Germán Coppini: Historia de un Ícono Musical Español

29.11.2025

Germán Coppini, un nombre sinónimo de innovación y atrevimiento en la música española, falleció la Nochebuena a los 52 años víctima de una larga enfermedad contra la que luchaba desde hace años.

Inicios y Éxito en la Movida Madrileña

En aquellos años 80 de Mecano y Dire Straits, los raritos del instituto, los que el tiempo ha descubierto que merecían la pena, veneraban a un cantante de personalísima voz que hablaba del lado chungo de la vida. Su muerte inundó de nostalgia las redes sociales en una reivindicación de dos grupos fundamentales y periféricos de la Movida: Siniestro Total y Golpes Bajos, ambos nacidos en Vigo.

Siniestro Total: El Gamberrismo Punk

Coppini pasó del gamberrismo punk a cantarle a la insatisfacción vital; de Ayatolah, no me toques la pirola a Malos tiempos para la lírica. Los primeros en hacerlo fueron Os Resentidos. Galicia caníbal fue un éxito para empezar a cambiar esa postal.

Golpes Bajos: Innovación y Poesía

En Golpes Bajos, Teo Cardalda ponía su talento como multiinstrumentista y Coppini la poesía y la pose. El cantante confesaría después que su voz temblorosa y teatral se debía a la gripe que padecía cuando grabaron su primera maqueta. Golpes Bajos solo duraron dos años. Grabaron un EP, un álbum -A Santa Compaña (1984)- y un mini-LP, pero marcaron el pop español gracias a un sonido único. Un ojo puesto en Londres, en la poética introvertida de Joy Division, y otro en la Galicia ancestral, en la religión, las meigas y el luto. «Mientras los de la capital se tiraban el rollo y miraban hacia otros países, nosotros rescatábamos un poco lo que teníamos más cerca. Creo que, de esa manera, Golpes Bajos éramos los más modernos de todos», admitía en una entrevista.

Proyectos Posteriores y Legado

Republicano Coppini perdió el favor del gran público en todos los proyectos que emprendió tras la disolución de Golpes Bajos. Grabó álbumes en solitario -El ladrón de Bagdad (1987), Flechas Negras (1989), Carabás (1996)-, colaboró con artistas como Nacho Cano, lo que algunos no le perdonaron -Edición limitada (1986)- y participó en el disco homenaje a Antonio Vega. Nunca encontró su lugar en el pop nacional. Coppini preparaba la presentación en directo de un nuevo disco como vocalista de los malagueños Néctar, «pop rock elegante, reflexivo y visceral», en propia definición. Casado y con tres hijos, Germán Coppini se significó políticamente y llegó a presentarse en una lista al Congreso de una coalicion de agrupaciones republicanas en 2011. Pese a sus dolencias hepáticas, participó en las mareas en defensa de la educación y la sanidad.

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Atrás quedan décadas de trabajo al frente de bandas como Golpes Bajos y Siniestro Total y la que era su gran ilusión en estos últimos meses: su nuevo grupo malagueño. Una banda con la que ha grabado un disco y con cuyos músicos ha ensayado codo con codo durante el último año para dar vida a un conjunto de canciones que la banda ya ha estrenado en las redes sociales con gran repercusión.

Ernesto Coppini y Las Manos

Ernesto Coppini, el hermano pequeño de Germán, fue una de esas pocas personas que se tomaban la vida como militancia. Era callado, sonriente, bueno. Una noche se durmió y no volvió a despertar. Siempre con su indumentaria de rude boy, cazadora adornada de parches, boogies, tupé, a cualquier hora del día Ernesto exhibía su transgresión pacífica pero firme por las calles del centro de Santander. No estaba solo, eran una pequeña tropa de locos iluminados que formarían un grupo llamado Las Manos de Orlac, que quedó en Las Manos, con Nacho Mastretta, Jesús Bombín, Manolo Raba y Ernesto Coppini. Y un quinto miembro en la sombra, un singular musicólogo desconocido llamado Luis Avín.

Aquellos locos iluminados se consideraban a sí mismos “fundamentalistas de la música disco“, y su adoración por los discos de los Jackson Five era completamente sincera. Como suele ocurrir en lugares alejados de la capital como Santander, tan cerca de Inglaterra y, a la vez tan lejos, la desidia llevaba a la investigación. Germán Coppini era fan de las Manos, un miembro más en aquel proyecto truncado por la poca visión de la industria ante un fenómeno tan innovador.

