva máquina capitalista que había comenzado con la esclavitud.

Entre 1700 y 1783, la producción de azúcar en las Antillas británicas se cuadruplicó. Este fenómeno se logró a través de dos canales que no son ajenos a los mecanismos del capitalismo actual: la atracción del consumo de lujo que se había vuelto asequible, y la adicción al propio producto, que se convirtió en una "necesidad".

La imposición del azúcar al consumo de los europeos, incluidos los más pobres, en el siglo XVIII es, en cierto modo, la primera victoria del marketing en apoyo de la producción en masa.

Al mismo tiempo, el sistema de plantaciones sentó las bases de la futura organización capitalista del trabajo y la producción. La industria azucarera de la época era una "síntesis de campo y fábrica", un verdadero "agronegocio" que no se parecía a "nada conocido entonces en Europa".

La plantación era, por tanto, un sistema integrado que requería importantes innovaciones para su época con el fin de organizar y mejorar la producción. El sistema de contabilidad que se implantó permitió calcular con mayor precisión los rendimientos y, por consiguiente, reducir las "necesidades" de los esclavos en materia de alimentación, vivienda y vestido para extraer el máximo valor posible.

Estas prácticas contables iban a desempeñar un papel decisivo en el nacimiento y desarrollo del capitalismo. "La contabilidad normalizada hizo posible la separación de la propiedad y la gestión, separación que sigue siendo poco frecuente en las empresas británicas y europeas más de un siglo después", señalan las autoras.

El sistema de plantaciones confirmó la observación que Marx haría un siglo más tarde: el aumento de la productividad iba de la mano del deterioro de las condiciones de trabajo.

Los autores muestran con gran detalle la importancia del sistema de plantaciones en las innovaciones clave del periodo. Esto fue particularmente cierto en términos de energía, donde el vapor se utilizó a escala masiva desde finales del siglo XVIII en las Indias Occidentales británicas, en un momento en que su uso era muy limitado en el Viejo Continente.

La alta productividad del sistema de plantaciones y el atractivo de sus productos permitieron a Inglaterra, un país pequeño con muy pocos recursos naturales, "salir de las limitaciones de [su] economía doméstica" multiplicando los recursos agrícolas y los ingresos comerciales.

El Desarrollo de las Finanzas

Una de las aportaciones más interesantes de este libro es el examen del desarrollo de las finanzas en el contexto del sistema esclavista. La magnitud de las inversiones necesarias para desarrollar las plantaciones hizo rápidamente imprescindible el uso de cartas de crédito y deudas. Del mismo modo, los riesgos inherentes al comercio marítimo condujeron al desarrollo del sistema de seguros.

Londres se convirtió rápidamente en el primer centro financiero del mundo, superando a Amsterdam a finales del siglo XVII. Los financieros londinenses desarrollaron innovaciones que serían cruciales para el futuro desarrollo del capitalismo.

Se estableció un sistema de garantías sobre los préstamos contraídos por los traficantes de esclavos, lo que permitió a los británicos intensificar el comercio de esclavos, mientras que holandeses y franceses tuvieron que hacer frente a la falta de crédito y a elevados riesgos.

Maxine Berg y Pat Hudson no defienden, como ellas mismas afirman en su prefacio, la idea de que exista un vínculo causal o necesario entre esclavitud y capitalismo. Por el contrario, su meticuloso estudio pretende volver a situar la esclavitud en el centro del proceso que condujo a la constitución de la primera sociedad capitalista del mundo.

Su trabajo permite restablecer la conciencia del papel formativo y central que desempeñó la industria esclavista en el surgimiento del capitalismo, así como captar la huella que tal hecho pudo dejar en el desarrollo de la historia económica británica.

Orígenes Agrarios del Capitalismo

Una de las primeras sorpresas es que éste no nace en las ciudades y no tiene nada que ver con lo que se denomina la burguesía citadina. En efecto, desde hace miles de años existieron grandes concentraciones urbanas, pero en ellas no surgió algo que se pareciera al capitalismo. Esas urbes coexistieron con intrincadas redes comerciales, pero no engendraron el capitalismo. Incluso en las ciudades del norte de Italia, con una clara vocación mercantil, sofisticados instrumentos de crédito y donde se inventó el sistema de contabilidad por partida doble, no se encuentra la cuna del capitalismo.

