Homero: El Enigma de su Nacimiento y Legado Literario
Homero, figura central de la literatura griega antigua, es el autor al que se atribuyen las dos grandes epopeyas: la Ilíada y la Odisea. Rodeado de misterio, su existencia y origen han sido objeto de debate a lo largo de los siglos. La antigüedad creía que hacia el siglo X a. C. existió un aedo o poeta-cantor llamado Homero, y nos ha dejado ocho biografías suyas, que contienen interesantísimos datos, más que de su personalidad, del nacimiento y desarrollo de la poesía épica.
El Origen de Homero: Entre la Leyenda y la Realidad
El historiador Heródoto sostuvo que su nacimiento se produjo hacia el 850 a.C. y que la ciudad en la que nació podría ser Quíos o Esmirna; sin embargo, la falta de conocimiento oficial sobre su figura también ha llevado a pensar que podría haber nacido en ciudades como Colofón, Pilos, Cumas, Ítaca, Argos o Atenas. De él también se ha dicho que pudo haber sido ciego.
Según la primera de estas biografías, atribuida falsamente a Heródoto, Melanopo, oriundo de Atenas, se casó en Cime o Cumas (en la Eolia) con la hija de Omires, y de este matrimonio nació Cretéis, la madre de Homero. Murió Melanopo, y Cretéis, enviada por su tutor Cleanacte de Argos a Esmirna, dio a luz en la ribera del Meles un niño que por esta razón se llamó Melesígenes. Luego Cretéis se casó con Femio, y, aleccionado Melesígenes por tan hábil maestro, mostró sus disposiciones por la poesía y adquirió gran fama entre los extranjeros que acudían a Esmirna.
A la muerte de Femio, Melesígenes le sucede en la escuela, pero, invitado por un comerciante de Léucade llamado Mentes, le acompaña en sus viajes por mar hasta que, al llegar de Tirrenia e Iberia a Ítaca, se siente afectado de una oftalmía, deja la embarcación y se queda en casa de Méntor, hijo de Álcimo. Allí conoce las tradiciones relativas a Odiseo y concibe el plan de la Odisea. Vuelve Mentes de Léucade, y Melesígenes se va con él, recorre las costas del Peloponeso y, al llegar a Colofón, pierde enteramente la vista. No pudiendo sacar ya ningún fruto de los viajes, dirígese a Esmirna y desde entonces vive consagrado exclusivamente a la poesía.
Pasa luego a Neontico, donde es hospedado por Tiquio, y recita la Tebaida y los himnos para ganarse la vida. De allí va a Cime y, habiéndosele recibido con gran entusiasmo, pide ser mantenido a costa de la ciudad, prometiendo en cambio componer versos en honor de ella; reúnense los senadores y, como uno de ellos dijera que se agotaría el tesoro público si daban acogimiento a todos los ciegos (ὁμήρους), se lo niegan, y Melesígenes, a quien desde entonces se llama Homero (Ὅμηρος), encamínase a la Fócide y al salir de Cime profiere esta imprecación: «No aparezca jamás en este país ningún poeta ilustre que pueda celebrarlo».
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En la Fócide el maestro de escucla Testórida se apodera de sus poemas, entre ellos la Pequeña Ilíada y la Foceida, y se traslada a Quíos para recitarlos como propios; pero él le sigue, salta en tierra junto a Boliso y, presentado por el cabrero Glauco a su amo, que le confía la instrucción de sus hijos, escribe los Cércopes, la Batracomiomaquia, la Psaromaquia, la Cabra siete veces trasquilada, el Canto del mirlo y otros poemas, los cuales le granjean gran fama y obligan a Testórida a marcharse por haberse descubierto su impostura.
Homero abre entonces una escuela, se casa, tiene dos hijas y compone la Ilíada y la Odisea, en que figuran Mentes, Méntor y Tiquio; y, habiendo alcanzado gran celebridad, quiere trasladarse a Atenas, pero desembarca en Samos, donde escribe El horno y la Canción de mendigo; pónese nuevamente en camino al llegar la primavera, muere durante el viaje, es enterrado en la isla de Íos, y sus compañeros le erigen una sencilla tumba. Termina la biografía diciendo que Homero era eolio y nació el año 622 antes de la expedición de Jerjes, o sea, 168 años después de la toma de Troya (1102 a. C.).
