Japón: Causas y Consecuencias de la Baja Tasa de Fertilidad
Japón enfrenta una crisis demográfica sin precedentes, caracterizada por una baja tasa de natalidad y una población envejecida. Esta situación plantea serios desafíos económicos y sociales que requieren soluciones innovadoras y políticas integrales.
Hace un par de años se estrenó la película japonesa Plan 75, una distopía cuyo argumento era el siguiente: frente al drama de una cantidad creciente de personas viejas y aisladas que se volvían una carga para la sociedad, el Gobierno de Japón implementaba una política pública que consistía en la eutanasia voluntaria para todos los mayores de 75 años como una «solución» al invierno demográfico. En la trama, el plan del gobierno se presentaba como una solución luminosa: en lugar de ser una carga que agota los recursos, cualquier persona de 75 años podía ponerse en las manos protectoras y eficientes del Estado y escaparse sin dolor ni gastos. Habría planes según el poder adquisitivo del eutanasiado y atención personalizada para ir llevando el tema administrativo ordenadamente hasta el momento en el que el Estado asesinara al ciudadano en su propio beneficio. En la película subyace como factor motivador para la elección de la eutanasia la preocupación por no ser una carga y el miedo a una muerte solitaria. La película es desgarradora al describir la descomposición social y la tristeza que surge de un país sin juventud ni familias, donde las personas viven y mueren solas. Plan 75 acierta en pintar a una sociedad envejecida y aislada respecto de los vínculos.
Tendencias Demográficas en Japón
Japón lleva medio siglo de caída en su tasa de natalidad y con la consecuente destrucción de la familia como sistema nuclear de socialización. En 1974, la tasa de fertilidad cayó por debajo del umbral de 2,07 hijos, que es el que permite el relevo generacional. Desde entonces no ha parado su decadencia y la demografía se ha convertido en su sentencia. El número anual de recién nacidos fue un boom en la posguerra entre 1947 y 1949, y en de nuevo entre 1971 y 1974. Según una publicación reciente, en 2023 nacieron en Japón 758.631 bebés, número parecido al promedio francés, por ejemplo, pero con una población dos veces mayor.
Japón tiene una población de 123 millones de habitantes, pero el porcentaje de ellos que es viejo es cada vez mayor y los trabajos reservados a los jóvenes están en riesgo. Por ejemplo, la edad promedio de quienes trabajan en la agricultura es de 67 años y la de los soldados es de 36. Son viejos los administrativos, los comerciantes, los políticos, los profesionales, los obreros y son viejos quienes atienden a los viejos. Los matrimonios también disminuyeron. En 2023 se casaron 30.000 parejas menos que el año anterior y el número de muertes alcanzó la cifra récord de casi 1.600.000, por tercer año consecutivo. En 2024 el país enfrenta el decimoséptimo año consecutivo de disminución natural de la población y la mayor caída jamás registrada. Las cifras son alarmantes, las escuelas primarias y secundarias cierran de a decenas anualmente ejemplo de los millones de habitantes que pierde el país a pasos agigantados y que no logra reponer.
Casi el 30% de la población tiene más de 65 años, y uno de cada diez tiene más de 80 años. En consecuencia, el porcentaje de población activa es menor al 59%, aún cuando el 13% sigue trabajando pasados los 65. Existen numerosas propuestas relativas al aumento de la edad de jubilación pero esas políticas no solucionan la letal pirámide poblacional invertida que es la verdadera encrucijada.
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El Jefe del gabinete nipón, Yoshimasa Hayashi, declaró recientemente que: «El período que transcurrirá aproximadamente durante los próximos seis años hasta la década de 2030, cuando la población más joven comenzará a disminuir rápidamente, será la última oportunidad de que podamos revertir la tendencia», y continuó Hayashi «no hay tiempo que perder«. La alarma está justificada, el único segmento de la población que aumenta, los mayores de 65 años, se benefician de la mayor atención por parte del gobierno, ocupado en resolver la financiación de su vejez y entonces, paradójicamente son los niños quienes terminan resultando «caros». La mitad de las personas solteras menores de 30 años en Japón no quiere o no se siente capaz de tener hijos. Un país sin niños ni familia no puede ni tiene la fuerza ni para producir ni para defenderse, no es una cuestión sentimental o moral, es política.
