Enfermedades de la Piel Comunes en Niños

10.12.2025

La piel de bebés y niños es más delicada que la de los adultos y a menudo presentan alteraciones cutáneas como sarpullidos o lesiones que hacen que los padres se alarmen y acudan a la consulta del pediatra. La dermatología pediátrica es una subespecialidad médica, dentro de la dermatología, que se encarga del diagnóstico y tratamiento de enfermedades de la piel en bebés, niños y adolescentes, brindando soluciones adaptadas a su delicada piel. Al ser más fina y vulnerable, la piel infantil necesita cuidados específicos y una atención especializada para prevenir y tratar afecciones de manera adecuada.

Infecciones Bacterianas de la Piel

Las infecciones bacterianas cutáneas constituyen el motivo de consulta más frecuente en Dermatología Pediátrica. Las infecciones bacterianas cutáneas generan alrededor del 20% de las consultas dermatológicas ambulatorias y son el motivo de consulta más frecuente en Dermatología pediátrica. El S. aureus y el S. pyogenes, producen la mayoría de estos trastornos, que varían de cuadros leves frecuentes a infecciones potencialmente mortales, poco habituales en la infancia. Además de la infección directa a los tejidos, el S. aureus y el S. pyogenes pueden producir cuadros mediados por toxinas, con manifestaciones cutáneas y sistémicas, como el síndrome de la piel escaldada, el síndrome de shock tóxico o la escarlatina. El impétigo, la celulitis, la foliculitis y los abscesos son los cuadros más vistos en Atención Primaria, siendo el impétigo la infección pediátrica bacteriana de la piel más común en todo el mundo. El diagnóstico es clínico y solo, en ocasiones, se precisa confirmación microbiológica, instaurándose el tratamiento de manera empírica.

La alteración del equilibrio entre el huésped y la flora cutánea, las alteraciones de la barrera cutánea, como heridas, úlceras o intertrigo, las dermatosis, como la dermatitis atópica o el linfedema, los factores externos, como la temperatura y la humedad ambiental alta, la mala higiene y los deportes de contacto, y la colonización nasofaríngea, axilar y/ o perineal por S. aureus, determinan un mayor riesgo de infecciones. La obesidad, la diabetes mellitus, las celulitis previas, las trisomías y los receptores de trasplantes, pueden predisponer a estos cuadros con un papel menos claro. Hay que considerar también el S. aureus meticilin resistente adquirido en la comunidad (SAMR-AC), con prevalencias descritas entre el 13 al 33% de las infecciones estafilocócicas en edad pediátrica.

Impétigo

El impétigo es una infección superficial, muy contagiosa y frecuente, que puede adoptar una forma ampollosa o no ampollosa (70% de los casos). Puede aparecer en cualquier edad, con mayor incidencia en menores de 5 años, disminuyendo drásticamente tras los 14 años. No hay diferencia entre hombres y mujeres, y las epidemias son posibles y más frecuentes al inicio del verano. Los principales agentes causales son el S. aureus y los Streptococcos B hemolíticos, en su mayoría pertenecían al grupo A, aunque serotipos del grupo C o el G pueden producirlo. El no ampolloso se produce por el S. aureus solo o en coinfección con S. pyogenes, mientras que el ampolloso es causado por cepas de S. aureus que producen toxinas exfoliativas (ETA, ETB, ETD) que generan pérdida de adhesión de los queratinocitos. Aunque raro, se han descrito casos de impétigo ampolloso estreptocócico.

El contagio aparece por contacto directo, a través de objetos, por autoinoculación o por fómites. Las lesiones se distribuyen en: cara (alrededor de la nariz o la boca), tronco, nalgas, periné, axilas y extremidades. Inicia con máculas eritematosas solitarias de 2-4 mm que evolucionan a una vesícula/pústula de vida corta y dejan una erosión superficial con costra melicérica (Fig. 1).

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En la forma ampollosa, las vesículas crecen hasta formar ampollas superficiales de 1 a 5 cm (Fig. 2). Tras su rotura, dejan un collarete descamativo con poco eritema. Puede producir prurito o escozor, y no cursar con síntomas sistémicos, aunque pueden objetivarse adenopatías y, en el caso del ampolloso, fiebre y diarrea.

El diagnóstico es clínico pudiendo realizarse cultivo del exudado o de la ampolla. El diagnóstico diferencial se hace con: las picaduras, los eccemas, el herpes simple y las quemaduras. En cuanto al tratamiento, una revisión de Cochrane concluyó que los antibióticos tópicos como la mupirocina y el ácido fusídico eran eficaces. La resistencia a estos dos es cada vez más creciente, sobre todo, en casos por S. aureus y epidemias. La bacitracina y la neomicina tópicas son menos eficaces y no se recomiendan. No se encontró diferencia entre los antibióticos tópicos y los orales, y la penicilina oral no fue tan eficaz como la cloxacilina, la eritromicina y la cefalexina.

