Infección Urinaria en Lactantes: Causas, Síntomas y Tratamiento

26.12.2025

La infección del tracto urinario (ITU) es una de las infecciones bacterianas más frecuentes en la infancia. El pediatra debe poseer las competencias necesarias para tratar y realizar el seguimiento del niño con infección urinaria. Las infecciones urinarias son comunes en los niños y ocurren cuando las bacterias ingresan al tracto urinario y se multiplican, lo que puede afectar a vejiga o riñones. Aunque son más frecuentes en niñas, los niños también pueden sufrirlas. La prevalencia de infección urinaria es mayor en los lactantes y en varones de menor edad para aumentar en mujeres en edades posteriores.

¿Qué es la Infección Urinaria?

La definición de infección urinaria hace referencia a la colonización y posterior multiplicación de microorganismos en el aparato urinario (habitualmente estéril), asociada a sintomatología que puede ser específica o inespecífica dependiendo de la edad. La infección urinaria surge de la interacción entre microorganismos de la flora intestinal, que colonizan el área perineal, y los mecanismos protectores del huésped que determinan una reacción inflamatoria en el tracto urinario que puede ocasionar daño parenquimatoso.

Podemos distinguirlas entre dos tipos de infecciones urinarias: las de las vías altas (riñones) y las vías bajas (uréteres, vejiga y uretra). En función de la localización, se puede dividir clásicamente en: alta (afectación del parénquima renal y/o pelvis renal recibiendo el nombre de pielonefritis aguda [PNA]) o baja (afectación de la vejiga urinaria y/o uretra recibiendo el nombre de cistouretritis).

  • Cistitis: Afecta a la parte inferior del aparato urinario, es decir a la uretra y la vejiga. Es, de estas dos, la menos grave. Es una infección de las vías bajas o vejiga que no es tan grave como la pielonefritis, pero sí bastante dolorosa y molesta. En este caso, los síntomas son dolor en el área del abdomen inferior y una sensación constante de tener que orinar. ITU localizada únicamente en las vías urinarias.
  • Pielonefritis: Es mucho más perjudicial, se diferencia de la primera en que la infección acaba afectando a los riñones. Se trata de una infección potencialmente grave que puede dejar daños irreversibles en el riñón y por ello, se deben reconocer los síntomas lo más pronto posible para recibir atención médica de forma urgente. ITU que afecta al parénquima renal. (fiebre) y local variable.
  • Uretritis: Es una inflamación e infección de la uretra, el conducto que transporta la orina desde la vejiga al exterior del cuerpo.

Causas de la Infección Urinaria en Lactantes

La causa de una infección urinaria en bebés es la presencia de bacterias en la orina. Las infecciones urinarias son causadas por bacterias de origen intestinal que se encuentran en la zona perianal. En condiciones normales, el tracto urinario es estéril. El mecanismo de producción de ITU más frecuente es la vía ascendente, debido a la colonización de microorganismos derivados del aparato digestivo que llegan a la vía urinaria a través de la uretra, con la posibilidad de llegar hasta el tejido renal.

Entre los factores dependientes del huésped, cabe mencionar que todas aquellas condiciones que dificulten la correcta eliminación de la orina aumentan notablemente el riesgo de infección urinaria (alteraciones anatómicas del tracto genitourinario, reflujo vesicoureteral, fimosis, disfunción vesical, hábito retentor, persistencia de residuo miccional, estreñimiento…), así como los hábitos higiénicos del aparato genital.

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Clásicamente, el microorganismo más frecuente implicado en las ITU ha sido el E. Coli (responsable de hasta el 80% de los casos). Como ya se ha comentado, el microorganismo más frecuente causante de ITU es Echerichia coli, debido a su alto tropismo por el aparato urinario gracias a las fimbrias de su cápsula, entre otras características.

Síntomas de la Infección Urinaria en Lactantes

La sintomatología puede ser muy variada y es cambiante a lo largo de la infancia. Depende también del control de esfínteres y de la localización de la infección. No obstante, la mayoría de los síntomas aislados son poco precisos para confirmar o descartar una infección urinaria. En los menores de 2 años, es común la fiebre, irritabilidad, orina con olor fuerte o la falta de apetito.