Causas de la Disminución de la Tasa de Natalidad
¿Por qué está disminuyendo la tasa de natalidad?, Japón parece un experimento acelerado del drama que registra casi todo el mundo. China y Corea del Sur también enfrentan una tasa de natalidad descendente y según las estadísticas los 15 países más ricos según su PIB tienen tasas de fertilidad por debajo de la tasa de reemplazo. Alemania e Italia sufrirán una caída del 70% en su tasa de natalidad en apenas tres generaciones. Según las estadísticas de Naciones Unidas, Banco Mundial, etc son mayoría los países que se alejan cada vez más de su tasa de reposición.
Resulta sencillo achacar las culpas a las condiciones económicas. La profesora de economía en la Universidad de Harvard, Claudia Goldin, ganó el Premio Nobel de Economía por estudiar «las brechas de género» pero a contramano de la narrativa falaz acerca de que las mujeres perciben menos dinero que los hombres por el mismo trabajo, fue hacia una explicación que es la base de una corriente mucho más corrosiva que un barato sofisma feminista. Sostuvo que hombres y mujeres tienen ahora niveles iguales de educación y que por lo tanto, el asunto de la desigualdad salarial quedaría zanjado. En cambio, la decisión de las mujeres de ser madres implica que no puedan aceptar trabajos que les impliquen una dedicación completa y exhaustiva y que renuncien, en consecuencia, a aspirar al tope de sus opción laborales por «culpa» de la crianza de los niños. Sin embargo, en sus estudios Goldin describe momentos históricos de alta tasa de natalidad en los cuales las mujeres estaban muy integradas al ámbito laboral. Si bien el trabajo de Goldin desmonta el mito feminista de la opresión salarial, sostiene a su vez que la formación de una estructura social institucionalizada para una procreación responsable, esto es «casarse y tener hijitos» es una forma de sometimiento femenino, a los ojos de la laureada economista.
En consecuencia, la perspectiva económica, como se ve en el caso japonés que posee programas gubernamentales destinados a paliar económicamente el problema, es al menos parcial o está tergiversada. Existe una cuestión cultural que atraviesa la «mente común» de las sociedades que están decreciendo. Pero se trate de tradición, miedo, desconfianza, ideología, economía, hedonismo, aislamiento o cualquier otro diagnóstico o culpa que se quiera enarbolar, la cosa es que es una tendencia en progreso. Un mundo sin niños alrededor de los cuales se organice un sistema de vínculos protectores, eso que habitualmente llamamos «familia», se muere. Esto no es una defensa ética o política de «la familia» o de la «procreación» por cuestiones ideológicas. Es sólo una demostración de lo que ocurre culturalmente por negativizar dichos conceptos y por alejarlos del aspiracional. Es matemática, es biología.
Además, Japón ha entrado en curva descendente. Y hay quien directamente lo atribuye a la muerte del amor. Se sabe que el 70% de los japoneses no casados entre los 18 y los 34 años de edad siguen solteros. No tienen pareja. Y la asexualidad entre adolescentes y jóvenes sigue al alza: la mitad de los solteros son vírgenes.
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Consecuencias en el Tejido Social
¿Qué ocurre en el tejido social de un país sin familias y sin niños? En febrero de 2021, Japón debió crear un ministerio destinado exclusivamente a combatir la soledad y el aislamiento. La medida se explica por el clima de angustia y soledad que es un fenómeno social creciente. Las condiciones de vida que surgen de esta concentración son igualmente deprimentes. El tamaño medio de las viviendas se reduce de forma permanente, al igual que el tamaño de envases de los productos de limpieza, los alimentos y hasta los servicios se reinventan para el consumo de personas solas. Bares, servicios de transporte, turismo y hotelería, todo se va adaptando para el uso de clientes sin pareja, amigos ni familia. Incluso el consumo suntuario se acopla a las necesidades y se convierten en placeres solitarios. Incluso el karaoke, típico divertimento de la sociedad nipona, actualmente se ha adaptado y más del 40% de las reservas son para una sola persona.