A Germán Coppini, digo, le fascinaba la propuesta de estos locos iluminados que traían de las cavernas el secreto hermético del jazz mezclado con el beat, el son, la descarga, el tumbao y el soul en ese fenómeno que creció en el Bronx de los años sesenta y que recibió el nombre de boogaloo. Hace unas semanas Germán se fue a reunir con su querido hermano Ernesto, para volver a cruzar juntos las aguas del “Niágara”, para volver a encender las luces y ver cómo gira la bola de los mil espejos de “Los Cinco Latinos” frente a la barra, haciendo de la ucronía una isla caribeña donde gozar.

Homenajes Póstumos y Controversias

El Tribunal Supremo ratifica la condena al Iberia Festival por la "intromisión ilegítima en el derecho de imagen del cantante Germán Coppini", fallecido en 2013 y cuyo rostro aparecía en el cartel del evento en 2018. Dos hijos y herederos del artista interpusieron entonces una primera demanda por intromisión ilegítima en el derecho al honor y a la propia imagen de Coppini. La sentencia señala que si bien el homenaje realizado por el festival pudo tener "interés cultural", "no basta una mención de un homenaje a un artista, para justificar el empleo de su imagen". La justicia añade que la fotografía de archivo no se usó como "ejercicio de un derecho de información", sino con una "finalidad publicitaria y comercial".

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Cómplices: Teo Cardalda y María Monsonís

Cómplices es lo mismo que decir Teo Cardalda, alma de Golpes Bajos junto a Germán Coppini, y María Monsonís, su pareja en lo profesional y en lo personal. Oficialmente, no se había sabido más de ellos. Tras el último disco de estudio, Preguntas y flores (1993), hubo un Básico (1994), grabado en directo, y ahí se perdía el rastro del dúo. Lo cual no significa que hayan estado parados. En todo este tiempo, María se pasó al otro lado de la barrera, dedicada a cuidar a sus cinco hijos y dejando el tiempo restante a "sus labores", entre las que se incluyen algunas de carácter humanitario. Mientras, Teo ha editado un trabajo en solitario, ha seguido componiendo y ha rescatado a Golpes Bajos del olvido con un disco y un documental que filmó Juanma Bajo Ulloa. Su reunión con Germán Coppini, la otra cabeza pensante del cuarteto, sirvió para revisitar ciertos temas y añadir alguno nuevo. El disco no tuvo demasiado éxito. "Había cambios en los textos y en los arreglos", explica Teo.

Para María, "hay más frescura. Cuando dejas un tiempo de tener las presiones de trabajar tanto, de sacar casi un disco al año, estás más fresco". La diferencia con el último trabajo de estudio, según Teo, es que aquél "era un poco más crispado y bastante más hermético. Era un disco de final de etapa". María apostilla: "Más bien, es que estábamos un poco cansados".

Ahora vuelven con renovadas fuerzas, apoyados por la multinacional Warner (los problemas que tuvieron con la anterior compañía, RCA, María los zanja muy a la gallega: "No había enamoramiento"). Si bien no se dirigen a un tipo específico de público, piensan que pueden perfectamente recuperar su antigua cantera, puesto que, aunque haya crecido, ellos también. "Yo he aprendido muchas cosas desde el último disco" -dice Teo- "y María también, al haber estado más o menos separada de toda la historia. Cierta gente les tilda sistemáticamente de blandos, pero no les importa "en absoluto", dice María tajante. "No considero que sea una crítica decir que una música es `blanda'. Nosotros hacemos lo que nos gusta, y tampoco tiene por qué gustarle a todo el mundo". Teo apoya: "Hemos tenido un público muy amplio. Habrá quien diga que es blanda y habrá quien no.

En el tema "Y a lo mejor" del nuevo disco de Cómplices se oye una voz infantil, detrás de la cual se esconde el hijo mayor de Teo Cardalda y María Monsonís, de ocho años. Que aparezca en el disco, aclara María, "es consecuencia de tener el estudio en casa" y, en todo caso, pura anécdota. "A los niños", dice Teo, "les apartamos totalmente de esto".

El dúo formado por Teo Cardalda y María Monsonís regresa con el disco ‘Terra’, marcado por su vuelta a Galicia poco antes de la pandemia. Llevan como pareja 38 años y tienen cinco hijos: “Es como una carrera: hay momentos bajos y momentos estupendos”, dice Teo.

