Fiebre Puerperal: Historia, Causas y Tratamiento
La fiebre puerperal, también conocida como sepsis puerperal o infección postparto, es una condición médica seria que puede afectar a mujeres después del parto. Es la manifestación clínica de una infección en la mujer después de haber dado a luz, es decir, durante la etapa del puerperio.
Históricamente, ha sido una causa significativa de mortalidad materna, pero gracias a los avances en la medicina y la higiene, su incidencia ha disminuido notablemente. En el pasado, la fiebre puerperal era una de las principales causas de muerte materna. Hoy en día, las infecciones posparto están bien controladas. La administración de antibióticos ha conseguido disminuir la frecuencia y la gravedad de la fiebre puerperal.
Diagnóstico de una infección puerperal
La aparición de fiebre en los días posteriores al parto no siempre es indicativo de una infección o sepsis puerperal. Para considerarse como tal, es necesario que se cumplan los siguientes requisitos:
- La fiebre es igual o superior a 38 °C en al menos 2 ocasiones separadas de un intervalo de 6 horas.
- La fiebre aparece entre las 24 horas después del parto y las 6 semanas siguientes, periodo conocido como puerperio.
- En las primeras 24 horas después del nacimiento del bebé, la temperatura debe ser superior a los 38.5 °C para considerar que tiene relevancia clínica.
La subida de leche también puede provocar un aumento de la temperatura de la madre durante unas horas, pero no cumple con los requisitos para considerarse que existe una sepsis puerperal.
Durante el diagnóstico de una infección puerperal, es necesario identificar el foco de infección por una parte, y cuál es el agente causante por otra, es decir, los microorganismos infecciosos. Para ello, el médico tendrá que valorar los posibles factores de riesgo intrínsecos de la madre, así como los factores de riesgo relacionados con el parto. Además, éste llevará a cabo una exhaustiva exploración física, incluyendo las mamas y la revisión vaginal.
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También mandará realizar las pruebas complementarias que sean necesarias: analítica de sangre, hemocultivo, cultivo de orina, cultivo endometrial, etc. Es muy importante poder identificar los microorganismos causantes de la infección para poder aplicar el tratamiento más adecuado.
Síntomas de la fiebre puerperal
Evidentemente, la fiebre alta es el síntoma principal de una infección durante el posparto. Sin embargo, hay otras manifestaciones que indican que algo no marcha bien en las mujeres que acaban de dar a luz. A continuación, vamos a comentar los posibles signos y síntomas de una infección puerperal:
- Malestar general.
- Palidez.
- Sudoración fría.
- Escalofríos.
- Taquicardia.
- Cefalea.
- Loquios (secreciones vaginales típicas del puerperio) abundantes y malolientes.
- Dolor abdominal.
Sin embargo, a veces, la única manifestación clínica de la fiebre puerperal es la fiebre baja.
Causas de la fiebre puerperal
En general, las infecciones puerperales son consecuencia de una falta de higiene en la atención durante el parto o el puerperio, aunque también puede suceder que una parte de la placenta se quede en el interior del útero y dé lugar a complicaciones. A continuación, vamos a exponer las causas principales que dan lugar a la fiebre puerperal:
- Endometritis puerperales: una infección bacteriana que se halla en el interior uterino, en concreto en el endometrio, donde ha estado anclada la placenta durante los 9 meses de gestación. Además de fiebre, suele presentar dolor abdominal bajo, útero aumentado de tamaño y doloroso, sangrado continuado y flujo (loquios) maloliente. Sólo el 15% de los cuadros es tardío, debutando a partir de la primera semana de postparto.
- Infección de la herida quirúrgica: ya sea por la episiotomía en el parto vaginal o por la incisión abdominal de una cesárea. En general, ocurre aproximadamente en el 5% de los partos, debutando en los primeros 7 días tras la cirugía. Los microorganismos causantes de la infección generalmente proceden de la piel, como Staphylococcus Aureus. Es muy importante cuidar bien estas heridas para prevenir el riesgo de infección.
- Mastitis puerperal: consiste en una infección de los pechos debida a la lactancia. La fuente de infección proviene de los microorganismos de la boca o faringe del bebé lactante (estreptococos y anaerobios) y con menor frecuencia de la piel (Staphylococcus Aureus), por lo que es necesario un tratamiento antibiótico de cobertura amplia. Suele debutar a las 2 - 3 semanas del inicio de la lactancia, con una frecuencia del 2-10% de las madres que lactan.
