Frecuencia Cardíaca Normal en Bebés Recién Nacidos
¿Alguna vez te has preguntado por qué la mayoría de los profesionales sanitarios, especialmente las enfermeras, suelen tomarte los signos vitales antes de cualquier otra cosa? ¿O quizá les has preguntado qué miden y para qué sirven esos parámetros? Los datos que se recogen reflejan el estado general de tu salud.
Entre estos signos vitales hay un valor especialmente importante: la frecuencia cardíaca, que a menudo sirve como indicador de la salud cardiovascular. Además, este parámetro vital se utiliza para detectar ciertas afecciones médicas. También nos indica cuándo puede ser necesario cambiar algunos hábitos de vida que elevan la frecuencia cardíaca por encima de lo normal.
Por ello, este valor se mide en reposo y se determina a partir del pulso, de ahí su nombre: frecuencia cardíaca en reposo según la edad. En este artículo te mostramos los valores normales según la edad, cómo medir la frecuencia cardíaca y cómo mantenerla saludable.
¿Qué es la Frecuencia Cardíaca en Reposo?
La frecuencia cardíaca en reposo (FCR) es el número de latidos que realiza el corazón por minuto para bombear la sangre mínima necesaria cuando el cuerpo está en reposo. Suele medirse cuando estamos tranquilos, sentados o tumbados y sin estar enfermos.
Este marcador cardíaco, también llamado pulso, es un parámetro que conviene controlar de forma regular a lo largo de la vida. Con el paso del tiempo y con la edad, la frecuencia cardíaca en reposo tiende a disminuir. Por eso, es recomendable medir el pulso de forma periódica para conocer el estado actual de salud.
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Tipos de Frecuencia Cardíaca
Frecuencia Cardíaca Normal en Reposo
La frecuencia cardíaca en reposo varía según la edad, el nivel de actividad y otros factores. Según el Instituto Nacional de Salud, los valores normales son:
- Recién nacidos (0-1 mes): 70-190 lpm
- Bebés (1 mes-1 año): 80-160 lpm
- Niños pequeños (1-2 años): 80-130 lpm
- Niños de 3 a 4 años de edad: 80 a 120 latidos por minuto.
- Niños de 5 a 6 años de edad: 75 a 115 latidos por minuto.
- Niños de 7 a 9 años de edad: 70 a 110 latidos por minuto.
- Niños de 10 años o más y adultos (incluso ancianos): de 60 a 100 latidos por minuto.
- Atletas bien entrenados: de 40 a 60 latidos por minuto.
- Adolescentes (13-18 años): 60-100 lpm
- Adultos sanos: 60-100 lpm
*Fuente: Institutos Nacionales de la Salud / Biblioteca Nacional de Medicina de los EE.UU.
Frecuencia Cardíaca Objetivo y Máxima
Durante la actividad física, es importante conocer tu frecuencia cardíaca objetivo y tu frecuencia cardíaca máxima:
- FC máx = 220 - edad
- FC objetivo (mín.) = FC máx × 50-70 % (actividad moderada)
- FC objetivo (máx.) = FC máx × 85-95 % (actividad intensa)
Ejemplos según la American Heart Association:
| Edad (años) | FC Objetivo (lpm) | FC Máx (lpm) |
|---|---|---|
| 20 | 100-170 | 200 |
| 30 | 95-162 | 190 |
| 40 | 90-153 | 180 |
| 50 | 85-145 | 170 |
| 60 | 80-136 | 160 |
| 70 | 75-128 | 150 |
Bradicardia (frecuencia lenta)
Si el pulso es inferior a 60 lpm, se considera bradicardia. Puede ser normal en personas muy en forma o durante el sueño, pero también puede estar relacionada con mareos, dolor torácico o fatiga.
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Taquicardia (frecuencia rápida)
Si el pulso supera los 100 lpm en reposo, se trata de taquicardia.
¿Cómo Medir la Frecuencia Cardíaca?
Dado que la frecuencia cardiaca cambia de una persona a otra, es conveniente que cada individuo conozca la suya. El pulso puede sentirse en la muñeca, el lado del cuello, el interior del codo, la parte posterior de las rodillas, la zona de superior de los pies, la ingle y otros lugares del cuerpo donde haya una arteria cerca de la piel.
