¿Es seguro comer jamón congelado durante el embarazo? Riesgos y recomendaciones

03.12.2025

En el fascinante mundo de los quesos y embutidos, uno de los temas que genera más dudas y curiosidades es el consumo de jamón durante el embarazo. Este delicado período de la vida de una mujer conlleva múltiples consideraciones sobre la alimentación, donde la seguridad y la calidad de los alimentos son primordiales.

En Maldita Ciencia ya hemos hablado anteriormente de las pautas para mantener una alimentación saludable durante el embarazo, de los alimentos que conviene evitar durante esos meses y cuáles potenciar en la dieta, y por qué no es cierta la frase de que "hay que comer por dos". Hay un tipo de alimento en concreto que genera muchas dudas: las carnes curadas, como el jamón, el salchichón y otros embutidos, así como el salmón ahumado.

Estos productos de origen animal no han recibido un tratamiento térmico (no están cocinados) y por lo tanto se recomienda evitar su consumo a las mujeres embarazadas para evitar posibles problemas causados por el parásito que causa la toxoplasmosis y bacterias como la listeria.

Una solución práctica que surge en este contexto es la posibilidad de congelar el jamón. Una opción muy extendida es congelar el alimento para así, en teoría, eliminar el riesgo y poder comer ese jamón que tanto apetece con seguridad. Pero, ¿es esta una opción válida? ¿Es realmente así? ¿Cuáles son las mejores prácticas para mantener su sabor y textura?

Riesgos del consumo de jamón durante el embarazo

El consumo de jamón durante el embarazo puede ser un tema controversial, especialmente en lo que respecta a su seguridad. Uno de los principales riesgos de consumir jamón durante el embarazo es la toxoplasmosis, una infección causada por el parásito Toxoplasma gondii. Además de la toxoplasmosis, existen otros riesgos potenciales asociados al consumo de jamón durante el embarazo.

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Primero, es fundamental saber que el jamón, especialmente el que no ha sido cocido o curado adecuadamente, puede estar contaminado con bacterias como la Listeria monocytogenes, que es causante de la listeriosis, que representan un riesgo para la salud tanto de la madre como del bebé. Esta enfermedad, aunque rara, puede ser especialmente grave durante el embarazo, llevando a complicaciones serias tanto para la madre como para el bebé en desarrollo.

El jamón ibérico, a pesar de su proceso de curación, no siempre garantiza la eliminación del Toxoplasma gondii. Por ello, durante el embarazo, no se recomienda comer carne cruda, como tartar, carpacho, o carne poco cocinada en el interior. En muchos casos, el jamón curado es uno de los alimentos que, en este sentido, despierta más “sospechas”.

Congelar el jamón: ¿una solución segura?

Pues, en realidad, no del todo. Si bien el consumo de jamón crudo o poco cocido presenta riesgos, existen formas seguras de preparación que pueden permitir a las embarazadas disfrutar del jamón sin exponerse a riesgos innecesarios.

"La congelación por debajo de -12ºC es bastante eficaz a la hora de destruir Toxoplasma gondii, el protozoo que produce la toxoplasmosis, una enfermedad que es peligrosa en embarazadas fundamentalmente por sus posibles efectos adversos fetales, que incluyen malformaciones y abortos", explica Beatriz Robles, dietista-nutricionista y tecnóloga de los alimentos.

Una de ellas es tomar jamón ibérico congelado en el embarazo. Según dicen los expertos el jamón congelado durante 2 días a una temperatura de - 20ºC se puede comer sin ningún temor. La congelación es efectiva para eliminar el peligro de contraer la toxoplasmosis cuando se ha hecho a al menos 20 grados bajo cero y durante más de 48 horas.

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Según algunos estudios, congelar el jamón a -20°C durante al menos 48 horas puede matar el Toxoplasma gondii. Congelar la carne durante dos días a -20 ºC era suficiente para inactivar el parásito.

Si decides congelar jamón, asegúrate de que esté en su forma más segura antes de hacerlo. Esto significa optar por jamones curados que han sido procesados de manera adecuada y que provienen de fuentes confiables.

Precauciones con la congelación

Pero, atención, la Sociedad Española de Ginecología y Obstetricia (SECO) advierte que la congelación parece efectiva para eliminar los quistes, pero el proceso de congelación debe ser muy riguroso. Y aquí está el problema, la mayoría de los congeladores de casa no llegan a los -18ºC, por tanto, no vale.

Además, hay que tener mucho cuidado cuando se utiliza esta técnica de congelar el jamón antes de su consumo. Es posible que no supieras que estabas embarazada y hayas comido jamón. En este caso, no hay que alarmarse. Las probabilidades de que no te hayas contagiado son muchas.

