Hijos del Odio: Un Resumen Detallado
Los niños y jóvenes son mayoritariamente víctimas de malos tratos, pero en ocasiones actúan como verdugos con sus progenitores. En los últimos años, en los juzgados y Fiscalía de Menores se ha constatado un preocupante aumento de las denuncias a menores por malos tratos físicos (que conllevan psíquicos y efectivos) a las figuras parentales (casi exclusivamente a la madre).
Dichas inculpaciones son presentadas por vecinos, partes médicos de los hospitales y puntualmente por la víctima, la cual cuando llega a la Fiscalía de Menores a pedir "árnica" es que ha sido totalmente desbordada y derrotada, viene con la honda sensación de haber fracasado como padre y con un dolor insondable por denunciar a su hijo, sabedor de que la Justicia pudiera domeñar esa conducta, pero difícilmente equilibrarla.
I. La Sórdida Cotidianeidad de los Abusos
La sórdida cotidianeidad de estos abusos en el seno de lo que debiera ser un hogar cercena cualquier convivencia. Sin embargo este "cáncer relacional" sólo despierta la alerta colectiva cuando salta a los medios de comunicación un parricidio. Entonces como en todos los hechos que concluyen en muerte, la sociedad vuelve a sorprenderse por la frialdad con que los niños cuentan sus actos violentos y por la aparente falta de móviles o razones para efectuarlos.
Topamos con una terca y cruel realidad, estos niños no aquilatan el valor de una vida, su riqueza, su particularidad, por eso no son absolutamente responsables de sus actos, porque no evalúan lo que dañan. Y es que hemos de diferenciar entre la imputabilidad, concepto jurídico, que se establece cronológicamente, por ejemplo en España todavía lo es para los mayores de 16 años.
La conciencia, es verificable que desde muy corta edad, se conoce lo que se hace. La responsabilidad, depende de cada sujeto, pero en todo caso requiere una maduración cognitiva y afectiva, lo que conlleva un aprendizaje (de respuestas alternativas ... ) y un desarrollo (de los estadios morales KOHLBERG ... ).
Lea también: Vida y Política de Martínez Mínguez
Existen niños, que por causas sociales (anomía, cristalización de clase, etiquetaje, presión de grupo, profecía autocumplída, etc.) conforman una personalidad patológica, pero la etiología está muy lejos de ser cromosómica, Lombrosiana, etc. El estudio del genoma humano, demostrará que el delincuente no nace por generación espontánea, ni por aberración genética.
Esta personalidad resulta ser definida como psicoticismo o dureza emocional. Son niños que no traslucen sentimiento por el sufrimiento ajeno, que no se ponen en su lugar, que niegan o desplazan responsabilidad, que buscan su propio placer, son personalidades refractarias al afecto, a la amistad, tienen miedo a sufrir nuevas decepciones y daños psíquicos, se encierran en sí, viven negativamente las intenciones ajenas y se defienden atacando, son sancionados pero no aceptados, lo que retuerza su posicionamiento. Nos encontramos con un autismo afectivo, el futuro se ensombrece.
II. Perfil del Vástago Agresor
Volviendo a ceñir nuestra atención en los vástagos agresores, vemos que resulta inviable apuntar una Estadística cuantificadora fiable, dada la más que incalculable pero seguro amplia cifra de conductas de este tipo no denunciadas, y que sólo se interviene judicialmente en aquellas en que hay constancia de secuelas físicas de agresión.
Respecto al Perfil, se trata de un menor varón (1 de cada 10 son chicas) de 12 a 18 años (con una mayor prevalencia del grupo 15-17) que agrede primordialmente a la madre. Adolecen hasta del intento de comprender qué piensa y siente su interlocutor "domado".
Categorías de Conductas
- Tiránicas: Son aquellas cuya finalidad es causar daño y/o molestia permanente. La incomprensión como axioma. Se utiliza la amenaza y/o agresión para dar respuesta a un hedonismo y nihilismo creciente.
- De Utilización.
- De Despego: En la que se Transmite que profundamente no se les quiere.
Tipos de Agresores
- Hedonistas-Nihilistas: Su principio es "primero yo y luego yo", unos utilizan la casa como hotel (los fines de semana los pasan fuera), entienden que la obligación de los padres es alimentarles, lavarles la ropa, dejarles vivir y subvencionarles todas sus necesidades o mejor dicho demandas. El no cumplimiento de sus exigencias supone el inicio de un altercado que acaba en agresión.
- Patológicos: Bien sea por una relación amor-odio, madre-hijo, con equívocos, más allá de los celos edípicos, en algún caso con relaciones incestuosas.