La historia del capitalismo es breve (no tiene más de 250 años), pero siempre sorprende a más de uno saber que esta forma de organización social tiene orígenes agrarios.

El análisis de la historiadora Ellen Meiksins Wood demuestra que el nacimiento del capitalismo se produce en la matriz de relaciones agrarias en Inglaterra hacia finales del siglo XVII. La propiedad de la tierra en Inglaterra había estado altamente concentrada desde tiempo atrás y eso obligó a que vivieran en ella trabajadores rurales que no siendo propietarios debían pagar una renta.

Desde el siglo XVI los propietarios de tierra empezaron a obligar a sus inquilinos a competir entre sí en lo que se convirtió en un mercado de acceso a la tierra. Los trabajadores rurales tenían entonces que introducir mejoras en los terrenos para obtener más productividad y así poder pagar una mayor renta.

Las rentas sobre la tierra se determinaron cada vez más por las presiones del mercado, en contraste con otras partes de Europa donde la renta era fijada por la costumbre y las tradiciones.

Así se consolidó una compleja relación de coerción por las fuerzas del mercado que forzaba la introducción de mejoras en los medios de producción para maximizar ganancias.

El Capitalismo: Definición y Componentes

El capitalismo es un sistema económico en el que individuos y empresas llevan a cabo la producción y el intercambio de bienes y servicios mediante transacciones en las que intervienen precios y libre mercados regulados por la ley de oferta y demanda.

El capital puede ser distintas cosas. Puede ser dinero, pero también puede ser una casa, una fábrica, acciones de una empresa o un pedazo de tierra. La clave para que algo sea capital es que se invierta, es decir que se utilice para crear más capital. Pero la cuestión no es solo que el capital se invierta, sino que esa inversión resulte rentable.

El capital se reproduce cuando en la producción de mercancías el trabajo humano genera plusvalía. Plusvalía viene de plus (más) valor. Si el valor monetario de los bienes y servicios producidos equivale al valor inicial de las materias primas y la energía requeridas más el salario de los/as trabajadores/as, no habría plusvalía.

En el feudalismo, la población tenía distintos derechos y deberes. Unas personas eran amas, y las otras siervas o esclavas. En el capitalismo, todo el mundo fue tendiendo a ser igual ante la ley (al menos en teoría).

En la medida que el capitalismo ha conseguido que las personas no sean autosuficientes, que tengan que comprar los bienes que necesitan para vivir y que, para ello, requieran ganar dinero antes, la elección termina siendo encontrar un empleo o pasar hambre.

Un último elemento del que se apropia el sistema para convertirlo en capital es el “trabajo” de la naturaleza. Imaginemos una mina de oro en la que los costes se cubren con 5 horas de trabajo y las 3 restantes sirven para producir plusvalía. Si esa mina tuviese una concentración del oro mayor, haría falta menos trabajo humano para concentrar el mineral, lo que podría reducir a 4 horas el trabajo de los/as mineros/as para cubrir los costes de la producción.

Para que todos estos modos de obtener riqueza sean posibles es necesario que los seres humanos puedan trabajar de forma asalariada. Es decir, que las sociedades sean capaces de sostener la vida, de tener garantizada su higiene, alimentación, sostén emocional, crianza, etc. Esto supone una ingente cantidad de trabajos de cuidados que en muchos casos no generan plusvalía, pero sin los cuales es imposible que esta se produzca. El grueso de estos trabajos no los realiza ni el Estado, ni el mercado, sino las mujeres en los hogares.

Consolidación y Expansión del Capitalismo

En primer lugar, el capitalismo surgió en un contexto de fuertes movilizaciones populares contra el pago de rentas al señor feudal y la relación de servidumbre.

Lo determinante fue conseguir que la población dependiese del mercado, que fuese cada vez menos autosuficiente y tuviese que vender su fuerza de trabajo (buscar un empleo) para conseguir el sustento. Para ello, resultó clave impedir que la población pudiese cultivar su propio alimento.

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