Maternidad a Flor de Piel: Un Significado Profundo

30.12.2025

La maternidad es una experiencia personal en que se viven las emociones a flor de piel. Una mujer cuando da a luz siente por primera vez un cúmulo de sentimientos que nunca antes había experimentado.

Saber comunicar es clave para que el mensaje llegue a las personas y, de eso, Míriam Tirado sabe mucho. Comenzó con un blog llamado «Maternidad a flor de piel» y que ahora ha dado nombre a su último libro. También es autora de dos cuentos infantiles -La FiesTeta y Tengo un volcán- y está preparando un tercero.

Convertida en bloguera y consultora de crianza, acompaña a parejas en la aventura de ser padres e imparte charlas sobre crianza respetuosa, rabietas, lactancia y otros temas. También escribe cuentos.

La Experiencia Personal de la Maternidad

Hace tres años me convertí en mamá y es una de las mejores cosas que me ha pasado en la vida, vivir la maternidad por primera vez. Es cierto que cada mujer lo vive y siente de forma distinta. Yo no estaba preparada para esa nube de sensaciones que se producen durante el postparto. Pero tampoco lo estaba para sentir tanto amor, tanta felicidad y tanto miedo a la vez.

En mi primer embarazo dediqué todo mi tiempo en preparar la llegada de nuestro bebé. Fui a clases de yoga, preparé todo lo necesario para su llegada, despacio, con calma, con mimo. Lo viví todo muy intensamente. Cuando nació Martina pude dedicarle todo el tiempo del mundo, era mi prioridad. Los primeros meses estuvieron llenos de nuevos sentimientos encontrados y nuevas experiencias.

Lea también: Duración de la Baja por Maternidad

El Apego y la Lactancia Materna

La Lactancia Materna fue maravillosa. Recuerdo como si fuera ayer cuando amamantaba a Martina. Se paraba el tiempo y no existía nada más. Entre nosotras existía un Apego muy fuerte, un vínculo único y especial. He vivido con ella sus primeros momentos importantes. Su primera risa, su primer gateo, sus primeras palabras.

La Bimaternidad: Un Reto Intenso

La bimaternidad para mí ha sido mucho más intensa y difícil de lo que había pensado, sobretodo durante los primeros meses. No tuve tanto tiempo para dedicarle a mi barrigota de embarazada. Tampoco lo tuve para preparar todo con tanta calma y tanto mimo como lo hice en mi primer embarazo. Estar embarazada y cuidar de tu otra hija no te deja tiempo para mucho más.

Mi segundo embarazo fue difícil. Tenía mareos a todas horas y estaba más cansada que nunca. Ahora sé de primera mano que cada embarazo es distinto. Con Martina fue un camino de rosas y con Mateo fue un embarazo muy duro. Cuando nació Mateo pude sentir como el amor se multiplica y durante mi ingreso en el hospital pude disfrutarlo al 100%. Volví a experimentar ese amor y esa ternura al abrazar por primera vez a mi bebé. Pude vivirlo con calma por primera vez, con mimo y despacito.

Volvimos a casa siendo 4 y agradecidos por lo bien que había ido todo. Mateo me había dado un mal embarazo, pero para compensar me dio un parto maravilloso que nunca olvidaré. Ahora era el momento de estar emocionalmente fuerte y adaptarse a la nueva situación. Emocionalmente Martina lo pasó mal. Hasta ese momento había sido la única en casa y toda nuestra atención y cariño eran para ella.

Pero ahora tenía que compartir el amor que sentíamos por ella con otro bebé. Tuvo que vivir la experiencia de ver a sus padres sosteniendo en brazos a otro bebé, y ver cómo su madre le amamantaba y como le quería también. Yo también lo pasé mal, muy mal. Por un lado, necesitaba tiempo a solas con cada uno de ellos, pero no lo tenía. Necesitaba conectar con Mateo, conocerlo y sentirlo. Darle el pecho sin interrupciones, como en mi primera Maternidad.