- Con violencia aprendida: Como aprendizaje vicario desde la observación, ya sea porque el padre (por ej. alcohólico) también pega a la madre para conseguir su líquido elemento; o como efecto "boomerang" por haber sufrido con anterioridad el maltrato en su propio cuerpo, la continencia pulsional de padres sin equilibrio, ni pautas educativas coherentes y estables.
Todos los tipos tienen nexos de confluencia, tales son: Los desajustes familiares, la "desaparición" del padre varón (o bien no es conocido, o está separado y despreocupado, o sufre algún tipo de dependencia o simplemente no es informado por la madre para evitar el conflicto padre-hijo, si bien la realidad es que prefiere no enterarse de lo que pasa en casa en su ausencia). No se aprecian diferencias por niveles socio-económico-culturales. Los elicitadores que provocan la erupción violenta son nimios.
Lea también: Banderas: familia más allá de la sangre
La tiranía hace años que inició su carrera ascendente. El hijo es único, o el único varón, o el resto de los hermanos más mayores han abandonado el hogar. En la casi totalidad de los casos no niegan su participación, es más la relatan con frialdad y con tal realismo que impresiona sobremanera.
Causas
Las Causas son: Una sociedad permisivo que educa a los niños en sus derechos, pero no en sus deberes, donde ha calado de forma equivoca el lema "no poner limites" y "dejar hacer", abortando una correcta maduración. El cuerpo social ha perdido fuerza moral, desde la corrupción no se puede exigir. Se intenta modificar conductas, pero se carece de valores.
Respecto a los medios de comunicación y primordialmente a la T.V., es incuestionable, que la "cascada" de actos violentos (muchas veces sexuales) difuminan la gravedad de los hechos. La T.V. es utilizada por muchos padres como "Kanguro", el golpeo catódico continuado invita ocasionalmente a la violencia gratuita y en general adopta una posición amoral al no definir lo que socialmente es adecuado, de lo inaceptable. Nos rodea un alto grado de zafiedad y mal gusto.
No se ha de desplazar toda la responsabilidad a los medios de comunicación, cuando hay una "moda de inmoralidad". Cuando los padres han dejado en gran parte de inculcar lo que es y lo que debe ser. Es labor de los padres hablar con sus hijos, escucharles y preocuparse por ellos, conocer con quien y donde andan, decir en alguna ocasión, NO.
Hay padres que no sólo no se hacen respetar, sino que menoscaban la autoridad de los maestros, la policía o de otros ciudadanos cuando, en defensa de la convivencia, reprenden a sus descendientes. Los roles parentales clásicamente definidos, se han diluido, lo cual es positivo si se comparten obligaciones y pautas educativas, pero resulta pernicioso desde el posicionamiento abandónico y el desplazamiento de responsabilidades.
Lea también: Biografía de Cornelia
Hay miedo, distintos miedos: el del padre a enfrentarse con el hijo, el de la madre al enfrentamiento padre-hijo. El de la urbe a recriminar a los jóvenes cuando su actitud es de barbarie (en los autobuses, metro ... ). Caemos en la atonía social, no exenta de egoísmo, delegando esas funciones a la policía, a los jueces, que actúan bajo "el miedo escénico". Así el problema no tiene solución.
La dureza emocional crece, la tiranía se aprende, si no se le ponen limites, hay niños de 7 años y menos que dan puntapiés a las madres y estas dicen "no se hace" mientras sonríen, o que estrellan en el suelo el bocadillo que le han preparado y posteriormente le compran un bollo. A las penosas situaciones en las que un hijo agrede a su progenitor no se llega por ser un perverso moral, ni un psicópata, sino por la ociosidad no canalizada, la demanda perentoria de dinero, la presión del grupo de iguales... pero básica y "sine qua non" por el fracaso educativo y específicamente en la transmisión del respeto y si no ¿porqué en la etnia gitana no acontecen estas conductas, muy al contrario se respeta al más mayor?
Evolución
La tiranía se convierte en hábito o costumbre, cursa "increscendo", no olvidemos que la violencia engendra violencia. La frecuencia de las persecuciones por la casa, de la rotura del mobiliario, de los golpes, patadas a la madre, la intensidad de las humillaciones, vejaciones de todo tipo se incremento, se pasa al robo en el domicilio, amenaza con cuchillos... Las exigencias cada vez mayores obligan necesariamente a decir un día No, pero esta negativa ni es comprendida, pues en su historia vivida no han existido topes, ni es aceptada, pues supondría validar una revolución contra el "status quo" establecido. La presión, a estas alturas, de la desviada evolución impele a las conductas hetero y auto agresivas. El No es "consustancialmente" inaceptable.