El número de hogares «familiares» está disminuyendo, pero el número de hogares unipersonales crece sin parar. Entre las personas mayores que viven solas en Japón, el 15% habla con una persona o menos cada quince días, mientras que alrededor del 30% siente que no tienen «personas confiables» a las que puedan recurrir. Estas tristísimas cifras surgen de la encuesta realizada por el Instituto Nacional de Investigación de Población y Seguridad Social de Japón, y describen el drama de la soledad que ha estado ganando el alma del país.
Los japoneses lo llaman el «kodokushi«, y se refieren a la muerte solitaria en la propia casa que pueda pasar inadvertida durante tanto tiempo que implique la descomposición. La directora de la película Plan 75 contó que, mientras componía al personaje principal, descubrió que la mayoría de las personas mayores que entrevistó veían al Plan 75 con buenos ojos porque muchas temían el kodokushi, que resulta un escenario cada vez más común. Los especialistas sostienen que son muy variadas las causas por las cuales, en Japón, los lazos sociales como el parentesco y los referidos a la integración y cohesión comunitaria se han debilitado de forma tan pronunciada, pero, como ocurre en Plan 75, frente a la muerte dicho debilitamiento se vuelve una tragedia conmovedora.
Estrategias y Políticas Gubernamentales
Abordar la crisis demográfica de la primera sociedad ‘superenvejecida’ y menguante del mundo exige replantearse los roles de género, el significado de la familia y del éxito profesional, y cuestionar la premisa del crecimiento infinito. Japón ha sido declarada la primera sociedad “superenvejecida” del mundo y una “sociedad pionera en la pérdida” de población, invirtiendo rápidamente la pirámide demográfica sobre la que se ha construido el Estado moderno. Desde 1989, cuando la baja tasa de fertilidad de 1,57 niños por mujer se convirtió en una gran preocupación social, las cifras han seguido una tendencia a la baja.
Los esfuerzos del gobierno desde mediados de la década de los noventa se han centrado en animar a las mujeres a tener más hijos. Pero incluso si todas las mujeres capaces de hacerlo dieran a luz a tres hijos en los próximos años, esto no resolvería los efectos económicos y sociales del actual “baby bust” o colapso natalicio, es decir, la escasez de mano de obra en Japón y las acuciantes cargas de las pensiones y el cuidado de los ancianos a corto plazo. Además, agravaría, en lugar de resolver, las crisis más amplias relacionadas con la aglomeración urbana y la devastación ecológica.
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El Plan Ángel de 1995 y el Nuevo Plan Ángel de 1999 se centraron en apoyar a las mujeres que querían seguir trabajando mientras criaban a sus hijos. Pero las guarderías urbanas siguen teniendo largas listas de espera que obligan a los padres -en su inmensa mayoría a las madres- a renunciar al trabajo. En Japón, el matrimonio y la maternidad van unidos a una serie de exigencias sociales en torno al matrimonio heterosexual, la división del trabajo en función del género y los sacrificios tanto en el trabajo como en el hogar.
Los jóvenes japoneses de hoy están atrapados en sistemas sociales forjados por generaciones anteriores en circunstancias muy diferentes. Si los jóvenes pudieran exigir lo que necesitan para formar el tipo de familia que desean, cambiaría la comprensión de lo que constituye la estructura familiar y se aliviaría la carga individual del cuidado de los niños. Algunas iniciativas gubernamentales han intentado aprovechar la insatisfacción individual con las presiones sociales existentes para revitalizar las regiones rurales más afectadas por la implosión demográfica de Japón.
Esto requiere un cambio en el concepto dominante de éxito, alejándolo de los trabajos exigentes en las zonas urbanas consideradas prestigiosas. El gobierno podría hacer más para cambiar la creencia de lo que constituyen las responsabilidades dentro de una familia y la definición de la propia familia. La decisión del Tribunal Supremo de Japón de junio de 2021 que confirma una ley que obliga a las parejas casadas a compartir el apellido -una ley que no tiene ningún otro país- es por lo general impopular. La opinión pública a favor del matrimonio entre personas del mismo sexo también difiere de la postura del gobierno. Aunque las uniones entre personas del mismo sexo están reconocidas en algunos ámbitos, la adopción sigue estando descartada para las parejas del mismo sexo.