La decisión de cómo tratar, queda supeditada: al número de lesiones, la localización, las complicaciones, las enfermedades concomitantes y el estado inmunológico, siendo de primera elección, la vía tópica. Son útiles, los lavados con agua y jabón, y los fomentos húmedos. En infecciones recurrentes, puede considerarse la descolonización nasal. Además de las complicaciones locales, como: la celulitis, la linfangitis o la bacteriemia, existe riesgo bajo de glomerulonefritis posestreptocócica, que no se ve modificado por el uso de antibiótico.

Una vez localizado el impétigo, debemos lavarlo con agua y jabón y taparlo para evitar contagios. Es importante que el niño no se rasque, ya que podría hacer que se propague rápidamente por otras partes. Enseñar hábitos de higiene, como lavarse las manos con frecuencia, ayuda a prevenir esta infección. Y para prevenir recurrencias es importante también tratar con la pomada antibiótica las fosas nasales, donde colonizan habitualmente las bacterias responsables del impétigo.

Foliculitis, Forúnculos, Ántrax y Abscesos

Suelen afectar la cara (zona de la barba), el cuero cabelludo, el tronco, las axilas y las nalgas. La foliculitis afecta al folículo piloso de forma superficial, con pústulas o pápulas eritematosas foliculares aglomeradas o no, que no dejan cicatriz. Los forúnculos afectan todo el folículo piloso y el tejido circundante produciendo: pústulas, pápulas y nódulos eritematosos. La colección continua de forúnculos formando una placa eritematosa, caliente, dolorosa, con afectación del tejido celular subcutáneo y trayectos fistulosos, se denomina ántrax. Por último, los abscesos son colecciones localizadas de pus y no tienen que depender del folículo piloso. El principal agente causal es el S. aureus. Los portadores nasales presentan más cuadros crónicos y recidivantes. Destaca también la creciente participación de los SAMR-AC en los brotes en pacientes jóvenes y sanos; de especial interés, ya que se han descrito casos de endocarditis bacteriana.

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Las bacterias gramnegativas pueden también producir estos cuadros clínicos en pacientes con acné tratados con ciclos prolongados de antibióticos tópicos u orales. La piedra angular del tratamiento son los lavados con antisépticos y los antibióticos tópicos (mupirocina o clindamicina). En lesiones generalizadas, recidivantes, con afectación profunda o del estado general, se usan antibióticos orales. En los casos de pseudomona, el tratamiento es ciprofloxacino, aunque el cuadro es, en muchas ocasiones, autorresolutivo. En casos profundos, con colecciones de pus, debe añadirse el drenaje quirúrgico. Si los episodios son recidivantes, puede realizarse erradicación de S. aureus.

Mención especial merece, por la alta frecuencia en los niños, la aparición de abscesos en los pliegues ungueales, cuadro conocido como panadizo. La pérdida de integridad del aparato ungueal por: traumatismo, manipulación, onicofagia, succión del dedo, manicuras y onicocriptosis, predisponen. El 50% suelen ser polimicrobianas siendo el S. aureus el patógeno más frecuente. Otros agentes causales son el S. pyogenes, bacterias gramnegativas o anaerobias, como Bacteroides, especies de Enterococcus o Eikenella corrodens, asociadas a la exposición a secreciones orales, C. albicans o herpes simple. Inicia con: edema, eritema y dolor, que evoluciona a una colección de pus que puede involucrar el hiponiquio, el lecho ungueal e incluso progresar a un absceso profundo con celulitis y linfangitis. Precisan antibiótico oral y drenaje de la colección de pus.

Erisipela y Celulitis

La erisipela, aparece por una infección que afecta a la dermis y al sistema linfático y, en ocasiones, al tejido celular subcutáneo. El patógeno más frecuente es el Streptoccoco b hemolíticos del grupo A, menos frecuente del grupo B, C, G y, en un porcentaje pequeño, el S. aureus. En la celulitis se produce una afectación más profunda de la dermis y del tejido celular subcutáneo, siendo los gérmenes más implicados el S. aureus o el S. pyogenes.