Para medirlo, se ha de poner el dedo índice y el dedo medio o corazón en alguno de estos puntos; habitualmente, el pulso se suele tomar en la muñeca (ejercicendo una leve presión con dichos dedos -índice y medio- de una mano en la muñeca opuesta, justo en el área por debajo de la base del pulgar), o en el cuello (a uno de los lados de la nuez, ejerciendo también una pequeña presión con esos dos dedos en esa zona) y contar el número de latidos durante sesenta segundos.
Igualmente, puede recurrirse a dispositivos como medidores de frecuencia cardíaca que se colocan en el dedo o los pulsómetros que usan los deportistas.
¿Qué Factores Alteran las Pulsaciones?
Además de la edad, la frecuencia cardiaca también puede variar en función de determinadas circunstancias y estímulos, ya que el corazón aumenta o ralentiza la velocidad con la que late para asegurarse de que el cuerpo cuenta con la cantidad apropiada de sangre para abordar diferentes acciones -por ejemplo, subir unas escaleras- y situaciones -por ejemplo, protegerse en caso de peligro-.
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Otros factores que pueden alterar la frecuencia cardiaca son la temperatura y la humedad del aire -el número de latidos puede aumentar levemente cuando estas son más elevadas-, la posición del cuerpo -aunque el pulso no varía tumbado, sentado o de pie, sí puede subir un poco durante los quince o veinte segundos después de incorporarse- y las emociones fuertes.
Por ejemplo, acelera el pulso sentirse muy feliz, excitado o angustiado, así como sufrir ataques de pánico o de ansiedad o padecer estrés. Aunque el tamaño del cuerpo tampoco suele alterar la frecuencia cardiaca, la obesidad sí podría aumentar el número de latidos.
También son capaces de modificarla algunos medicamentos como los betabloquantes, que tienden a ralentizarlo, mientras que un exceso de algunos medicamentos utilizados para tratar problemas con el funcionamiento de la tiroides pueden acelerarlo. Igualmente, el tabaco o la ingestión de grandes cantidades de alcohol o cafeína pueden aumentar el número de pulsaciones.
Los cambios en la frecuencia y regularidad del pulso pueden ser, así mismo, señal de alguna afección cardiovascular como la insuficiencia cardíaca, la hipertensión o la enfermedad valvular cardíaca, por lo que hay que prestarles atención. Otras enfermedades que secundariamente pueden alterar las pulsaciones son el colesterol alto o la diabetes, por mencionar solo algunas.
La realización de esfuerzos y el nivel de forma física y de actividad modifican también la frecuencia con que late nuestro corazón. Por una parte, esta se incrementa cuando se realiza algún esfuerzo, como subir una cuesta o practicar deporte. Por la otra, la personas que realizan actividad física de manera regular o son atléticas suelen tener una frecuencia cardíaca en reposo más baja (entre las cuarenta y las sesenta pulsaciones).
Como su corazón cuenta con mejores condiciones físicas, necesita trabajar menos para suministrar la sangre al resto del organismo. En estas personas, por tanto, suele ser señal de una función cardíaca más eficiente y de una mejor salud cardiovascular, en ausencia de enfermedad subyacente que provoque ese número de pulsaciones.
¿Qué Revelan las Pulsaciones?
Aunque, como hemos visto, el rango de normalidad es grande, un pulso demasiado bajo o demasiado elevado puede revelar algún problema de salud subyacente. Por este motivo, es necesario consultar al médico si nuestra frecuencia cardiaca supera los cien latidos por minuto en reposo.
También, si, sin estar entrenados o estar tomando ninguna medicación que pueda justificarlo, no alcanza los sesenta; especialmente, en caso de que existan síntomas como dificultad para respirar, mareos o desmayos.
Sabemos que cuando se practica deporte es normal que la frecuencia cardiaca se eleve, pero existe un límite recomendado para ello. La Asociación Americana del Corazón (AHA, por sus siglas en inglés) recomienda, en líneas generales, calcularla restando la edad de cada persona a 220. La cifra resultante es la frecuencia cardíaca teórica máxima, que indica el número máximo de veces que el corazón debería latir por minuto.
