Edurne Pasaban: Vida Familiar y Legado de una Alpinista Emblemática

30.11.2025

Con las cumbres de los 14 ochomiles alcanzadas, un hijo, un negocio familiar… La alpinista Edurne Pasaban (Tolosa, 1973), ya retirada del deporte de élite, dedica la mayor parte de su tiempo a dar conferencias y a formar equipos. Edurne Pasaban nació en Tolosa (Guipúzcoa) el 1 de agosto de 1973.

Inicios en la Montaña

Edurne Pasaban (Tolosa, 1973) inició su relación con la montaña de muy pequeña, junto a su familia. Lo que nació como un mero pasatiempo se transformó en la adolescencia en un refugio donde sentirse segura. A los 14 años, yo me encontraba en un momento como mujer, como chavala, en el que no encajaba dentro de una sociedad a la que le importaban otras cosas. Por casualidad, me apunté en un curso de escalada en un club de montaña, con dos de mis mejores amigas, y encontré en la montaña un entorno en el que me respetaban y me valoraban, aunque era totalmente masculino.

Con solo 15 años subiste a la cima del Montblanc. Yo siempre digo que a los 14, 15 o 16 años, en plena adolescencia, no sabemos muy bien dónde estamos ni quiénes somos. Lo veo ahora con mis sobrinos y con las hijas de algunas amigas. En aquella época yo tenía un conflicto muy grande conmigo misma. No me encontraba a gusto con mis amigas, y quizás lo que ellas hacían no me atraía. Por casualidad empecé en un club de montaña, y fue allí donde di el paso: la gente del club, que era mayor que yo, empezó a llevarme al monte. Poco a poco, esas salidas me llevaron también a los Alpes. Lo que sentí entonces fue que comenzaba a tener confianza en mí misma, para poder enfrentarme a la vida de otra manera.

Primeros Retos y Expediciones

Empezó practicando deportes de montaña cuando tenía 15 años; lo hacía junto a su primo Asier, quien, más tarde, se convertiría en el aliado perfecto para alcanzar la cumbre en muchas ocasiones. Nunca se planteó, sin embargo, dedicarse profesionalmente a ello y, de hecho, se licenció en Ingeniería y empezó a trabajar como ingeniera en la empresa de su familia, dedicada al papel. Su pasión, en cambio, la empujó a querer alcanzar la cima de picos cada vez más altos y en 1998, tras haber ascendido el Mont Blanc y haber escalado en Andes, entre otras montañas, intentó llevar a cabo su primer reto, el Dhaulagiri. Un ochomil ubicado en el Himalaya al que tuvo que renunciar a falta de 200 metros, por la nieve acumulada en la cima.

La primera vez que voy a montañas de 8.000 metros tenía 24 años, a la cara norte del Everest. En el campo base podría haber unas 100 o 120 personas entre gente local, sherpas y expedicionarios que veníamos de otros países. Era la única mujer que había. Lo primero que te dicen es ‘qué es lo que haces aquí’, o ‘quién te ha traído a esta aquí’. A mí me llamaba mucho la atención y decía que era injusto, porque a mi lado, y en mi misma expedición, había una persona que tenía la misma edad que yo, pero era varón, y nadie le juzgaba o le ponía en entredicho. Ahí ya me di cuenta de que el camino a recorrer en un mundo tan masculino iba a ser difícil.

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También tengo que decir que durante muchos años he escalado con Al filo de lo imposible, un programa de TVE en el cual siempre me respetaron. He tenido la suerte de tener muy buenos amigos que además me han empoderado para seguir.

El Proyecto de los 14 Ochomiles

Los catorce ochomiles fueron un proyecto de vida, un sueño que comenzó con la ascensión del Everest en 2001. En aquel momento no sabía que un día lograría culminar los catorce ochomiles, y que me convertiría en la primera mujer del mundo en escalarlos.

En el año 2001, cuando subí al Everest, en mi cabeza no estaba el objetivo de escalar los 14 ochomiles. Era un reto que, en aquel momento, apenas tenía referentes. Yo fui la persona número 21 en el mundo en completar los 14 ochomiles, y antes que yo todos habían sido hombres. Así que, sinceramente, no veía posible plantearme algo así después de haber subido el primero. Pero, a medida que fui acumulando montañas de más de 8.000 metros, más o menos hacia el año 2008 -ya con varios ochomiles en el bolsillo-, empecé a pensar de verdad que quizá sí podía lograrlo. A veces los retos y los objetivos no solo hay que soñarlos, sino también visualizarlos con claridad. No basta con decir “voy a hacerlo”; hay que ver si realmente es posible.

