Isabel de Portugal: Esposa de Carlos I de España y Emperatriz Consorte
El 1 de mayo de 1539, Carlos V sufrió la peor derrota de su vida al enfrentarse a la prematura muerte de Isabel de Portugal, su esposa y colaboradora, a quien él mismo calificaba como su “ayudadora”.
Infancia y Juventud de Isabel de Portugal
Isabel fue la segunda de los diez hijos nacidos del matrimonio entre el monarca portugués Manuel I el Afortunado y María de Aragón, hija de los Reyes Católicos. La corte de Manuel I era, por entonces, la más opulenta de Europa. En ella Isabel desarrolló interés por todo tipo de aprendizaje y un carácter independiente y decidido. Fue una infancia rica en experiencias y feliz en compañía de sus muchos hermanos.
Por entonces, Isabel tenía catorce años, pero ya se la tenía por una de las princesas más preparadas de Europa. Además, era muy bella. De los Trastámara castellanos había heredado la tez clara y los ojos garzos, y de los Avis, la elegancia en las formas.
Fue entonces cuando entró en acción un personaje decisivo: Leonor de Habsburgo, hermana de Carlos I y tercera esposa de Manuel I. Las campañas militares habían esquilmado las arcas de los Austrias, y la alianza con la riquísima Corona lusa era una iniciativa muy apetecible.
Finalmente, en 1525 se celebró el matrimonio entre Juan y Catalina, pero la falta de acuerdo sobre la dote de Isabel pareció hacer inviable su compromiso con el emperador.
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La emperatriz Isabel era hija del rey de Portugal, don Manuel El Afortunado y de la Infanta de Castilla doña María y, por tanto, era nieta de los Reyes Católicos Isabel y Fernando. Desde muy joven, había recibido una excelente educación y era una ferviente lectora.
Su madre, María, la cuarta hija de los Reyes Católicos, tuvo una formación extraordinaria, junto a los instruidos Luis Vives y Beatriz Galindo. También ella procuró la mejor formación para sus hijos, especialmente para Isabel, quien pronto aprendió de la mano del humanista Gil Vicente, a hablar y traducir el latín, a tocar varios instrumentos, y a leer los clásicos, incluyendo libros de filosofía estoica como los Pensamientos de Marco Aurelio.
Matrimonio con Carlos I
En enero de 1526 Isabel cruzó la frontera por Badajoz para, dos meses después, llegar a Sevilla, donde el 11 de marzo se celebró el matrimonio. Todo indica que fue un amor a primera vista. La historia parece confirmar su impresión.
El matrimonio de Isabel con Carlos I tuvo lugar el sábado 10 de marzo de 1526 en el salón de Embajadores de los Reales Alcázares de Sevilla. El matrimonio de Carlos e Isabel supuso para los reinos de España y Portugal una fuerte alianza política, especialmente en los temas marítimos en el océano atlántico.
Carlos I de España y V de Alemania, conoció a su prima, Isabel de Portugal, sólo un par de horas antes de casarse con ella. Pero la increíble belleza de su prima se apoderó de él. Más tarde le enamoraron su templanza, su serenidad y sabiduría. Tanto confiaba en su esposa, que, pese a ser mujer, la dejaba a cargo de los asuntos de Estado durante sus ausencias para atender conflictos en las fronteras de su imperio. Con su Isabel, tenía suficiente.
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Los esposos eran ardorosos amantes e incluso llegaron a cambiar sus estrictos hábitos durante esa dorada luna de miel. Dicen que el emperador ya no madrugaba, que se despertaba casi a las 11, y que apenas dormía por la noche… El primogénito, que reinaría como Felipe II, fue concebido precisamente durante la luna de miel en Granada.
«Las crónicas apuntan a que pudo ser el 31 de agosto de 1526, tras una calurosa jornada de caza en Santa Fe».
Durante los primeros años del feliz matrimonio, estando instalada la corte en Granada, el emperador ordenó plantar en los jardines del Mirador de Lindaraja unas semillas persas como símbolo de amor por su esposa. Al poco tiempo las desconocidas semillas florecieron y la ciudad se llenó de claveles rojos. Es por ello que a Isabel se la conoce como la “emperatriz del clavel”.
No obstante, debido a las ausencias del rey Carlos fuera de España para atender los asuntos itálicos, los centroeuropeos y su coronación por el Papa como emperador, la reina Isabel fue nombrada por el propio rey, regente de España por lo que tuvo que gobernar como reina y emperatriz con un conocimiento profundo de la política, la economía y sociedad de la época.
Descendencia
Pocos días después, los recién casados se trasladaron a Granada, una ciudad que cautivó a la nueva reina. Sin embargo, nueve meses después la pareja tuvo que abandonar Granada para ir a Valladolid. El largo viaje en pleno invierno fatigó a la emperatriz, embarazada de pocos meses.
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Fue allí donde el 21 de mayo de 1527 dio a luz a su primer hijo, el futuro Felipe II. A este le siguieron Fernando, en 1528, y un tercer varón que tampoco alcanzó la edad adulta, Juan, en 1530. Solo durante el nacimiento del primogénito y de María tuvo Isabel a su marido a su lado.
El hijo primogénito de Isabel y Carlos sería el futuro Felipe II, que nación en Valladolid en 1527. El parto no fue fácil; consciente de su rango, Isabel mandó que le taparan la cara, para que nadie la viera sufrir.