Es importante tener en cuenta que los síntomas de este tipo de infecciones pueden diferir en bebés y niños muy pequeños. Estos suelen presentar indicios vagos como irritabilidad, falta de apetito o letargo. La sintomatología de la ITU varía en función de la edad. En lactantes y niños pequeños, los síntomas suelen ser inespecíficos (rechazo de tomas, irritabilidad, vómitos, decaimiento…), mientras que en niños mayores, la presencia de sintomatología específica del aparato urinario es más frecuente (dolor lumbar, disuria, hematuria, polaquiuria).

En los lactantes, las infecciones de orina suelen ser siempre de las vías altas y se manifiestan principalmente con fiebre sin ningún otro síntoma evidente. La fiebre se considera un marcador de afectación del parénquima renal, aunque puede estar ausente en lactantes menores de 90 días aun con afectación parenquimatosa(5). La fiebre mayor de 39ºC de más de 48 horas de evolución en pacientes menores de 2 años se considera el dato clínico más útil de ITU.

Otros síntomas incluyen:

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  • Ictericia intensa.
  • Fiebre sin causa aparente.

Diagnóstico de la Infección Urinaria

Ante la sospecha clínica de infección urinaria es necesario utilizar métodos biológicos que confirmen el diagnóstico. El diagnóstico surge de la sospecha clínica y se apoya en las pruebas complementarias, fundamentalmente los análisis de orina. La piedra angular del diagnóstico es el urocultivo, que debe realizarse siempre antes de iniciar cualquier tratamiento antibiótico. El patrón de oro que demuestra la presencia de gérmenes en la orina es el urocultivo.

El método ideal para la recogida de una muestra de orina fiable sería aquel que fuese fácil de realizar, que minimice las posibilidades de contaminación, costo-efectivo, disponible en los entornos clínicos habituales y además que sea aceptable para niños y cuidadores. En los niños que aún no controlan esfínteres el método de recogida se evaluará en función del grado de sospecha y gravedad de la situación clínica. En bebés recién nacidos y neonatos, la punción suprapúbica es una opción, donde se extrae la orina con una jeringa y aguja insertada en el abdomen, preferiblemente bajo guía ecográfica.

El análisis inicial de orina mediante tira reactiva puede detectar leucocitos y nitritos, aunque su sensibilidad es menor en niños menores de dos años. La presencia combinada de nitritos y esterasa leucocitaria en la tira reactiva aumenta significativamente la probabilidad de infección, con un valor predictivo negativo del 96-100% cuando ambos son negativos.

Para lactantes con fiebre y niños mayores con síntomas de pielonefritis, se recomienda realizar análisis de sangre para evaluar la función renal y detectar signos de infección bacteriana grave. En la analítica sanguínea, el aumento conjunto de PCT (procalcitonina) > 0,85 ng/ml y PCR (proteína C reactiva) > 35 mg/L apoya la presencia de daño parenquimatoso, siendo improbable si la PCT es < 0,5 ng/ml y/o la PCR < 20 mg/L y VSG < 10 mm/h.

En cuanto a técnicas de imagen, la gammagrafía renal con Tc-99 es la prueba de referencia para confirmación de pielonefritis, pero debido a la radiación de la técnica y a la falta de disponibilidad en todos los centros, no se recomienda realizarla de rutina en todos los casos en fase aguda. La ecografía renal, aunque de escasa utilidad para la localización de la infección puede ayudar en el diagnóstico de alteraciones anatómicas de base.

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Tabla 2. Métodos de recogida de muestra de orina.

Tira reactiva y sistemático de orina: analizan la presencia de esterasa leucocitaria y de nitritos. Su negatividad prácticamente descarta el diagnóstico de infección urinaria y la positividad de ambos incrementa la verosimilitud del diagnóstico clínico, aunque en ningún caso puede sustituir al cultivo de orina.

Sedimento de orina y análisis por citometría de flujo: permiten cuantificar los leucocitos (son significativos a partir de 5-10 leucocitos/campo o por mcl según la técnica), hematíes y bacterias. También detectan la existencia de cilindros que orientan al diagnóstico de pielonefritis.

Examen microscópico en fresco: puede detectar la presencia de bacterias, incluso realizar la tinción de gram. Es una técnica laboriosa y no disponible de forma rutinaria.