La erisipela suele afectar a niños pequeños, ancianos o enfermos debilitados, y en el recién nacido puede originarse en el cordón umbilical. Predisponen a ambos cuadros: linfedema, úlceras crónicas, inmunodepresión y alteraciones vasculares. La erisipela presenta un comienzo abrupto con una placa eritematosa caliente y dolorosa, de borde nítido. Puede acompañarse de pústulas, vesículas y ampollas, estas últimas consideradas marcador de gravedad. En su forma clásica afectaba a la cara, pero, hoy en día, la localización más frecuente son las extremidades inferiores. En la celulitis, la placa está: mal delimitada, profunda, caliente, eritematosa y es muy dolorosa. Puede acompañarse de ampollas o tejido necrótico.

Ambos cuadros suelen cursar con síntomas generales, fiebre y pueden asociar linfangitis ascendentes y adenopatías. Como complicaciones, podemos encontrar la formación de abscesos o la afectación de estructuras más profundas y, aunque es raro en paciente sanos, cuadros sistémicos como la endocarditis, la sepsis y la glomerulonefritis aguda en caso de cepa nefritogénica de estreptococos. El tratamiento, además de las medidas locales, se inicia con antibiótico oral empírico, con cobertura frente a S. aureus y S. pyogenes, y podría realizarse de forma ambulatoria con estrecho control, excepto si existen afectación del estado general, lactantes o inmunodeprimidos. Especial interés merece la celulitis periorbitaria en niños, que se asocia frecuentemente a sinusitis y requiere un estrecho seguimiento. Si afecta más allá del septo orbitario, se observará: proptosis, dolor orbital, restricción de la movilidad ocular y alteraciones visuales. Estos casos se consideran una emergencia que debe tratarse con antibióticos intravenosos y valoración urgente por un oftalmólogo / otorrinolaringólogo.

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Celulitis Perianal

Producida por el S. pyogenes y, con menos frecuencia, por el S. aureus, algunos autores consideran más correcto el uso del término celulitis perianal. Se presenta como una zona perianal eritematosa brillante bien delimitada. En las niñas puede afectar el introito vaginal y la vulva, siendo menos frecuente la afectación alrededor del meato uretral en niños. Puede producir: prurito, dolor a la defecación, disuria y sangre en heces. No se acompaña de síntomas sistémicos. Se considera una entidad de la infancia, aunque hay descritos casos en adultos. Es más frecuente en varones entre los 2 y 7 años. La transmisión se produce por contacto, intrafamiliar o por autoinoculación en paciente con faringitis con cultivo positivo para S. pyogenes.

Para el diagnóstico, puede realizarse un test rápido antigénico de S. pyogenes, aunque es menos fiable que el cultivo. Es importante descartar convivientes afectos, ya que sirven como reservorio para las recurrencias. En el diagnóstico diferencial, debe considerarse: eccemas de contacto, dermatitis atópica, candidiasis, dermatitis seborreica y psoriasis. Más raramente, deben descartarse: infecciones parasitarias, enfermedad inflamatoria intestinal, histiocitosis y abuso sexual. El tratamiento se realiza con antibióticos sistémicos entre 14 a 21 días. Pueden asociarse lavados con antisépticos seguidos de la aplicación de antibióticos tópicos. Debe considerarse la posibilidad de glomerulonefritis posestreptocócica. Como complicaciones poco frecuentes, se puede encontrar proctitis y abscesos.

Dedos en Palillo de Tambor

Infección por S. pyogenes o S. aureus del cojinete adiposo palmar de los dedos de las manos y, con menos frecuencia, de los pies. Puede extenderse al pliegue ungueal y a la porción proximal del dedo. Es más frecuente en niños de los 2 a los 16 años. El contagio suele ser por traumatismo local o por autoinoculación desde la nariz.

Queratólisis Plantar Sulcatum

Producida por Kytococcus sedentarius, Dermatophilus congolesis y especies de Corynebacterium y Actinomyces, es una infección no inflamatoria de plantas y palmas, más frecuente en ambientes cálidos y húmedos. Las bacterias producen proteasas que degradan la capa córnea, dando lugar a las manifestaciones clínicas (depresiones puntiformes superficiales que pueden adoptar un patrón lineal) y mal olor característicos. Suelen ser asintomáticas o producir leve prurito.

Como diagnóstico diferencial, deben considerarse las verrugas víricas, las tiñas y las queratodermias palmoplantares. El peróxido de benzoilo, eritromicina, clindamicina o mupirocina tópicas, son eficaces para el tratamiento.

Fascitis Necrotizante

Infección poco frecuente en la infancia, que produce necrosis de la piel, el tejido adiposo y la fascia. Aunque las tasas de mortalidad son altas, los niños tienen mejor pronóstico. Es habitual que aparezca tras traumatismos penetrantes o contusos, pero no son un requisito. En los niños, la varicela o la cirugía abdominal pueden ser factores desencadenantes. La diabetes mellitus, la insuficiencia renal, las úlceras y la inmunodepresión son factores predisponentes, aunque no obligatorios. Las extremidades son la localización más frecuente y, en los niños, no es infrecuente la afectación del tronco.