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Hace cuatro años, Teo Cardalda y María Monsonís dejaron el chalé de Las Matas, a las afueras de Madrid, donde habían vivido décadas y se establecieron de nuevo en su tierra, Galicia. “La disculpa fue la pandemia”, explica Teo. “Teníamos una casa en Vigo a medio construir y la acabamos echando leches para poder instalarnos. Le pasó a mucha gente, que quiso escapar de las grandes ciudades en ese delicado momento y ha descubierto que en las pequeñas se vive muy bien”.

Resultado de ese retorno a su patria chica es el último disco de Cómplices, el exitoso dúo de pop-rock que en 1987 formaron Teo Cardalda (exGolpes Bajos) y su pareja, María Monsonís. Su título, Terra, refleja esa renovada conexión con sus raíces. Y aunque nunca han dejado de hacer música, esta vez vuelven con ánimo de relanzar su trayectoria, después de años yendo por libre, sin mánager ni compañía discográfica, dejándose llevar por ese espíritu un tanto hippy que impregna su forma de ver el mundo.

Terra es un disco muy variado, en cuanto a sonidos y temáticas, o como dice Teo, “muy ecléctico, hemos hecho lo que nos apetecía, dentro siempre del estilo de Cómplices”. Tiende a las baladas -aunque arranca con la vigorosa “Llámame”- y combina en sus letras mensajes de amor y otros de contenido social. Ese tema que abre el álbum “es un canto de socorro”, añade Teo. “Tiene que ver con la mentira que vivimos. Tenemos una forma de comunicación maravillosa y hay más suicidios que nunca, más gente sola, más gente outsider”. Interviene ella: “La gente joven no se llama. A mis hijos les digo: ‘¡Pero llama!’, porque no usan el móvil para hablar”.

En “Lo siento” es María quien lleva la voz principal, y no es casual. “Lo que quiero decir en esa canción es: no estés con alguien que no merece tu amor”, explica. “Aún hay muchas mujeres que están sufriendo al lado de hombres y no sé por qué. Hay que acabar con eso. No vale la pena estar con alguien en quien no puedes confiar y que en el fondo es un chulo. Es un tema feminista”. Asegura que la grabó en pijama a las cuatro de la mañana en el cuarto de baño. “Me levanté, y Teo, que estaba trabajando en el estudio, me dijo: ‘¿Por qué no te haces una toma?’. La hice, y quedó muy bien”.

El álbum incluye dos homenajes. “Soy payo”, en la que colaboran Josemi Carmona, Pablo Salinas y Juan Parrilla, destila admiración por los gitanos y el arte flamenco. “Vengo a decir: ‘Soy payo y lo que me gustaría es ser como tú”, describe Teo. “Es una declaración de amor al flamenco”. Un género que él conoce bien, ya que fue productor de Ray Heredia (de su mítico disco Quien no corre, vuela, de 1991, que incluía la preciosa “Alegría de vivir”), Ketama y Martirio y colaboró estrechamente con el sello Nuevos Medios, lanzadera del nuevo flamenco (y en el que grabó, por cierto, con Golpes Bajos). El otro tributo es a The Beatles en “John, Paul, George y Ringo”. “No pasan de moda”, añade.

En cuanto a las canciones de amor, como “Tú y yo”, resulta inevitable confrontarlas con su propia relación. Teo y María llevan 38 años juntos. “En una relación tan larga hay momentos buenísimos, momentos horribles… Por eso tenemos canciones de amor y de desamor”, dice él. “Es como una carrera: hay momentos bajos y momentos estupendos. No creo en la felicidad continua ni en la depresión continua. La vida es un largo camino. Estamos orgullosos de seguir juntos a estas alturas en un mundo cada vez menos fiel. Hay muy pocas parejas que duren tantos años. Nosotros… y Mick Jagger y Keith Richards”, dice entre risas.

Parte esencial de este retorno de Cómplices son sus conciertos. En su opinión, las bandas que empezaron en los ochenta tienen ahora tanto tirón porque “sus canciones son inolvidables para toda una generación que reclama ese derecho al recuerdo. Son canciones con las que la gente ha vivido muchísimas experiencias”, barrunta Teo. Tanto es así, que, como desliza María, “en México hay muchos niños que se llaman Teo y María, y nos hace mogollón de gracia”. Forman parte del cartel del festival Locos por la Música del 26 de abril en el estadio Santiago Bernabéu, también de la gira Love The 90s (Madrid, Valencia y Barcelona) y recorrerán toda España y actuarán en Colombia. “Tocar en directo es lo que nos queda”, señala Teo. “Es la principal fuente de ingresos de las bandas, lo único rentable.