Se considera como probable, de acuerdo con esta biografía, que Homero fuera natural de Esmirna, donde existía la familia de los homéridas entre los eolios; y que pasara gran parte de su vida en Quíos, entre los jonios. En la Tesalia debieron de aparecer los cantos más antiguos, los aedos eolios llevarían las leyendas de su raza al Asia Menor, y en la Jonia se desarrollaría y perfeccionaría la obra comenzada por los cantores de la Pieria.
La Cuestión Homérica: ¿Un Autor o Múltiples Voces?
El enigma que rodea a la figura de Homero ha llegado a derivar en la sospecha de que podría haberse tratado de varios bardos que fueron recogiendo la tradición y aportando sus partes a las obras. Del estudio comparativo que los críticos de Alejandría hicieron de los poemas homéricos surgió la primera duda sobre si la Ilíada y la Odisea se debían a un solo genio. Ya el pseudo-Longino notó la diferencia entre ambos y llegó a la conclusión de que la Ilíada debió de haber sido fruto de la juventud de Homero, y la Odisea, producto de su vejez.
Luego, basándose en ciertas contradicciones y diferencias que hoy nos parecen de poca monta (como son: que en la Ilíada la isla de Creta tiene cien ciudades, y en la Odisea, noventa; que los héroes griegos de la Ilíada no comen pescado, y los de la Odisea, sí; que el mensajero de Zeus es Hermes en la Odisea, e Iris, en la Ilíada; que la mujer de Hefesto es Caris, o sea una de las Gracias, en la Ilíada, y Afrodita, en la Odisea, etc.), Xenón y Helánico afirmaron que la Ilíada y la Odisea se debían a dos poetas diferentes, motivo por el cual fueron llamados corizontes, es decir, separadores.
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Pero en 1725 el escéptico italiano Juan B. Vico, en el libro III de sus Principi di Scienza nuova, que tituló Della discoverta del vero Omero, sostuvo que Homero era la voz de la Grecia, el eco de los tiempos heroicos, es decir, una pura abstracción. Francisco Hédelin, abate de Aubignac, en sus Conjectures académiques ou Dissertation sur l'Iliade, del año 1669, aceptó esta teoría afirmando que la Ilíada y la Odisea no merecen la reputación de que gozan, pues no son más que una serie de rapsodias mal unidas entre sí.
Los Prolegómena de Wolf no hallaron en un principio ni grandes adversarios ni entusiastas partidarios. Ruhnken, a quien Wolf dedicó su obra, dice que mientras la lee está de acuerdo con el autor y que cuando deja el libro su asentimiento se desvanece. Goethe admitió en un principio las suposiciones de Wolf y acabó por ser su adversario. Schiller fue siempre contrario a tales ideas. Mas luego, ya en el siglo XIX, eminentes críticos alemanes como Lachmann, Koechly, Kirchhoff, Meyer, etc., inventan teorías generalmente derivadas de la de Wolf y hasta llegan a suponer que el mismo nombre de Homero no significa más que ‘compilador de cantos dispersos’, y varios eruditos franceses, como Benjamin Constant, Guignaut y Egger, se adhieren también a las teorías wolfianas.
Con el siglo XX comienza una reacción no solo a favor de la existencia de Homero, sino también de que compuso la Ilíada y la Odisea, aunque ambos poemas hayan sido objeto de varias interpolaciones. Autores tan prestigiosos como Monro, Blass, Lang, Perrot, Van Gennep, Rothe, Mackail, Van Leeuwen, Shewan, Stürmer, Beltzner, Drerup, Reinach, Von Wilamowitz, Loercher y Bérard, rompen lanzas por la existencia de Homero, aduciendo sólidos argumentos basados en los descubrimientos arqueológicos, en el estudio de la literatura comparada y en la técnica de las mismas obras homéricas.
Homero y sus Obras: Un Legado Imperecedero
A Homero se le atribuye la autoría de las dos grandes epopeyas de la antigua Grecia: La Ilíada y La Odisea. La primera narra la guerra de Troya, mientras que la segunda trata sobre el regreso de Odiseo (Ulises) a su tierra tras pasar el conflicto bélico. Asimismo, también se ha dicho que podría ser el creador de otras obras como La Batracomiomaquia y los conocidos como “himnos homéricos”. Además, algunos autores piensan que el llamado Ciclo Épico, conformado por poemas sobre la guerra troyana y varias epopeyas sobre las guerras entre argivos y tebanos, también es de su autoría.