- Infecciones urinarias: debidas generalmente a los múltiples sondajes que se realizan durante el parto asociados a la epidural. Son provocados por bacterias del tracto genital como Staphylococcus Aureus o Escherichia coli. Aparecen en los primeros días postparto (2-5 días).
- Otras infecciones sistémicas: pielonefritis, cistitis, tromboflebitis, etc.
Como ya hemos indicado, los microorganismos más frecuentes causantes de la fiebre puerperal son los que se encuentran en la flora vaginal, en la piel o en la flora intestinal: Streptococcus agalactiae, Streptococcus pyogenes, Staphylococcus Aureus, Escherichia coli, etc.
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Factores de riesgo
Los factores de riesgo que predisponen a una mujer a sufrir una infección después del parto pueden ser intrínsecos (relacionados con la historia clínica de la mujer) o extrínsecos (relacionados con el personal sanitario e instrumentos utilizados durante el parto). Éstos son los siguientes:
- Trabajo de parto prolongado
- Parto instrumental
- Mujer con antecedentes de infecciones de vías urinarias o vaginales
- Obesidad
- Anemia o desnutrición
- Ruptura prematura de membrana
- Extracción manual de la placenta
- Cesárea de urgencia
- Relaciones sexuales días previos al parto
Cabe destacar que no todas las mujeres que presenten alguna de estas condiciones va a padecer una infección puerperal. Para poder prevenirla, será necesario extremar los cuidados higiénicos de la zona íntima durante el embarazo y después del parto.
Tratamiento
El tratamiento de la sepsis puerperal debe llevarse a cabo bajo supervisión médica siempre. En general, se prescriben antipiréticos y analgésicos para bajar la fiebre y reducir el dolor. A continuación, es indispensable la administración de antibióticos para actuar sobre los microorganismos infecciosos. En caso de no saber cuál es el agente causante concreto, se utilizará un antibiótico de amplio espectro como la amoxicilina. En función de los resultados de los cultivos y el antibiograma, podrá modificarse el antibiótico para curar la infección.
Por otra parte, es fundamental mantener una buena higiene íntima durante todo el puerperio. Lo más recomendable es lavar y desinfectar los genitales externos al menos 2 o 3 veces al día.
Los casos más graves de infección puerperal requieren el ingreso hospitalario de la mujer. Por tanto, ante la aparición de los síntomas comentados en este artículo, es recomendable acudir a urgencias cuanto antes.
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Ignaz Semmelweis y el Descubrimiento del Lavado de Manos
Hasta mediados del siglo XIX, una de las principales complicaciones tras el parto era la llamada sepsis puerperal o infección postparto. Una vez desprendida la placenta, los vasos de la pared uterina donde estaba adherida quedan abiertos hasta que se contraen. Durante ese tiempo es posible que los gérmenes de las manos de la persona que atiende a la mujer en el parto penetren en el organismo a través de ellos, produciendo una infección generalizada y muchas veces la muerte si no se aplica el tratamiento adecuado.
El obstetra húngaro Ignaz Semmelweis (1818-1865) observó una gran disparidad en la mortalidad de mujeres ingresadas en dos salas de maternidad del Hospital General de Viena en el que trabajaba. La Clínica I era atendida por médicos y estudiantes de medicina y la mortalidad oscilaba entre el 10 y el 20%. En la Clínica II, asistida por profesorado y estudiantes de matrona, la mortalidad se reducía al 3%. La única diferencia era que las matronas no realizaban autopsias.
En 1847 ordenó que todo aquel que asistiera a la sala de partos, tanto médicos como estudiantes, se lavara las manos con agua clorada, una disolución de hipoclorito cálcico utilizado desde el siglo XVIII para eliminar el mal olor de la putrefacción. Un mes después, la mortalidad en la sala 1 era muy similar a la observada en la sala 2. Al cabo de un año, la mortalidad bajó al 1%.
Publicó en 1861 su obra Etiología, concepto y profilaxis de la fiebre puerperal, la cual fue recibida con hostilidad por la comunidad médica. En 1865 una grave demencia hizo que fuera ingresado en una clínica para enfermos mentales, donde murió tres semanas después.
Faltaba una interpretación sólida que la sustentara y tal fue el papel de la teoría microbiana de la enfermedad en el último cuarto del siglo XIX.
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