No obstante, existe un rango de frecuencia cardíaca de esfuerzo que no deberíamos sobrepasar cuando hacemos deporte. Se calcula multiplicando esa frecuencia cardiaca teórica máxima según la edad por un factor de corrección de 0,50 a 0,85. Es decir, dicho rango se debería mantener entre el 50% y el 85% del máximo permitido para tu edad. En cualquier caso, estas recomendaciones pueden precisar ajustes en función de la condición física o de las posibles enfermedades de cada persona; y del mismo modo, estos cálculos son meramente una regla orientativa.
Así mismo, con el tiempo, es posible que la práctica regular de ejercicio disminuya la frecuencia cardíaca, porque el corazón mejora su condición física y necesita trabajar menos para llevar los suministros de oxígeno y nutrientes a todo el organismo.
Cinfaconsejos: Cómo Mantener una Frecuencia Cardíaca Normal
Hay varias medidas que todos podemos tomar para mantener una frecuencia cardiaca saludable o mejorarla y, de esta manera, cuidar de nuestro corazón:
- Practica ejercicio físico de forma regular. Algunas opciones pueden ser salir a caminar, correr o montar en bicicleta. Si tienes algún problema de salud consulta con el profesional sanitario acerca del tipo de ejercicio más idóneo para ti.
- En caso de obesidad, pierde peso. Un mayor peso corporal obliga al corazón a realizar un mayor esfuerzo. Te ayudarán a reducirlo tanto el ejercicio físico regular como cuidar tu alimentación. Consulta con un nutricionista qué dieta es conveniente para ti.
- Reduce el estrés. Este puede elevar tanto las pulsaciones como la presión arterial. Para lograrlo, intenta practicar técnicas de relajación y de control de la respiración. También pueden ayudarte actividades como el mindfulness, el yoga y la meditación.
- Deja el tabaco. Fumar eleva la frecuencia cardíaca, por lo que abandonar este hábito contribuye a normalizarla y a mejorar tu salud cardiovascular y tu salud en general.
- Consulta a tu médico si tu frecuencia cardiaca es demasiado elevada o demasiado baja. El profesional averiguará si existe alguna afección del corazón que deba ser tratada, en cuyo caso podrá estar indicado prescribirte fármacos u otros tratamientos para ayudarte a restablecer una velocidad adecuada para los latidos de tu corazón.
¿Por Qué los Niños Tienen un Corazón que Late Tan Rápido?
Si posa suavemente la mano sobre el pecho de un bebé notará sus latidos. Lo más probable es que piense: ¡Parece una locomotora!. Es así porque el corazón de un bebé late mucho más rápido que el de una persona adulta. La frecuencia cardíaca de un adulto es de 60-80 latidos por minuto (lpm). La de los niños es diferente según la edad, pero siempre mayor que la del adulto.
El corazón de un recién nacido late con una frecuencia de 120-160 lpm, con un mes tiene 100-150 lpm, a los 2 años 85-125 lpm, a los 4 años 75-115 lpm, con 6 años 65-100 lpm y los mayores de 6 años 60-100 lpm. El corazón de los niños late con más frecuencia porque está inmaduro.
Sus células, los miocitos, son de menor tamaño y no están organizados como los del adulto y por eso, la capacidad de contracción del músculo del corazón es menor, explica a RTVE.es la pediatra Mariam Carreño del Centro de Salud Mar Báltico de Madrid. El latido sirve para hacer llegar sangre al resto de los tejidos del cuerpo para que se nutran de oxígeno, nuestro combustible.
Precisamente los niños necesitan más combustible por kilogramo de peso que los adultos, así que para que todo funcione bien ha de llegar más sangre a sus tejidos. Como el corazón del bebé es más pequeño e inmaduro, se las apaña para que llegue oxígeno suficiente a los tejidos aumentando la frecuencia del latido.
¿Cómo lo hace? Aumentado la sensibilidad a la noradrenalina, una hormona y neurotransmisor que provoca, entre otros efectos, el aumento de la frecuencia cardíaca, ilustra la médico. Este es un precioso ejemplo de lo complejo y preciso que es el cuerpo humano.
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