Lea también: Derechos de Maternidad en España

Ahora que ya han pasado 7 meses os puedo decir que por fin estamos disfrutando al máximo de la familia que hemos formado. Han sido unos meses duros de adaptación y de gestionar emociones. La maternidad despierta en ti un cúmulo de sensaciones y sentimientos muy difíciles de controlar. Martina está feliz y Mateo nos lo ha puesto todo muy fácil, así que, aunque emocionalmente haya sido difícil para todos, no lo cambiaría por nada del mundo.

El Significado de la Crianza Consciente

Sí, significa criar teniendo en cuenta que el niño que tenemos delante es una persona con todos los derechos, que merece ser tratado bien, comprendido y acompañado. Exacto. En vez de intentar «arreglar al hijo», entendiendo que es él quien tiene el «problema», como se haría en el paradigma de la crianza tradicional, en la crianza consciente el adulto también debe trabajar: darse cuenta de qué energía aporta en la interacción con el hijo, ver qué hay de propio en el «problema» que aparentemente atribuimos al pequeño.

Es imprescindible trabajar el adulto que somos para poder acompañar a nuestros críos. Algunas veces sus conflictos nos remueven porque nosotros también tenemos nuestro bagaje, nuestra historia y nuestra propia crianza. Si lo asumimos con consciencia podremos criarles como lo que somos y no como el niño herido que fuimos.

Acompañamiento Emocional y Rabietas

Sobre todo rabietas, conflictos diversos con los niños en tema de límites, entre otros. De hecho, das muchas charlas sobre las rabietas, los límites y el acompañamiento de las emociones. Sí, mucho, porque nos ha calado hondo la idea de que los hijos nos toman el pelo, y porque tenemos mucho miedo, inseguridad y falta de información.

En lugar de gestión prefiero hablar de acompañamiento. Cómo acompañas emociones tan potentes y que a muchos adultos le supone incomodidad. Tenemos muchos conflictos con las emociones: rabia, tristeza, celos. Cuando vemos a nuestro hijo que no levanta cuatro palmos del suelo y nos monta esos pollos… ¿Cómo se hace? Pues primero comprendiendo qué le está pasando.

Lea también: Maternidad y jornada laboral: derechos y plazos.

Para ello es necesario saber en qué etapa del desarrollo está y así podremos comprenderle y empatizar con él. Esto no es tan fácil porque su emoción provoca también una emoción en mí. Si yo intento averiguar por qué su rabia me lleva a mí a perder los papeles podré controlarme y buscar herramientas para afrontar la rabia de mi hijo. Pero para poder hacer eso hay que autoexplorarse: comprenderte e investigar de dónde venimos y por qué tengo un problema con esa rabia.

Límites Conscientes y Respeto

Y como lo tenemos que hacer, ¿pues? Situémonos en el adulto que somos, porque a menudo nos comportamos como si tuviéramos la edad de nuestros hijos, y nos tomamos sus reacciones como personales, nos enfadamos y reaccionamos de maneras totalmente impropias para la edad que tenemos. Es desde el adulto que somos que podremos comprender a nuestro hijo, saber la etapa que vive y poner límites conscientes, claros y firmes, pero desde el respeto.

Si todo esto lo hacemos con amor, humor y sentido común, ¡ya será la bomba!

La Importancia de la Información y el Apoyo

Obviamente. Las mamás necesitamos ayuda casi siempre. Necesitamos seguridad, información y el ejemplo de otras mamás. Necesitamos que nos apoyen en un momento delicado.

El Impacto de la Pandemia en la Crianza

¿Cómo estamos viviendo la crisis del Covid-19 en casa? ¿En qué nos está afectando? ¿Cómo nos sentimos con lo que está pasando? Seguramente no es una respuesta simple pero tenerlo en cuenta nos ayudará a pensar en cómo acercamos a los niños a lo que está pasando. No es beneficioso esconderles lo que vivimos, pero tampoco lo es hacerles vivir la angustia y la incertidumbre de la misma manera que la experimentamos nosotros.