Tratamiento de la Infección Urinaria en Lactantes

La forma más eficaz de curar una infección de orina en bebés es a través de un tratamiento con antibióticos recetado por su pediatra. El tratamiento de las infecciones urinarias en los niños generalmente implica el uso de antibióticos para eliminar las bacterias causantes de la contaminación. Es fundamental seguir las instrucciones del pediatra y completar el ciclo de medicamentos, aunque los síntomas desaparezcan antes. De esta manera nos aseguramos la eliminación total de la infección. Eso sí, ¡nunca comiences un tratamiento de antibióticos para la infección de orina en bebés por tu lado!

El grado de sospecha clínica y la potencial gravedad de la infección urinaria justifican el inicio del tratamiento antibiótico precoz antes de disponer del resultado del urocultivo basándose en los estudios de resistencia antibiótica locales. La antibioterapia precoz disminuye el riesgo de cicatrices renales. La vía de elección es la oral. En niños menores de tres meses, con riesgo de toxemia o intolerancia oral se debe considerar la vía parenteral -intravenosa preferentemente- lo que requiere ingreso hospitalario hasta poder continuar con seguridad por vía oral.

La elección del antibiótico empírico dependerá de la edad del paciente, la localización de la infección urinaria, necesidad de tratamiento parenteral y el antecedente de malformación estructural del tracto urinario o tratamientos antibióticos previos. Una vez se disponga del resultado del urocultivo se ajustará según el antibiograma.

En el manejo agudo, se instaurará un tratamiento antibiótico y se realizará la investigación de probables factores predisponentes (p. ej., anomalías del tracto urinario). En cuanto a la vía de administración, estudios recientes sugieren que el tratamiento antibiótico oral es tan efectivo de inicio comparado con el tratamiento antibiótico parenteral seguido de tratamiento oral. Por tanto, en los niños mayores de 2 meses con buen estado general y sin factores de riesgo asociados, sería planteable el tratamiento oral desde el principio, ya que no se ha comprobado peor evolución ni riesgo de complicaciones. La duración del tratamiento será de 10-14 días en los casos de ITU febril.

Las cefalosporinas de tercera generación (cefotaxima, ceftriaxona, cefixima) y los aminoglucósidos (amikacina, gentamicina) son una opción adecuada como primera línea de tratamiento en las infecciones urinarias altas. En los niños con alergia a penicilina, el tratamiento con trimetropim sulfametoxazol o ciprofloxacino es buena opción. La nitrofurantoína y el ácido nalidíxico no deben ser de primera elección en aquellos pacientes con ITU febril, ya que no alcanza niveles en parénquima renal suficientes.

Prevención de la Infección Urinaria en Lactantes

La higiene es fundamental en la prevención de una infección de orina en bebés. El objetivo es evitar la proliferación de bacterias en la zona. Una buena práctica es cambiar frecuentemente los pañales. Además, debes prestar especial atención cuando tu hijo comience a ir solo al baño. Una infección en vías urinarias en niñas puede venir provocada por la forma de limpiarse tras haber orinado. Si tu bebé ya padece la enfermedad, se recomienda favorecer su hidratación. Para ello, prioriza una dieta con abundante líquido. Si todavía está tomando el pecho, ofréceselo con más frecuencia.

Esmerar la limpieza previa del área genital.

Tras un episodio de infección urinaria es recomendable el seguimiento clínico domiciliario alertando a la familia de la posibilidad de recurrencia y sus signos clínicos.

En cuanto al uso de los antibióticos profilácticos, en recientes estudios, se desaconseja su uso de rutina tras una primera infección del tracto urinario, reservándolo para casos seleccionados. Sin embargo, en casos de ITUs recurrentes, la profilaxis antibiótica puede ser una posibilidad, aunque en la actualidad esta práctica está cuestionada, ya que no ha demostrado disminuir claramente las recurrencias ni la progresión a daño renal y aumenta la aparición de bacterias resistentes; por lo que la decisión de tratar debe hacerse de manera individualizada y con el antibiótico de menor espectro posible.

Se recomienda tener en cuenta los patrones de resistencia local. Los fármacos de elección son el cotrimoxazol o nitrofurantoína que modifican menos la flora intestinal, aunque esta última puede tener efectos digestivos no deseados. Si apareciese resistencia a algunos de los antibióticos utilizados se planteará su interrupción o cambio. La duración de la profilaxis no debe ser superior a 3-6 meses, para evitar la aparición de resistencias bacterianas.

La clave para manejar exitosamente las infecciones urinarias en niños radica en la observación constante, el mantenimiento de buenas prácticas higiénicas y la comunicación efectiva con los profesionales de la salud.

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