Antonio Gades: Biografía de un Ícono de la Danza Española

17.11.2025

Es imposible desligar la dimensión artística de Antonio Gades de su compromiso político. Consciente de su impacto como figura pública, no tuvo reparos para airear su ideología, comunista y republicana, hasta su muerte, de la que se cumplen veinte años el 20 de julio. La forma y el fondo fueron, por tanto, indisociables. Frugalidad y clarividencia para un arte al servicio del pueblo.

Antonio Esteve Ródenas, su nombre real, nació en Elda, Alicante, mientras las bombas de los sublevados caían sobre la capital. Su padre no pudo asistir a su venida, el 14 de noviembre de 1936, por encontrarse en la primera línea del madrileño "No pasarán", pero Gades, cuya conciencia de clase floreció prematuramente, nunca se lo reprocharía.

Acabada la contienda, la familia se trasladó a Madrid. Su padre ejercería como portero, uno de los oficios que el Movimiento asignaba entonces a los lisiados, en un bloque de viviendas de la avenida Ciudad de Barcelona. En la misma portería residirían su madre y él antes de que naciera su hermano pequeño. En el colegio "los maestros pegaban", según recordaría mucho después, así que empezó a trabajar tan pronto como pudo.

Antes pasaría por el diario ABC, cuyo rol se limitaba a labores de impresión -cuatro horas, siempre durante la madrugada- en la sección de Huecograbado. Simultáneamente, se desempeñó como repartidor de fruta. Pero faltaban años para que El Ródenas, como se le conocía en sus inicios como bailaor, se convirtiera en Antonio Gades, el artista total que asumía la responsabilidad de la producción, la coreografía, el papel protagonista y hasta la iluminación de la mayoría de sus espectáculos.

Inicios en la Danza

A comienzos de los 50, cuando la pobreza todavía arreciaba y la grisura de la postguerra era mucho más que un eco del enfrentamiento fratricida, el bailarín en ciernes que pululaba por las distintas academias de baile flamenco en Madrid conoció a Emilio de Diego, guitarrista que lo acompañaría en las próximas tres décadas.

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No está de más recordar que en aquellos años los bailarines varones arrastraban la etiqueta de afeminados (de "maricones", en la jerga recalcitrante de la época). Fue la bailaora y coreógrafa, una referencia "ética" que se proyectaría en su conciencia desde entonces hasta su último aliento, quien lo bautizaría como "Antonio Gades", luego de que, en 1954, ingresara en su compañía. Aquí representa por primera vez el Amor brujo de Manuel de Falla y la Carmen de Bizet, títulos cruciales en su trayectoria posterior, y diseña su primera coreografía, Ensueño.

Salto al Cine

El cine se cuela en su vida solo un año más tarde, cuando Francisco Rovira Beleta cuenta con él para Los tarantos, nominada al Oscar a la mejor película de habla no inglesa. Gades trabajaba aún en la Scala, por lo que acudía a los rodajes en avión y volvía a Milán tan pronto terminaba su secuencia. Tras el éxito de Los tarantos, el cine volvería a llamar a su puerta muy poco después. Mario Camus lo dirigió en Con el viento solano (1967), película que compitió por la Palma de Oro en Cannes. La película El amor brujo (1967), de nuevo con Rovira Beleta, logró otra nominación al Oscar en la misma categoría.

Colaboración con Carlos Saura

La colaboración con el cineasta aragonés Carlos Saura arrancó con la lorquiana Bodas de sangre (1981), cuyo germen corresponde a la visita del director de Cría cuervos, todavía escéptico, a uno de sus ensayos. Saura queda fascinado con el montaje de la pieza en versión danza y no duda en trasvasarlo al cine. La producción de Gades data de 1974. El bailaor se ocupaba de la coreografía y la iluminación, además del papel de Leandro, mientras que la escenografía era de Francisco Nieva.

Carmen (1983), la segunda entrega de la trilogía cinematográfica, contó con la intervención estelar del guitarrista Paco de Lucía, que se ocuparía de la música y ejercería de intérprete. Antonio y Pepa compartían su vida desde 1973, habían tenido tres hijos y mezclado su talento artístico en las películas Los días del pasado (Mario Camus, 1977) y la mencionada Bodas de sangre, de la que sigue recordándose la interpretación de Pepa en la Nana del caballo grande.

Compromiso Político y Regreso a Cuba

Los posicionamientos políticos de Gades, siempre contundentes, llegaron a costarle su cargo al frente del Ballet Nacional Español, proyecto que con tanta ilusión encaró en 1978.

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Cuando lo expulsan del Ballet Nacional Español, lo acompañan 23 miembros -entre los que se encuentran Cristina Hoyos y José Mercé- y forma su propia compañía. Volvería a Cuba en 1978, donde afianzó su compromiso con los barbudos de la isla. Incluso su última gran producción, Fuenteovejuna (1994), constituye un homenaje a su patria adoptiva por su resistencia ante el imperialismo estadounidense.

Legado y Muerte

Todo esto sucedería años después de la brega en los tablaos madrileños como el Corral de la Morería, las Cuevas de Nemesio, el Café de Chinitas, Las Brujas o el Cabaret de Morocco, donde se curtió como bailaor irreverente y como ciudadano libre, condiciones inseparables que hoy, veinte años después de su muerte, nos llevan a recordarlo como lo hacemos. Los miembros del cuerpo diplomático de la embajada de Cuba asistieron a una velada íntima en el crematorio después de que se lo llevara un cáncer en 2004. Al día siguiente, las cenizas partieron hacia La Habana.

Poco antes de fallecer Antonio Gades sienta las bases de una Fundación que se hace cargo de su legado tiene entre sus finalidades velar por el mantenimiento, el cuidado y la difusión de la danza española en general, y de manera particular, del legado de Antonio Gades. Para lograr sus objetivos la FAG mantiene un archivo que atesora distintos fondos relacionados con la figura de Gades, apoya y supervisa la reconstrucción de sus ballets, edita publicaciones que profundizan en su obra y promueve actividades educativas destinadas a acercar al público en general la danza española y el flamenco.

Premios y Distinciones

Antonio Gades fue galardonado con numerosos premios y distinciones a lo largo de su carrera, entre los que destacan:

  • Cruz de Isabel la Católica (1950)
  • Medalla de Oro del Círculo de Bellas Artes (1952)
  • Medalla de Honor de la Naciones Unidas (1963)
  • Medalla de Plata al Mérito Turístico (1964)
  • Medalla de Oro de la Real Academia Inglesa de la Danza (1962)
  • Premio Nacional de Flamenco de la Cátedra de Flamencología de Jerez (1966)
  • Premio Nacional de Bellas Artes (1983)
  • Premio Max al Mejor Coreógrafo y Mejor Bailarín (1988)
  • Premio Nacional de la Danza (1988)
  • Orden José Martí (Cuba, 2004)

Obras destacadas

  • El Amor Brujo
  • Bodas de Sangre
  • Carmen
  • Fuego (El Amor Brujo)
  • Fuenteovejuna

En palabras del propio autor, el periodista Julio Ferrer, el libro intenta mostrar “la belleza artística, el compromiso político y la pasión de un hombre entregado en cuerpo y alma por lo que sentía, soñaba y anhelaba”, de alguien que “buscaba la libertad y el arte como herramienta transformadora y revolucionaria”.

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