En la medida que lo puedan entender, colocarlos en la realidad de lo que vivimos y de las respuestas que damos los adultos, haciéndoles partícipes, les ayudará a situarse. ¿Cómo lo hacemos? Necesitamos tiempo de observación, escucha e interacción, tiempo de calidad, de pasárnoslo bien juntos, siendo auténticos. ¿Y qué pasa si no podemos resolverlo todo? ¿Si no tenemos respuestas a sus preguntas?

El Posparto: Realidades y Expectativas

Hoy quiero tratar un tema del que se habla mucho pero del que se sabe poco, y es que se le da un nombre que no es el correcto. Pero entonces, ¿qué le pasa a esas mujeres que se ven tan abatidas tras el parto? Pues muy sencillo; que han parido, y que ahora no duermen por cuidar a su cría, no descansan por darle de comer a cada rato, no se arreglan por estar pendiente de cambiar a su bebé, a penas comen por no soltarlos de los brazos, por sentir que están ahí en cada momento para ese hijo que han estado muchas veces esperando toda una vida.

¿Es horrible entonces el posparto? No, es precioso, emotivo, alegre, emocionante, bonito, apasionante, lleno de magia, de aventura, de intriga, de aciertos y desaciertos… pero es agotador, creo que no hay palabra que mejor lo defina. Las noches pasan a ser en los primeros días el momento en que un bebé más reclama, y cuesta acostumbrarse a dormir de día, nos lo aconsejan siempre; «duerme cuando tu bebé duerma» pero no, nos empeñamos en aprovechar los momentos en que el bebé duerme para limpiar, para lavar, para ordenar, para tener la casa bien limpia para las visitas, porque ahora somos madres, y queremos ser super mujeres, poder con todo, con un hijo, una casa, con un día a día que es nuevo para nosotras pero que afrontamos con muchas ganas y ¿sabeís qué? que es nuestro gran error.

Y en toda esta vorágine de situación y de sentimientos entra en juego el que familiares y conocidos nos vean y suelten perlas del estilo: «pues no te veo yo muy bien, ¿no estarás con depresión?» «pues no sé yo si le llegará tu leche, no para de llorar» «¿seguro que te ha subido la leche? ¿a lo mejor deberías darle ahora un biberón, hasta que tengas suficiente?» «Pues tu hermano y tu no llorabais tanto, yo creo que no lo estás alimentando bien» «¿pero otra vez le vas a dar?

En fin, que se hace duro. Pero nos cuesta decirlo, compartir estos sentimientos y abrirnos a los demás ¿por qué? porque nosotras mismas nos convencemos de que no estamos llegando a donde queríamos llegar. Pero pronto cambié el chip, me costó, debo decirlo, me costó mucho, las mujeres tenemos algo innato que hace que siempre pensemos que fracasamos, que lo hacemos mal, que cualquier otra lo hace mejor, pero yo me mentalicé y acepté el pensamiento que debía tener; ¿atendía a mi niña? SI!!! mi niña no lloraba sola, lloraba en mis brazos, yo la consolaba a cualquier hora y durante el tiempo que fuera necesario, no pasaba hambre, siempre tenía leche extraída (por problemas de mastitis se la daba en diferido), nunca estaba sucia, su ropa, ella… siempre todo perfecto!

Así que empecé a decírmelo a mí misma: soy una gran madre! y finalmente un día me lo creí. Y desde entonces me lo tengo que decir más a menudo, algún día aún recaigo, pero sé que es lo que tengo que hacer, que es ser madre y lo tengo más que cubierto. ¿Soy una super mujer? No… la casa no siempre brilla, la ropa no siempre está limpia y en el armario, yo no me dedico el tiempo que me dedicaba a estar elegante, arreglada… pero no me propongo ya nada de eso. Sí hay mujeres que lo consiguen, las alabo y las envidio, pero eso no significa que deba sentirme yo mal. Ni yo ni nadie. Por eso hoy quería plasmar los sentimientos que se tienen tras un parto, no son raros, son normales, pero también es consecuencia de exigirnos demasiado.

tags: #maternidad #a #flor #de #piel #significado

Publicaciones populares: