Embarazo a los 45 Años: Testimonios y Riesgos
La sociedad española, y con ella la mentalidad de los españoles, ha cambiado de manera extraordinaria en las últimas décadas. Las variaciones, tanto a nivel económico, como social o cultural, han repercutido en muchos ámbitos, entre ellos el reproductivo. Cada vez son más las mujeres que retrasan la decisión de ser madres. La maternidad a edad avanzada se ha convertido de esta forma en un fenómeno social de importancia creciente en las consultas ginecológicas. Cada vez son más las mujeres que acuden al especialista en busca de asesoramiento.
¿Cuándo empieza a reducirse la fertilidad en la mujer?
La doctora María de la Calle, jefa de sección de Tocología de Alto Riesgo y Obstetricia Médica y responsable de la unidad de gestaciones múltiples del Hospital La Paz, cuenta que a partir de los 35 años comienza a disminuir la reserva ovárica. "El cuerpo está preparado para gestar desde que tiene la primera menstruación. Lo normal sería ser madre entre los 20 y los 35 años, ahí se diría que el cuerpo de una mujer está en las mejores condiciones para reproducirse. El problema es que cada vez se retrasan más los embarazos. Al principio se consideraba una gestante añosa a los 29 años, después a los 35 y, ahora, lo estimamos por encima de 40", expone la ginecóloga.
Según los últimos datos del Instituto Nacional de Estadística (INE), publicados en el primer trimestre de este año, las madres de 40 años o más ya representan el 10,7% en España. Esto supone un crecimiento de un 19,3% respecto al año 2013. Además, se ha registrado una caída del 26% en los nacimientos de madres menores de 25 años con respecto a 2013.
Por este motivo, la doctora explica que por encima de los 35 años, hay más riesgo para la madre: "Se puede desarrollar diabetes, hipertensión o trombosis. Para el bebé hay más riesgo de aborto porque la calidad de los ovocitos es peor, y aumenta el riesgo de cromosomopatías".
Riesgos del embarazo a partir de los 35 años
A partir de los 35-40 años, aumentan las probabilidades de que, durante el embarazo y después del mismo, tanto el feto como la madre sufran problemas de salud. Provocados, sobre todo, por errores en la división cromosómica de los ovocitos (meiosis). No obstante, existen pruebas al alcance de los especialistas para diagnosticar dicha alternación antes de dar a luz. Aunque la diabetes y la hipertensión pueden desarrollarse a lo largo del embarazo, conviene realizar un estudio global antes de que la mujer se quede embarazada, así como la reducción de la contractilidad miometrial.
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Durante el primer trimestre de embarazo, las mujeres mayores de 35 años tienen un aumento del 45% de pérdida de la gestación -principalmente por abortos espontáneos y gestaciones extrauterinas-. En el caso de los abortos espontáneos, la relación con la edad se explica por modificaciones a dos niveles: en el ovario, el envejecimiento altera la integridad de los óvulos y del sistema endocrino del ovario; y en el útero, ocurren modificaciones de la función uterina, mermando la capacidad para soportar una gestación. Están incrementados el número de gestaciones múltiples (en parte debido a las técnicas de reproducción asistida), lo que se relaciona con morbilidad materno-fetal. En el caso de mujeres mayores de 35 años, está incrementado por 2 el riesgo de parto por cesárea.
Con respecto a los riesgos genéticos hay manera de conocerlos por un asesoramiento genético y mediante varias opciones de estudios. Algunos se realizan sin que existan riesgos de complicar el embarazo, llamados no invasivos (diagnósticos prenatales sin riesgo) como la ecografía, los marcadores bioquímicos o el triple test; otros, cuya realización se asocia a un riesgo potencial de pérdida del embarazo, se llaman estudios invasivos (diagnósticos prenatales con riesgo) y son la amniocentesis y la biopsia coriónica y la cordocentesis.
La probabilidad de tener miomas puede aumentar con la edad. Es importante saber que muchas de las complicaciones se previenen con un correcto control prenatal y cumpliendo rigurosamente las indicaciones médicas.
Fecundación 'in vitro'
La doctora de la Calle también reseña que muchas de estas mujeres que son madres con más de 40, es gracias a la fecundación in vitro. "Muchas son embarazos múltiples y otras vienen embarazadas de óvulos de donante, porque no tienen ovocitos propios, y esas dos condiciones tienen más riesgo de preeclampsia. A una embarazada añosa lo ideal sería controlarla cada mes con análisis de sangre y con ecografías", detalla. Son madres que tendrán a largo plazo diabetes o enfermedades isquémicas por las complicaciones que han sufrido durante la gestación, es decir, que condicionará su salud a largo plazo".