Sin embargo, todo este trajín parece haber pasado a mejor vida, pues las investigaciones han demostrado que se puede comer sin peligro aunque es indispensable que supere los 18 meses de curación (algunos estudios sugieren que con 14 es suficiente) y cumpla con todos los controles sanitarios.

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En definitiva, resulta imprescindible que nos fijemos en esos meses de curación, detalle que deben consignar los fabricantes en el etiquetado del producto. Así lo han corroborado diversos estudios realizados por el Centro Tecnológico Andaluz del Sector Cárnico (TEICA) en 2012 que han echado por tierra esta norma.

La explicación la hallamos en el proceso de curación al que se somete el jamón con sal marina y que impide la supervivencia del parásito de la toxoplasmosis. Por lo tanto, la curación se considera un método de cocinado más.

A este respecto, la jefa de la Unidad de Ginecología del Hospital de Guadalajara y secretaria de la Sociedad Española de Ginecología y Obstetricia (SEGO), María Jesús Cancelo, ha añadido que “en periodos de curación del jamón superiores a 24 meses se ha comprobado que el producto es más seguro. Por lo tanto, a mayor tiempo de curación del jamón, mayor seguridad”.

Ante tales evidencias, el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) ha confirmado que es posible consumir jamón durante el embarazo siempre que, recuerdan, el proceso y tiempo de curación sea el adecuado.

Otros estudios llevados a cabo por investigadores de las universidades de Granada y Valencia también llegaron a la misma conclusión en 2016.

Alternativas seguras para consumir jamón durante el embarazo

Mientras que el consumo de jamón crudo o poco cocido presenta riesgos, existen formas seguras de preparación que pueden permitir a las embarazadas disfrutar del jamón sin exponerse a riesgos innecesarios.

El tratamiento térmico adecuado es clave para neutralizar los posibles patógenos presentes en el jamón. Por ello, es importante considerar métodos de cocción que alcancen temperaturas suficientes para garantizar la seguridad alimentaria. Cocinar el jamón a altas temperaturas, como freírlo o hacerlo a la plancha, puede reducir el riesgo de toxoplasmosis, ya que el calor mata al parásito.

El jamón cocido, como el jamón york, es una opción segura para las embarazadas, ya que ha sido cocido a altas temperaturas, eliminando cualquier riesgo de toxoplasmosis. El jamón curado, como el jamón serrano presenta más riesgo que el ibérico al tener menos meses de curación.

Si no quieres renunciar a comer embutido durante el embarazo la buena noticia es que en los guisos la temperatura de cocción ha acabado con el toxoplasma. Es decir, puedes comer chorizo durante el embarazo si ha sido cocinado con unas lentejas, por ejemplo.

La morcilla se elabora con sangre cocida, por lo que podríamos considerar la morcilla como un alimento seguro durante el embarazo. En general, consumir embutidos correctamente tratados y envasados es seguro durante el embarazo. Si existen dudas, será preferente congelarlos o cocinarlos, pero ante la más mínima sospecha, lo mejor es evitarlos y esperar un poquito.

Recomendaciones adicionales

Además de los métodos mencionados anteriormente, es importante recordar que la calidad del jamón ibérico depende no solo de cómo se congela, sino también de cómo se almacena antes de la congelación. Mantenga el jamón en un lugar fresco y seco antes de prepararlo para el congelador.

Además, es crucial considerar la duración de la congelación. Al descongelar, nunca lo hagas a temperatura ambiente; lo mejor es hacerlo en el refrigerador o utilizando métodos de descongelación seguros.

Al descongelar, nunca lo hagas a temperatura ambiente; lo mejor es hacerlo en el refrigerador o utilizando métodos de descongelación seguros. Evitar la descongelación a temperatura ambiente es crucial para prevenir el crecimiento bacteriano.

Por último, es aconsejable consultar con un médico o nutricionista para obtener recomendaciones personalizadas sobre la inclusión de embutidos en la dieta durante el embarazo. Si existen dudas, será preferente congelarlos o cocinarlos, pero ante la más mínima sospecha, lo mejor es evitarlos y esperar un poquito.

Durante el embarazo, es importante cuidarse un poco más de lo habitual, ya que el bebé necesita crecer correctamente. Es importante hacer ejercicio y comer bien para que el pequeño se pueda desarrollar sin problemas.

En cualquier caso, conviene recordar que ciertas embarazadas son inmunes a la toxoplasmosis y, por lo tanto, no tienen problemas con el jamón y otros embutidos. No en vano, la toxoplasmosis es una infección que se contrae con bastante facilidad. Además, en muchas ocasiones sus síntomas se confunden con los de la gripe o una mononucleosis infecciosa. Así, solamente con padecerla una vez (incluso en la infancia) servirá para desarrollar una inmunidad que nos acompañará durante el resto de la vida.