Cuando alcanzas tu proyecto de vida y eres joven, sientes un poco de vértigo y surgen muchas preguntas en tu cabeza, como “¿qué es lo que voy a hacer ahora?”. Es cierto que es una satisfacción enorme, pero por otra parte también te invade un vacío muy grande.

Dificultades y Superación

En 2001, fallecía su amigo y montañero Pepe Garcés cuando Edurne Pasaban se disponía a alcanzar la cima del Dhaulagiri que ya había intentado antes. "El día de cumbre, la montaña estaba en condiciones muy peligrosas y Edurne tomó la difícil decisión de no subir", narra en su web. Pepe sí lo hizo y un desafortunado resbalón le costó la vida. Este fue el primer gran varapalo en la trayectoria vital de esta mujer histórica.

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El segundo lo encontró, sin duda, en el K2 (una montaña perteneciente a la cordillera del Karakórum, en el sistema de los Himalayas). Su séptimo ochomil lo subió junto al equipo de 'Al filo de lo imposible', de TVE, que grababan un documental de la expedición. En el descenso, Edurne sufrió la congelación de dos falanges de los dedos de los pies y tuvieron que ser amputados. Este traumático suceso llevó a Edurne a un necesario tiempo de descanso y reflexión. En aquel momento, llegó a plantearse abandonar el montañismo y, de hecho, continuó con sus estudios y buscó trabajo como ingeniera, pero se hizo la gran pregunta: "¿Sería feliz trabajando como ingeniera el resto de mi vida?". Su pasión desmedida y su afán de superación dieron respuesta a esa pregunta y no paró hasta convertirse en un referente del ámbito deportivo

Así lo relataba ella misma a Marta Flinch, durante una entrevista en 'Todo es mentira', ya que comenzó a sentir que su mochila se llenaba de presión y de un 'tener que hacer' impuesto que la condujo a "caer en el agujero de la depresión". "Yo entrenaba un montón y hacía lo que más me gustaba. Pasaba 6 meses en el Himalaya cada año, pero al regresar a casa me sentía muy sola porque todo mi entorno hacía sus vidas, con carreras, hijos... Te hace replantear muchas de las cosas a las que te dedicas en tu vida". "Llegó un momento en el que yo pedí ayuda. Dije basta, he llegado hasta aquí. Se paró el mundo para mí y pasé 4 meses en un hospital", continuó muy sincera.

Aparte de sus logros deportivos, con 31 años padeció una fuerte depresión con un par de intentos de suicidio. Con 31 años, estaba en lo mejor y mi trabajo estaba muy reconocido. De repente, me encuentro en una sociedad que te dice que tienes que casarte, a qué te vas a dedicar en tu vida, porque de la escalada no vas a vivir. Mis amigas se casaban y empezaban a tener hijos y me di cuenta de que estaba fuera de todo eso y personas de mi familia me metían la puntillita. Eso hizo que yo cayera en una depresión supergrande, porque me decía ‘qué estoy haciendo con mi vida’. Pero lo más duro de todo esto es que a mi alrededor, nunca preguntaban eso a los hombres que iban en mis expediciones. Estaban casados, tenían hijos y nadie les cuestionaba si su mujer daba a luz cuando ellos estaban en una montaña de 8.000 metros.

Superando la Depresión

No me molesta nada, de verdad. Creo que hay que hablar de todo, y si sale el tema, me parece bien. Es obvio que yo lucho para que se hable abiertamente de las enfermedades mentales, de la depresión y de todos estos temas sin tabús. Cuando alguien se me acerca y me pregunta: “¿Y tú ahora cómo estás?”, lo entiendo perfectamente. Es normal que alguien que me ha escuchado hablar de esto sienta curiosidad o empatía. Y no, no me molesta para nada.

Me costó un año y medio empezar a ver la luz de ese agujero oscuro y de la depresión. Ese ‘se te va a pasar el arroz’ que me había dicho mi abuela 80 millones de veces, me di cuenta de que no era así. Nuestra sociedad ha cambiado, el mundo ha cambiado, hay momentos para todo en esta vida. He sido madre a los 43 años y no cambiaría nunca nada, porque estaba preparada para tener un hijo, habiendo hecho lo que he querido y lo que a mí me apasionaba, que era la montaña.