En cuanto a los embarazos múltiples que comentaba la doctora, insiste en que las clínicas de reproducción suelen transferir un solo embrión: "Se transfiere un blastocisto (que es un embrión de unos 5 días de desarrollo) y a veces se duplica. Es cuando vienen embarazadas de gemelos". Por otro lado, asegura que la edad de por sí es un "factor de riesgo" para tener un embarazo múltiple: "Ocurre independientemente de la fecundación in vitro porque los ovarios dejan de funcionar y la glándula hipófisis, que es la que libera hormonas que estimulan la ovulación, intenta estimular más esos ovarios y hace que ovulen dos veces. En estos embarazos múltiples, los riesgos que he mencionado antes se multiplican, también hay más hemorragias en el parto y muchas tienen que ponerse heparina durante el embarazo. Son complicaciones de las que hay que hacer un seguimiento estrecho".
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Gestación en la menopausia
Otro de los problemas que cuenta la doctora es el embarazo durante la menopausia, propio de estas madres añosas: "Eso es un antagonismo. En la menopausia la mujer ya no es fértil y el embarazo es el culmen de la fertilidad. Es un cuerpo al que le forzamos al embarazo, es una alteración del ciclo natural de la mujer. También hay que decir que gracias a las técnicas de reproducción asistida, los deseos de estas mujeres de ser madres se están cumpliendo".
Testimonios de Maternidad a los 40 y más
Ser madre después de los 40 es algo tan maravilloso como a los 20, 25, ó 35 años.
Ciara Magdaleno (43) es matemática. Antes de ser madre estaba muy centrada en su carrera laboral y le daba “miedo” el precio que le tocaría pagar por la maternidad en un país, España, que no facilita la conciliación. Más tarde ha podido comprobar que sus temores eran fundados. A pesar de ello, con Txema, su pareja, reflexionaron y hubo un “cambio de prioridades”. Con 39 años decidieron ponerse a ello y Ciara se quedó embarazada a la primera. Dio a luz a Gael, que ahora tiene tres años, un mes después de cumplir los 40. Esta catalana tenía claro que la maternidad es en muchos casos “sacrificio” y también pérdida de libertad. Aunque también recuerda como su madre Rosa, profesora, hizo un gran esfuerzo por mantener su vida profesional, familiar y preservar un “espacio propio”.
“Mis retos han sido como los de cualquier otra mujer, da igual que tengas treinta o cuarenta”“Conocí a mi pareja tarde, a los 38 años”, explica Desirée Pastor, que fue madre de una niña a los 41 años y luego de un niño casi a los 45 años. Después de una pérdida gestacional de un embarazo espontáneo, tuvo a sus dos hijos tras realizarse tratamientos de fertilización in vitro. “Incluso en la medicina pública, los protocolos actuales aconsejan, sólo por el hecho de tener cuarenta años, finalizar la gestación e inducir el parto en la semana 39. Las complicaciones que pueden estar asociadas a un embarazo maduro no son menores, indica la experta. “Las técnicas de reproducción asistida han avanzado muchísimo y están consiguiendo embarazos en mujeres cada vez más mayores, pero también cada vez son más las medicaciones que deben llevan”, explica. Los embarazos después de los cuarenta -apunta- se asocian a una mayor probabilidad de abortos espontáneos, de preclampsia, diabetes gestacional y de una alteración genética en el bebé.
Noemí Catalán (49), que fue madre de Biel a los 45 después de más de una década intentándolo. Quería serlo antes de los 30 pero “lo vas postergando, no encuentras la pareja adecuada o él no quiere y te plantas a una edad en la que deberías tener dos hijos y aún no tienes ninguno”, explica. Empezó a intentarlo a los 33 y fue madre con 45. Se inició en solitario con dos inseminaciones y después de varias parejas y no lograr embarazo, optó por la reproducción asistida. Se ha sometido a un total de 14 tratamientos sola y en pareja y lo logró con 44 mediante donación de embriones. Asegura que no le costó “renunciar a la genética” aunque reconoce que hizo una lista de pros y contras. Y el pro que más pesó fue que iba a ser madre.
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Opciones para ser madre a partir de los 45 años
La probabilidad de que una mujer mayor de 45 años tenga un embarazo natural es de menos de un 5%, como indica la experta. La razón fundamental es que “conforme avanza la edad en la mujer, disminuye la cantidad de óvulos que hay en los ovarios y, además, se produce un aumento del porcentaje de óvulos que tienen alterado el número de cromosomas”, aclara. Cuando la mujer quiere ser madre a partir de los 45 se suele optar por la ovodonación, a no ser que la paciente hubiera vitrificado antes sus propios óvulos.
Si hablamos del primer caso, se haría una fecundación in vitro en la que, en lugar de utilizar los óvulos de la propia paciente, se utilizan los de una donante. Después, esos embriones se transfieren al útero de la mujer que busca el embarazo. Se hace así porque si se llevan a cabo técnicas de reproducción asistida con ovocitos de la propia paciente, extraídos a esa edad, “la tasa de éxito estará por debajo del 5%, lo que quiere decir que no vamos a incrementar de forma sustancial la tasa de embarazo que tendría la paciente de forma natural”, expone la ginecóloga.