Intervención
La situación, cuando llega a los Juzgados de Menores suele ser de tan intensa gravedad, que no cabe otra solución inicial que el internamiento. Poner límites, que los actores constaten que la sociedad se defiende de esas actuaciones. Frenar una posible generalización de esas conductas, si bien hemos constatado que muchos de estos jóvenes se comportan así, sólo en casa, no trasladando los problemas con el grupo de pertenencia, al de referencia.
Los menores son conscientes de que obran mal, que su forma de conducirse es reprobada por todos, prueba de ello es que jamás dicen en el Centro, su razón de internamiento, sino que aducen que son pandilleros, que roban "loros"... Obviamente el internamiento es el paso previo y ya aprovechado para una terapia profunda y dilatada, donde reequilibrar su comportamiento y percepción del mismo, actitud hacia los otros, etc.
Finalmente esta psicoterapia de corte sistémico incluye a las distintas figuras que componen el núcleo familiar (evitando la vivencia del "chivo expiatorio"), abordando los conflictos, implementando otras habilidades de resolución de problemas, de relación, aportando pautas coherentes para reeducar basadas en el razonamiento, etc.
En los casos de agresión a los padres, si estos depositan toda su confianza en que la única intervención de la justicia de Menores dará cumplida solución al problema, hemos de reseñar que dicha expectativas, se verán frustradas.
En este orden penal, tendemos en lo posible a que el agresor pida perdón o realice reparaciones, como la limpieza de vagones del metro manchados con grafittis; o efectúe un trabajo en beneficio de la comunidad, tal como la limpieza de parques por grupos que han realizado destrozos... En el supuesto que analizamos cabe una función mediadora-conciliadora, está recomendada una Libertad Vigilada (L.V.) con amplia duración temporal (bien que dé continuidad a la medida de Internamiento dejándola en suspenso, bien como alternativa al no hacerse imprescindible el "sacar" al menor del foco conflictivo).
Sin embargo es función que escapa al ámbito de la justicia, reestructurar las relaciones paterno-filiales, por lo que la medida de L.V. se llenará de contenido con la asistencia del grupo familiar a psicoterapia, bien sea al Centro de Salud Mental que le corresponda o a otra institución privada, pero donde se constate la evolución, allí sí se pueden establecer contratos conductutales y emplear otras técnicas y métodos durante las sesiones precisas, no compatibles con el objeto y la inmediatez inherente a la Administración de Justicia.
III. Educar para Prevenir
Hemos de Educar a nuestros jóvenes y desde su más tierna infancia, hay que enseñarles a vivir en sociedad. Por ello han de ver, captar y sentir afecto, se les ha de transmitir valores como el amor por la vida y la solidaridad, se les ha de ilusionar. Educar en el respeto, en la capacidad de diálogo y debate. Desarrollar la deseabilidad social.
Hay que aportarles un bagaje de habilidades sociales para solucionar problemas interpersonales, como es saber aceptar y reconducir la frustración, diferir las recompensas y respuestas, anticipar consecuencias de los actos realizados. Hay que enriquecer el patrimonio psicológico, mediante la capacidad introspectivo, alimentar el autodominio, desarrollar el mediador verbal, lograr un alto grado de flexibilidad cognitiva, racionalidad, equilibrio, locus de control interno y buena autoestima.
Hay que desarrollar la voluntad, el esfuerzo. Acrecentar una responsabilidad progresiva. Entendemos esencial formar en la Empatía, haciéndoles que aprendan a ponerse en el lugar del otro, en lo que siente, en lo que piensa. La empatía es el gran antídoto de la violencia, no hay más que ver el menor índice de agresividad en las mujeres y relacionarlo con el aprendizaje que reciben de niñas.
Hacerles ver que en el "yo y mis circunstancias" de Ortega, la persona tiene la última palabra. Que para ser felices es necesario seguir la máxima del frontispicio de Delfos "conócete a ti mismo" y ayudar a los demás. Precisamos mucha más imaginación para motivar a nuestros niños, sin el estimulo vacío de la insaciabilidad. Hemos de ecologizar la respuesta. Y preocuparnos por el menor que está en riesgo social, no sólo por el que es un riesgo social.
Desde la red social, conformada por los Recursos Sociales y la urdimbre ciudadana de Asociaciones ayudaremos a las Familias (niño-familia-contexto) a que mantengan una estructura equilibrada, reduciendo los desajustes, facilitando que impere la coherencia.
tags: #hijos #del #odio #resumen