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Bien, súper bien. Creo que cualquier persona que haya pasado por una situación como la mía, una enfermedad como esa, sabe que esto siempre está presente. La gran ventaja que tengo es que me conozco mucho mejor a mí misma y sé qué puede llevarme a estar mal. Entiendo por qué Edurne ha llegado a tener una depresión o por qué pasó por ciertas etapas difíciles. Y no solo me refiero a 2006; ha habido otros momentos en los que, como yo digo, ese “semáforo” que normalmente está en verde -como está ahora- empieza a ponerse naranja. Es en ese momento cuando hay que tomar decisiones: volver a mi psiquiatra, a mi psicólogo o ponerme las pilas para cuidarme.

Bueno, para mí, lo más importante es tener a alguien que te apoye y que no te juzgue, porque al principio, cuando entras en una depresión o en una enfermedad de este tipo, las personas a tu alrededor, al ser un tema tabú, es difícil que lo entiendan. Por eso, tener personas que, además de que tú notes que algo no va bien, también lo vean y te lo digan, es fundamental. Y que exista la posibilidad de pedir ayuda, sin vergüenza, es sin duda la herramienta más potente de todas. En mi caso, cuando me siento así, una de las cosas que más me ayuda es el deporte.

Vida Empresarial

Cuando alcanzas tu proyecto de vida y eres joven, sientes un poco de vértigo y surgen muchas preguntas en tu cabeza, como “¿qué es lo que voy a hacer ahora?”. Es cierto que es una satisfacción enorme, pero por otra parte también te invade un vacío muy grande.

No, la verdad es que no me planteé retirarme, porque tenía claro que mi vida tenía que ir ligada a la montaña, de una manera u otra. Por eso creé la compañía Kabi by Edurne Pasaban, una agencia receptiva que se ofrece a todo aquel que quiera conocer el País Vasco y el Pirineo desde una perspectiva más natural y cultural.

A los 35 años, más o menos la edad en la que la sociedad empuja a las mujeres a tener una familia. Lo pasé muy mal. De hecho, una gran parte de mi depresión y mi ansiedad fue esa, el no encajar en la sociedad. Nuestra sociedad está diseñada para seguir unas pautas: estudiar, hacer una carrera, conseguir un buen puesto de trabajo y formar una familia. El problema es que, cuando llegas a los 35, si no te has casado ni has sido madre te dicen que se te va a pasar el arroz o te preguntan constantemente qué vas a hacer con tu vida.

En 2015 tomó las riendas del negocio familiar, el restaurante Abeletxe, y transformó por completo su modelo de negocio. Fue una mezcla de instinto y de experiencia. Durante sus 20 años de vida, Abeletxe ha pasado por diferentes etapas. Hace un año me di cuenta de que en las empresas es importante reinventarse y optar por nuevos caminos. Por eso decidí, junto con mi familia, convertir Abeletxe en un lugar con especial atractivo para celebrar eventos.

Me di cuenta de que me gustaba comunicar y de que conocía bien el mundo de la empresa, porque vengo de una familia de empresarios. Vi que podía ayudar con todo lo que había aprendido en el Himalaya: trabajar en equipo, liderar equipos, gestionar la incertidumbre, tener la capacidad de adaptarnos a los cambios… Entonces me formé como coach y empecé a dar conferencias en empresas. Aparte, tengo alguna actividad de turismo. He vuelto a la empresa familiar. Ahora me siento en la mesa de un consejo con mi padre y creo que lo que siente es: “Mi hija ha vuelto”.

Durante todos estos años he liderado equipos para alcanzar fines concretos, como escalar montañas. A mis alumnos les transmito mi experiencia en crear y luchar por un objetivo, y las claves para liderar equipos de alto rendimiento con los que llevar a cabo nuevos retos.

Si, efectivamente. El coaching es una herramienta que me ha ayudado mucho durante mi carrera como deportista y como emprendedora. Es por ello por lo que decidí formarme como coach ejecutivo. Estos últimos años he estado trabajando con muchas compañías a nivel nacional e internacional, transmitiendo las claves que me llevaron al éxito de alcanzar los catorce ochomiles, y la forma de crear un equipo de alto rendimiento que nos lleve al éxito en nuestro proyecto.

