Alejandra Conde: Un Capítulo de Dolor y Resiliencia

21.12.2025

Mario Conde, junto a sus hijos, Mario y Alejandra; su yerno, Fernando Guasch, y sus nietos, son los protagonistas de la 'operación Fénix'. Mario exhibe las arrugas como cicatrices de vida, mientras que Alejandra, más desenfadada de lo habitual, no parece preocupada por la apariencia.

El 11 de abril de 2016, Mario Conde fue arrestado en las inmediaciones de su casa de la madrileña colonia El Viso en el marco de una investigación de la Fiscalía Anticorrupción, en colaboración con la Guardia Civil y la Audiencia Nacional.

Ese mismo día se cumplían dos años desde que todos ellos -el propio ex banquero, sus hijos, Mario y Alejandra Conde Arroyo; su yerno, Fernando Guasch Vega-Penichet, y otras cuatro personas sin lazos familiares- fueran detenidos acusados de repatriar presuntamente 13 millones de euros saqueados a Banesto en el marco de una investigación por parte de la Fiscalía Anticorrupción, la Guardia Civil y la Audiencia Nacional.

Acusaron al exbanquero de blanqueo de capitales, ocho delitos contra la Hacienda Pública, organización criminal y delito continuado de frustración de la ejecución. A su hijo, Mario, su yerno, Fernando Guasch Vega-Penichet y otros colaboradores cercanos, les acusaban de haber ayudado a Conde a repatriar 13 millones de euros que presuntamente había saqueado del banco Banesto.

Dos días después de aquella segunda caída para Mario Conde, el gallego, que hacía tan sólo unas semanas había firmado el divorcio de su mujer, la profesora María Pérez-Ugena, ingresaba en la prisión de Soto del Real; su hija, considerada "codirectora de la trama", quedaba bajo arresto domiciliario en su casa de la urbanización La Quintaleja en el Encinar de los Reyes, Madrid.

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Unas circunstancias que Santiago Pedraz, el magistrado encargado de la 'operación Fénix', tuvo en cuenta para optar por el arresto domiciliario como modalidad de preventiva para Alejandra.

Ahora, en el texto que acompaña la fotografía exhibida en la red social, Conde desnuda sus sentimientos y se lamenta de que en ese preciso día en el que volvió a pisar la cárcel, uno de sus nietos "comenzaba su tratamiento de radioterapia". Entonces, fuentes cercanas a la empresaria, quien fue detenida cuando salía del hospital, hablaban de "unas dramáticas circunstancias personales".

Alejandra Conde Arroyo de 39 años fue detenida el pasado 11 de abril en su domicilio de la urbanización 'La Quintaleja' en la localidad madrileña del Encinar de los Reyes. Tal y como contó en su momento EL ESPAÑOL, Alejandra no se opuso al registro ni a la posterior detención pero si pidió a los agentes que le dejaran acompañar a su hijo al colegio.

El juez de la Audiencia Nacional Santiago Pedraz la considera "codirectora de la trama" cuyo fin era repatriar el dinero de su padre, un total de 13.062.322 euros. Una medida que le fue concedida dado el grave estado de salud de su hijo mayor, de nueve años. Sus otros dos hijos no le preocupa tanto porque son pequeños y no se enteran todavía.

El juez le permitió esta alternativa a la prisión por el delicado estado de salud de su hijo de nueve años. Sólo sale de casa para acompañarle al tratamiento médico.

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La hija de Conde sabe de lo que habla. La hija del ex presidente de Banesto no puede ausentarse del domicilio sin autorización judicial. De momento sólo se le ha concedido permiso para acompañar a su hijo al tratamiento médico que recibe y que el juez ha considerado necesario. El resto del tiempo permanece en el lujoso chalet de 'La Quintaleja' que su padre le regaló por su boda con Fernando Guasch Vega-Penichet.

Alejandra tiene prohibido realizar cualquier actividad o transacción económica, movimiento bancario, orden de pago, cobro o transferencia similar a través de cualquier medio, oral, escrito, telefónico o internet. Lo que no le impide el arresto domiciliario es recibir llamadas o visitas.

Los que han podido hablar con ella por teléfono aseguran que "esta tranquila y preparando su propia defensa. Como buena abogada conoce los procedimientos y piensa demostrar su inocencia". Tiene previsto pedirle al juez un permiso para poder asistir el próximo mes de mayo a la Primera Comunión de su hijo mayor delicado de salud.