El gobierno ha introducido medidas económicas que buscan fomentar un renacimiento demográfico (eso y robots). Japón estudia que los tratamientos de fertilidad sean cubiertos por el seguro nacional como estímuloEn ambos países, conservadores y profundamente patriarcales, los analistas creen que poco cambiará si se facilita a las mujeres combinar el trabajo y la vida familiar, cuyas tareas y responsabilidades recaen de forma abrumadora sobre sus hombros. Como resultado, muchas de estas féminas, altamente cualificadas y con mayores expectativas, rehúsan casarse y tener hijos, o por lo menos lo hacen mucho más tarde que sus madres y abuelas.
Alternativas y Posibles Soluciones
La crisis demográfica plantea un reto provocador respecto a las definiciones de cómo son una sociedad y una economía sanas, que gozan de crecimiento demográfico y económico. El “decrecimiento” puede ser la mejor opción para mitigar el coste ecológico de décadas de rápido crecimiento. Algunos observadores en Japón han intentado adoptar una visión positiva del declive demográfico, sobre todo en las zonas rurales. Sin embargo, es difícil saber cuántas regiones en declive pueden replicar las pocas historias de éxito celebradas de rejuvenecimiento rural.
Además de la migración de las zonas urbanas a las rurales, Japón también tendrá que lidiar con la inmigración. Muchos argumentos pronatalistas han calificado el aumento de la inmigración como imposible debido a su impopularidad, pero las encuestas de opinión muestran que la población japonesa no se opone de manera categórica a la inmigración o a los inmigrantes. La solución a la crisis demográfica de Japón tendrá que ser una combinación política imaginativa. La crisis demográfica puede ofrecer una oportunidad para cuestionar la premisa del crecimiento infinito sobre la que están constituidas muchas sociedades modernas.
Las políticas tendrán que adoptar nuevas creencias sobre el valor del trabajo de cuidados, el significado de la familia y las oportunidades del “decrecimiento”. Los responsables de las políticas tendrán que tener en cuenta las realidades económicas, sociales y ecológicas que viven los jóvenes en Japón y en todo el mundo.
La migración ha sido una herramienta para contrarrestar los efectos de la baja natalidad en muchos países desarrollados. A medida que las tasas de fertilidad disminuyen, los países buscan alternativas para mantener una fuerza laboral robusta y dinámica. En Alemania, las políticas migratorias han permitido la entrada de miles de jóvenes profesionales, ayudando a equilibrar la pirámide poblacional y aliviar la presión sobre los sistemas de pensiones y salud. Canadá ha adoptado un enfoque similar para cubrir vacantes laborales y fomentar el crecimiento económico. La migración no es una solución mágica al envejecimiento de la población, pero sí una pieza importante en el rompecabezas demográfico. Es esencial diseñar políticas migratorias que no solo atraigan talento joven, sino que también promuevan la inclusión y la cohesión social.
Impacto Económico y Perspectivas Futuras
La economía de Japón, con un PIB de 4,231 billones de dólares y una población de 125 millones, ocupa el tercer lugar en el ranking mundial según el Banco Mundial (datos de 2022). La economía japonesa ha mostrado un menor crecimiento del PIB en comparación con sus pares, con un promedio de +0,8% entre 2000-2019 y de +1,2% entre 2010-2019. Esto se compara con un crecimiento promedio de +1,9% y +2,0% para todas las economías avanzadas, respectivamente, y un crecimiento promedio en Asia-Pacífico de +4,5% y +5,0%, respectivamente.
En 2020, la economía entró en la pandemia de COVID-19 con una base débil, al borde de una recesión técnica a finales de 2019. El PIB real se contrajo un -4,3% en 2020, después de haberse reducido un -0,4% en 2019. La recuperación en 2021 fue leve, con un crecimiento de solo +2,3%, seguido de un modesto +0,9% en 2022, incluso cuando las restricciones de la COVID-19 terminaron ese año. En 2023, el crecimiento se aceleró a un estimado de +1,8%, llevando el PIB real de vuelta a su nivel de 2019.