Tipos de jamón y su seguridad durante el embarazo

Existen varios tipos de jamón, entre los que destacan el jamón ibérico, el jamón serrano y el jamón cocido. El jamón ibérico y el serrano, aunque son deliciosos por su sabor intenso, deben ser consumidos con cautela durante el embarazo. Se recomienda optar por el jamón cocido, que generalmente es más seguro ya que está pasteurizado y menos propenso a contener bacterias dañinas.

Para embarazadas, se recomiendan principalmente los jamones curados, como el jamón ibérico o el jamón serrano, siempre que estén bien despachados y en condiciones óptimas. Estos jamones tienen un bajo riesgo de contaminación bacteriana si son de calidad. En comparación con otros quesos y embutidos, los quesos frescos y blandos, como el brie o el feta, deben evitarse debido a su mayor riesgo de listeriosis. Además, muchos embutidos procesados pueden contener conservantes y grasas no recomendadas durante el embarazo.

¿Cómo congelar jamón ibérico correctamente?

La respuesta corta es sí, se puede congelar el jamón ibérico, además, si estás embarazada es una de las formas utilizadas para hacer más seguro el consumo de jamón.

Congelar el jamón ibérico entero no es recomendable debido a que su gran tamaño puede dificultar la congelación uniforme y afectar la calidad del producto.

Podemos congelar el jamón ibérico envasado al vacío. Este método ayuda a preservar la frescura del jamón durante más tiempo. Asegúrese de que el envase esté bien sellado antes de congelarlo.

El jamón ibérico congelado puede durar hasta seis meses si se almacena correctamente. Más allá de este tiempo, puede comenzar a perder su calidad.

Para garantizar que el jamón mantenga su calidad y seguridad después de la congelación, es importante seguir ciertos pasos. Primero, debe ser envuelto adecuadamente en papel film o en bolsas herméticas para evitar la formación de cristales de hielo. También es aconsejable etiquetar el envase con la fecha de congelación. Durante la descongelación, es mejor hacerlo lentamente en el refrigerador durante varias horas, lo que ayuda a mantener la textura y sabor.

Impacto de la congelación en el sabor y la textura

La congelación puede afectar tanto el sabor como la textura del jamón y otros embutidos. En el caso del jamón, la congelación puede provocar pérdida de humedad, resultando en una textura más seca y menos jugosa al descongelarlo. Además, su sabor puede volverse menos intenso y más apagado. En comparación, algunos embutidos curados, como el salami o el chorizo, tienden a mantener mejor su sabor y textura tras la congelación, gracias a su mayor contenido graso y especias.

Información Adicional

Si una mujer ha pasado la toxoplasmosis tendrá anticuerpos que la protegerán contra la infección y será seguro comer jamón durante su embarazo.

Al ser una enfermedad que en circunstancias normales puede pasar desapercibida, se suele hacer una prueba de anticuerpos durante el primer trimestre de embarazo para descartar el riesgo o para tenerlo muy en cuenta en caso de no tener anticuerpos.

Algunos de los últimos estudios concluyen que un jamón con más de 15 meses de curación sí es seguro para las embarazadas, ya que el proceso de curación asegura que los posibles quistes del toxoplasma hayan perdido su acción. Para estar bien seguros de esto, la pieza debe estar etiquetada y haber pasado los pertinentes controles de calidad exigidos para su venta al público.

La lógica con el resto de los embutidos como el lomo o el chorizo durante el embarazo es idéntica a la del jamón: hay que tener cuidado con la carne cruda. En general, los embutidos que puede comer una embarazada son aquellos que han sido sometidos a un proceso térmico que haya acabado con el maldito toxoplasma: jamón cocido, mortadela o pechuga de pavo.

Asimismo, posee ácido oleico que contribuye a mejorar los niveles de colesterol LDL (el conocido como 'malo') y mejorar los de HDL ('bueno'). A juicio de la coordinadora del Centro de Investigación y Calidad Agroalimentaria del Valle de los Pedroches (CICAP), Manuela Hernández, “las necesidades de minerales y vitaminas en la gestación se elevan; por tanto, precisamos de una alimentación rica en minerales y vitaminas del complejo B (de origen animal)”.

Así, ante ellas se les abren nueve largos meses que a muchas se les antojan una travesía por el desierto si no pueden darle un mordisco a un buen ibérico, sobre todo en Navidad, cuando un plato de jamón tienta en cada ágape familiar.

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