Clínicamente, se caracteriza por un dolor intenso inicial, desproporcionado a los hallazgos físicos. Se acompaña de: eritema, calor y tumefacción, con piel brillante y tensa. Progresa rápidamente, con cambio de coloración cutánea de rojo a púrpura y, por último, azul grisáceo, que puede asociar ampollas hemorrágicas. La zona puede tornarse anestésica por destrucción de los nervios y el tejido se torna leñoso.

Para el diagnóstico, además de la sospecha clínica, debe solicitarse analítica completa, hemocultivos, cultivos de la herida y rayos X que, en ocasiones, muestra aire. El diagnóstico diferencial en fases iniciales se realiza con la celulitis. Un dolor desproporcionado o la anestesia total, debe ponernos en alerta. El tratamiento debe instaurarse rápidamente, siendo el desbridamiento quirúrgico extenso la piedra angular. El pediatra es el encargado de diagnosticar e instaurar el tratamiento de las infecciones superficiales no complicadas.

Infecciones Virales de la Piel

Existen múltiples enfermedades cutáneas de origen viral. Las verrugas víricas se suele presentar más en las plantas de los pies y las palmas de las manos, aunque puede aparecer en cualquier superficie cutánea o mucosa. El virus que causa las verrugas puede ingresar por primera vez en el organismo a través de cortes o rasguños. Los niños pueden presentar distintos tipos de verrugas. Esta infección de la piel en los niños suele ser benigna y, con el tiempo, las verrugas desaparecen por sí solas. El problema es que, a veces, hay verrugas que pican y/o duelen. En estos casos, el tratamiento de elección es el ácido salicílico en concentraciones del 10 al 25% y la crioterapia.

Molusco Contagioso

El molusco contagioso está causado por un virus que lleva su mismo nombre: el virus del molusco contagioso (VMC). Se trata de un virus de la familia de los poxvirus y el más frecuente es el de tipo 1. Es una enfermedad de la piel muy contagiosa y se propaga rápida y fácilmente a través del contacto piel con piel o fómites contaminados. De hecho, es habitual que los niños la contraigan con equipamientos de gimnasio, con juguetes, en las piscinas o en los baños públicos. El molusco contagioso es de fácil autoinoculación, por lo que los niños suelen propagarlo a otras zonas de la piel. Esta infección en la piel es especialmente frecuente en escolares, sobre todo menores de 8 años y con piel atópica.

El molusco contagioso en niños se caracteriza por la aparición de bultos pequeños en la piel (pápulas o nódulos) de menos de 6 milímetros de diámetro. Estos acostumbran a ser de color ‘carne’ o bien adquirir una tonalidad blanquecina o nacarada. Otra característica típica de estas lesiones es que tienen un pequeño hueco (forma umbilicada) o punto en la parte superior, cerca del centro. En la mayoría de los casos, el molusco contagioso se observa en la cara, el cuello, las axilas, los brazos y las manos. Sin embargo, se puede presentar en cualquier parte del cuerpo. Al ser de fácil autoinoculación, las lesiones suelen ser múltiples, pudiendo llegar a cientos. También pueden confluir formando placas. Las protuberancias suelen desaparecer completamente en un año, pero en muchos casos puede estar indicado realizar un tratamiento para los moluscos contagiosos.

De ser así, los más frecuentes son el curetaje, la electrofulguración, la crioterapia, el pellizcamiento con pinza, el ácido tricloracético, la potasa cáusica y el ácido retinoico. No obstante, algunos de estos tratamientos pueden dejar cicatrices dermatológicas y psicológicas. No siempre es necesario, porque en teoría desaparecen solas, aunque pueden estar presentes durante meses y años.

Otras Infecciones Virales

  • Herpes Simple: Como afecta principalmente a la zona del bermellón de los labios, se suele hacer referencia a este virus como el herpes labial en niños. El tratamiento del virus del herpes simple suele ir dirigido a aliviar los síntomas.
  • Enfermedad de Mano-Pie-Boca: La mayoría de casos se presentan en pequeños menores de 10 años, teniendo su máxima incidencia entre el primer y tercer año de vida. Los primeros síntomas de la enfermedad de mano-pie-boca suelen ser una fiebre moderada y malestar general. Por lo general, la enfermedad mano-pie-boca en niños tiene un carácter leve y no causa secuelas.
  • Varicela: La varicela es una infección causada por el virus de la varicela-zoster. Luego, se transforman en pequeñas ampollas llenas de líquido (vesículas) que se forman en aproximadamente un día para luego romperse y drenarse. En general, la varicela es una enfermedad leve en la infancia. En niños no vacunados o que igualmente adquieren varicela, se suele dejar que la enfermedad siga su curso y solo se tratan los síntomas. En algunos casos, se puede recomendar vacunarse contra la varicela en un plazo de tres a cinco días después de haber estado expuesto al virus.