El crecimiento anual del PIB real se moderaría hasta aproximadamente el +1,0% en 2024-2025, aún respaldado por el gasto y la inversión domésticos, pero limitado por mayores costes de insumos y un comercio débil. Las presiones inflacionarias son escasas en Japón. La inflación promedio del índice de precios al consumidor fue de +0,5% entre 2010-2019, incluyendo tres años deflacionarios. La inflación se aceleró a un promedio de +2,5% en 2022 pero se mantuvo muy por debajo de la tasa mundial de +8,7%. En 2023, la inflación fue de alrededor del +3% - un máximo de 30 años en Japón - mientras que la inflación mundial disminuyó a un estimado de +7%.
A largo plazo, las vulnerabilidades de la economía japonesa provienen principalmente de una población en declive y envejecimiento, con ganancias en productividad que no son suficientes para compensar y una fuerte resistencia a la inmigración. La población en edad de trabajar (entre 15 y 64 años) ha estado disminuyendo en Japón desde 1996, y la tasa de dependencia de la vejez alcanzó el 51,2% en 2022, lo que significa que no hay ni siquiera dos japoneses en edad de trabajar por cada persona mayor de 64 años. La tasa de fertilidad en Japón disminuyó a 1,26 en 2022.
En este contexto, el Banco de Japón (BoJ) ha mantenido su postura acomodaticia de tasas de interés negativas, en contraste con casi todos los demás bancos centrales importantes del mundo que han endurecido sus políticas monetarias en los últimos dos años. Tal divergencia está presionando la moneda, con el JPY depreciándose frente al USD (JPY132:USD1 en el primer trimestre de 2023, JPY149:USD1 en el cuarto trimestre de 2023).
Es probable que se produzca una mayor depreciación hasta la segunda mitad de 2024, cuando se espera que Estados Unidos comience a relajar su política monetaria. En los próximos años, y mientras la recuperación económica y las tendencias inflacionarias no sean sostenibles, es probable que el BoJ mantenga una tasa de política negativa y continúe comprando activos y controlando la curva de rendimiento.
La política fiscal de Japón se flexibilizó significativamente durante el apogeo de la crisis de COVID-19 y se espera que el Gobierno continúe apoyando los ingresos de los hogares y fomentando el aumento de los salarios y la formación de la fuerza laboral en los próximos años.
Estabilidad Política y Estructura Comercial
La estabilidad política de Japón se basa en el dominio del Partido Liberal Democrático (PLD) bajo el Primer Ministro Kishida Fumio. A pesar de los desafíos económicos y un revés en una elección parcial, el PLD mantiene un amplio atractivo, asegurando la posición de Kishida en medio de la falta de contendientes creíbles. En septiembre de 2023, una reorganización del gabinete reforzó el liderazgo de Kishida, alineándose con facciones conservadoras influyentes.
En la Cámara de Representantes, la coalición PLD-Komeito tiene una mayoría robusta, agilizando los procesos legislativos. Se anticipa que Kishida convoque una elección anticipada de la cámara baja en 2024, buscando la aprobación pública para aumentos de impuestos, y es probable que la obtenga.
La estructura comercial de Japón por origen y destino muestra una diversificación significativa. En términos de exportaciones, China lidera con un 21,6% del total, seguida por Estados Unidos supone el 18,7%. En cuanto a importaciones, Japón también depende en gran medida de China (21,0%) y de Estados Unidos (10,1%).
En general, los indicadores muestran que el riesgo de financiamiento a corto plazo de Japón es bajo. Los indicadores que requieren monitoreo a corto plazo están principalmente relacionados con las finanzas públicas, con niveles muy altos de déficit fiscal y deuda pública. Esta última ya estaba en el 236% del PIB en 2019 y aumentó al 260% en 2022. Se espera que se modere un poco a poco más del 250% para 2025, beneficiándose de un crecimiento nominal del PIB algo mayor, que mecánicamente reduce la proporción.
Los riesgos cambiarios también son limitados ya que la mayor parte de la deuda está denominada en JPY y es de propiedad nacional.
Tabla: Indicadores Demográficos y Económicos de Japón
| Indicador | Valor | Año |
|---|---|---|
| Tasa de fertilidad | 1.26 | 2022 |
| Población | 123 millones | 2024 |
| Porcentaje de población mayor de 65 años | Casi 30% | 2024 |
| PIB | 4.231 billones de dólares | 2022 |
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