Siniestro Total: Despedida

La mejor banda de rock de España y una de las mejores de Galicia, por este orden, deja para siempre los escenarios este fin de semana en Madrid con dos conciertos, viernes y sábado, en los que repasarán su trayectoria junto a los miembros que han formado parte del grupo.

Siempre se van los mejores. Primero Feijóo, ahora ustedes...No, Feijóo no se va, a Feijóo lo exportamos. La exportación en Galicia es una cosa muy arraigada desde tiempos inmemoriales.

Siniestro nació con el punk, que se asocia a la falta de apego al trabajo. Pero ustedes llevan cuarenta años de conciertos, cuarenta discos... Sí, en parte es por eso por lo que se fue Miguel Costas, por el stajanovismo del grupo. Y estos ensayos están siendo muy duros. Wyoming decía, y tiene toda la razón, que nuestro afán es no dar un palo al agua, pero nos matamos a currar para no dar un palo al agua. Es totalmente contradictorio, pero es verdad.

No se trata de coger una canción porque nos mole, sino porque nos da una pista sobre una historia. Como esas postales de Galicia con varias fotos: una mariscada, unos gaiteiros, el hórreo de Carnota y una banda con el lema "Terra Meiga" o "Miña terra galega". Esa era la idea. Con Sweet home Alabama ya estaba contada media historia.

A través de toda su trayectoria, y no sólo por 'Miña terra galega', han transmitido una imagen de Galicia muy distinta a la que recogen los tópicos, incluidos los que reflejan un pueblo de lamentos y lloriqueos.

Estar en dos grupos tan diametralmente distintos y hasta opuestos no tenía sentido. Pero la cara, la imagen y la voz de Siniestro era él. Se comió medio mundo. Es curioso porque de verdad interiorizaba las letras, era más que interpretarlas. La primera vez que tocamos en directo Matar hippies en las Cíes agarró el micrófono y grito "¡Exterminio!". Retumbó todo el cine Salesianos e hizo que se fueran las doce personas que había. Sólo quedaron cuatro amigos tirando octavillas.

Siempre lo he pensado, y por eso digo que la influencia de El último vals es mucha.

Eso de reinventarse, que es la palabra que se utiliza para esos cambios de chaqueta, refleja cierta inseguridad con respecto al mercado, porque si el mercado te tiene sin cuidado, no hay problema. Lo que sí es muy malo es haber estado juntos cuarenta años. Los Hombres G se separaron cuando empezaba a caer su estrella. De repente se reunieron otra vez y fue un bombazo. Si nosotros hubiéramos hecho lo mismo, nos habríamos forrado.

Prácticamente siempre, sí. Alguna vez nos dijeron si era una canción contra el Islam, por Charlie Hebdo. Pero la canción acaba diciendo "Ayatolah, mola", con lo cual estamos cubiertos. Arderíamos antes en la plaza de San Pedro por un auto de fe. El éxito de la canción fue gracias a Jesús Ordovás, que fue quien lo inventó todo. Las canciones que puso de la primera maqueta se quedaron ahí, como iconos.

Nosotros éramos más de pajas, tintorro y blues. No pillábamos muy bien el sentido de las cosas. En lo del sexo veníamos de una época jodida, en la que empezaban a llegar cosas más duras en materia de drogas, pero nosotros éramos de alcohol. Además era la época de las vacas gordas, llegabas a los camerinos y había dos cajas de cervezas, botellas de whisky, ron, vodka, ginebra... Era lo normal, una barbaridad de alcohol. Con los recortes todo cambió, ahora sólo hay infusiones.

Un día fuimos a tocar a Tordesillas, después de la prohibición del Toro, y uno de la organización me vino dijo si podíamos no tocar Alégrame el día, que podía herir la sensibilidad de alguien. Le respondí: "Mira, no íbamos a tocarla, pero ahora que me lo has recordado, pues la tocamos". Mentí, porque algo teníamos preparado, pero la tocamos y no pasó nada. Y no tiene que pasar nada. En Mallorca nos pasó algo parecido con Cuánta puta y yo qué viejo.

Claro. Eso fue cuando Herri Batusana, y en Galicia el BNG, aceptaron el rock como música no imperialista. Ese fue un gran problema, hubo que explicarles que el blues venía de los negros, de Mississippi, de los irlandeses que tuvieron que emigrar... Costó un montón, y fue gracias a Radio Océano, y sobre todo de Os Resentidos, que tenían pedriguí, que no eran sólo un grupo de rock, sino un grupo de vanguardia, como Cabaret Voltaire, o como The Residents, qué sé yo. Pero es curioso lo de los grupos vascos, con esa identidad tan asentada, de creérselo tanto.

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