Los últimos años me he dedicado a dar conferencias en diferentes empresas, y a trabajar con directivos en sus capacidades de trabajo en equipo. La convivencia en el medio natural es una buena herramienta para conseguir esta cohesión y para crear verdaderos equipos de alto rendimiento. Por eso estoy creando una escuela de liderazgo, donde las personas podrán poner en práctica sus habilidades como líderes en un medio como la montaña.

Maternidad y Vida Actual

Este año se cumplen 15 años desde que terminé los 14 ochomiles. Pero la alpinista, ingeniera y conferenciante guipuzcoana va más allá y se sincera admitiendo que «durante aquellos años de expediciones, más de una vez me pregunté -con miedo y esperanza- si algún día tendría un hijo o hija a quien traer aquí. Si podría enseñarle lo que se siente al respirar este aire, al caminar entre gigantes. A veces pensaba que no pasaría nunca. Que los años iban a seguir y la maternidad no iba a llegar.

He sido madre a los 43 años y no cambiaría nunca nada, porque estaba preparada para tener un hijo, habiendo hecho lo que he querido y lo que a mí me apasionaba, que era la montaña.

Edurne Pasaban ha regresado a Nepal. Pero no lo ha hecho para subir ninguna de las cimas más altas del planeta. Esta vez, la alpinista tolosarra, de 52 años, ha llevado a la cordillera del Himalaya a su hijo Max, de 8 años, para mostrarle las gentes, el ambiente y las montañas que marcaron una etapa ya pasada de su vida. «Siempre soñé con venir a Nepal con mi hijo», ha escrito en sus redes sociales. «Quería enseñarle las cumbres que han marcado mi vida, compartir ese pedacito de mundo que tanto me dio y me enseñó». Max tiene ya ocho años, «una edad en la que caminar por su cuenta, enfrentarse a la altura y mirar de frente esas montañas que tantas veces vio en fotos».

Madre e hijo han llegado a una cima de 4.400 metros. «Verle sonreír allí arriba ha sido más conmovedor que cualquier cumbre de 8.000 metros que haya pisado. Porque esta vez, el logro no era solo físico. Era personal.

Legado e Inspiración

Una de las cosas que más me gusta hacer en mis conferencias es poder hablar con mujeres, darles las herramientas para creer en ellas. Algunas veces, me encuentro que cuesta encontrar mujeres en ciertos ámbitos. Por ejemplo, en el mundo del deporte, ahora se empieza a equiparar el deporte femenino y el masculino. Pero a nivel directivo, de federaciones, todavía queda muchísimo trabajo por hacer. Me gustaría ser una persona que impulsa el cambio y que cuando mi hijo, que ahora tiene siete años, tenga mi edad, todo esto no sea así.

Para mí el premio más importante es el que me da la gente. El hecho de que alguien me pida una foto y me felicite es el mejor premio que pueda recibir.

La verdad es que sí. Desde muy pequeños, mis padres siempre nos llevaban al monte. En mi casa no había alpinistas ni nadie dedicado a eso, pero sí que nos inculcaron el amor por la montaña. Recuerdo que teníamos una pequeña caravana y solíamos ir al Pirineo cuando yo tenía unos seis o siete años. Así que sí, mis primeros recuerdos son en la montaña.

Creo que estar en contacto con la naturaleza nos ayuda mucho. A mí, personalmente, me ayuda a encontrarme conmigo misma, parar, pensar y reflexionar. Te hace darte cuenta de que la vida merece ser vivida intensamente, pero también de que esa intensidad hay que saber controlarla. Muchas veces la naturaleza nos pone en nuestro lugar; nos obliga a detenernos y a pensar.

Edurne Pasaban es historia del deporte. Lo es a nivel nacional por ser una de las mejores alpinistas del país y recibir la Medalla de Oro del Mérito Deportivo de España en el año 2010, y lo es a nivel internacional por convertirse en la primera mujer en completar la ascensión de los 14 ochomiles del planeta.

El mejor resumen de su vida lo da ella misma: "Mi vida es una historia de superación personal y profesional en la que he comprendido lo que de verdad significan la valentía, la motivación y el inconformismo". "Mi vida va más allá de lo que he aprendido en las montañas". Con esta declaración, Edurne Pasaban abre su página web y nos invita a conocer todas aquellas cosas que la han llevado a donde está hoy.

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