Mateo Muñoz e Hijos: Una Historia de Arte y Legado Cordobés
Córdoba, a pesar de su fama de ser una "mala madre" para sus hijos, ha demostrado en numerosas ocasiones su apoyo a sus ciudadanos ilustres. Este 2024, se conmemora el centenario del fallecimiento del escultor Mateo Inurria, un cordobés de prestigio internacional, con una serie de actos, exposiciones y artículos en prensa.
Mateo Inurria nació en Córdoba en marzo de 1867, hijo de Mateo Inurria y Vicenta Lainosa, en la casa n.º 24 de la Calle Alfaros. Su padre, formado en el taller de su suegro, José Lainosa, se dedicaba a la decoración escultórica y la cantería. Es natural que Mateo hijo sintiera su vocación desde muy joven, influenciado por el ambiente familiar.
Su formación se desarrolló entre el instituto provincial y la Escuela de Bellas Artes, que existió desde 1865 en el recinto de los museos de la Plaza del Potro. Allí, junto a los Romero de Torres, Muñoz Lucena o López Mezquita, estudiaba en horario nocturno el joven Inurria.
El joven y precoz Mateo ya había destacado en la escuela y con apenas dieciséis años marchó a Madrid para continuar estudios en la Escuela Especial de Pintura, Escultura y Grabado. Allí se formó entre 1883 y 1890 siendo algunos de esos años pensionado por la Diputación cordobesa. Algunas de sus obras mas conocidas pertenecen a este período como los bustos de Séneca y el Gran Capitán.
Con esta extensa formación, Inurria se decide a presentar su obra "Un naúfrago" en la Exposición Nacional de Bellas Artes de 1890. Esta creación representa a un hombre joven exhausto asido a un tronco tras caer al mar. Su verismo impacta hasta tal punto que parece real.
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La crítica, sin embargo, fue dura e injusta. Un crítico llegó a dudar si la obra había sido modelada en barro o vaciada del natural, lo que provocó una gran desazón en el joven artista.
En este momento crucial, Inurria acude a su antiguo maestro, Rafael Romero Barros, en busca de apoyo y consuelo. En una carta, Inurria le pide a Romero Barros que escriba al periódico "El Liberal" para defender su obra y su reputación.
Romero Barros, cuyo prestigio se veía comprometido por la acusación contra un alumno formado en su magisterio, reaccionó rápidamente. Escribió al periódico dando fe de “que había visto día por día los trabajos realizados en su taller por el joven y modesto artista cordobés”.
Pero en cualquier caso su carta no surtió efecto pues el palmarés publicado en 25 de mayo deja sin galardón a la magnífica obra del artista cordobés. Lo que si es cierto es que la noticia corrió por la ciudad como un reguero de pólvora y fue considerada por las fuerzas vivas como una afrenta en carne propia.
El día 10 de junio, a una reunión convocada al efecto en los salones del Círculo de la Amistad, asistieron las representaciones de los periódicos locales, como iniciadores del acto, junto a representantes de Diputación, Ayuntamiento, Real Academia, Escuelas de Bellas Artes, Artes y Oficios, y Politécnica, asociaciones como el Círculo, Sociedad Económica, Veloz Club entre otras, y de todos los partidos políticos.
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El acuerdo consistió en formular una protesta que sería inserta en los periódicos locales y se procuraría su publicación en prensa nacional. El texto se hizo llegar al agraviado “para que en España entera se sepa que todos protestamos de la injusticia que con usted se ha cometido”.
Igualmente se acordó abrir una suscripción popular para adquirir la escultura con destino al Museo Provincial de Bellas Artes, donde hoy se conserva pues la iniciativa obtuvo sus frutos. Pero los fondos no se obtuvieron sólo por la suscripción.
La noticia provocó una efervescencia organizadora en la sociedad cordobesa movilizada con el objetivo y sin duda animada por la cuestión que había venido a alterar la plácida vida de una ciudad de provincias de finales del siglo XIX. Así entre la reivindicación y la diversión se organizaron verbenas con bailes, veladas poéticas y funciones de cintas y toretes.
Por fortuna, esta historia tiene final feliz pues el talento de Inurria le hizo llegar a la excelencia y recibió el reconocimiento de la crítica y el público. La Escuela de Arte y Superior de Diseño lleva su nombre y la estatua del Gran Capitán preside la principal plaza local. Y en el imaginario colectivo el aspecto de Lope de Vega o Eduardo Rosales tiene mucho que ver con las esculturas de su autoría.
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