“Sin embargo, si realizamos un tratamiento de ovodonación, la tasa de embarazo será superior al 60%. El motivo de esta diferencia tan grande es que lo que más determina la probabilidad de éxito de un tratamiento de reproducción asistida es la cantidad de óvulos y la calidad de los mismos. Y esta parte, en un tratamiento con óvulos de donante, está asegurada”, añade.
En el caso de que la paciente hubiera congelado un número de óvulos suficiente antes de los 35 años, la tasa de éxito sería la misma que con óvulos de donante.
Vitrificación de óvulos: ¿A qué edad es recomendable?
Lo recomendable es vitrificar los óvulos antes de los 35 años, ya que a esa edad la reserva de los mismos disminuye considerablemente, al igual que baja su calidad. “Hasta ahora había muy poca conciencia social sobre el impacto de la edad de la mujer en la fertilidad, pero ahora cada vez son más las pacientes jóvenes que, conocedoras de estos datos, deciden congelar sus óvulos antes de que sea tarde”, indica la especialista de Ginefiv.
“ Una vez que los óvulos están vitrificados van a mantener intactas sus propiedades, independientemente del tiempo que pase”, destaca. Aunque no hay un límite legal para utilizar esos óvulos y generar embriones, autoridades médicas como la Sociedad Española de Fertilidad (SEF) o la Sociedad Española de Ginecología y Obstetricia (SEGO) “desaconsejan el embarazo por encima de los 50 años por los riesgos que tiene para la salud de la mujer y del bebé”.
Recomendaciones Finales
Si quieres quedarte embarazada y estás ya en la edad de riesgo por edad avanzada, intenta mantenerte lo más sana posible. Es importante abandonar el consumo de tabaco y alcohol y elegir una alimentación saludable. En caso de embarazo de alto riesgo, tu médico te indicará cuáles son las recomendaciones a seguir, que suelen ser priorizar el descanso, limitar el esfuerzo físico y tomar algunos medicamentos prescritos.
Lo que el Dr. Bosch aconseja a una mujer que quiera ser madre cumplidos los 45 es que esté muy segura de ello. “La gestación, pero también la crianza, requiere un esfuerzo físico muy importante, para el cual el organismo a esta edad no está igual de preparado que a edades más tempranas. Por eso, deben cuidarse desde antes, para estar en una forma física por encima de la media en el momento de quedar embarazadas, y, por supuesto, durante la gestación”.
Según la psicóloga de ifeel, “conseguir el embarazo a partir de los 45 años de forma natural se considera algo extraordinario, pues la mujer está más cerca de la menopausia que de su edad fértil; aún así, contamos con tratamientos de fertilidad eficaces como la ovodonación para alcanzar la deseada maternidad”.
Heredia nos da algunos consejos para afrontar la maternidad a esta edad si has decidido intentarlo:
- En primer lugar, acudir a nuestro ginecólogo para que pueda guiarnos en nuestro proyecto. Si decidimos recurrir a la ovodonación, tomar el tiempo necesario para asimilar sus implicaciones como, por ejemplo, aceptar la pérdida de la herencia genética.
- Cuidar nuestra salud a través de una alimentación equilibrada, como la dieta mediterránea. Además, es indispensable que el ejercicio físico forme parte de nuestra rutina diaria.
- Protegerse de sufrir estrés mediante técnicas de relajación, yoga o meditación.
- Compartir nuestras vivencias con mujeres que hayan tenido nuestra experiencia ayudará a recibir un apoyo extra en las dificultades que puedan surgir.
- Por último, si sentimos miedo, nos invade la ansiedad o la inseguridad para afrontar esta etapa, pedir ayuda a un psicólogo especialista será la mejor opción para aprender a disfrutarla.
Aunque la producción de espermatozoides es continua desde la adolescencia hasta toda la vida del adulto, estudios recientes en población tributaria de TRA, sugieren que una edad paterna avanzada se asocia a menores tasas de embarazo y nacido vivo y que la calidad espermática podría deteriorarse e impactar negativamente en los resultados a edades tan tempranas como los 45 años (1,2). Con el paso del tiempo ya sabíamos que disminuía levemente el volumen del eyaculado y el número de espermatozoides presentes en él. Con resultados algunos contradictorios, también se describe un discreto aumento en la probabilidad de abortos y partos prematuros. Aunque en una proporción muy inferior al efecto de la edad avanzada en la mujer. Sin embargo, el mayor foco de atención se ha puesto recientemente en los efectos, que a largo plazo pueden repercutir en la descendencia.
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