Emilio el Moro: Biografía de un Humorista Flamenco Inolvidable
Emilio Jiménez Gallego, conocido artísticamente como Emilio "El Moro", fue un popular cantante y humorista español que dejó una huella imborrable en el mundo del espectáculo. Su peculiar estilo y sus divertidas parodias lo convirtieron en una figura muy querida por el público.
Primeros Años y Comienzos en el Flamenco
Emilio Jiménez Gallego nació en Melilla el 2 de noviembre de 1923. Desde muy joven, mostró una gran afición por el cante flamenco. A los quince años, en 1939, se presentó por primera vez ante el público, ganando consecutivamente siete concursos de cante. En estos concursos, interpretó diversos géneros como fandangos, soleás, tientos, polos y cañas, llegando a ser considerado el cantaor de flamenco más prometedor del norte de África.
Simpático y bromista, un día cantó flamenco al estilo árabe y fue tal la ovación que consiguió que Emilio creó a Emilio El Moro.
En 1949, Emilio se trasladó a Madrid, donde comenzó a desarrollar su faceta de humorista flamenco. Fue una ocurrencia suya. Él era un vulgar pintor de brocha gorda, pero sabía cantar. Imitaba sobre todo al Pinto y a Valderrama. La cosa le salía tan bonita que la gente decía olé creyendo que eran esos artistas.
Se presentó en el Palacio de Marionetas del Retiro madrileño en 1948. Fue un escándalo. Salió envuelto en una sábana y con una funda de almohada por turbante.
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Ataviado con chilaba, turbante, babuchas y una barba postiza, obtuvo un extraordinario éxito que repercutió en toda España, empezando su carrera en 1952.
Consolidación como Humorista y Cantante
Emilio «El Moro» se impuso por su gracia personal, sus originales ocurrencias y por los alardes que, burla burlando, hace de guitarrista.
Él supo primero crear un estilo propio, segundo, crear un tipo curioso; tercero, cantar de maravilla, y cuarto, hacer reír a todo el mundo. Emilio bailaba y tocaba la guitarra y creó un tipo de humor nuevo que le llevó a ser una de las primeras figuras entre los humoristas españoles, versionando los éxitos musicales de la época cambiándoles la letra y aflamencándolos.
Interpretó 899 números, todos grabados en discos y todos con el mismo éxito siempre. Arreglaba personalmente sus actuaciones, buscaba los gestos más originales, de más efecto, y su vestuario, etc. Era maestro en el arte de la caracterización.
En Melilla se presentó por primera vez ante el público cuando tenia quince años. El éxito fue rotundo: ganó consecutivamente siete concursos de cante flamenco. "Fandangos", "soleá", "tientos", "polo", "caña", toda la gama del arte flamenco no tiene secretos para Emilio.
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EMILIO "EL MORO" es un artista que no necesita presentación, ya que es conocidísimo y muy popular en todos los públicos. Sus repetidas actuaciones le han valido el aplauso sincero y el regocijo general.
En agosto de 1964, mientras Juanita y Caracolillo realizan su viaje de novios, Emilio el Moro se presenta en el Price de Madrid con el montaje "Flamenco... verano ... Flamenco, verano..."
En el Victoria, en espera de que se reanuden las actividades típicamente escénicas, se ha presentado un espectáculo de variedades del que son principales figuras Emilio «El Moro» y Roberto Font.
Tuvo una curiosa especialidad: la de cantante cómico-flamenco. Realizaba parodias de éxitos de grandes figuras. Hizo parodias de populares canciones, como "Esperanza", "El toro y la luna", "Billetes verdes", "El primer bautizo", "El porompompero", "Yo soy un hombre del campo". La lista sería interminable, con más de mil títulos.
Conocía bien la forma de hablar del moro popular y un día montó una parodia DE "La niña de fuego" que tituló "La niña de la candela". De ahí arrancó todo, dejó su taller de pintor decorador y se dedicó a parodiar, a cantar, a viajar, a hacer gracia, porque Emilio "El Moro" hacía gracia, mucha gracia.
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Aparecía con chilaba y gorrito y comenzaba imitando a los cantantes flamencos del momento. Lo hacía con primor y con mucha chufla. El secreto estaba en que Emilio cantaba prodigiosamente bien. Cuando se presentó en el Price de Madrid con el nombre de "El Moro de Melilla", se publicitaba con la frase de "El cantaor de las siete voces".
Decía que una carcajada alimenta más que un pollo y en virtud de ello alimentó a medio mundo. Sus cosas no se quedaron aquí en España. Viajó a toda América, donde debía adaptarse a los diferentes públicos, ya que su trabajo era cuestión de psicología; decía ser terrestre y estar a ras de tierra en todas las tierras; los públicos son semejantes, aunque cambien las costumbres.
Precisamente una de ellas era actuar con Juanito Valderrama y hasta ahora no he podido llenarla.
A partir de entonces llovieron los contratos. Yo dije: si alguien me casa con ése me voy.
Vida Personal y Anécdotas
En la vida artística se llama Emilio el Moro. En la vida privada, José Jiménez Gallego. Su única obsesión, hacer reír más al público.
Cuando descansa lo poco que le dejan, practica su deporte favorito, que es la pesca submarina. Una de sus pasiones es la lectura. Lee, según nos dijo, todo lo que puede digerir su corta inteligencia...
Su carácter es el mismo en el teatro que en la calle. No tiene estudios superiores, aparte los propios de su carrera artística. Ha viajado más que un Ford del año 1930, en el supuesto de que tal vehículo continuara en circulación.
Y añade: "Sé cinco idiomas. Tengo cinco mudos de distintas nacionalidades que son amigos míos.
Su mayor alegría y satisfacción, ser como es y estar como está hoy.
Un sueño que le agradaría convertir en realidad es poder pescar un día un tiburón de siete mil kilos. Le encanta la Física y, por lo tanto, el deporte (pesca submarina, como queda dicho; boxeo, fútbol, etc.). Y los toros.
Culturalmente es belicoso. Lo mismo le da leer la "Historia de la Filosofía" que "La segunda guerra mundial".
Los homenajes más sobresalientes que ha recibido y recibe son los que le deparan su esposa y sus hijos cuando se ausenta del hogar para trabajar.
Particularmente, le da igual, desde hace años, vestir bien o regular.
Finalmente, Emilio el Moro lanza el siguiente mensaje a los lectores de DIGAME: "A todos les envío un abrazo muy fuerte, tanto si son personas de buena voluntad como si no lo son.
Decadencia y Trágico Final
Poco a poco, Emilio el Moro fue cayendo en el olvido ya que su estilo humorístico no resistió el paso del tiempo.
Murió trágicamente en 1987 en Orito (Alicante). Tuvo un accidente al encenderse un cigarrillo y una bombona de gas le explotó, causándole graves quemaduras.
Emilio Jiménez Gallego, conocido artísticamente como Emilio "El Moro", falleció el pasado domingo en Alicante, ciudad donde fue enterrado el lunes. Emilio "El Moro", popular cantante y humorista de teatro, salas de fiestas y variedades -siempre tocado con un fez moruno-, cumplía ahora 37 años de carrera artística.
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