Rol Político como Gobernadora
Las obligaciones militares del emperador multiplicaban sus ausencias, y la emperatriz afrontó en solitario experiencias tan dolorosas como la muerte de sus hijos. Pero su papel político cobró mayores dimensiones cuando Carlos I la nombró “lugarteniente general y gobernadora” del reino durante sus ausencias.
No solo Isabel de Portugal ejerció como gobernadora de los diversos territorios del Imperio, sino también las hermanas y las nietas del emperador. En la decisión pesó la excelente preparación de todas ellas, pero es muy posible que también influyera la historia familiar, ya que el emperador era nieto de dos soberanas por derecho propio, María de Borgoña e Isabel la Católica.
Incluso su propia madre, Juana de Castilla, fue soberana, si no de facto, sí de iure, ya que, mientras vivió, compartió con su hijo la Corona de Castilla.
La primera vez que Isabel actuó como gobernadora fue en 1529, cuando el emperador se desplazó a las Cortes de Monzón para que la asamblea del reino de Aragón jurara al futuro Felipe II como heredero. Isabel cumplió con sus deberes de acuerdo con las líneas maestras de su esposo.
Así lo demuestra el epistolario que se cruzaron o las instrucciones con las que, en 1528, el emperador había preparado a Isabel para el cometido. La soberana desempeñó una labor política que redundó en la pacificación del reino y la mejora de las relaciones con Portugal.
Al igual que Isabel se ocupo personalmente de la formación de sus hijos también tuvo una enorme preocupación por la educación y bienestar de los indios en las Américas, llevando a cabo la fundación de modernos hospitales, similares al Hospital de San José, que fundó Cortés.
No obstante, durante su reinado, Carlos e Isabel tuvieron que enfrentarse a graves problemas, entre ellos la rebelión de los comuneros debida a que las libertades adquiridas por las villas e instituciones de la Castilla de los Reyes Católicos, chocaron con los privilegios y modos autoritarios de la corte flamenca que acompañó a su nieto Carlos I a España.
Muerte y Legado
Lo hizo hasta 1539, cuando, nuevamente embarazada, contrajo una pielonefritis gravídica. Las fiebres altísimas y la infección debilitaron su organismo y dieron lugar al parto prematuro de un varón que no logró sobrevivir.
La salud de Isabel se fue debilitando, por sus sucesivos alumbramientos y abortos, por la pérdida de algunos de sus hijos, y sobre todo, según cuentan los historiadores, por las frecuentes ausencias de su marido, que debía atender los asuntos de un vastísimo imperio, en el que nunca se ponía el sol.
Dicen que conservó la lucidez y el habla hasta el último momento y que se durmió para siempre con un crucifijo entre las manos. También dicen que el Emperador no llegó a tiempo para despedirse de ella.
Hundido, su viudo presidió el funeral en San Juan de los Reyes. Luego delegó en el cardenal de Toledo su representación para cualquier otro acto y se retiró al monasterio jerónimo de Santa María de la Sisla, en las inmediaciones de la ciudad imperial.
El muchacho no soportó el trance y le fue imposible continuar camino. El cortejo llegó a Granada el 16 de mayo. Una vez en la catedral, se abrió el ataúd para reconocer el cadáver, pero Francisco de Borja se vio incapaz de certificar que era el de Isabel. El calor y el camino habían acelerado la descomposición y borrado las facciones de la emperatriz.
La de Granada no fue la sepultura definitiva de Isabel de Portugal. El 6 de febrero de 1574, Felipe II mandó inhumar los restos de su madre junto a los de su padre bajo el altar mayor de la basílica del monasterio de San Lorenzo de El Escorial. No obstante, su bisnieto Felipe IV ordenó el traslado de ambos cuerpos al Panteón de Reyes, o Cripta Real, del monasterio. Allí, frente a frente, descansan ambos hoy. En la urna que contiene los restos de Isabel se lee una escueta inscripción: “ELISABETH. EMP. ET REG.”.
La emperatriz Isabel falleció en Toledo el 1 de mayo de 1539; su espeso el Emperador Carlos, se abrazó al cadáver con tal fuerza que no conseguían separarlo y gritó desconsolado: ¡Dejadme que he perdido todos mis bienes!
Carlos nunca volvió a casarse, y años antes de morir, abdicó el imperio renunciando en favor de su hijo y su hermano y entregándose a la oración retirado en un monasterio. Cuando llegó al Monasterio de Yuste en 1557, las campanas se echaron al vuelo para celebrar la llegada de un gran hombre, pero él se limitó a decir “Ya me basta el nombre de Carlos. He dejado de ser emperador”. Lo primero que ordenó fue colocar en su aposento el retrato de su esposa que había pintado Tiziano.
Tabla Cronológica de la Vida de Isabel de Portugal
| Año | Acontecimiento |
|---|---|
| 1503 | Nacimiento de Isabel en Lisboa |
| 1517 | Fallecimiento de su madre, la reina María |
| 1526 | Matrimonio con Carlos I en Sevilla |
| 1527 | Nacimiento de Felipe II en Valladolid |
| 1529 | Primera vez como gobernadora durante las Cortes de Monzón |
| 1539 | Fallecimiento en Toledo |
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