Se han atribuido a Homero la Ilíada, la Odisea, la Batracomiomaquia, treinta y tres himnos o preludios a la recitación de poesías épicas, diecisiete composiciones de corta extensión y distinta procedencia agrupadas bajo el nombre de epigramas y el Margites, llamado así del nombre del protagonista y considerado por Aristóteles como origen remoto de la comedia. Y aun se ha dicho que Homero había compuesto otras obras, como el poema de los Cércopes, el Canto del Mirlo, la Cabra siete veces trasquilada, la Psaromaquia, los Poemas cíclicos y en general toda la poesía épico-heroica aparecida en Grecia hasta el siglo VI antes de la era cristiana.
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De estas obras que solo tienen de común el lenguaje, mezcla de los dialectos eólico y jónico antiguo, y la forma métrica, que consiste en una sucesión de hexámetros (salvo el Margites, en el cual parece que los hexámetros alternaban con los versos yámbicos), las únicas que pueden atribuirse a Homero son la Ilíada y la Odisea, basadas en sendos episodios de la leyenda troyana.
Cronología de Homero a Través de los Siglos
| Siglo | Acontecimientos |
|---|---|
| XIII-XII a.C. | Guerra de Troya, conflicto narrado en la 'Ilíada' de Homero. |
| XII-VIII a.C. | Composición y difusión de los poemas atribuidos a Homero. |
| VIII a.C. | Extensión de la escritura alfabética en Grecia. Algunos autores sitúan en este siglo el origen de la 'Ilíada' y la 'Odisea'. |
| VI a.C. | El tirano ateniense Pisístrato ordena compilar por escrito una versión canónica de los poemas homéricos. |
| III-II a.C. | Los filólogos de Alejandría elaboran una versión depurada de la 'Ilíada' y la 'Odisea' homéricas. |
Las dos obras más importantes atribuidas a Homero, es a saber, la Ilíada y la Odisea, repletas de leyendas eólicas, y que, sin embargo, aparecen como una obra jónica, juntaron las tradiciones argivas y jónicas con las tesalias y de esta manera llegaron a ser los primeros poemas nacionales verdaderamente panhelénicos o, como dice un autor, el libro de oro de toda la Grecia.
Hacia el siglo VI a. C., los poemas homéricos eran venerados por los griegos como la síntesis de la sabiduría divina y humana, hasta tal punto que se pudo decir en tiempo de Platón que Homero había sido el maestro de toda la Grecia. Los mismos artistas se inspiraron en sus obras: el arca de Cipselo, el trono de Apolo amicleo en Esparta, la Lesque de Delfos, pintada por Polignoto, etc., estaban adornados, según Pausanias, con escenas e inscripciones tomadas de los poemas homéricos.
Como estos poemas se recitaban en las fiestas públicas de Atenas, Solón dispuso que la recitación se hiciera siguiendo el orden del asunto; y Pisístrato ordenó las rapsodias de Homero de la manera que hoy las tenemos, haciendo escribir el repertorio de cada rapsodo, comparando las copias de la Ilíada y de la Odisea que había recogido en Atenas, Argos y Esparta, y fijando definitivamente el texto, de suerte que desde fines del siglo VI hubo en Atenas un ejemplar oficial de los poemas homéricos que eran recitados por lo menos una vez al año en las Panateneas. Tales fueron, pues, los primeros diascevastas u ordenadores.
El estudio crítico de las obras de Homero comienza hacia el siglo V a. C. con los que Platón llamó homéridas y Aristóteles los antiguos homéricos.
Los alejandrinos revisan los poemas homéricos para darnos un texto depurado y correcto. Aparece en el siglo III la diortosis de Antímaco de Colofón y en el II los trabajos de Zenódoto de Éfeso; se publican luego las recensiones de Riano, Filemón, Sosígenes y Aristófanes; se dan a luz las ediciones de Argos, Quíos, Creta, Chipre, Sínope y Marsella, que, a semejanza de la de Atenas, fueron textos oficiales; y se forma por Aristarco, aceptando lo que se leía en todos los manuscritos, y, cuando estos discrepaban, lo que aparecía en el mayor número, un texto único que ha venido a constituir la lección más aceptada.
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