Lo que más echa de menos según el entorno es salir a correr por los alrededores de la urbanización, algo que hacía a diario y que ahora el arresto domiciliario no le permite.

Hasta ahora la hija pequeña de Conde se encargaba de las finanzas de la familia y aunque hacia año que había colgado la toga, ahora ha decidido volvérsela a poner para defender su inocencia.

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Un momento de mucho dolor para la familia que ha quedado atrás, ya que como confirma el círculo más cercano de los Conde, el menor se encuentra "bien" y recuperado, "aunque tiene que seguir con sus revisiones cada cierto tiempo".

Una buena noticia que ha levantado el ánimo de Mario, quien defiende su inocencia en este caso y acusa a los medios de comunicación de un "ataque brutal" en aquellos días. "Insultaban, ofendían, creaban programas especiales de investigación, en los que los periodistas hablaban con rotundidad, como si de verdad fueran conocedores de los supuestos robos, de la culpabilidad mía y de mi familia.

Muy esperanzado De nuevo buenas noticias para Mario quien como el fénix, ave que da nombre a la operación en la que está investigado, tiene una gran facilidad para resurgir de sus cenizas.

Así lo asegura también la Fiscalía de Zúrich y el MROS, organismo suizo destinado a la persecución del blanqueo de capitales. Al parecer, y según este informe pericial, considera acreditado que el dinero proviene de dos negocios que Conde realizó en los primeros años 80: las ventas de Antibióticos S.A. (ganó más de 10 millones) y la de Laboratorios Abelló (casi cinco millones).

En abril de 2016, tanto Mario Conde, como sus dos hijos y Fernando fueron detenidos acusados de repatriar 13 millones de euros procedentes de Banesto. En octubre de 2018 se archivó la acusación por blanqueo de capitales y organización para delinquir.

“Ese día musita Mario, quien, a pesar de tener un catarro agarrado en la garganta, aspira el tercer cigarrillo de la mañana. “Lo primero que pensé fue que todo lo ocurrido había sido premeditado. Creyeron que la única manera de desestabilizarme era encerrar a mis hijos, como si fuesen unos rehenes con los que conseguir tenerme atado.

Pero quien supuestamente hizo esto no calibró su dignidad, fortaleza y resistencia. No han logrado separarnos, sino unirnos de una manera muy intensa. Aparte de que, claro, no podía confesar dónde estaba un dinero que no existía”, reflexiona clavándome su hipnótica mirada.

En efecto, la situación familiar de Alejandra era extremadamente delicada. Su hijo Fernando, que entonces tenía nueve años, estaba muy enfermo. Ella no quiere hablar del tema. A Mario consigo arrancarle unas palabras. “Ese día empezaba un tratamiento médico de mucha importancia”. La salud del nieto mayor del exbanquero, que se sometía a una sesión de radioterapia para paliar una grave enfermedad, terminó de tensar la cuerda.

Alejandra declaró en la Audiencia Nacional tres días más tarde y el juez ordenó su arresto domiciliario por “su situación familiar en relación con un hijo”. “Para mí esa fue la decisión más acertada del mundo. Me pareció muy humana”, expresa Alejandra.

Durante dos meses, su casa de la urbanización La Quintaleja, en el Encinar de los Reyes, en Madrid, se convirtió en su particular cárcel. “Como no podía leer ni estudiar, porque la cabeza la tenía desamueblada, limpiaba todo el rato. También cocinaba. Intentaba estar el mayor tiempo ocupada. Y sobre todo disfrutar de mis hijos [Fernando (de 13), Alejandro (de 10) y Lourdes (de 7)]. No leía nada de lo que se publicaba, porque bastante tenía con sufrirlo y hacer la vida lo más normal posible dentro de mis circunstancias. Los policías venían por la mañana y por la noche para que firmara. Nunca tuve ningún problema. He de decir que todos fueron encantadores”.

“A mí y a mi hijo Mario nos detuvieron en casa; a mi hija, en la suya; a mi yerno, cuando iba en el coche... ¡Fue un montaje policial digno de terroristas de ETA!”, explicaba Mario Conde a nuestra revista. “Lo primero que pensé fue que todo lo ocurrido había sido premeditado. Creyeron que la única manera de desestabilizarme era encerrar a mis hijos, como si fuesen unos rehenes con los que conseguir tenerme atado.

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