Otras Afecciones Dermatológicas Comunes

Dermatitis Atópica

Es una patología inflamatoria de la piel, generalmente crónica, que cursa con brotes intermitentes y que en los últimos años ha experimentado un aumento de casos espectacular. Es una de las afecciones más frecuentes en los niños. Se caracteriza por piel seca con picor intenso y con aparición de brotes repetidos de eccemas. Los eccemas son ronchas, rojas y descamadas, que suelen aparecer en los pliegues del codo, las rodillas y la cara. Para tratar los brotes y controlar el picor se utilizan cremas antiinflamatorias y antihistamínicos orales.

La dermatitis atópica es normalmente hereditaria y se cree que se debe a una variación genética que afecta a la capacidad de la piel para retener la humedad y proporcionar protección contra bacterías, alérgenos u otros factores. Para espaciar los brotes y mantener la piel en las mejores condiciones posibles es fundamental:

  • Higiene: productos con bases lavantes suaves enriquecidos con extractos de plantas calmantes como la avena o productos como la niacinamida y activos hidratantes como la glicerina o la manteca de karité.
  • Hidratación: emolientes como la manteca de karité, la hydroxidecine o la vitamina B3 que restauran la barrera cutánea junto con activos calmantes que alivian el picor como el ácido glicirretínico o polidocanol.

Recomendaciones:

  • Mejor baño que ducha: baños cortos de cinco a 10 minutos, con agua templada.
  • Limpiadores sin jabón, sobregrasos, con un pH ácido.
  • Secado sin frotar para evitar la irritación.
  • Cremas emolientes que restauren la unión entre las células y mejore la calidad de nuestra “pared”. Después del baño con la piel húmeda. Sin perfumes.
  • Usar ropa de algodón o lino. Evitar la lana, tejidos sintéticos y etiquetas.
  • Temperatura y humedad constantes. Ventilar las habitaciones. Eliminar el polvo con paño húmedo o aspirador.
  • Si hacen actividades al aire libre usar fotoprotección.
  • Si nadan en piscinas usar cremas barreras que eviten la exposición al cloro.

Urticaria

Esta reacción suele causar gran alarma entre los padres, ya que aparece de manera súbita y se presenta como ronchas rojas y sobreelevadas en la piel, que pueden cambiar de ubicación rápidamente. Puede ser causada por alimentos, medicamentos, infecciones virales o contacto con sustancias irritantes.

Tiña

La tiña es una infección causada por un hongo que se reproduce fácilmente en condiciones cálidas y húmedas. Este sarpullido suele formar manchas redondas u ovaladas cuyo centro se alisa a medida que crecen, mientras que los bordes se mantienen rojos y escamosos. Para evitar la tiña es necesario revisar a las mascotas que pudieran tener el hongo y advertir a los niños que no compartan peines, gorros o cualquier objeto para la cabeza que pueda transmitirlo.

Dermatitis del Pañal

Este tipo de dermatitis suele aparecer cuando la piel del bebé entra en contacto con un pañal manchado por la orina o por las heces. Esta humedad en la piel del niño causa una irritación que provoca una erupción de color rojo brillante. El color rojo intenso parece estar causado por una infección por el hongo Cándida, aunque también puede estar producido por bacterias. El principal tratamiento para la dermatitis del pañal consiste sobre todo en cambiar frecuentemente al niño para evitar que las heces o la orina sigan irritando la zona afectada. También es bueno lavar la piel del niño con agua y jabón suave y aplicar Pasta al agua protectora o una pomada que cree una barrera entre la piel y el pañal. Si la infección es por Cándida, es necesario aplicar una crema antimicótica.

Prevención y Cuidados Generales

  • Protección Solar: A partir de los 6 meses de edad se recomienda aplicar protector solar infantil para prevenir daños en la piel. Se debe elegir un protector solar con FPS de 30 o superior y que protejan contra los rayos UVA y UVB; así mismo, para evitar posibles reacciones alérgicas debemos deshechar aquellos productos que contengan PABA (un ácido presente en los bloqueadores solares) y filtros químicos como el octocrileno. De hecho, en lactantes se recomienda utilizar únicamente pantallas físicas.

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